Eran las 5.30 de la mañana y Van Pelt se salía de los vestuarios de su gimnasio para enfrentarse a 30 minutos en la cinta de correr y 45 en las máquinas. Últimamente había descuidado su figura y necesitaba estar en forma para el trabajo. También para aguantar el ritmo de Rigsby, pensó con una sonrisa y colocándose los auriculares para escuchar música.
El gimnasio estaba casi desierto a esa hora. Tan solo había un par de personas en la piscina, haciendo unos largos, y una mujer en otra de las cintas, corriendo como alma que llevaba el diablo. Su figura le resultaba familiar. Pequeña, delgada, con una cola de caballo que tintineaba graciosamente por el movimiento. Al llegar a su altura y colocarse en una de las máquinas al lado, descubrió a su jefa, que también al ritmo de la música, corría con la mirada fija al frente, mientras el sudor caía por su cara.

- Jefa

Lisbon seguía corriendo, inmersa en sus pensamientos.

-¡Jefa! - dijo Van Pelt prácticamente gritando, pues incluso ella podía escuchar la música que provenía del reproductor de su compañera.

Lisbon salió de su ensoñación para caer en la cuenta que tenía a Grace al lado. A pesar de que su paso no disminuyó lo más mínimo, se quitó los auriculares e incluso le sonrió cuando la saludó.

- Hola Grace, disculpa, no me había dado cuenta que estabas aquí.

Van Pelt accionó la máquina y comenzó a correr con un paso lento pero firme, mientras hablaba.

- No importa. No sabía que vinieras a este gimnasio.

- Me cambié hace poco. En el que iba antes no abrían tan temprano y siempre tenía que ir por las noches. Había días que estaba tan cansada que no me apetecía moverme del sofá, así que me busqué otro para no dejarlo.

- A ti tampoco te gusta el gimnasio de la brigada, ¿no?

- No, no tiene malas instalaciones, pero prefiero estar en un sitio donde no me conozcan todos y pueda desconectar un poco.

Van Pelt se sonrojó por el comentario y guardó silencio.

- ¡No lo digo por ti Grace! Si tu vienes aquí también, sabes a quienes me refiero.

Ella sonrió en complicidad. Era cierto que sus compañeros de la brigada, aunque la mayoría galantes y educados, cuando veían a sus compañeras sudando con poca ropa, se comportaban como un atajo de voyeurs sin prática.

Ambas corrieron en silencio durante un rato. Pese a que eran buenas compañeras, no se podía decir que fueran grandes amigas. Lisbon siempre tenía esa barrera invisible que tienen los jefes y que no puedes pasar a menos que ellos la echen abajo. Y ella parecía no tener el menor interés en hacerlo.
Pese a todo, había notado que algo había cambiado en su jefa de un tiempo a esta parte. Tenía el aspecto de una mujer satisfecha consigo misma, a la par de estar en alerta continua. Y quería preguntarle acerca de ello, pero no sabía como hacerlo.

- Jefa... - comenzó tímidamente.

- Grace - la interrumpió - no estamos en el trabajo, no hay problema con que me trates con confianza.

- De acuerdo - sonrió - Teresa, hace tiempo que nos conocemos, y creo saber cuando hay algo que ha cambiado en ti... si no lo consideras una impertinencia por mi parte... querría saber si... si tu cambio de actitud se debe al chico de las flores.

El jazmín. La preciosa rama de jazmín de un blanco inmaculado, que una semana después aún seguía perfumando su despacho.
Lisbon aminoró su carrera y la miró. Grace no se refería al jazmín. Nadie lo había visto, o no habían recaído en él. Ella se refería a las camelias.
Aquellas camelias hacía días que se habían deshojado. Tan solo dejó una de ellas, seca, como adorno en una de las estanterias. El jamzín estaba en una pequeña taza con agua, al lado de su ordenador.
Ella sonrió para si. No había nada de malo en desahogarse, aunque no dijese totalmente la verdad. Podía contarle que mantenía una relación, por llamarlo de alguna manera, pero no era necesario que le dijera un nombre.

- Es posible - dijo finalmente.

- Vamos... no seas tan secretiva...

- El chico de las flores tiene algo que ver, si, no te voy a mentir - y teniendo en cuenta el papel que había jugado en la relación que tenía con Jane, en verdad era mucho más que tan solo algo que ver.

- Ese misterioso chico tiene nombre? - le sonrió en complicidad.

Lisbon titubeó. Por un instante no recordó el nombre del tipo de la partida de poker. Miró a Van Pelt, dando a entender que se estaba pensando si decírselo o no, aunque solo intentaba ganar tiempo para poder recordar.

- Jones - dijo de pronto - Riley Jones.

- ¿Y cómo va la relación con Riley Jones? ¿Crees que puede haber un futuro?

Ella calló entonces y miró al frente. No, no creía que pudiera haber un futuro con Jane. Al menos no ahora, al menos no así. Tal y como había comenzado todo, y como se había desarrollado. Jane no quería nada más de ella que su cuerpo. Y no es que le molestase especialmente en ese momento. Las relaciones a largo plazo ahora no eran una prioridad. Le bastaba con lo que tenía.

- De momento nos estamos conociendo, y lo pasamos bien juntos . Por el momento es suficiente.

Pero su tono de voz daba a entender lo contrario. Y Van Pelt lo sabía, reconoció la incertidumbre. Y el anhelo. Lo mismo que le sucedía a ella con Rigsby. Aunque por otra parte, ella casi podía asegurar lo que pasaría en un futuro no muy lejano con su relación.
Así que se atrevió a preguntar.

- ¿Y más adelante? ¿Te ves casada y con hijos, jefa?

Lisbon no dijo nada. Siguió corriendo y guardó silencio. Aceleró la máquina para hacer un último spring. Van Pelt prosiguió.

- Puede que si no es con Jones... quizá sea otro con el que puedas pasar esa barrera del suficiente.

Paró la máquina de golpe, y al frenar se giró de golpe, encarándola.

-¿Qué quieres decir con eso?

Van Pelt paró también su máquina.

- Las camelias, aunque preciosas, están secas. Es el jazmín el que proporciona ese embriagador aroma en la oficina.

Grace Van Pelt supo que a partir de ahí le esperaría un montón de vigilancias en el caso en el que trabajaban, cuando su jefa enrojeció furiosamente y se dio media vuelta, para salir con paso firme hacia los vestuarios murmurando una apresurada disculpa.


Jane se disponía a prepararse el primer te del día en la oficina, cuando Lisbon como un torbellino de falta de cafeína y mal humor irrumpió en la cocina.

- Tenemos que hablar.

- Buenos días Lisbon. ¿Has dormido bien? - dijo Jane con una sonrisa.

Ella lo miró con la ceja alzada y literalmente le bufó como un gato escaldado.

- Veo que no - prosiguió sacando la taza del microondas y poniendo la bolsita - ¿qué puedo hacer por ti?

- Hablar. Ahora. Andando.

Ella se giró y él obediente, fue tras ella. Le sorprendió que no fuera hacia su despacho, como siempre, sino que torciera a la derecha en el pasillo y encarase las escaleras del desván.
Arriba, ella lo esperaba frente a la puerta cerrada, con los brazos cruzados.

- Abre, deprisa.

- ¿Que te ocurre Lisbon? No sueles tener tantas ganas de mi de buena mañana.

- No seas absurdo. Tengo que hablar contigo, y no quiero que nadie nos escuche, ni nos vea juntos.

- Claro, debe resultar mucho menos sospechoso que salgas de mi desván a primera hora de la mañana, con el pelo revuelto y con las mejillas sonrosadas.

Él tenía razón y ella acababa de darse cuenta de ello. Había salido tan rápido del gimnasio después de haberse duchado que solo había pasado por casa para coger unos expedientes que se había dejado. Ni siquiera se había mirado en el espejo para comprobar si su pelo seguía en orden. Y no era así.
Más tarde, en el baño, comprobaría que en efecto, tenía el aspecto de haber estado retozando toda la noche.
Jane la invitó a pasar y ella haciendo oídos sordos a su comentario, comenzó a andar de un lado para otro en la habitación.

- ¿Y bien?

- Van Pelt lo sabe.

