"Parpadeo"


Tokio, 2013


—¡A diferencia tuya, mi madre no es una perra!

El grito interrumpió la clase del profesor de literatura mientras este repasaba un poema de la era Sengoku Jidai quinientos años atrás. La dueña de tal insulto se levantó de su pupitre con las mejillas rojas al ver el alboroto que había armado, su cabello negro escapó de su coleta mientras que, tomando sus cosas con brusquedad huía del salón.

El agredido se levantó con paso elegante y después de musitar una disculpa al profesor salió tras la chica, quien seguía caminando por los pasillos completamente molesta.

—Rin.

—Solo déjame sola. — Pidió con voz baja, sabía que sería escuchada a la perfección. Sesshômaru frunció el ceño ante sus palabras, desde que habían despertado esa mañana había estado demasiado irritable y eso no tenía nada que ver con su ciclo menstrual, lo sabía a la perfección; llegaría al menos en nueve días más.

Había pasado casi quinientos años a su lado, sabía cada pequeña cosa sin importancia de la chica que acababa de mandarlo al demonio.

Entonces recordó el porqué, era el aniversario de su hermano. Inuyasha había muerto antes de empezar lo que los humanos habían denominado era Meiji casi ciento cincuenta años atrás, debido a que la extraña sacerdotisa había fallecido también. Los hijos de ambos habían crecido y formado sus propias familias, perdiendo poco a poco en cada generación el poder demoniaco y con ello, empezaron a temerle a él.

No es que le importara ni mucho menos lo que pensarán acerca de un demonio como él, solo que había sido un duro golpe para su compañera el no haber podido estar cerca de los hijos de la familia de su hermano y eso se debía a que Rin no era capaz de engendrar cachorros.

La descendencia no era un tema que les gustara tratar, Sesshômaru era incapaz de confortar el dolor de su compañera con palabras así que lo único que pudieron hacer era dejar el tema y no pensar en eso.

Claro está que aunque no lo dijeran, ambos sabían que no podían alejarlo de ese rincón de su mente y traerlo de regreso en el momento menos oportuno. Por eso habían elegido estudiar algo que los ayudara a mantener sus mentes ocupadas, aunque aún conservaban una parte de sus tierras donde podían vivir cómodamente.

—Sesshômaru-senpai.

La voz de una de sus compañeras de clase se escuchó a su lado, por lo que sospechaba que llevaba rato ignorando su presencia.

—Izumi. —intentó no mirarla más de lo necesario, la pobre chica terminaba casi hiperventilando si lo hacía.

Quién lo diría, la reencarnación de Kagura lo había encontrado y no sólo la de ella, la mayoría de sus compañeros de clase tenían un aroma similar a los demás, como el del monje, la exterminadora y el hermano de ésta. Aunque estas personas poco se parecían a lo que antes habían sido, un claro ejemplo era la chica que ahora lo miraba atenta.

La domadora del viento había sido implacable, decidida y buscó su libertad más que nada, Izumi no era más que una chica asustadiza, con un amor casi obsesivo por la rutina.

—¿Le sucede algo a Rin?

—Ya se le pasará— contestó escuetamente empezando a andar y ella lo siguió calladamente.

—Pueden ser las hormonas.

—No.

La chica se mordió el labio y no agregó más hasta que llegó al salón de cocina, se despidió de Sesshômaru con la mano y corrió más roja que un tomate al interior.

—¡Hermano del orejas de perro!

Sesshômaru fingió no haberlo escuchado llegando hasta las escaleras para ir al patio, pero sin duda el humano corrió hasta alcanzarlo. Sota, el hermano de Kagome los había recibido en el templo de la familia Higurashi años atrás cuando Rin y él habían decidido volver a Japón después de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Rin podría tener su marca y ser más resistente que un humano común -el tiempo que llevaba viva era prueba de ello-, pero no estaba de más cuidarla de esos peligros.

—Rin está en la biblioteca. —Al menos el chico era útil y no tan entrometido como su hermana.

Sesshômaru asintió en su dirección retomando un nuevo camino en esta ocasión, se dejó guiar por sus sentidos adormilados hasta encontrarla escondida entre los enormes tomos de libros clásicos de literatura.

—Lo siento— los ojos marrones se encontraron con los suyos, seguían teniendo ese brillo en particular que le gustaba, ella seguía prácticamente igual. Rin se abrazó a él dejando que las lágrimas mojarán su camisa en tanto los sollozos se ahogaban en su cuello—, soy una tonta.

—Mi madre es una perra— Sesshômaru la tranquilizó lo mejor que pudo sin entender el porqué de la disculpa, ellos eran demonios perro al final de cuentas. La misma Rin estaba ligada a él.

—No lo digo por eso— replicó con una pequeña sonrisa involuntaria que rápidamente perdió—, tengo miedo de...

Mientras hablaba, él supo exactamente qué era lo que estaba pasando. Esa maldita poción para ocultar sus rasgos de demonio hacia que sus sentidos se desorientaran de una manera alarmante. Despegó a Rin de su cuerpo solo para verla con comprensión.

—Estas...

Ella asintió sin dejarlo terminar, volviendo a abrazarse a su cuerpo. Un hijo, ¿cómo era eso posible?

—Fui al médico. — Murmuró bajito temiendo ser oída, por su nueva condición su compañero sobreprotector le había "sugerido" no ir ahí ya que les sorprendería algunos de sus cambios internos más importantes, sin mencionar el grosor de su piel y que sus caninos eran un poco más afilados que los normales y volvían a crecerle con rapidez al igual que a él. Se limpió las lágrimas sintiendo que debía ser fuerte.

—Rin...

—No me descubrió, sólo me hizo unas preguntas sobre...— ella calló enrojeciendo de repente.

—De nuestro apareamiento.

—El punto es que...— Rin volvió a balbucear un montón de explicaciones que Sesshômaru pasó por alto. —Estoy embarazada.

—No veo el problema.

Rin parpadeó confundida, pero pronto la más pura y genuina sonrisa de felicidad apareció en su rostro.

—¿De verdad, Sesshômaru-sama?

Así qué ahí estaba el meollo del asunto, Rin había temido a su reacción. Debían practicar un poco más la comunicación.

—¿Pensabas que no lo deseaba?

—No es eso, es...después de tanto tiempo.

—Sandeces— Sesshômaru la cortó restándole importancia—, es lo que deseabas.

—Y usted...

Los labios femeninos se vieron inmovilizados por los masculinos, las manos viajaron por dentro de su ropa hasta tocar su vientre aún plano dándole a entender que realmente deseaba al vástago de ambos, mientras un pequeño gemido escapaba de Rin. Con gran destreza de colocó sobre Sesshômaru dejando que este siguiera acariciando su cuerpo, pero siendo ella la que dominara la situación.

Un carraspeo los hizo separarse unos milímetros, uno de los maestros había elegido ese momento para buscar un libro, Sesshômaru lo miró a los ojos y el humano tembló como una hoja.

—¿Disculpe?

—Y-yo, —el profesor se removió incomodo en su lugar mientras que su instinto le dictaba salir gritando como mujer en película de terror barata—, ejem. Nada que tengan buen día.

El docente casi corrió hasta la salida. Rin río alegre abrazando la cintura masculina, bien podrían considerarse expulsados de una clase hasta el final de la carrera.

—Vamos, tienes que comer.

—¡Sandía! