Fotografías Desde el Cielo


Apenas despertó sintió la boca completamente seca, tenía una leve sospecha de quien podía ser la culpable de que ella se sintiera así.

Literalmente la habían secado la noche anterior.

Miro a su lado y vio a su novia dormida boca abajo y desnuda, tapándose solo con una fina sabana que le cubría hasta la cintura.

Ella en cambio había optado por no tapar nada en ella, hacía un calor infernal dentro de la residencia mientras que afuera nevaba. Si se comportaba de esa manera la temperatura no era gracias a la naturaleza, era más bien por qué Judy ya se había levantado y estaba haciendo Yoga en el gimnasio, así que todos tenían que adaptarse a sus excéntricos gustos por hacerlo a esa alta temperatura.

Se removió un poco y tomo el vaso que estaba a un lado de la cama en una mesita de noche, se bebió todo el contenido que tenía en su interior y volvió a dejarlo en su lugar.

Hace más de un mes que no amanecía con Rachel, y justo ayer su madre había aceptado que había sido castigo suficiente no dejarlas dormir juntas desde que tuvieron a Liam, como si no lo hubieran hecho en casa de Hiram, como si quisieran tener más hijos ahora, como si eso hubiera impedido que tuvieran relaciones sexuales donde sea y cuando sea.

Sonrió ante el recuero de la noche anterior y paso un dedo por la espina dorsal de su morena, era hermosa, no podría pedir nada mas en el mundo que mantenerla a su lado toda la vida al igual que a su hijo, lo único que faltaba para ser una mañana perfecta era tenerlos a ambos a su lado.

Esa era una buena idea…

Se levantó con cuidado para no despertar a Rachel y se fue al armario, tomo unos bóxers de Batman y una playera negra y salió despacio de la habitación, sin cerrar la puerta para no hacer ruido. Se fue a la habitación de Liam y abrió la puerta con cuidado, sabía que aun no despertaba por qué el intercomunicador no había sonado. Lo vio durmiendo y se le erizaron los pelos del brazo, era distinto verlo en las mañanas a verlo dormir una siesta, ahora le parecía más pequeño que de costumbre, y con ese pijama completamente blanco parecía un pequeño angelito. Sonrió con ternura y se acerco cada vez más para observarlo mejor.

Espero un par de minutos más para disfrutar a solas con su bebe y después con cuidado lo tomó, con manta y todo, el pequeño se removió un poco y soltó un par de quejidos pero no despertó, así que con cuidado lo saco de la habitación y se lo llevo a su cuarto.

Rachel aun no había despertado, lo que era aun mejor por qué se iba a llevar una linda sorpresa cuando viera a Liam a su lado.

Dejo a su hijo en la cama, en el medio de sus dos madres y lo cubrió con la sabana. Cuando iba a recostarse a su lado tuvo una idea mejor, así que fue a tomar su cámara de fotos de la repisa que había en una de las paredes. Era demasiado ostentosa para su gusto, pero su padre no había escatimado en gastos al momento de regalársela para su cumpleaños anterior.

Tomar cada fotografía con esa cámara se había convertido en algo especial, no la utilizaba por cualquier motivo ni la llevaba a cualquier lugar. La fotografía había sido lo único que la había unido a él, por qué al igual que ella, su padre en algún momento sintió que no tenía ningún talento en sí mismo y opto por encontrar el suyo en una cámara de fotos.

Pero entonces la cámara lo adaptó a su forma y él se convirtió en un fotógrafo, un momificador de realidades, eso era lo que él siempre decía,"No vamos a capturar un momento Quinn, el momento siempre queda en el pasado de las personas, nosotros momificamos una realidad y tratamos que se preserve en el papel fotográfico. Cada fotografía es una reliquia, es un tesoro para quien encuentre un significado en ella, si tú crees que hay algo digno de conservación, entonces levantas tu cámara – La pequeña Quinn seguía los pasos que decía su padre – miras a través del visor, observas, sientes, analizas y cuando creas que llego el momento perfecto…" – la pequeña sin esperar una indicación de su padre presiono el disparador y "momifico" su realidad, que en ese momento era su padre, de pie apoyado en una mesa de su taller con una de sus cámaras en la mano, mirándola a ella para enseñarle los pasos correctos. Esa fue su primera fotografía, fue motivo de ser encuadrada y colgada en la oficina de su madre, la misma que iba a ser de ella cuando heredara la empresa familiar.

Suspiro con tristeza, tenía los ojos acuosos ante ese recuerdo pero no iba a llorar.

Tomo su cámara y miro por el visor, encontró su realidad perfecta, Rachel y Liam eran su más perfecta realidad y ella iba a momificarla a su antojo.

Estuvo veinte minutos tomando fotografías, se tomaba su tiempo entre cada una para que fueran simplemente perfectas, y según ella, lo eran.

Dejo de lado su cámara y se fue a recostar a un lado de su bebe, Liam se removió cuando sintió el movimiento en la cama y por fin abrió los ojos, cuando vio a su madre a su lado sonrió cansinamente.

-Hola bebe – Susurró para no despertar a Rachel, el pequeño apenas se removió, pero parecía feliz por despertar con su mamá.

-Nana – le dijo suavemente mientras sonreía, en verdad se parecía a ella, tenían una sonrisa casi idéntica.

Tomó una de las piernas regordetas de Liam y se llevo su piecito a la boca para besarlo cariñosamente haciendo sonreír aun mas al bebe.

-No soy nana, soy mami – le dijo – ma-mi – trataba de enseñarle.

-nana – respondió Liam.

-No – negó con la cabeza – ma-mi – repitió.

-nana.

Ok, eso no estaba funcionando, pero aun era pequeño, si no quería aprender ahora ella iba a tener que insistirle cada día para que al fin aprendiera a llamarla mami.

-Mira quien está al lado Liam – le apuntó hacia Rachel pero el bebe aun no comprendía por completo que significaba un dedo apuntando – mira Liam, es mamá.

Ante el nombre de su mamá, el bebe buscó con ganas a su alrededor y encontró a su madre justo al lado, causando completa emoción en él, haciendo que se intentara reincorporar en la cama siendo ayudado de inmediato por Quinn.

-Es mamá, Liam – volvió a decirle al rubio, y para pesar y sorpresa de ella Liam grito muy fuerte y más fuerte aun golpeo la espalda de Rachel con ambas manitos.

-¡máma! – Rachel se llego a caer de la cama por el susto que sintió, había estado en el mundo de los sueños y de pronto algo o alguien la golpeo y escuchó…

-Liam – dijo cuando se reincorporo del suelo, se pasó una mano por el cabello, aun seguía desnuda, estaba realmente confundida, ¿Cómo había llegado a la habitación de Liam? Esa no era la habitación de Liam, y esa rubia que se escondía detrás de su bebe definitivamente tenía algo que ver con el susto casi a muerte que tuvo y el golpe que se gano en la espalda – ¡Quinn!

-No fui yo, fue Liam – dijo entre risas la rubia, su bebe parecía igual de risueño.

-Liam, ¿tú le hiciste esto a mamá? – El bebe balbuceó y se llevo una mano a la boca, como siempre hacia cuando quería jugar – Eres un bebe malo, eres un mal mal bebe – se volvió a recostar en la cama y atrajo hacia si a su bebe para recostarlo a su lado - ¿Por qué me hiciste eso? – El bebe se le quedo mirando y tomo la cara de su mamá con ambas manitos – ¿No quieres a mamá?

-Creo que es su manera de demostrar que te ama – respondió Quinn apareciendo por detrás de su hijo, dejó un suave beso en la cabecita de este y pasó su brazo por el pequeño cuerpecito frente a ella hasta llegar a la cintura de Rachel – Es lo mismo que hago yo contigo.