- ¿El qué?

- No te hagas el listillo conmigo. Sabes muy bien a que me refiero.

- El listillo!

- Patrick, esto es serio. Si se enteran tendré que dar muchas explicaciones y todo esto se convertirá en un gran problema.

- Acabas de decir que Van Pelt lo sabe.

- Creo que lo sabe. Ha hecho referencia al jazmín de una manera totalmente intencionada.

- Ponme en antecedentes.

- Estaba en el gimnasio y ella ha venido. Nos hemos puesto a charlar, y ha hecho referencia a Jones...

- Otra vez Jones.

- No me interrumpas. Ha hecho referencia a Jones porque decía que me veía diferente y que si se podía tratar de él. Yo le he seguido el juego, por supuesto, y entonces me ha dicho si le veía futuro a una relación con él, y he titubeado, y entonces ella me ha dicho que las camelias se habían deshojado pero el jazmín seguía allí, y... y...

- Teresa, cálmate, vamos, tranquila.

Ella seguía dando vueltas de un lado a otro sin parar, su discurso se estaba volviendo inconexo y atropellado. Él se acercó y la tomó de los hombros. La miró a los ojos e intentó que se calmara. Quizá no de la manera en la que lo hizo en el motel, pero un poco de respiración valdría esta vez.

- Teresa, tranquilízate. Mírame a los ojos.

- Patrick, esto se nos está yendo de las manos, esto no puede acabar bien...

- Mírame. Respira. Concentrate en mi voz. Respira una y otra vez. Inspira... aguanta el aire unos instantes... respira...

Ella focalizó su atención en los ojos azules de él. Esos que siempre parecían risueños y un poco cansados.

- Teresa - prosiguió cuando ella se relajó un poco - no tienes que preocuparte por eso. Grace es una mujer inteligente. Y recuerda que te debe un gran favor. Cuando mantuvo la relación con Rigsby la primera vez, tu les diste a elegir. Les ofreciste ocultarlo, hacer como que no sabías nada de ello y que continuaran, o bien separarse. Ellos decidieron lo segundo por motu propio. ¿Crees que si lo supiera, no tendría la delicadeza de por lo menos, darte la misma oportunidad?

Ella lo pensó, y supo que tenía razón.

- Eso no quita que me sienta incómoda porque lo sepa.

- Grace sabrá ser discreta. De todas formas, ¿ha mencionado en algún momento mi nombre?

- No, solo los jazmines.

- Ella no sabe que fui yo quien te los dejó.

- Pero...

- ¿Pero?

- Creo que lo intuye.

- No te vuelvas paranoica con estas cosas. Lo estas haciendo francamente bien. Pensaba que mentías mejor, y sabes ocultarlo a la perfección. Tendrías que pulir un par de cosas como las miradas, y esa cara de deseo que tienes siempre que estoy a tu lado, pero a parte de eso...

Con eso hizo que todo volviera a la normalidad. Al bromear con ella le había dado una cierta calma que necesitaba. Aunque sus bromas fueran de lo más irritante. Ella lo mró con ceño y después sonrió. Cuando estaba a punto de salir por la puerta, Jane con su te en la mano, se giró de golpe y le espetó:

- ¿Qué has querido decir con "cuando Grace tuvo una relación con Rigsby... la primera vez"?


En la comida, Van Pelt salió a la calle a escondidas para econtrarse en un restaurante dos manzanas más abajo con su, de nuevo amante, Wayne Rigsby.
No es que tuviera una gran preocupación por si los podían pillar, puesto que si Cho lo sabía, era probable que toda la brigada se diera cuenta tarde o temprano. Tan solo tenían cuidado en no hacerlo tan evidente.
Al llegar, él la esperaba en la mesa, un poco más nervioso que ella, mirando de un lado a otro con temor. Se sonrió al verlo. Con lo grande y fuerte que era ese hombre, era como un chiquillo cuando se trataba de proteger su relación.

-Hola.

- Hola - respondió él levantándose para poder besarla, y apartarle una silla para que se sentase.

- Ni que no nos hubiésemos visto en varios días!

- Fuera del trabajo me gusta tratarte como una dama.

