Mama, Mime y Meme.
-Pañales, leche, toallitas humectantes, aun queda mucho talco así que ese lo omitimos, mmm, colonia para bebes, ¡oh! Shampoo para bebes, ese si se acaba rápido, comida no, prefiero seguir cocinando yo misma de manera natural – Quinn asintió conforme con ese punto – así que hay que comprar verduras, muchas verduras, no espera, mejor no tantas, así se mantienen frescas, podemos volver cuantas veces queramos a la tienda – Quinn anotaba y tachaba cosas cada dos segundos, concentrándose profundamente en su tarea mientras Rachel daba vueltas por la habitación pensando en las cosas que iban a necesitar de la tienda.
-Podríamos ir a la tienda y dar algunas vueltas para saber que mas necesitamos – la rubia se mostraba impaciente por irse ya.
Rachel pareció pensarlo – Creo que esa es una buena solución – le sonrió a su novia y se acercó para darle un besito en la frente.
-¿Despertamos a Liam? – preguntó Quinn
-No, como crees, esperemos a que despierte solo, mejor ve poniendo la silla de seguridad en el auto mientras arreglo sus cosas.
-Ok – respondió dejando la lista a un lado, se fue de la habitación y bajo casi corriendo la escalera para llegar al closet donde guardaban el coche y la silla de seguridad de Liam. Saco la silla y se fue al auto que le había prestado su madre para poder llevar al bebe en el asiento de atrás.
Saco un par de cosas más del auto para hacer espacio y lo limpio por si acaso a Liam se le ocurría tomar algo y llevárselo a la boca.
Cuando el auto estuvo limpio regreso a la habitación de Rachel y ahí vio a su hijo en la cama sollozando mientras Rachel le cambiaba la ropa.
-Hola principito, ¿por qué lloras? – Le pregunto al bebe que le estiro las manos para que lo tomara.
-No quería que le cambiara la ropa, se despertó de repente pero creo que prefiere seguir durmiendo – Respondió Rachel terminando de vestirlo y poniéndole la colonia.
-Deberíamos irnos antes de que se haga más tarde Rae, ya son las cinco y va a empezar a hacer mas frio.
-¿Tienes lista la silla? – Vio a Quinn asentir y la dejo tomar a Liam mientras ella sacaba el bolso listo con las cosas de Liam – Vamos entonces.
Se apresuraron a irse y llegar a la tienda antes de que se hiciera muy tarde, recogieron todo lo que necesitaban e incluso más.
-Estos, estos sí que son necesarios – decía la rubia levantando una caja de chocolates Wonka, haciendo que Liam mirara la caja y quisiera tenerla a toda costa.
-¡No! No más dulces, ya tenemos suficiente con el helado y el flan, es demasiado flan, nadie come tanto flan, además a Liam ni siquiera le salen todos los molares aun, no voy a arruinarle los pocos dientes que tiene, y quien va a jugar con él cuándo coma mucha… – sintió unos labios presionando los suyos y no pudo evitar cerrar los ojos, su hijo ya sostenía feliz su caja con chocolate e intentaba abrirla.
-Tranquila, los escondemos y le damos uno a la semana, ni siquiera va a recordar lo que compramos – le respondió en un susurro dándole un corto beso otra vez.
-si los escondemos… supongo que está bien – respondió mordiéndose el labio inferior, hace unos días había estado con Quinn y ya deseaba tenerla de nuevo, no era bueno pensar en eso en un supermercado, mucho menos con su hijo al lado, así que carraspeó y continuo como si nada con el carrito de compras ganándose una sonrisa coqueta de parte de Quinn.
-Ohhh, mira, a Liam se le vería hermoso – Quinn tomaba un gorro de aviador para niños, era café y tenía un estilo muy antiguo – ¿se lo llevamos?
-Quinn… - Empezó a decir con cansancio, su hijo no necesitaba tantas cosas, ya habían llenado el carrito con toda clase de caprichos que mas que ser para Liam parecían ser para Quinn.
-Es el ultimo lo prometo, nunca están demás los gorritos, estamos casi en diciembre y el frio está muy feo Rachel – odiaba que supiera tan bien como convencerla, así que termino aceptando llevar ese gorro, mas los calcetines de Superman, las zapatillas de basquetbol (no iba a negar que estas eran increíblemente adorables), y un Cara de Papa, el segundo de Liam.
-Pff, ¿estás segura de que tienes para pagar todo esto? Ahora que lo veo creo que fue demasiado, tu mama te va a matar – dijo Rachel preocupada con Liam de la mano mientras Quinn iba pasando las compras por la caja.
-Nah, tranquila, me dijo que si se trataba de Liam podía gastar lo que quisiera. Si era para mí, no podía gastar nada, porque sigo "castigada"– Hizo la seña con los dedos y negó con la cabeza –Como si ese fuera el problema.
Que estuviera en rehabilitación ya era demasiado castigo, su madre creía que reduciéndole la mesada iba a conseguir que ella se mejorara, pero esa nunca fue la solución. La escases de dinero nunca había sido la solución, tanto como ser millonaria no había sido el problema.
-Claro, ya sabemos cuál era el problema – soltó Rachel mirando a otro lado.
-No empieces Rachel – dijo Quinn elevando la voz.
Rachel ni siquiera le hizo caso, solo empezó a caminar con Liam hacia la salida de la tienda, no con enfado, solo con indiferencia.
Espero varios minutos con su hijo justo en la puerta de salida, vio a Quinn hablarle a la cajera con la caja de chocolates en la mano, la misma que Liam había conseguido abrir, sonrió pensando en lo travieso que podía ser su bebe, seguro ahora la rubia estaba dando explicaciones a la mujer porque esta dirigió su vista hacia ellos e hizo un gesto de adoración cuando vio al pequeño, después un gesto con la mano para que no se preocupara y después unas sonrisas amables que dejo tranquilas a ambas madres, entonces la rubia pago con una de las tarjetas que tenia y se fue con el mismo carro de compras ahora con los productos envueltos en bolsas plásticas, nada productivo para el medio ambiente, si es que alguien se lo preguntaba.
-¿Listo? – preguntó Rachel tomando a su pequeño rubio en brazos.
-Sí, no hubo ni un problema con los chocolates, me dijo que eso pasaba muy seguido y que solo había que pasar el código de barras por la maquina. Tiene lógica, si el producto se abre el código de barras no tiene porqué dejar de funcionar.
-Oh, eres un genio Quinn, eso es lo que te venía diciendo desde que Liam los rompió – el bebe miro a su madre apenas escucho su nombre – Si, tu eres el culpable, no me mires con esos ojitos – beso la sien de su bebe y lo abrigo contra ella cuando pasaron la puerta, si el invierno se iba a poner peor que eso mejor ni sacaba a Liam de la casa.
-El no le pone ojitos a nadie, tiene el gen Fabray, solo hace falta que mire con indiferencia y tiene a todas las mujeres de Lima alrededor – dijo con orgullo mirando a su hijo.
-Tienes toda la razón, pero ese no es el gen Fabray, definitivamente lo hace de manera natural, porque es hermoso, no como tú, que eres fea – Quinn la miro ofendida por esa acusación haciendo reír a Rachel – es broma, eres hermosa, demasiado para tu enorme ego – paso una mano por el brazo de su chica que seguía tirando del carro, Quinn se acercó a ella y le beso la mejilla.
-Tú eres hermosa – le dijo en un susurro haciendo estremecer a la morena.
Se detuvieron justo en la parte trasera del auto y Quinn se apresuro a abrir la puerta del asiento trasero para acomodar a su hijo.
Acomodado el bebe volvió a la parte de atrás y junto a Rachel se dispuso a guardar todas las bolsas.
Estuvieron cinco minutos en silencio en el auto mientras Quinn manejaba con calma, iban a la mansión Fabray para quedarse allí y pasar el fin de semana, como venían haciendo desde hace un mes. De pronto escucharon un suave murmullo, se miraron entre si y se quedaron en silencio escuchando como el murmullo pronto se escuchaba cada vez más fuerte.
-Nanana, nanana, nanana – el pequeño Liam repetía cada vez más fuerte la misma palabra, esta sin tener ningún significado seguía siendo repetida en una tonalidad distinta a la que escuchaban siempre en el bebe.
-¿Qué hace? – Pregunto Quinn en un susurro extrañada mientras escuchaba a su bebe repetir esa palabra.
Rachel se encogió de hombros y agudizo su entrenado oído musical para escuchar mejor al bebe.
-Nanana, nananaaa – abrió la boca y los ojos sorprendida.
-Esta…
-Cantando – respondió Quinn por ella sonriendo al máximo.
-Nanana – seguía el bebe mientras ambas madres se tapaban la boca para no reír por la ternura que les provocaba escuchar al bebe cantar con esa libertad. Nunca lo había hecho antes, ni siquiera tenían música en el estéreo como para que el pequeño se inspirara de esa manera.
-Oh dios, es lo más lindo que he escuchado en mi vida – dijo una emocionada Rachel, sentía como algunas lagrimas se acumulaban en sus ojos pero hubiera sido muy dramático llorar en ese momento.
Aunque… ella era la reina del drama, podía llorar cuando quisiera.
Así que soltó las lágrimas que estaba reteniendo y sintió la mano de Quinn apoyarse en su pierna.
-¿Lo ves? Decías que no se parecía en nada a ti y ahora escúchalo – el bebe seguía cantando ahora más bajito mientras jugaba con su peluche de la rana René.
-¿Crees que… quiera aprender a cantar? – Pregunto Rachel esperanzada.
-¿bromeas? Tiene a la mamá mas talentosa del mundo, va a querer seguir tus pasos por sobre cualquiera de los míos… - rio Quinn un poco avergonzada.
-No digas eso, tienes muchos talentos, solo que aun no los has desarrollado.
-No hablemos de eso ahora, mejor sigamos escuchando al talento que acabamos de descubrir.
Se quedaron en silencio lo que quedaba del viaje, que no fue mucho, porque estuvieron en cinco minutos en la casa de Quinn.
-Emilio – Llamo la rubia por el interlocutor que había en la entrada – déjame entrar, soy Quinn, vengo con un cachorro en el auto y este necesita un poco de cariño de su tío Emilio.
Rachel rodo los ojos al escuchar como Quinn llamaba a su hijo.
Sintieron el seguro del portón abrirse y Quinn comenzó a mover el auto impacientemente incluso antes de que se abriera por completo el portón.
-Tranquila Quinn, Emilio no se va a ir a ninguna parte.
-Ja, dile eso a las vacaciones pagadas que le dio mamá, se va en una semana a Miami, ¿puedes creerlo? Creo que lo quiere más que a mí – respondió Quinn mientras estacionaba en la entrada de su casa.
-Es que es más adorable… y tiene esas pecas negritas que enloquecen a las señoras.
-Sí, sí, esas pecas… Yo tengo una en el trasero que jamás te hizo enloquecer a ti.
-No seas grosera – fue lo último que escuchó antes de salir rápido del auto para sacar a Liam.
Saco a su hijo y lo llevo casi corriendo a la casa provocando la risa del menor, Rachel venia más atrás gritando algo que no era en absoluto de su interés en ese momento, toco el timbre exactamente ocho veces como siempre hacia para molestar a su madre y abrieron la puerta después de un minuto.
-Quienes son ustedes y que hacen en mi propiedad, ya dije que no quería hacer donaciones… - El anciano hombre de color estuvo a punto de cerrar la puerta pero la detuvo a unos centímetros de lograr su objetivo y la volvió a abrir esta vez con una sonrisa.
-No somos mendigos Emilio, somos ladrones – Tomo las manitos de Liam y movió sus deditos para hacerlos formar armas de fuego– ¡Arriba las manos!
El pequeño Liam miraba entretenido y asombrado como el hombre caía de rodillas haciendo como si estuviera herido, Quinn dejo a su hijo en el suelo y este corrió a abalanzarse sobre Emilio.
-Oh no, no abusen de este pobre anciano.
-No tienes nada de anciano Emilio – Rachel llegaba para salvar al pobre Emilio de su hijo que en ese momento intentaba subirse en él, tomo a Liam y lo separo del hombre mientras este reía y se levantaba.
-Eso no es lo que dicen ciertas rubias – dijo señalando con la cabeza a la única rubia que había ahí en ese momento.
-A esta no le hagas caso, esta más loca que una cabra – Emilio rió a lo dicho por Rachel y palmeo el hombro de Quinn divertido.
Pasaron al salón y se sentaron a hablar durante un rato esperando a que llegara la madre de Quinn, eran casi las ocho, así que debía estar por llegar.
-Tenemos las compras en la cajuela del auto. ¿Podemos enviar a alguien a buscar las cosas? – Preguntó Quinn a Emilio cuando Rachel fue a cambiar el pañal de Liam.
-Enviare a ese chico, Sam, a buscarlas, es cuidadoso y sabe dónde meterse y donde no, creo que es el único que se va a poder quedar – dijo levantándose con algo de dificultad. Los años comenzaban a pesarle al hombre y Quinn podía notarlo cada día más.
-Déjalo, yo le aviso, solo quería saber a quién podíamos mandar – Se levantó rápidamente antes de que Emilio tuviera que hacerlo y este sonrió tiernamente al verla tan preocupada por él.
-Está en el jardín de las petunias, al menos ahí lo vi hace una hora trabajando – Quinn asintió y salió a buscar al chico que llevaba trabajando una semana en la casa.
Estuvo buscándolo por cinco minutos y lo encontró en el jardín de la pileta más fea del mundo, como ella lo llamaba, estaba quitando algunas flore que estaban por morir para llevarlas al invernadero en maseteros de color café, tenía un sinfín de ellos alrededor, lo que la hizo suponer que el chico iba a tener una tarde dedicada solo a eso.
-Sam – lo llamo cuando estuvo lo suficientemente cerca. El chico busco con la mirada a quien podía estar llamándolo y se levantó algo nervioso cuando se dio cuenta de quién era.
-Srta. Fabray, ¿necesita algo? – preguntó amablemente
-Relájate Sam, tenemos la misma edad, solo quería saber si me puedes ayudar a sacar algunas cosas del auto y llevarlas a la habitación de Liam… ¿Recuerdas a Liam?
-Sí, si, si, si – decía aun algo nervioso, era difícil tratar con personas con tanto poder y dinero cuando tú apenas habías tenido educación – es su hijo.
-Claro… - miraba extrañada a ese rubio – ¿me ayudas o no? – pregunto después de unos segundos de silencio incómodos para Sam.
-Claro que si Srta. Fabray.
-Genial, sígueme, y llámame Quinn. Quienes me siguen llamando Srta. Fabray durante más de dos semanas no siguen trabajando aquí – dijo en broma mientras caminaban, incluso rio un poco pero el chico palideció y Quinn lo alcanzo a notar – Sam – llamo al chico – estoy bromeando, llámame como quieras, pero prefiero Quinn.
-Oh – Sam sonrió torpemente – Esta bien, Quinn.
-Eso es – palmeó la espalda del chico y abrió la cajuela del auto con un control que tenía en sus manos – Ayúdame con las cosas más grandes, no son tan pesadas, solo mas grandes – le fue entregando algunas cosas y el chico demostrando su increíble físico las tomo todas sin problemas y se fue adentro de la casa para dejar las cosas en la habitación del bebe, Quinn lo siguió de cerca con el resto.