-Es la peor forma de demostrar amor en la vida.

-Es la única que conocen este par de cavernícolas – se defendió a sí misma y a su hijo.

-Creo que… alguien necesita un cambio de pañal – Señalo Rachel, tocando con su mano el pañal para saber si el bebe se había hecho.

-¿Como sabes que se hizo con solo tocarlo? – pregunto Quinn interesada en la técnica.

-No hay ni una ciencia en esto amor, es solo que esta más abultado el pañal, toca aquí – le indico a la rubia, Quinn puso su mano donde le indicaba Rachel y sintió lo que le había señalado, parecía una esponja llena de agua – ¿Lo sientes?

-Sí, sí, parece una esponja – Liam estaba recostado pacientemente mirando como sus madres experimentaban con él.

-Así se siente. Necesita darse un baño, mejor lo voy a bañar, así ahorramos un pañal… - Indicó Rachel

-No hay porqué ahorrar, puedo comprar pañales cuando quieras.

Rachel rodó los ojos al escuchar a su novia, la hacía sentir tacaña cuando decía ese tipo de cosas, pero ella sabía en el fondo que tenían dos realidades muy distintas. Mientras que a Quinn un pañal le parecía algo ridículamente fácil de conseguir, para ella era algo que tenía que ser bien utilizado o no podría tener suficientes al día siguiente.

-No es eso exactamente lo que deberíamos enseñarle después a Liam, Quinn. El necesita aprender que hay que cuidar las cosas, nunca se sabe que podría pasar después, nadie tiene un futuro cien por ciento asegurado.

Quinn la escuchaba atentamente, siempre la escuchaba atentamente cuando le quería explicar algo acerca de la educación de Liam, porque Rachel era muy madura y muy sabia, nunca se equivocaba en las decisiones que tomaba para su pequeño, así que no tenía motivos para dudar de ella.

-Yo lo bañaré – dijo de repente levantándose de la cama y tomando a su hijo – O mejor aún, nos bañamos juntos, así no perdemos tiempo, menos tiempo perdido, más horas de juego. ¿Verdad principito?

Rachel vio como su novia llevo al cuarto de baño al bebe y se quedo ahí un momento, pensando en cuanto había estado cambiando Quinn.

Meses antes, la chica le hubiera debatido todas sus ideas, incluso se hubiera puesto un poco agresiva, golpeando una almohada o algo así para hacer valer su opinión, pero ahora… ahora se estaba re enamorando por completo gracias a esos pequeños detalles… Quinn estaba madurando y tenía fe en que en algún momento iban a poder sentirse como una familia estable, en la que el amor fuera el conciliador de todas las discusiones, de todas las decisiones que tomaran por Liam, de todos los momentos que quisieran guardar como recuerdos.

Sin tomar prenda alguna se dirigió al cuarto de baño y abrió con cuidado la puerta, vio a su novia ya desnuda quitándole el pañal a su hijo y tirándolo a la basura, estaban los tres en igualdad de condiciones, si ella acortaba también el tiempo iban a tener aun mas horas de juego.

Caminó por el cuarto y entró en la gran bañera que en ese momento se llenaba, no volteó, pero sabía que Quinn la había estado mirando en su recorrido.

-Parece que mamá quiere bañarse con nosotros – le comentó a su hijo – ¿dejamos que lo haga? – El bebe la miro curioso y sonrió – Eso pensé, no puedes vivir sin mamá, pero no te culpo, tampoco puedo hacerlo…

Rachel la miró con amor después de oír esas palabras y dejó un espacio en la bañera para que entraran los dos. Tomo una pequeña esponja con forma de estrella y la llenó con jabón para bebes, del que también utilizaba Quinn, y estrujó un poco para crear espuma, se acercó a su pequeño que en ese momento era sostenido por Quinn y comenzó a bañarlo.

No tardo más de un minuto en dejarlo limpio, eran tan pequeñito que el proceso se acortaba unas diez veces a lo que se demoraría con una persona como Quinn, con quien tardo varios minutos más.

Cuando ambos rubios estuvieron limpios, tomó a su bebe y Quinn se encargo de bañarla a ella mientras entretenía a Liam con algunos juguetes para el agua que siempre había en la bañera.

Salieron y secaron rápidamente a Liam para que no se fuera a enfermar.

-La bata roja – le indicó Quinn a Rachel mientras esta iba a buscar la bata de Liam a los colgadores con batas que había en el baño.

-¿De nuevo? No es la preferida de Liam – dijo sacando la famosa bata roja, volvió donde estaban sus amores y se la puso con cuidado a su hijo, que inquieto como siempre no se dejaba hacer.

-Se parece a Hugh Hefner con ella – sonrió divertida cuando vio a Rachel rodar los ojos.

-Algo tenía que haber detrás de esa bata… Liam no es un juguete Quinn.

-Ya… ni siquiera se da cuenta, un poco de diversión para mami no le hace daño a nadie – se amarro una gran toalla a su cuerpo y salió del baño junto con Rachel y Liam.

Se cambiaron para quedar presentables y bajaron para ir a desayunar.

Aun era temprano, al menos para ellas, porque Judy ya se había aburrido de esperarlas y había desayunado con Emilio.

Se acomodaron en la mesa para desayunar y esperaron tranquilamente a que les sirvieran lo que pidieron, Rachel incomoda como siempre por tener que pedir la comida a hacerla ella misma.

-No mi amor, no hagas eso – le pedía Rachel a su hijo, que en su asiento especial tiraba los juguetes al suelo para que alguien los recogiera.

-Te lo dije, hicimos un pequeño demonio – Quinn se metía mas Waffles a la boca y recibía una mirada asesina de parte de Rachel – Liam – llamó a su hijo – hazle caso a mamá.

El bebe la miro atentamente, como si estuviera analizando su expresión, claro que era un bebe muy inteligente y se daba cuenta de que lo estaban regañando. Tomo un nuevo juguete de su mesita y miro a Quinn antes de tirarlo al suelo causando un gran ruido en la habitación.

-nanana – le dijo, como si con eso le hiciera entender que no le importaba lo que ella dijera.

Rachel miraba sorprendida la escena, y Quinn estaba boquiabierta desde su posición.

Se miraron entre ellas y se taparon la boca para no reír.

-Hemos creado a un monstruo – decía Quinn entre risas.

-Debe ser el gen Fabray.

Quinn detuvo su risa y la miró con una ceja levantada para después negar con la cabeza.

Rachel la miro divertida y le envió un beso por el aire mientras le daba un poco mas de papilla de frutas a su hijo. El bebe después de eso se olvido por completo de su travesura y siguió comiendo tranquilamente.

-¿Podemos salir a jugar en la nieve? – Preguntó Quinn mirando por la ventana de la habitación de su hijo con Liam en brazos mientras Rachel acomodaba las compras que habían hecho el día anterior.

-Prefiero que no lo hagan, Liam es muy pequeño aun Quinn, no hay motivos para exponerlo a tanto frio.

-Pero le encanta la nieve.

-No mientas, la última vez que vio la nieve tenía unos cinco meses, no recuerda nada. Ni siquiera la ha tocado alguna vez… – respondió Rachel para después salir de la habitación.

-Es mas astuta que nosotros - le comentó Quinn a su bebe, quien se le quedo mirando.

Volvió a mirar por la ventana, estaba ansiosa por ver a Liam con cinco años corriendo por el jardín mientras ella lo perseguía con una bola de nieve y Rachel esperaba mas allá a su hijo con los brazos extendidos para protegerlo de cualquier ataque de ella. Era el paisaje perfecto, y aunque estaba ansiosa por tenerlo pronto, cuando veía en ese momento a su pequeño con tan solo un año y medio, también pensaba en todas las cosas que podía enseñarle en el transcurso de esos años, iba a poder formar a un ser humano, tenía la oportunidad de verlo crecer, de tenerlo cada minuto con ella, de besarlo como lo hacía ahora…

Ese niño de cinco años podía esperar, mientras tanto iba a asegurarse de vivir al máximo con el que aun no podía ni siquiera hablar.

Estaba perdida en sus pensamientos y no se dio cuenta de cómo Liam golpeaba la ventana y balbuceaba cada vez más fuerte. Pasó todo un minuto así hasta que el bebe comenzó a reír y Quinn salió de su ensoñación y lo miró extrañada.

-¿Que pasa Liam? – Quinn observó por la ventana lo que el bebe veía y se encontró con Sam, el jardinero que había contratado su madre hace solo dos semanas. Ella no tenía ningún acercamiento hacia los empleados excepto Emilio, quien había dejado de ser un empleado, ahora era más bien un abuelo… Había criado a su madre y la había criado a ella, y hace cinco años no trabajaba en la familia pero vivía allí con ellos por petición de Quinn.

Un nuevo golpe de Liam sobre la ventana la hizo saltar y prestar atención. Sam estaba mirando directamente en esa dirección y hacia movimientos graciosos con las herramientas mientras Liam reía, parecía que lo hacía exclusivamente por él. No pudo evitar soltar un par de risas también, parecía un buen chico y se notaba que se esforzaba en su trabajo porque a pesar de hacer un frio del terror allí afuera el rubio continuaba cuidando las plantas de su madre, las cuales ahora se encontraban resguardadas en el invernadero junto con las verduras que habían recolectado del huerto.

El huerto que Rachel había inspirado y que Judy había mandado a construir apenas esa idea fue puesta en su cabeza hace un año.

Sintió un pequeño destello en sus ojos, parecía como si alguien le hubiera sacado una fotografía.

Con temor aferró a Liam a su cuerpo, y Sam pareció notar el cambio en su gesto porque volteó a mirar al jardín con una mano cubriendo su cabeza para que el sol no entorpeciera su visión, no encontró nada. Volvió a mirar a Quinn y esta miraba todo por la ventana con algo de duda.

La rubia volvió a sentir un nuevo destello, pero esta vez llegó desde el Este, no había tal fotógrafo en el perímetro de la casa, lo que provocaba esos destellos de luz venia directamente desde el cielo.

Miró a Sam para saber si no se estaba volviendo loca, el chico miraba exactamente en la misma dirección en que ella había visto el segundo destello. Pero lo que más la impacto es que el propio Liam había dejado de golpear la ventana e incluso había dejado de decir cualquier cosa y miraba al punto del segundo destello.

Se tambaleó por un tercer destello esta vez mas fuerte, se sintió solo un poco más al norte, era como si el cielo tomara una fotografía…

Sam se movía confundido, casi sintió un escalofrió cuando el chico volteó en su dirección y vio sus ojos completamente abiertos mirando hasta lo más alto de la mansión, parecía haber visto un fantasma, vio la herramienta que tenía en la mano caer a la nieve y entonces pasó lo peor, el chico cayó desmayado hacia atrás.

-Mierda… - Se alejó con miedo de la ventana, su corazón palpitaba a toda velocidad, quizás solo eran esos satélites tomando fotografías como había leído en internet, pero no sabía que los satélites utilizaran tanto Flash para hacerlas, o que dejaran desmayada a una persona de la impresión.

Tenía que ir por Sam.

-¡Rachel! – Llamó a su novia saliendo con velocidad por la puerta – ¡RACHEL! – gritó más fuerte.

-Quinn… ¿le pasó algo a Liam?– Rachel salía de la habitación de Quinn a toda prisa, con sorpresa recibió a su hijo en brazos y vio a Quinn salir disparada por las escaleras - ¿Qué…? – Se quedó en mitad del pasillo sin obtener ninguna explicación. Observó a su hijo y lo vio estirando sus brazos en la misma dirección en que se había ido Quinn, parecía triste por haber sido dejado de lado – Oh no, esa rubia nos debe una explicación.

Bajó con Liam y siguió el camino más probable por el que se pudo haber ido Quinn.

-¡Quinn! – la llamó buscándola por todos lados, Liam forcejeaba para que lo bajaran así que al llegar al comedor no tuvo más remedio que dejarlo en el suelo y darle la mano mientras seguía buscando.

Por uno de los enormes ventanales que había en el comedor que daba directo al jardín, vio a Quinn levantando a Samuel, el chico que trabajaba en la mansión Fabray desde hace poco. Parecía indefenso.

-Oh no, que le habrá pasado – susurró para sí misma.

Tomó de nuevo a Liam y se le llevo a la puerta, no quería que se enfermara así que solo abrió un poco para poder hablarle a Quinn.

-¡Quinn! –la llamó, la rubia volteo a mirarla, Sam se estaba reincorporando con su ayuda y pasaba un brazo por los hombros de la chica que a duras penas podía con él.

-¡Rachel, llama a EMILIO! – le gritó a su novia.

-Estoy bien señorita Fabray– dijo Sam tratando de caminar bien mientras Quinn lo incitaba a avanzar a la mansión.

-Hermano, te acabas de desmayar, no estás bien – le aseguró Quinn – ¿Qué paso? ¿Qué viste allá arriba? – recordó a Sam mirando hacia el cielo y se volteó a mirar en la misma dirección.

-Oh dios, oh dios… - el pobre rubio palidecía mirando hacia arriba.

-Tranquilo Sam, allí no hay nada – se sorprendió al ver el cielo completamente despejado.

-Era… como una nube azul, ¡era azul! – Le decía asustado – estaba muy lejos, pero… era azul…

-Ok, ok, vamos adentro, después hablamos de esto – le dijo cuando vio que palidecía aun mas, si eso era posible.

Una nube azul, no era tan extraño, es decir… el cielo es azul. No era como para desmayarse.

Negó con la cabeza mentalmente.

-No, en serio, estoy…

-Vas a entrar de todos modos, necesitamos hablar de esto– le interrumpió sin dar espacio a negaciones.

Sam se resignó y con dificultad llegó a la entrada con ayuda de su jefa, se sintió un completo extraño cuando vio a todos esperando por ellos allí dentro.

-¿Samuel? – La señora Fabray llegaba al salón.

-Judy, saca los cojines de allí para que Sam se recueste – le indicó Quinn a su madre.

Judy sin ánimos de demorar la situación para regañar a su hija hizo lo que esta le pedía, Emilio llegaba ya con un vaso de agua y una aspirina para el rubio, que ahora se recostaba algo temeroso en el enorme sofá.

-¿Qué paso?- Pregunto Judy mirando a Quinn con un gesto de "Se que tuviste algo que ver".

-No me mires así, no sé que le pasó – se defendió la rubia – estaba en la habitación de Liam cuando… - no sabía si debía asustar a los demás, quizás ni siquiera había sido algo extraño.

De nuevo pensó en los satélites…

-Cuando… - Siguió Judy impaciente – Quinn no me digas que le hiciste lo mismo que a ese niño de tu escuela… el niño Jewfro.

Quinn rió por lo bajo y miro a Emilio el cual igual aguantaba como podía su risa.

El había sido el culpable de esa broma, por sus locas ideas de la nieve en los pantalones.

-Me desmayé por el frio señora Fabray, creo que no estoy acostumbrado a la nieve, en L.A no existen estas temperaturas – se rió torpemente Sam y se encogió en el sillón cuando Judy Fabray lo miro con los ojos entrecerrados negando con la cabeza.

-¡Samuel! Me podrías haber dicho que tenías ese tipo de problemas, lo podríamos haber solucionado. Emilio, ¿sabes donde dejamos los trajes para la nieve? – Judy se quedó hablando con Emilio acerca de los dichosos trajes.

Sam miró a Quinn y esta le hizo una seña que nadie alcanzó a apreciar, era la sumisa indicación de que no dijera nada de lo que había sucedido antes.

Rachel llegó con Liam desde el segundo nivel, la exagerada morena había ido a buscar el gorrito de aviador que le habían comprado a su bebe, solo por si acaso, ya que había abierto algunos segundos la puerta de entrada y una brisa se había colado hacia adentro.

-¿Estás bien Samuel? –le preguntó con sincera preocupación al chico.

-Si señorita Berry, estoy mucho mejor – le sonrió a Rachel y se quedó estático cuando sintió la mano de Rachel sobre su frente. Quinn le alzó una ceja cuando el chico aumentó su sonrisa.

-No tienes fiebre, debe haber sido una recaída, ¿te alimentas bien?

Quinn soltó una risotada, haciendo que todos la miraran - ¿Qué? Apuesto a que le ibas a decir que se vuelva vegetariano – se burló de su novia.

-Cállate Quinn, no era eso lo que le iba a sugerir – dijo sonrojándose.

-¿Por qué no haces algo útil y pones la mesa? – Le sugirió Judy a su hija – Ah, y pon un puesto más, Sam comerá con nosotros.

-Pero Sra. Fabray…

-Nada de peros Samuel, tengo que alimentarte y enviarte a tu casa sano y salvo, le prometí a tu madre que iba a cuidar de ti y eso es lo que voy a hacer – El chico se ruborizó hasta morir en ese sillón y sintió la mirada burlona de Quinn sobre él.

-Está bien – aceptó Sam.

Quinn tomó a Rachel de la cintura y la llevo con su hijo al comedor, acomodaron a Liam en la silla alta y lo aseguraron para ayudar a poner la mesa.

-¿En verdad no le hiciste algo Quinn? – le susurró Rachel con seriedad a su novia.

Esta la miró ofendida, pero con una ceja levantada de Rachel supo que tenía que contarle lo que en verdad había sucedido – No le hice nada, Sam se desmayó, pero no fue por el frio – dejó un halo de misterio durante algunos segundos.

-Como que no fue por el frio, el mismo lo dijo.

-Para no preocupar a nadie, pero… vimos algo en el cielo… - le dijo pensativa.

Sintió la mano de Rachel en su brazo.

-Era como si el cielo sacara fotografías - siguió

-Quinn… - no le creía nada, siempre era lo mismo con Quinn, veía el mundo como si fuera un videojuego.

-¡Es verdad Rachel! – Se exasperó porque no le creía, siempre era lo mismo con Rachel, la trataba como a una niña – Por algo Sam se desmayó, además, yo estaba arriba, sin la ventana abierta, ¿cómo le podría haber hecho algo así?

Rachel se le quedo mirando, era obvio que el cielo no sacaba fotografías, pero había algo en Quinn que le hacía dudar su incredulidad.

-Voy a hablar con Sam de esto – le comentó alejándose hacia las cocinas.

-Vamos a hablar con Sam, ni loca me pierdo lo que tiene que decir – Vio a Rachel irse y volteó hacia su hijo que babeaba uno de sus legos – Esta es tu culpa – le dijo señalándolo con un dedo – si supieras hablar nadie me llamaría mentirosa- el bebe rió juguetón y le extendió el lego que había estado babeando.

Quinn lo tomó y sonrió con cariño, se acercó a su pequeño y besó su cabeza.

-Esperemos que no sean extraterrestres – le dijo en tono de broma a Liam.

Tal vez estaba jugando muchos videojuegos.