En el capítulo anterior…
Viernes 7 de Diciembre, 2012
Salieron de la casa con maletas a cuestas y emprendieron camino hacia la casa de Rachel, la morena se mordía las uñas nerviosa mientras dejaba a su hijo dormir sobre su regazo. Habían sido ya demasiadas emociones para su bebe, y aunque había tomado una siesta hace tan solo unas horas Rachel pensaba que el sueño podía ser un efecto secundario de la vacuna. Era mejor así, no deseaba que su hijo viera el pueblo en tinieblas, tampoco ella deseaba ver todo así, por eso intentaba por todos los medios sobrellevar la historia que contaba Britt acerca de cómo ella y Santana se habían conocido.
Una historia adorable que sin duda la mantuvo atenta durante gran parte de los minutos que tardaron en llegar a su hogar, pero que olvido por completo desde el momento en que traspaso el umbral de entrada.
Capítulo Quinto
Los Días, Las Horas
Domingo 18 de Junio, 2011
(Un año y medio antes)
-¡Quinn! – Russell se pasaba la mano por el cabello con frustración mientras intentaba seguir leyendo en su oficina, como se arrepentía de no haber insonorizado la habitación.
Los gritos de su hija no lo dejaban concentrarse.
-¡Papá, ven aquí, tienes que ver esto! – El hombre dejó con cuidado el periódico en el mesón y se levantó cansinamente.
Mejor atendía a su hija o no iba a dejarle descansar todo el domingo.
Se dejó guiar por los gritos de emoción que emitía Quinn desde el ático. Llego a la escalera desplegable y subió en silencio.
-…!Y una sonaja! Wow, debe tener por lo menos quince años… - Ahí estaba, hincada frente a un viejo baúl que en ese momento se le hizo demasiado conocido – Al bebe podría gustarle – la rubia seguía relatando a ella misma.
Quinn siempre había hablado consigo misma, desde que él tenía memoria ese siempre había sido un hábito en su hija y nunca intentó corregirlo. Si no le hacía daño a nadie no había porque hacerlo.
-¿Qué tienes ahí osito? – Quinn volteó con entusiasmo para ver a su padre acercándose a ella.
-¡No sabes lo que encontré! – explotó de emoción y se acercó a su padre con un sinfín de objetos entre sus bazos.
Tenía la cara llena de polvo y la ropa que le habían comprado hace muy poco estaba totalmente arruinada.
-Quinn… - Russell suspiró – cariño, mira tu ropa, mira lo que le hiciste a tus pantalones ¿Eso es... pintura?
-Papá, olvídate de eso, mira esto – la rubia sacó la sonaja que había encontrado segundos antes y la puso justo frente a la cabeza de su padre, quien tomo entre sus manos el extraño objeto, era muy conocido para él, pero a la vez no lo era.
-¿De dónde sacaste ese baúl? – preguntó con curiosidad mientras seguía observando el objeto.
Todos los objetos que Quinn traía en sus brazos cayeron haciendo un gran estruendo.
-Emilio me lo dio, dijo que había estado guardado desde que tenía tres años – Volvió a su posición frente al baúl sacando cosas y más cosas – Mira, un traje completo de marinerito.
-Noo – su padre negó sonriendo y olvidándose del estado en que se encontraba su hija – Son tus cosas de bebe – susurró.
Quinn pudo ver como sus ojos brillaban.
-Cuando naciste creímos que eras un niño, en realidad lo creímos durante mucho tiempo – rió – Te compramos todo para niño, por eso el traje de marinerito.
-Es muy lindo, pensaba quedármelo… ya sabes, quizás a Rachel le guste y podemos vestir al bebe con esto.
-Seguro le va a gustar – asintió su padre – Solo lávalo antes de dárselo ¿sí? – Quinn asintió – Y hazme el favor de quitarte esa ropa y ponerte algo viejo para seguir buscando en el baúl, veremos si Emilio puede hacer algo con la pintura.
-Bueno, pero tu sigue buscando tesoros.
La rubia obedientemente bajo del ático e hizo lo que su padre le había pedido dejando a este a cargo de la búsqueda de más objetos.
Russell no se opuso, en realidad tuvieron que pedirle que bajara después de dos horas sin poder despegarse de esos objetos que tantas emociones traían a él.
.….
-¿A qué hora llega mamá? – preguntó Quinn mirando por la ventana a ver si aparecía el auto de su madre.
-No lo sé – respondió simplemente su padre.
-Como no lo vas a saber ¿acaso no es la madre de tus hijos?
Russell rió ligeramente – Lo es, de mi única hija en realidad.
-¿Entonces?
-Dijo que no sabía a qué hora terminaba su reunión, sabes que la están presionando cada día más para que termine los proyectos que dejo pendientes.
Quinn volteó a mirarlo unos segundos, su padre seguía poniendo los cubiertos en la mesa como si nada.
-Desde hace meses tiene proyectos pendientes – soltó
-Quinn – su padre uso el tono de reprimenda, sabía que iba a suceder – Si necesitas decir algo puedes hacerlo – su hija le seguía dando la espalda y miraba hacia la oscuridad del exterior – No me gusta que insinúes cosas hija, siempre te he dado la confianza para decirme lo que sea.
-Está bien.
Era la primera vez que dudaba si decir o no decir algo, era la primera vez que temía lo que sus palabras pidieran causar en alguien más, porque era su padre quien podía sufrir si ella hablaba.
-Ven a comer, la cena está servida – Volteó a mirarlo y asintió, alejándose de la ventana.
Al parecer esta noche también cenarían solo ellos dos.
.….
Miércoles 20 de Junio, 2011
Cerró los ojos con fuerza y se quedó inmóvil cuando culminó en el más absoluto placer.
Rachel tomó su mano y la dirigió a su abultado vientre, sintió a su bebe moverse contra su mano y sonrió ya con la respiración más pausada.
Podía sentir las gotas de sudor bajar por su sien.
-Está cada vez más inquieto – Rachel miró sobre su hombro a su rubia novia para ver si esta la escuchaba.
-Queda muy poco tiempo, está ansioso por nacer – Quinn besó el hombro de Rachel y la abrazó por detrás para volver a reposar su mano en el vientre de esta, podía sentir las patadas que el bebé seguía dando de vez en cuando.
-¿No crees que deberíamos decidir un nombre pronto? – preguntó Rachel.
-Yo ya sé cómo lo voy a llamar – escuchó la risa de Rachel, el mejor sonido del mundo.
-No le podemos poner Slash.
-¡Es un honor llevar ese nombre! "Ohh… Oh… Oh… Sweet Child of Mine" Tini tini nini nini tuninuni nini nini – intentaba hacer cantar a la guitarra como Slash moviendo sus manos como no debería tocarse una guitarra.
-En ese caso deberíamos llamarlo Axl, es más bonito.
Quinn se detuvo unos segundos y lo meditó.
-Nah, no nos podemos conformar con el segundo al mando.
-Toda la razón Fabray.
Suspiraron y siguieron descansando.
-Podríamos llamarlo Antonine – sugirió Rachel de pronto con entusiasmo.
-Antonine – repitió haciendo una mueca
-¡Es lindísimo Quinn! Tiene ese estilo de la revolución francesa que le da romanticismo a la lucha por la libertad y…
-Ahg… Rachel, no vamos a llamar Antonine al bebé
-¿Gastón? ¿Melchior?
-¿Estás hablando en serio?
-Bueno señorita sabelotodo propón algo tú – la desafió con niñería.
-No lo sé, yo digo que tiene que tener un significado especial. Algo como… Lima… pero no Lima exactamente, oh vamos, tu sabes a que me refiero – sonrió por la mirada entrecerrada que le envió Rachel.
-No vamos a llamarlo como una ciudad – negó rotundamente Rachel.
-Sabes de que te hablo – Detuvo a Rachel antes de que esta la interrumpiera – Digo… algún día vamos a salir de este pueblo, eso ya lo decidimos. Este pueblo no tiene nada de lo que queremos para nuestra vida y está prácticamente desapareciendo cada año, pero acá nacimos, entonces… si vamos a irnos para no volver al menos deberíamos llevar algo significativo de esto y que mejor que en la personita que creamos juntas – Rachel la miró enternecida y volteó su cuerpo aun entre los brazos de Quinn para besarla con dulzura.