-Puedes acomodarlas en el suelo, ah, y algunas cosas se van a la cocina, lamento no haberlo recordado antes – se disculpó – el flan, los chocolates, la avena, los cereales, esta cosa que compró mi novia – señalo algo extraño y lo dejo de nuevo en la bolsa – todas estas cosas van a la cocina.
El chico obedeció y se llevo las compras a la cocina, así Quinn pudo salir de la habitación para ir a buscar a su novia y su hijo. Los encontró en su habitación, pero no solo estaban ellos, también estaban Emilio y su madre.
-Judy, no te vi llevar – la saludo entrando a la habitación, su madre tenía a Liam en los brazos, se veía tan extraña como siempre utilizando su traje de Armani Exchange y con el bebe en los brazos.
-No me llames Judy, soy tu madre – la reprendió – ¿cierto que soy su madre Liam? ¿Y Que mi hija es una insolente? – le decía al bebe con un tono más aniñado – Si mi amor, claro que lo sabes porque eres el bebe más hermoso e inteligente del mundo – dejaba besitos en su cuello que eran bien recibidos por el pequeño rubio.
-mama – le contesto el rubio – nanana.
-Ohhh, cariño – se enterneció cuando lo escuchó – me dijo mamá.
-Ay por favor, eso se lo dice hasta a Emilio, no sabe decir nada más que mama – dijo cruelmente Quinn. Rachel le envió una mirada que la hizo callarse en ese instante.
-A mi jamás me ha llamado mama – se defendió Emilio – a mi me llama mime de vez en cuando, o meme cuando quiere algo, pero jamás mama – Rachel se tapaba la boca para no reír fuertemente por lo dicho por Emilio.
-Bien, mama, mime y meme, vamos aumentando el vocabulario – dijo con sarcasmo la rubia – necesita aprender más.
-Pues enséñale más, si hubieras pasado más tiempo con él enseñándole cosas que con esos "amigos" tuyos ya sabría mucho más – su madre no tenia pelos en la lengua cuando le quería decir algo.
-Ya… - soltó Quinn con cansancio, Rachel le envió una mirada de compasión que ella devolvió con una triste sonrisa – No digas esas cosas porque Rachel le ha enseñado muy bien también.
-Lo sé cariño, se que le has enseñado muy bien – le dijo en un tono más suave a Rachel – y lo has hecho excelente, porque gracias a ti Emilio sabe comportarse muy bien.
-Gracias Judy, pero creo que Quinn tiene razón, le está costando aprender algunas palabras, pero hoy… - se detuvo a pensar en lo que había ocurrido hace una hora y se le hizo un nudo en la garganta– hoy se puso a cantar cuando estábamos en el auto…
-Noo – Judy pareció lamentarse – ¿en verdad cantó? – Recibió asentimientos – Oh no, me lo perdí.
-Seguro lo hace de nuevo, teniendo una cantante como madre a los diez años le vamos a pedir que deje de cantar unos minutos – bromeó Emilio.
-¡Eso es lo que me pedían mis papás! – dijo emocionada Rachel.
Todos rieron, incluso el bebe se contagio del buen humor.
-Voy a ver si esta lista la comida… - dijo Emilio caminando a la salida– le hice una crema de espinacas a Liam, espero que con eso este bien – dijo dirigiéndose a Rachel antes de salir.
-Con eso está perfecto Emilio, muchas gracias.
-No hay de que, cualquier cosa por el pequeño Liam – escucharon cuando el hombre iba por el pasillo.
Las tres mujeres se quedaron en la habitación unos minutos más, Quinn jugando con Liam mientras Rachel y Judy se ponían al día con todo lo que Liam había hecho en la semana, hablaron de la hora que habían pedido con la doctora Beiste y que planeaban quitarle los pañales al pequeño.
