Desaparecidos


-Mi amor, no les hagas esto, déjalas entrar, vamos…

-Rach, no sabemos si son unas delincuentes.

-¿De verdad? Son solo dos chicas viajando por el país, ¡una de ellas trabajó para el cuerpo de la paz!

-Cuando tenía doce años y no trabajó allí, solo acompaño a su madre.

-Vamos Quinn, se están helando, retrocede y las dejamos una noche en casa, solo una noche.

-mama

-Sí, amor, estamos llegando a casa. Quinn…

-Está bien, está bien, pero se van a quedar en la casa de la piscina – Quinn detuvo el auto y abrió un poco la ventanilla para hacerle una seña a las chicas que seguían a un lado del motel donde las había dejado.

Estas corrieron a toda velocidad los metros que había avanzado Quinn.

Había sido cruel, lo sabía, pero con todo lo que estaba pasando no podía darse el lujo de acoger a desconocidas en su casa. Para suerte de esas chicas Rachel no lo veía así.

-Pueden quedarse con nosotras por esta noche – Dijo Quinn a las chicas cuando volvieron a subir al auto.

Ahora si se sentía culpable, tan solo unos minutos allá afuera y estaban tiritando de nuevo,

-Eres muy amable Quinnie, ni siquiera teníamos dinero para pagar ese motel – dijo Brittany sin percatarse de la mirada acusadora que Rachel le envió a Quinn.

-¿Quinnie? Espera… ¿No tenían dinero? ¿Porque no lo dijeron antes? – La rubia se veía sorprendida.

-Lo olvidé, junto con mis cosas en la casa rodante – se confesó la latina – No me miren así, había una bola de energía tratando de matarnos, en lo único que pensé fue en salir corriendo de ahí con Britt.

-Eso está bien, el dinero esta después de tu seguridad – habló Rachel.

Quinn hizo andar nuevamente el motor para avanzar.

Pasaron unos minutos después por el cartel donde se podía leer "Bienvenidos a Lima" y suspiraron de alivio. Ahora podían ver las primeras casas del pueblo, parecía tan tranquilo, como si nada hubiera estado ocurriendo en el resto del mundo.

Rachel pudo distinguir algunas casas conocidas; La Sra. Dayse no se encontraba, ninguna de las luces de su casa estaban encendidas, ni el señor Martínez encerando su coche como lo hacía a esa hora exacta cada día, la familia Lloyd…, incluso podría decirse lo mismo de toda la calle. Ni una luz encendida en las casas, ni un animal corriendo por el jardín delantero de las mismas, no había niños haciendo figuras en la nieve y por si fuera poco, tampoco se escuchaba el sonido de las aves de carroña que a esas horas hacían eco sobre las montañas más cercanas al pueblo.

La siguiente calle fue exactamente lo mismo, y a medida que avanzaban lentamente todas temían hacer algún comentario que perturbara el lúgubre silencio que se había instalado en el pueblo.

-Que rayos…

-Tal vez no han escuchado la radio, o en la televisión aun no lo anuncian – dijo Santana consciente de lo mismo e igual de sorprendida que el resto.

-Dudo que el padre de Rachel no haya escuchado las noticias de la tarde, lo único que hace en todo el día es ver la televisión.

-¡Quinn! No hables así de papa, cuida a Liam todos los días – La morena no tuvo tiempo de enfadarse porque la rubia detuvo el motor muy rápidamente haciendo exaltar a todas.

-Creo que… esta todo desierto.

Estaban frente a una de las calles principales del pueblo y elevándose sobre sus asientos pudieron notar con mayor precisión el panorama frente a ellas.

Autos abandonados en medio de las calles, niebla que oscurecía todo aún más, y la única luz de toda la ciudad era la del auto en el que viajaban en ese momento.

-Ay no, ¡vino el gobierno y los evacuó a todos! ¡Nos vamos a morir aquí! – Santana perdía el control – ¡Nos vamos a morir!

-¡No grites! Quizás… quizás solo se están escondiendo – Quinn miraba horrorizada en todos los sentidos, la latina podía tener razón, pero ¿cómo habrían hecho para evacuar a todo un pueblo en unas hora? ¿Por qué un pueblo entero tendría que ser evacuado? ¿Realmente había una amenaza allá afuera?

-No nos alteremos, todo tiene que tener una explicación – Britt sorprendía a todas con una inquietante tranquilidad.

-Amor, estamos en el jodido Silent Hill aquí. Yo me voy, nos dejas aquí rubia loca, ¡viven en un pueblo fantasma!– Ahora hablaba en español, y si pensaba que Quinn no iba a entender se equivocaba completamente.