-Está bien, lo entiendo, pero no le podemos poner ni Lima, ni Ohio y mucho menos Estados Unidos… No tenemos muchas opciones especiales.
El silencio reinó por segunda vez en la habitación de Quinn durante algunos minutos.
-Ya se nos va a ocurrir algo – volvió a besar a su pequeña morena - ¿segunda ronda?
Rachel sonrió y asintió mordiéndose el labio inferior.
...
Viernes 22 de Junio, 2011
Iba caminando tranquilamente por el centro de Lima, se iba a encontrar con Rachel en el centro comercial en alrededor de treinta minutos.
Aun no podía ir a buscarla con tranquilidad a la casa de esta como cualquier novia haría. ¿La razón?
Hiram Berry.
El hombre con el peor carácter del mundo.
No entendía muy bien como alguien podía guardar tanto resentimiento hacia una persona, es decir, había sido descuidada al embarazar a Rachel, pero no todo había sido su culpa, más bien había sido culpa de los estúpidos doctores que se equivocaron al diagnosticarla como infértil.
Aun así tendría que haber usado preservativos, lo sabía, pero bueno… "el bollo ya estaba en el horno" y no había nada más que hacer.
Sacudió su cabeza para alejar de sus pensamientos a ese temible hombre.
-Helado… - murmuró para sí misma – Creo que podría comprar uno cerca.
Conocía una heladería cerca del centro comercial, no dentro del mismo pero si en el barrio que había unas calles al norte de este.
Camino sin prisa protegiendo su cara de los rayos del sol con sus manos. Ese debía ser el día más caluroso de todo el verano.
Llegó en cosa de minutos a su destino y traspaso la puerta de la heladería, provocando que una campanilla sonara a su paso. Por alguna razón siempre le habían gustado esas campanillas, así sonaran quinientas veces ella nunca se aburría de escucharlas, era como si una neurona se iluminara en su cerebro y todo se hiciera más colorido a su alrededor.
Ante la vista curiosa de la cajera, Quinn salió de nuevo de la heladería para segundos después volver a atravesar la puerta provocando una vez más el sonido que la hizo sonreír con alegría.
Avanzó alegremente hacia el chico que servía los helados y pidió el suyo. No había casi nadie más en todo el lugar, solo una familia de asiáticos junto a la ventana y una pareja hasta el fondo del establecimiento que evitó observar demás, por cómo se comían la boca se notaba que estaban necesitados de buen sexo. Hizo un gesto de asco antes sus pensamientos y recibió su helado con un tímido "gracias".
Salió de la heladería saboreando la menta con chips de chocolate e intentando que no escurriera entre sus dedos. Iba a alejarse de nuevo a su destino cuando el sonido de la campanilla la distrajo haciéndola voltear.
La pareja que hace minutos antes se comía a besos salió por la puerta frontal de la heladería riendo de alguna broma de enamorados. El hombre de unos treinta años sujetaba a su pareja de la cintura y no la dejaba escapar de sus brazos mientras esta "intentaba zafarse" y su cabello rubio caía con delicadeza por su rostro dejando la mayor parte de este oculto, pero no del todo.
El helado de menta cayó al suelo cuando la mano de Quinn presiono con fuerza el cono crujiente desvaneciéndolo en migajas que quedaron atrapadas en su palma.
Eran tres metros los que la separaban de la pareja de enamorados, y si hubieran sido unos cuantos más quizás se habrían salido con la suya, pero pudo distinguir a su madre aun en ese atuendo que jamás la había visto vestir.
La había engañado su espíritu jovial, la había confundido con una chica joven de no más de veinticinco años, pero ahí estaba, era su madre traicionándola justo en frente de sus ojos, los que se volvían acuosos a cada milisegundo, se quedó inmóvil sin poder decir una palabra, sentía pánico por haber predicho exactamente lo que sucedía con su madre y que estuviera sucediendo justo frente a ella incrementaba su parálisis de dolor.
-mamá – murmuró sintiéndose más pequeña que nunca.
Ellos dejaban de reír y la mujer arreglaba su cabello sin percatarse de nada a su alrededor, miraba ensoñadora hacia las montañas de Lima y solo se distraía para volver a observar a su amante.
Estaban listos para marchar cuando Judy distinguió la mancha vistosa del helado verde en el pavimento. Subió su vista con una sonrisa para ver quien había sido la persona distraída que lo había dejado caer.
Su distraída hija Quinn.
.….
-¡QUINN! – Su madre golpeaba desesperadamente la puerta de su habitación – LO SIENTO AMOR, LO SIENTO – podía escucharla sollozar.
Sentía que se estaba rompiendo en pedazos y en lo único que podía pensar era en su padre, quien estaba justo en ese momento de camino a casa después de haber pasado el día con su tío Lucian.
-¡Quinn! Lo siento cariño, por favor abre la puerta mi amor, tenemos que hablar – la amorosa voz de su madre la estaba haciendo flaquear en su decisión de seguir escondida bajo las mantas de su cama. Necesitaba con urgencia su abrazo y que esta le dijera que todo había sido un error, que solo se lo había imaginado.
-Necesitamos hablar Quinn, por favor, tu padre va a llegar en un momento y necesitamos…
-¡VETE! – No la podía escuchar mencionando a su padre – ¡COMO PUDISTE HACERNOS ESTO! ¡VETE! – Escucho a su madre sollozar con más fuerza – ¿es mi culpa? – lo había preguntado casi en un murmullo, pero al parecer su madre si la había oído desde el otro lado.
-No cielo, no pienses eso porque tú jamás podrías ser la culpable de mi decisión.
"Su decisión"
-¿quieres abandonarnos?
Judy se tomó unos segundos antes de responder a eso, no porque ese fuera su plan, sino por la sorpresa de escucharlo de los labios de Quinn. Su hija no la conocía suficiente si creía que podía abandonar a su propia familia.
-Por supuesto que no Quinn, jamás podría dejarte ¿escuchaste mi amor? Eres la persona más importante en mi vida y nada ni nadie va a separarme de ti.
La rubia más pequeña dejo escapar una lágrima que tenía retenida desde hace mucho.
-¿Vas a dejar a papá? – pregunto nuevamente con un temblor en su voz.
Judy se deslizo por la puerta hasta terminar en el suelo.
-Necesitamos hablar de eso.
-¡Solo responde la maldita pregunta!
Judy se sorprendió, Quinn jamás le había hablado en ese tono, mucho menos la había escuchado maldecir alguna vez – ¡Quinn!
-¡SI LO QUIERES DEJAR PUEDES DEJARME A MI TAMBIEN! – No quería que su madre la dejara.
-No digas eso amor.
-¿Judy? – Quinn se quedó de piedra debajo de las mantas.
Su padre había llegado a casa.
Se removió entre la pila de almohadas que había puesto a su alrededor como una fortaleza y apareció al lado contrario de la cama, mirando directamente hacia la puerta. Se podía ver la sombra de alguno de sus padres en el espacio que quedaba debajo de la misma.
-Russell…
-¿Qué paso? ¿Por qué lloras amor? – Lo escucho acercarse a su madre - ¿Le sucedió algo a Quinn? – preguntó rápidamente.
-Yo…
-¡Quinn! Cariño, ¿estás bien? – su padre golpeo un par de veces la puerta de la habitación.
-Papá – llamó Quinn – Estoy bien – respondió con apenas voz.
-¿Qué sucedió Judy? ¿Por qué Quinn está encerrada? – le preguntó a su madre y una vez más su madre comenzó a sollozar.
Quinn no sabía que hacer ¿Delatar a su madre en ese momento? ¿Dejar que su madre de encargara de la situación? ¿Ocultar el engaño de su madre?
Escuchó a su madre levantarse del suelo.
Lo único que pudo escuchar luego de eso fue los murmullos de ambos justo al lado de su puerta. Sus padres nunca habían discutido a gritos frente a ella y muy raramente los había visto discutir alguna vez, su padre sobretodo siempre mantenía la calma ante cualquier situación, ganándose así el amor, respeto y admiración que Quinn sentía desde siempre por él.