Ella hizo un mohín - ¿Y dentro no?

- Dentro sigues siendo una compañera de trabajo. Además, hay otro sitio en el que no pienso tratarte como una dama... - prosiguió con una sonrisa de medio lado.

- Ah, si? Dónde?

- Tú sabes donde...

- Ajá... y cómo me vas a tratar ahí?...

Ambos sonrieron y se miraron con deseo. Nunca tenían suficiente el uno del otro. Aunque adultos, entre ellos había una química de quinceañeros, propia del primer amor. Se besaron unos instantes hasta que el camarero tuvo que toser para que le hicieran caso y pidieran sus platos. Recuperaron la compostura totalmente cuando se marchó.

- Y bien... ¿cómo ha ido la conversación esta mañana con la jefa? ¿Le has echado valor y se lo has preguntado?

- Sí... y antes de lo que me imaginaba. La he encontrado en el gimnasio.

- ¿De veras? Que coincidencia.

- Y que lo digas. Pensé que no encontraría un momento más privado que ese y se lo dejé caer.

- ¿Y cómo ha reaccionado?

- Bueno... creo que aun no está lista para aceptar que está con él. La historia de Jones le ha venido bien para que poco a poco lo vaya admitiendo.

- ¿Sabes? Nunca me habría podido imaginar que la jefa y Jane estuvieran juntos.

- ¿Nunca? Bueno, creo que eres el único que no lo había visto, porque todas las señales eran evidentes. Aunque al principio era una situación muy complicada.

- Desde luego. Pero ha pasado mucho tiempo. Jane se merece ser feliz de una vez por todas.

- ¿Y la jefa no?

- Sí, claro. Por supuesto. Pero él acarrea un peso mucho más grande ella.

- Es cierto... aún así... me cuesta imaginarlos juntos. ¿De que hablarán?

- Puede que no hablen mucho...

- Wayne! No me imagino a Jane siendo... poco comunicativo. Es un verdadero caballero. No creo siquiera que se hayan decidido a darse el primer beso.

- Bueno, en cualquier caso esta es su historia. La tendrán que escribir ellos. Nosotros solo somos meros espectadores.


La vida es curiosa. Y te lleva por caminos que nunca habrías creído que podías tomar. Puede que sea coincidencia. La divina providencia. O el cruel sentido del humor del destino.
Quizá fue eso lo que hizo que Riley Jones fuera el encargado de dar parte al FBI de los avances del caso que estaba llevando la brigada del CBI.
Quizá estaba escrito que en los interrogatorios, estuviera él presente, al lado de Teresa Lisbon, mostrándose encantador con ella, amable con los demás, y tirante con Jane.
Cuando se conocieron en el escenario del crimen, y Jones estaba alargando su mano para estrecharla, Lisbon pronunció su nombre para presentarlos. Jane torciendo el gesto, retiró la suya. Desde entonces se mostró reticente con todo lo que se refería a él. A la par de mucho más duro y dominante que de costumbre con ella.

Jane no había considerado nunca tener un rival en su relación con Lisbon. Mucho menos teniendo el tipo de relación que tenían. Pero la vio sonreirle con dulzura. E incluso arreglarse el pelo antes de entrar a la misma habitación donde estaba él. Jane podía sentir los celos luchando batallas a muerte con la culpabilidad que aún le corroía. Por las noches, aun de vez en cuando, veía aquella fatídica escena familiar que le había quedado grabada a fuego en la retina. Los días con Lisbon al lado se le hacían cada vez más difíciles. Moría por tocarla, y le daba igual delante de quien fuera. Hasta podría haber jurado que los demás se estaban percatando. pero no podía hacer nada contra ese deseo. Cuando un sentimiento lo desbordaba, lo hacía completamente.