-Vamos a casa, es tarde y lo más seguro es que allí encontremos respuestas, no creo que mama se fuera sin mí – El tono de Quinn no dejaba lugar a reclamos – Y no es un pueblo fantasma, es Lima, solo Lima.

Santana se quedó de boca abierta, se cruzó de brazos y se dejó caer con resignación sobre su asiento ruborizada de pies a cabeza. Ahora ni siquiera podía insultar en español.

Quinn miró por el espejo retrovisor a su novia e hijo, Rachel le devolvió la mirada casi de inmediato, se veía tan aterrada como ella ¿Qué podían hacer? Solo tenían diecisiete años de edad, eran unas crías con un hijo en una situación horrible que las había atrapado desprevenidas.

Intentó no seguir transmitiéndole temor a su chica, tenía que ser fuerte, tenía que demostrar de una vez por todas que podía hacerse cargo de la situación, y parecía que Rachel aun confiaba en ella así que decepcionarla a ella y a su hijo no era una opción.

Se pusieron en marcha una vez más.

Rachel miraba frecuentemente al cielo, sobretodo en dirección contraria, donde no parecía haber resquicios de una nube azul en ese momento.

Solo cinco minutos les tomó atravesar todo el pueblo y otros cinco minutos llegar a la mansión Fabray.

Para sorpresa de ellas las rejas que la resguardaban estaban abiertas de par en par y las luces de la casa estaban tan apagadas como las del resto de Lima.

-Rachel, Britt, quédense aquí y cuiden de Liam – pidió Quinn a las chicas – Santana, acompáñame a ver…

-¿Qué? ¡¿Que?! Yo no me bajo rubia, ¡será tu auto pero no me bajo!

-Sanny, yo iré si quieres – Sugirió Britt.

La latina enrojeció. Solo llevaba una semana de noviazgo con la rubia y sacaba lo peor de sí misma. No podía dejar que Britt hiciera eso por ella, no cuando le había costado dos años conquistarla.

-No, no, solo bromeaba Britt – trato de reír pero más bien salió como un gemido de lamentó. Quinn le envió una sonrisa burlona, no era tiempo de bromas pero esa chica era la persona más miedosa que había conocido en su vida – Vamos, tú vas primero.

-Como sea – Quinn bajo rápido del auto y abrió la puerta donde se encontraba Rachel – Van a estar bien, seguro dejaron una nota o algo, quizás tuvieron que salir con los demás – Sintió a Rachel aferrarse a ella y sollozar en voz baja, la abrazó con fuerza y la sintió temblar contra su pecho – Estas asustando a Liam, amor – Besó el cabello de Rachel y la soltó para tomar a su hijo de su silla – Cuida de mami hombrecito – beso a su hijo en los labios maternalmente, se veía tan pequeño – Te amo.

-Voy a ir contigo

-Creo que es mejor que te quedes acá con Liam – pidió Quinn mirando a su novia a los ojos.

-Podemos ir todos juntos – insistió Rachel.

-No voy a tardar Rachel, voy a sacar las cosas de adentro e iremos con tu padre, ¿sí? Seguro el muy holgazán aún está en casa – Rachel solo pudo sonreír aun con los ojos llorosos – Eso es, ahora déjame ir, entre más rápido vaya más pronto volveré con ustedes – besó de nuevo los labios de su novia y acarició el cabello de su pequeño para salir de allí.

Vio a la latina cerrar la puerta del asiento trasero que daba hacia Britt y dirigirse a ella con una mejor actitud, se veía pálida, pero dispuesta a hacer lo que sea por salir de esta.

-No nos vamos a separar, solo tenemos que ver si mi madre y Emilio siguen aquí.

-Podrías comenzar por decirme como se ven, no me quiero llevar sorpresas si hay un ladrón allá adentro.

-Mmm, veamos, mi madre es igual a mí pero de ojos azules y Emilio es de color, esta viejo así que no vayas a gritar cerca de él – No dejaba de lamentarse por su familia, si no estaban allí esperaba que su madre estuviera bien, que Emilio pudiera soportar tanta adrenalina ante cualquier cosa que estuviera ocurriendo y ¡Sam! Se había olvidado que era el único que seguía trabajando a esas horas en casa – Quizás haya un chico de nuestra edad llamado Sam, es inofensivo, demasiado a decir verdad.

-Espera… -Santana tomó el brazo de Quinn y la detuvo justo antes de que pisaran las escaleras de acceso a la casa.

-¿Q…

-Shhh – La latina se adelantó un paso dejándose guiar por su curiosidad – Escuché algo.

-¿Donde? – Quinn caminó de prisa a la puerta de entrada e intentó abrir, estaba cerrada desde adentro, era una puerta casi impenetrable y su madre se había encargado de que así fuera, pero eso no la iba a detener – Voy a romper el vidrio, cuidado – Se hizo hacia atrás y con su pierna hizo todo su esfuerzo por romper el vidrio del ventanal que estaba junto a la puerta, pero este no se rompió, solo le provoco un intenso dolor en la rodilla – Demonios – Se lamentó aferrándose a su pierna, volteó a ver a la latina que se carcajeaba en el suelo por su débil intento – De que te ríes, inténtalo tu si quieres, son vidrios de cinco centímetros de esp…

La latina se adelantó y para sorpresa de Quinn lo rompió en el primer intento.

Santana se encogió de hombros y comenzó a lanzar patadas al aire – Que te puedo decir, cinco años de Tae Kwon Do hicieron una maravilla de mi ¿ves este trasero? – Asintió palmeándose el trasero a si misma – Tae Kwon Do bebe.

Quinn no dijo nada, solo abrió la puerta de entrada a través del vidrio roto y en silencio entró. Santana seguía alardeando de sus movimientos alrededor de ella, pero Quinn tenía algo más importante de lo que ocuparse.

-Toma esto – le entregó una de las luces de emergencia que guardaban cerca de la puerta de entrada y se dejó una para sí misma – Puedes comenzar por ese pasillo – Santana asintió y avanzo lentamente.

-¿Judy? – Preguntó Quinn alzando la vos, se adelantó más rápido a la cocina – ¿Emilio? – Nadie respondía, sin sorprenderse siguió preguntando lo mismo en cada habitación – ¿Ma? – Llegaba a la oficina de su madre, pero allí no había nada, entró en ella y comenzó a inspeccionar, todo parecía en su lugar y tan impecable como cada vez que entraba allí, pero algo faltaba… una pieza importante en el escritorio de su madre, era una fotografía – Papá… - se nublaron sus ojos por las lágrimas, su madre se había llevado consigo la fotografía de su padre.

-No los encuentro rubia – Santana se asomó por la puerta y observó en silencio el momento que tenía Quinn con ese marco vacío, imaginaba que una fotografía importante debió haber allí – ¿Estas bien?

Quinn asintió y volteo a verla – Tenemos que salir de aquí, si mama se llevó esta fotografía con ella es porque sabía que no iba a volver a casa en mucho tiempo.

-Quieres decir que… ¿en verdad sucedió algo, en verdad deshabitaron a todo el pueblo?

-Eso creo… - Escucharon un ruido que venía desde el primer nivel y se alertaron, Quinn dejó con cuidado el marco de fotos y le hizo una señal a la latina para que se mantuviera en silencio.

Se dirigieron por el pasillo hasta las escaleras, cautelosas para no levantar sospechas de que estaban en la casa. Algo extraño de hacer cuando tenías todo tu derecho de andar libremente por tu hogar.

Quinn se asomó por las escaleras y escuchó que el ruido venía desde la cocina.

Tuvieron pensamientos iguales cuando apagaron ambas luces de emergencia.

Miro a su alrededor para ver si había algo con que defenderse ante la amenaza pero no encontró nada, solo un palo de golf, el único que no había vendido para comprar drogas en sus peores momentos. Lo tomó intentando no desconcentrarse y siguió bajando.

Santana se aferraba a su brazo como si su vida dependiera de ellos, la miedosa latina se había olvidado por completo de sus habilidades en artes marciales y prefería que Quinn se hiciera cargo.

-Santana, no aprietes – susurró Quinn.

-Lo siento – se disculpó sinceramente la chica quitando rápido su mano.

-Voy a ir a la cocina, ve por el otro lado del pasillo para que lo sorprendamos de ambos lados.

Se podía ver una luz encendida desde la cocina.

Santana asintió limpiando el sudor de su frente, camino de prisa y con algo de torpeza hacia el otro lado del pasillo y se pegó a la pared.

Quinn le hizo una señal para que se adelantara y cuando ambas estuvieron a un paso de distancia de la cocina entraron gritando para ahuyentar al "ladrón".

-¡AHHH! – gritaron Santana y Quinn agitando la primera sus brazos y la segunda el palo de golf que traía con ella.

-¡AHHH! – escucharon al mismo tiempo el grito de las chicas que estaban en la cocina.

-¡Rachel! – Quinn dejó caer el palo de golf y sujetó su pecho - ¡Britt! – La rubia miraba a todos lados con algo que parecía chocolate en su boca – ¡Les dije que debían esperar en el auto! – No había notado a su hijo sentado en su silla para comer hasta ese momento, hacia un puchero con su labio inferior como si estuviera a punto de llorar – No, no campeón, solo es mami, ¿ves? – demasiado tarde, su hijo soltó todo el poder que tenía en sus pulmones y se largó a llorar, incluso vio a Santana taparse los oídos por el estridente ruido.

-¡Tenia hambre! Se estaban demorando demasiado Quinn, quería darle algo de comer – se excusó Rachel yendo al rescate de su hijo – Cariño, solo es mami, no hay nada que temer – miró a Quinn con los ojos entrecerrados y volteó con su hijo donde Britt regañaba a Santana.

-Creímos que había alguien más en casa, no pueden entrar como si nada y esperar que no temiéramos por nuestras vidas – Santana se calló al sentir la mirada de Rachel y Britt – Es verdad…

-Liam – llamó Quinn a su bebe, el rubio balbuceaba con dolor – Ven aquí amor, no te quería asustar – tomó a su hijo de los brazos de su novia y lo elevó en el aire para que dejara de llorar, el bebé no pudo evitar soltar algunas risitas - ¿Te gusta eso? – Siguió lanzándolo en el aire hasta que este se calmó - ¿lo ves? Asunto solucionado – Rachel tomó de nuevo a su hijo ignorándola y se dispuso nuevamente a sentarlo en su silla para darle de comer.

-Creo que iré por las cosas, podemos ir a Columbus, es la capital más cercana, ¿Qué dicen? – preguntó Quinn.

-Yo digo que nos larguemos de este pueblo, me da igual donde, si nos ayudan a salir de aquí por mi está bien.

-No las vamos a dejar solas en este punto Santana – aseguró Rachel – Ya no es seguro allá afuera, empezando por el hecho de que no hay nadie.

-Gracias Rachie – Britt abrazó a la pequeña tomándola por sorpresa, pero le devolvió el abrazo al instante – No sabríamos que hacer sin ustedes, probablemente seriamos un isbell en este momento.

-¿Un isbell? – preguntó extrañada Quinn.

-Iceberg – Corrigió Santana encogiéndose de hombros.

-Ok… Britt, San, si me pudieran ayudar a recoger las cosas se los agradecería – Se dirigió escaleras arriba y sintió a las chicas seguirla hacia las habitaciones.

De alguna manera se sentía mejor ahora que sabía que la casa estaba vacía, es decir sin ladrones, y que Rachel estaba allí con su pequeño.

-Britt, Santana, ustedes pueden ir a esa habitación y sacar la maleta que está en el closet, llénenla con ropa y cosas que crean que podríamos necesitar, saquen cosas para ustedes también, creo que hay más maletas en la habitación de mi madre. Yo iré por las cosas de Liam y Rachel, nos vemos escaleras abajo en veinte minutos – Las chicas asintieron y se dispusieron a guardar todo para un mes de viaje, no tenían idea de cuánto tiempo les iba a llevar encontrar a alguien más o siquiera saber que estaba sucediendo.

-Pañales… listo. Muchos, muchos pañales… Loción, Shampoo, Toallitas húmedas… por supuesto, miles de ellas – Quinn murmuraba mientras guardaba todo.

-No te olvides de los zapatos – Rachel entró por la puerta haciendo que Quinn la volteara a ver y sonriera.

-No los olvidé, empaque todos ellos – Rachel asintió y comenzó a ayudarla a guardar todo en silencio.

-¿Crees que papá este bien? – Quinn detuvo lo que estaba haciendo, Rachel hablaba con mucha inseguridad – Sé que papá Hiram está bien, es muy valiente y creo que… puedo sentirlo, pero no sé si papá Leroy está seguro ¿sabes? Nunca está en casa, quizás… quizás no pudieron llegar a encontrarse antes de que se los llevaran.

Quinn dejó el talco en una de las maletas con las cosas de Liam y se acercó a su novia.

-Sabes que no sé las respuestas a esas preguntas – se sentó a un lado de Rachel y tomó sus manos – Lo único que podemos hacer ahora es salir a buscarlos, sé que los vamos a encontrar.

-¿Cómo puedes estar segura Quinn? – Comenzó a lamentarse – Pueden llevar muchas horas fuera, salimos hace muchísimas horas del pueblo, aun había luz, pudieron desalojar todo en tres horas y aun así llevar otras dos de ventaja.

-Eso no lo sabemos, quizás están en el siguiente pueblo, quizás nosotras somos las que corren peligro, por eso debemos apresurarnos e irnos de aquí – limpió la lagrima que corría por la mejilla de su novia. La entendía, todo estaba ocurriendo demasiado deprisa – Ayúdame con esto cielo.

Rachel asintió, no solo porque iba a ayudarla a recoger todo, sino como un acuerdo para no seguir siendo tan débil mientras pasaba lo peor.

No iba a dejar todo en manos de Quinn, no cuando la seguridad de Liam dependía de las dos.

-¿Donde esta Liam? – preguntó la rubia cuando estaban terminando.

-Lo dejé con Santana – Vio a Quinn fruncir el ceño – Está bien Quinn, estaba encantada porque se lo dejara a ella y no a Britt como… cualquiera hubiera hecho.

-No las conocemos amor, no podemos confiar en ellas – Rachel sonrió ante lo sobreprotectora que se estaba volviendo Quinn.

-Son buenas chicas Quinn, y ya ves como es Britt, es un amor y a Liam parece encantarle – Quinn resopló, no podía cuidar de su familia si Rachel seguía aceptando a otras personas con ellas.

-Está bien…

-Así me gusta, ahora mueve ese lindo trasero que tenemos que irnos rápido, la casa se ve un poco tétrica sin luz ¿no crees?

Quinn se encogió de hombros – Me gusta la oscuridad

-Claro, lo había olvidado, tengo una "chica mala" como novia – Se burló Rachel de ella haciéndola sonreír.

-Cállate Berry, ya sabes que sucede cuando comienzas con tus bromas – Se acercó a la morena y la tomó de la cintura para juntar sus caderas.

Rachel rodó los ojos – No puedes estar pensando en eso ahora… Acaban de desalojar Lima y tú quieres hacer el amor.

-No es para tanto, esa cosa solo asustó a todos, ya verás cómo en un día o dos todo va a volver a ser como antes – Rachel dudaba mucho que todo eso pudiera solucionarse en un día, pero lo único que podía hacer era intentar creer lo mismo.

Escucharon la risa de Liam y miraron instintivamente a la puerta, las chicas entraron unos segundos después con él bebe en brazos de Santana mientras esta lo alzaba para darle besos en el abdomen causando cosquillas en Liam que lo hacían reír.

Rachel no pudo evitar sonreír con ternura por lo que veía.

-¿Ves lo que te dije? – le susurró a Quinn mientras pasaba los brazos por la cintura de esta.

Quinn solo murmuró algo incomprensible. Seguía sin estar de acuerdo con su novia, aunque tenía que admitir que se veían adorables los dos.

-Dejamos todas las cosas abajo, tu mamá tenía dos maletas grandes así que… sacamos todo lo importante allí, espero que no te moleste Quinnie.

-Con eso estará bien, gracias por ayudar chicas. Si no queda nada más que hacer sugiero que nos vayamos ya, es suficientemente tarde. Si tenemos suerte podríamos llegar al amanecer a Columbus.

-Podríamos sacar algo para comer en el camino, con Quinn no hemos comido desde el almuerzo.

-Tampoco nosotras – dijo Santana.

-Esta dicho entonces, comida y después… a casa de Rach.

Comieron algo que Emilio había dejado en la nevera, pero eso no iba a dejar sin apetito a las chicas, por lo que se llevaron cada una algo para el viaje, comida extra para Liam y algo de dinero que Quinn cogió de la caja fuerte de su madre para ir a algún restaurant por la mañana.

Salieron de la casa con maletas a cuestas y emprendieron camino hacia la casa de Rachel, la morena se mordía las uñas nerviosa mientras dejaba a su hijo dormir sobre su regazo. Habían sido ya demasiadas emociones para su bebe, y aunque había tomado una siesta hace tan solo unas horas Rachel pensaba que el sueño podía ser un efecto secundario de la vacuna. Era mejor así, no deseaba que su hijo viera el pueblo en tinieblas, tampoco ella deseaba ver todo así, por eso intentaba por todos los medios sobrellevar la historia que contaba Britt acerca de cómo ella y Santana se habían conocido.

Una historia adorable que sin duda la mantuvo atenta durante gran parte de los minutos que tardaron en llegar a su hogar, pero que olvido por completo desde el momento en que traspaso el umbral de entrada.


N/A

Lo siento, me estoy tardando más de lo que me propuse, entre a clases y no he tenido mucho tiempo.

Ya tengo una idea completa del próximo capítulo así que no debería tardar más de tres días, lo prometo.

PD: Adaptaciones, Adaptaciones everywhere.

Gracias por seguir leyendo :')