No aguantaba el silencio, necesitaba saber con urgencia en qué estado se encontraba su padre. Se levando rápidamente y con paso apresurado se dispuso a quitar el seguro de su cuarto. Cuando abrió la puerta lentamente pudo ver a su madre con las manos en la cabeza, parecía consternada y repetía una y otra vez "lo siento", como si cada uno de ellos hiciera que sus actos fueran más aceptables, pero no lo eran y su padre se lo hizo saber por las lágrimas que cubrían sus mejillas – papá – se acercó corriendo a su padre y lo abrazó con firmeza, segundos después sintió a su padre devolverle el abrazo y sollozar en su cabeza.
Estuvieron largos minutos abrazados, agradecieron que Judy no dijera nada en esos minutos porque sino se habría arruinado un momento que solo ellos necesitaban.
.....
-¡Estuve esperando dos horas acá! Te pedí que fueras puntual Quinn – La pequeña diva llegaba al lado de su novia completamente enfadada – Necesitamos comprar cosas importantes, para el bebé, ¿lo recuerdas? Él bebe que está a punto de nacer y no tiene un asiento de seguridad o una cuna, estuve ahorrando cinco meses para poder comprar estas co… - detuvo un momento su verborrea cuando sintió a Quinn acercarse a ella y enterrar su cara en su cuello y comenzar a sollozar, se asustó por completo cuando la vio en ese estado e inmediatamente se quitó las gafas de sol que traía para poder notar mejor el rostro de Quinn – Amor… - susurró sintiendo como la rubia se aferraba más fuerte a ella – Mi amor estas aplastando al bebe – murmuró, arrepintiéndose por haberle hablado de esa manera antes.
-Rae – Rachel acariciaba su cabello, sabía que su novia estaba confundida por su actitud, nunca había llorado antes frente a ella y mucho menos lo habría hecho alguna vez en un centro comercial, pero necesitaba desahogarse de alguna manera.
-Shhh… tranquila amor – su voz salió temblorosa. Se le partía el alma por escuchar a Quinn sollozar – lo siento, yo… solo fueron dos horas, no espere tanto tiempo ¿sabes? Vi cosas muy lindas para el bebé.
Sintió la risa de Quinn sobre su cuello y sonrió.
-No es eso Rach – Quinn se separó lentamente de su novia y besó su mejilla, amaba a su egocéntrica diva – Iba a llegar a tiempo, lo juro, pero… - se detuvo y dejo caer una nueva lagrima – ¿Podemos hablar en otro lugar? – pidió, notando al fin como algunas personas se fijaban en ellas.
-Claro que si cielo – tomó la mano de Quinn y la guio afuera del centro comercial, el bebé iba nacer en un mes y medio, aun haba tiempo para comprar esas cosas.
Caminaron algunos minutos hasta encontrar una plaza pequeña cerca de los estacionamientos del centro comercial, no hablaron en todo el camino y el estado cabizbajo de Quinn preocupaba cada vez más a Rachel.
-¿Ahora si me vas a decir porque estas así? – llegaron a una banca bajo un árbol y Rachel tomo la mano de Quinn para que comenzara a hablar.
-¿Re-recuerdas que te mencione que mamá no llegaba a casa en todo el día? – Rachel asintió sin comprender – ¿Y recuerdas que te dije que siempre estaba hablando en susurros por su celular? – Rachel asintió nuevamente.
Quinn le contó absolutamente todo lo que había sucedido hace un par de horas, como había visto a su madre con un hombre menor que ella, como había corrido hasta su casa y su madre la había seguido en su vehículo sin poder siquiera alcanzarla por lo nerviosa que estaba.
Una vez en casa había buscado a su padre pero no lo había encontrado, entonces cuando Judy llegó, ella se había encerrado y escondido bajo sus mantas para no tener que escuchar las excusas de la mujer mayor. Lo siguiente se lo relató lo mejor que pudo, ya que su voz se había cortado potencialmente. Por suerte Rachel tenía un buen oído y había podido entender la mayoría.
Judy había hecho exactamente lo que ambas habían temido que hiciera y su amor había tenido que ver absolutamente todo.
-Creo que deberías estar en casa Quinn – señaló Rachel después de meditarlo algunos minutos.
