Notas de autor: ¡Espero te guste Sarcastic! Y que no adivines aún quién soy, eso sería realmente aburrido. ¡Disfrútalo!
"Dilema"
—Este ya lo usé, éste también. —Rin gruñó con frustración mientras que con el debido cuidado rebuscaba entre los kimonos. Gracias a Inuyasha, había aprendido como cambiaba la luna y esa noche había luna creciente, lo que significaba una sola cosa: Sesshômaru iría a la aldea.
—¿Rin-chan?— la voz Kagome distrajo a la adolescente haciéndola incorporar, con tan mala suerte que ésta se golpeó en la cabeza con parte del ropero—, lo siento—se disculpó con una sonrisa traviesa en los labios—. Estás nerviosa, ¿hoy viene mi cuñado?
—Si —las mejillas de Rin enrojecieron, era tan obvia que era imposible que sus sentimientos pasaran desapercibido para media aldea. Y todavía consientes de eso, muchos aldeanos estaban rondándola como una parvada de buitres.
—¡Te ayudaré!
Kagome dejó la canasta con las hierbas medicinales a un lado mientras se limpiaba las manos rápidamente.
—¿Qué es lo que tienes?— preguntó con voz dulce, Rin desvió la mirada a los dos kimonos que aún no había lanzado por los aires.
—Azul oscuro y verde oscuro— contestó ahogando un suspiro de frustración.
—Azul queda para invierno, aún es verano así que…
—¿Verde?— inquirió levantando la fina tela, Kagome lo inspeccionó detalladamente.
—Keh, el idiota no se fijará— la voz de Inuyasha se escuchó fuera de la casa llamando la atención de ambas, pero la menor intentó no desviar la mirada al suelo, no quería que sus palabras le molestaran. Sabía que a Sesshômaru poco le importaba que vistiera el día de su visita, pero dentro de sí habitaba la ilusión de que a él le agradara lo que vestía.
Aunque casi podía ir a recibirlo desnuda y no habría gran problema, para el demonio ella seguía siendo una niña. A menos que alguien más la viera, Rin no quería ni pensar cuantos chicos caerían en garras de su señor.
El impacto del medio demonio contra el suelo hizo salir a Rin de su ligera inconsciencia, volteó a ver a Kagome solo para encontrarla tarareando como sí nada ocurriera, preparando el kimono verde a un lado del azul.
—Ven Inuyasha.
Él obedeció -después de que el hechizo terminara- con cierto recelo en sus facciones, como si de pronto sintiera la necesidad de correr, Rin soltó una ligera risa provocando que las orejas blancas se movieran ante el sonido.
—¿Qué?— preguntó mirando a la miko, ella le sonrió dulcemente señalando los trajes.—¡Yo que sé, mujer! —gruñó de mala manera cruzando los brazos y metiendo las manos en su haori.
—Kagome-sama, no es necesario— la protegida del Lord del Oeste sentía sus mejillas calientes, no era tan difícil darse cuenta ni para ella misma que se había sonrojado—Inuyasha-sama no tiene porque…
—Keh, ese— eligió señalando el kimono de su preferencia y saliendo de manera abrupta.
Rin no sabía porqué, pero su respuesta había sido… ¿Extraña? ¿Por qué razón elegiría su yukata para dormir? Kagome estaba por decir algo cuando la voz de Jaken se escucho fuera de la vivienda. La chica de coleta casi corrió para cambiar su ropa, desnudándose mientras lo hacía cuando la pequeña rana verde entró.
—Mocosa es mejor que…
El gritó de Rin aturdió al demonio mientras que tomaba ambas telas entre sus manos cubriendo su desnudes. Kagome ante la intrusión tan inesperada gritó arrojando su canasta de hierbas medicinales a coro de unos ¡Largoooo! Y ¡tápate por el amor de Kami-sama, Rin! A todo pulmón.
La sacerdotisa corrió hasta sacar a empujones a Jaken que seguía bastante en shock por la imagen de Rin desnuda.
Definitivamente ya no era una niña. Y nunca más la miraría igual.
—¡No Sesshômaru-samaaaaaaaaaa!
La voz de Jaken se volvió lejana mientras recibía una patada cortesía de Sesshômaru quien aún con su semblante de me importa un carajo todo, entró en la cabaña.