-¿De verdad? ¿Y qué método planean usar?, conozco unos muy buenos de cuando Quinn usaba pañales, no se los quiso quitar hasta que cumplió los tres años, ¿te lo puedes imaginar? Era un bebe enorme y no quería quitarse los pañales - Reía divertida Judy haciendo reír también a Rachel y ruborizando a Quinn.
-¡No es cierto! Tengo fotos de cuando tenía dos y ya no traía pañales – se defendió Quinn con el ceño fruncido.
-No levantes la voz Quinnie, esas fotos son de cuando estábamos a punto de cambiártelos, créeme que pase un año usando técnicas para que los dejaras, pero eras muy revoltosa, un día incluso tiré todos los pañales que tenía en la casa, sabía que Quinnie ya se podía aguantar pero no quería hacerlo – le explico a Rachel – así que los tire todos y entonces tomó una toalla del baño y se la amarró ella misma.
-Noo, ¿con tres años hizo eso? – Rachel veía sorprendida a su novia y esta hundía la cabeza en la almohada de la cama y su hijo trataba de imitarla.
-Sí, aunque se le caía cada dos pasos, pero aun así lo hizo, y se quedo con ellos una hora hasta que se hizo encima y se le pasó todo por la fina tela, tuve que botar la alfombra nueva, y volvió a usar pañales ese mismo día. - comentó con nostalgia, mas por recordar la anécdota de su pequeña que por la alfombra perdida – espero que con Liam no les pase igual, Hiram ama sus alfombras – sonrió la mujer.
-Creo que las ama casi tanto como a Liam – bromeó Rachel – te voy a pedir esas técnicas Judy – suspiró y miro a su bebe - lo llevare abajo para darle de comer, se ha pasado ya una hora de su hora de comer – tomo a su hijo y este lucho un poco con ella por no querer dejar su zona de juegos – Quinn, ¿le llevas algunos juguetes? Se va a poner a llorar si lo llevo sin ellos.
Quinn reaccionó rápido y con ayuda de su madre le llevo algunos juguetes a su bebe.
Cuando bajaron la cena ya estaba lista para todos ellos.
Tuvieron una tranquila cena en familia, solo faltaban los padres de Rachel para que estuvieran completos, pero estos como cada viernes habían tenido que ir a terapia de parejas, lo irónico era que siguieran yendo después de un año sin que esta diera frutos.
A las once de la noche en punto, Liam fue el primero en caer por el cansancio, era demasiado tarde para él, pero la emoción de estar con su abuela y Emilio lo habían hecho querer no dormir hasta entonces.
El segundo en caer fue Emilio, quien por su edad se cansaba el doble que cualquier otra persona, y aun mas cuando había un bebe en la casa.
La tercera fue Judy. Decir que la madre de Judy jamás se cansaba no era una exageración, no por nada era la más grande empresaria de Lima, había que tener el aguante para serlo y muchas horas de sueño interrumpidas para resolver los problemas de los demás, pero eso también significaba que tenía que ser responsable y cuidar su salud, por eso aprovechaba cualquier ocasión para dormir las horas debidas.
- Ufff, creo que no doy mas – Rachel estiro los brazos para desperezarse, estaba completamente agotada, incluso cuando cenaban había soltado un par de bostezos.
Ahora que llegaban a la habitación de Quinn, con solo ver esa enorme y cómoda cama el sueño volvía ferozmente a atacarla.
Apenas bajo los brazos, sintió otros rodeándole la cintura, sonrió con cansancio al sentir a su chica besarle la parte trasera del cuello.
-Yo creo que puedes un poco mas – le dijo Quinn con la voz más sexy que Rachel había escuchado.
Se mordió el labio inferior.
Quizás podía un poco más…
N/A
Hola
Gracias por los Rws, Follows, Favs y demases, me levantaron a full el animo :D.
Saludos mis queridas Visitors