Quinn levantó la vista y Rachel sonrió al ver su mirada de cachorro – Todo va a estar bien – le susurró acercándose para abrazarla – Judy ama a Russell, Quinn, solo debe estar pasando por ese… periodo que pasan todas las personas cuando llegan a los cuarenta.
-Mamá aún no tiene cuarenta.
-Pero está cerca – interrumpió Rachel – está cerca y seguro piensa que se le están pasando los años y… todas esas responsabilidades que ha tenido en su vida, todos los años de trabajo le están pesando, seguro siente que perdió mucho de su juventud, tu naciste cuando ella tenía solo diecinueve, era muy joven aún – Notó que Quinn fruncía el ceño, sabía que estaba pensando en la situación de ambas – A mí mi padre no me obligó a hacerme cargo de la enorme compañía de la familia, ni me corrió de la casa cuando quede embarazada, tampoco tuve que dejar de ver a mi novio o novia.
-No es justificación para hacerle daño a papá, ni una de esas justificaciones son suficientes – negó la rubia.
-Lo sé – suspiro Rachel – pero… yo he podido ver el amor que tiene Judy por tu padre. Sé que se está arrepintiendo de todo esto y en poco tiempo van a solucionar este problema, ya lo verás – acarició el cabello de Quinn y tomo su mano para llevarla a su vientre.
Sonrieron al notar el movimiento.
-Yo no te haría jamás eso a ti – soltó Quinn mirando a su novia intensamente – Ni al bebe.
-Lo sé
-Nunca los voy a abandonar o traicionar.
-¿Aunque te paguen un millón de dólares? – Bromeó Rachel
Quinn negó felizmente.
-¿Aunque venga Emma Watson y te proponga matrimonio?
Quinn puso cara de meditarlo ganándose un pequeño golpe en su hombro.
-¡Au! Claro que no – Un beso volvió a hacer sonreír a su pequeña enojona – Además, ¿porque Emma Watson vendría a Lima, Ohio…?
-Más te vale, Fabray – advirtió en broma – Y qué tal si te llaman del FBI y te piden ser un agente secreto, de esos que no pueden volver a ver a sus familias.
Quinn abrió los ojos muy grandes visualizando ese tentador futuro, pero ¿Sin familia? ¿Sin Rachel? ¿Sin bebé? Nah, no valía la pena.
Negó finalmente comenzando a distraerse de lo que había sucedido hace unas horas.
-Y si hay una invasión extraterrestre – Quinn rio por la imaginación de Rachel – No te rías… ¿Si hay una invasión extraterrestre y nos obligan a separarnos?
-¿Y porque nos iban a separar?
-Separan a los que tienen diferente sexo, ya sabes, para que no nos sigamos reproduciendo – Quinn rió mas fuerte esta vez.
-En ese caso tendremos que aprovechar el tiempo hasta que eso suceda, haremos un ejército de bebes que un día nos van a ayudar a estar juntas de nuevo.
-¿Entonces lucharías hasta encontrarme? ¿Aunque pasen diez años? – Sabía la respuesta.
-¿Lo dudas?
Viernes 7 de Diciembre, 2012
21:00 PM, Lima, Ohio.
Se detuvieron lentamente frente a la casa de Rachel.
Britt se había ofrecido para cuidar de Liam mientras ambas madres del pequeño iban a revisar si se encontraba allí Hiram, el padre de Rachel.
-Rae – llamó Quinn en susurros a su novia antes de que esta llegara a la puerta de entrada.
-¿Qué?
-Con calma, no sabemos que puede haber detrás de esa puerta – le sugirió a la morena que asintió tragando duramente - ¿Quieres que vaya primero? – Su novia negó, no iba a poner a Quinn en peligro, esta vez le tocaba a ella.
-Yo iré primero – No alcanzo a ver la reacción de Quinn porque ya se estaba adelantado hacia la puerta de entrada. Quedaban solo unos pasos y ya podía sentir como sus piernas flaqueaban, aun mas lo hicieron cuando se dio cuenta de que la puerta estaba entreabierta ¿la puerta entreabierta en invierno? Eso no era normal en su padre, mucho menos por el hecho de que la calefacción en su casa fallaba cada quince minutos, es decir, siempre.
No queriendo llevarse una sorpresa desagradable, abrió le puerta lentamente, casi tan lento que Quinn comenzó a desesperarse detrás de ella.
-Rach – susurró Quinn sintiendo que se le helaban las ideas.
Su novia no le hizo caso alguno y siguió avanzando a la única velocidad que podía, lento.
Después de un minuto eterno la diva se adentró en su hogar.
Vacío.
Frio.
Lúgubre.
Tres palabras que describían la sala que en algún momento ayer había estado llena de vida con su bebe corriendo por todos lados y su padre persiguiéndolo y riendo detrás de él.
-¡PAPÁ! – el grito hizo sobresaltar a Quinn.
-¡Hiram! – la siguió la rubia entendiendo la idea.
-Voy a la cocina, ¿puedes ir al patio trasero? – Quinn asintió y se fue rápidamente donde le pidió Rachel.
La morena avanzó por la cocina y noto cada pequeño detalle que le pudiera decir donde estaban todos.
Su papá Leroy no había llegado a casa, su maletín no se encontraba en ese momento donde siempre lo dejaba. Papá Hiram había desaparecido antes de que comenzara a cocinar la cena, entonces había sido hace casi cuatro horas…
Con una mano en la barandilla de la escalera y la otra sosteniendo una de las luces de emergencia que le había entregado Quinn, se dispuso a ir al segundo nivel. Tenía miedo, no solo por la oscuridad y porque se encontraran en una situación donde todo un pueblo había desaparecido, sino porque no quería tener que ver a su padre en una de las habitación muriendo o desangrándose y lo peor era tener ese tipo de imágenes en la cabeza y no poder quitarlas. Eso era lo que creaba la situación, que todo se volviera retorcido y tenebroso.
-¡Papá! – Su respiración se contuvo cuando escuchó la regadera de la ducha abierta, corrió todo lo que podían sus temblorosas piernas e intentó abrir con fuerza la puerta del mismo pero no podía, estaba cerrada con seguro desde dentro – ¡PAPÁ! ¡PAPÁ! ¡SOY YO, RACHEL! –Golpeó desesperada la puerta del cuarto de baño y no dejó de hacerlo a los segundos después al darse cuenta de que estaba completamente vacío - ¡PAPÁ! ¡PAPÁ! – No sabía en qué minuto había llegado Quinn y en qué momento había comenzado a llorar tan desesperadamente aferrándose a su novia.
-No está aquí Rach, pero lo vamos a encontrar – sintió a su novia besar su cabeza mientras se seguía desahogando, se suponía que la tenía que apoyar en esto y había flaqueado a la primera oportunidad.
-Lo siento, lo siento – lloró amargamente cayendo al suelo trayendo a Quinn con ella.
-Shh, no digas eso amor, estamos juntas – La rubia tomó entre sus manos la cara de su novia y quito el cabello que caía desordenadamente por su rostro – Estamos juntas en esto Rach, ¿me escuchaste? No te voy a abandonar amor… - le susurró – no te voy a abandonar.
-No entiendo – soltó Rachel entre sollozos – Estaba todo bien hace unas horas.
-Tampoco lo entiendo – confesó la rubia – pero vamos a descubrir que sucedió, te puedo prometer eso – Rachel asintió un poco más calmada – Vamos, tenemos que movernos rápido.
-Tengo un mal presentimiento Quinn – la rubia detuvo su intención de levantarse – Siento que… esto no se trata de algo entre países…
Quinn frunció el ceño sin comprender.
Rachel tragó y desvió la vista hacia la ventana que se encontraba al final del pasillo, desde allí la luna iluminaba su rostro de manera tenue, dándole una falsa tranquilidad a la situación.
-Creo que es algo más grande que todos nosotros.
N/A
:D
Hola, soy una terrible terrible escritora que se compromete a escribir en tres días y lo hace en mas de una semana.
Lo siento
Gracias por todos esos Visitors que se suman a leer mi historia :B. Sé que he sido poco constante y quizás en eso resida la poca cantidad de Reviews que tengo ahora jaja, pero al menos sé que la misma cantidad de personas siguen leyendo por los VISITORS, eso me alegra el día, yuju!
Gracias, gracias, gracias.