Una tarde, después de una reunión que habían tenido para intercambiar opiniones, y hacer un repaso de las tácticas a emplear en en el caso que estaban llevando a cabo, y que evidentemente Jane ignoraría de todas las maneras posibles, fue a comprar un helado para ella. Porque era una tarde calurosa, porque él sabía cual era el helado preferido de Lisbon, y porque quería aprovechar su boca mientras aun estuviese fría.
Al volver hacia comisaría, con una sonrisa en los labios, pensando en lo que iba a hacer, literalmente se congeló al girar la esquina. Allí estaba ese Jones, limpiándole una pequeña gota de helado que le había caído por la barbilla Lisbon. Y ella, sonrió amablemente y se apartó con lentitud. Ni siquiera había considerado el hecho de que se le hubieran adelantado. Se la estaba llevando. Se la estaba llevando de su lado y él no tenía derecho siquiera a poder pelear. Él había impuesto esas reglas, y ella las había aceptado. Cuando ella salió de su despacho la última vez, le había dejado claro que las había aceptado. Era lo que él había decidido. Lo que no esperaba era que le doliera tanto.

Lisbon, en cambio, con una maraña de sentimientos en su interior, hacía lo que podía para intentar mantener a raya a su nuevo pretendiente, y de alguna manera, no hacer enfadar a Jane. Era cierto que sentía mucho más por él de lo que quería admitir. Su conversación con Van Pelt le había alterado los sentidos. Y por mucho que Jane la hubiese tranquilizado después, seguía teniendo miedo de lo que pudiese ocurrir si todos se enteraban. Por otra parte, se dejaba querer por Jones. Ella era mujer de un solo hombre, pero como de momento ninguno la había reclamado, tenía todo el derecho de dejarse conquistar quien quisiera.
Jones estaba resultando ser el hombre perfecto. Atento, cariñoso, insistente pero no pesado en cuanto a su cortejo con ella, y extremadamente eficiente en su trabajo. Era muy inteligente, un poco descarado y tenía una sonrisa que la ponía muy nerviosa, y aun siendo un hombre muy atractivo, no era arrogante en ese aspecto. Lo cierto es que le recordaba muchísimo a Jane. En esencia, era prácticamente igual que él, pero sin todas sus cargas. Aunque de ninguna de las maneras era él. Por eso no podía darle via libre al uno, y cerrar las puertas completamente con el otro. "Necesito una noche de chicas" pensó en mas de una ocasión, aunque luego se lamentaba de no tener una vida social más amplia, porque no es que tuviera muchas amigas.

- ¿Me vas a hacer suplicar por una cena Teresa?

La voz de Jones la sacó de su ensoñación. Estaban en la calle, terminando el helado al que él la había invitado después de la tediosa reunión, delante de las puertas de la brigada. Habían salido a comer todos juntos y como de costumbre, Jane había desaparecido en algún momento, cosa que la incomodaba bastante. Aunque con él cerca, Jones se contenía bastante a la hora de expresar sus emciones hacia ella, cuando Jane desaparecía de plano, volvía a la carga.

- Estamos muy ocupados con este caso, ya lo sabes. No tenemos tiempo para cenas - respondió sonriendo.

- Veo que no te niegas porque no quieras, sino por las circunstancias. Lamento decirte que eso es absurdo, y que cuando este caso acabe, voy a solicitar mucho más que una cena para que puedas resarcirme de todos estos desplantes.

Ella levantó la ceja y rió, porque Jones no dejaba de mover las cejas arriba y abajo mientras le daba con el codo.

- Puede que acepte una cena cuando acabemos con el caso, aunque no te puedo garantizar nada de lo que sugieren esas cejas.

- Al menos vamos avanzando.

Una llamada telefónica salvó a Lisbon de una respuesta incómoda. Él comenzó a hablar en voz baja con alguien y con una apresurada despedida, se marchó calle abajo. Ella lo siguió un rato con la mirada, hasta que se metió en su coche y desapareció por una esquina.

En la que estaba Jane apoyado, mirándola fijamente. Sus miradas se cruzaron. Y ella tuvo el presentimiento de que algo iba a ocurrir.


Contnuará


Hola a tod s y de nuevo gracias por leerme hasta aquí. Espero que os haya entretenido este pequeño capítulo y estad atentos, el final está cerca, voy a liarla un poco :)

Se que este capi no es un M, pero tengo que darle un descanso a los chicos, porque si fuerzo mucho a Jane, cualquier día me hace una huelga de penes caídos y a ver como levantamos eso!

Hasta (muy) pronto!