Rin mantenía el cuerpo cubierto con sus kimonos desarreglados en un silencio absoluto y las mejillas más rojas que una manzana, color que amenazó con volverse casi púrpura cuando vio a Sesshômaru caminar hacia ella.
—Se-Sesshômaru-sama— Rin balbuceó apretando la tela con cada paso recorrido por el daiyoukai.
—Rin—fue la única palabra que salió de su boca, pero para la chica fue lo que necesitó para casi sufrir un colapso. ¿Por qué su voz sonaba incluso más profunda ahora?
—En un momento…estaré lista.—contestó a una pregunta nunca formulada desviando la mirada al suelo, tratando de recuperar la compostura.
Y elegir de una maldita vez que se pondría.
Los ojos dorados admiraron cada centímetro de piel al descubierto,
Sesshômaru no era idiota. Frío, arrogante y hasta un poco cruel, pero no idiota. Sabía los sentimientos que su protegida guardaba hacia él, pero ignorarlos había sido lo mejor en su momento, así evitaría tener que analizar ese algo que no dejaba de perseguirlo cuando el dulce olor a melocotón le había indicado que Rin había alcanzado la madurez.
—Quédate así.
«¡¿QUÉ?!» la cabeza de Rin daba vueltas mientras que por poco dislocó su cuello al alzarla de manera rápida para ver a Sesshômaru.
—Pe-Pero…— balbuceó incoherencias, ¿qué más podía hacer?
¡Acepta! La pequeña parte malvada de Rin habló animándola a mostrarse seductora ante el daiyoukai, para propia consternación de la adolescente la angelita apoyaba a la diablilla diciéndole ¿Por qué no, si lo quieres?
Al diablo, malditos dilemas mentales.
Sesshômaru estaba con sus ojos fijos en ella, su estola se movió por voluntad propia envolviendo a la chica y acercando sus cuerpos lo más posible. Si Rin aflojaba al menos un poco el agarre sobre sus ropas el youkai tendría una gloriosa vista de sus ya formados y suaves senos. Él acercó su nariz al cuello de ella embriagando sus sentidos con el dulce aroma, asombrándose de cómo éste estaba tentándolo.
—Sesshô…
La voz de Rin quedó suspendida a mitad del nombre de su guardián cuando éste creó su látigo de luz impactándolo contra la puerta.
—¡No te atrevas! —Inuyasha entró a la pequeña vivienda importándole poco que interrumpiera lo que sea que estaba pasando entre la pareja. Rin ahogó un gritito en la estola olvidando momentáneamente que era la cola de su señor y que eso podría tener una reacción en el daiyoukai. Por su parte, Sesshômaru mantenía su temple imperturbable, pero sus ojos estaban adquiriendo un tono rojizo. — ¡Es una niña!
—El olor que hay entre sus piernas demuestra la contrario.
«¿Dónde están los demonios atacando la aldea cuando se necesitan?», Rin quería desaparecer en ese mismo instante, ser capaz de convertirse en una pequeña pulga como el anciano Myôga y huir de la mirada de ambos hermanos, el menor de ellos movió apenas su nariz captando el olor del que hablaba Sesshômaru.
Inuyasha enrojeció sin atreverse a ver a Rin a los ojos mientras la confusión se extendía a lo largo de sus facciones. ¿Cómo podría estar tan…dispuesta para apartarse con su hermano? Las arcadas amenazaban con hacerlo vomitar o ya de plano, aguantar el asco y tragar su propio estómago a ver si volvía a hacer lo mismo.
—Inuyasha. — Kagome gruñó entrando a la cabaña e ignorando a la pareja—, ya hablamos de esto.
—No te metas.
La pareja inició una discusión donde ningún cedería de manera rápida, Sesshômaru dirigió la mirada hacia Rin.
—Ponte esto.
Le entregó una caja finamente decorada con flores de sakura, para después dar media vuelta e irse.
Rin miró al objeto entre sus manos y aún peleando para no quedar desnuda con las telas que hacían de ropa la abrió. Sus labios rosas se abrieron en una "o" al ver dentro.
El kimono era una réplica exacta del traje de Sesshômaru, con la única diferencia que los detalles que el traje tenía en rojo, el de Rin los tenía de color azul oscuro.
La chica sonrió abrazando su nuevo regalo, al parecer no tenía que esperar tanto para escuchar una respuesta a su pregunta hecha meses atrás.
«Gracias, Sesshômaru-sama»
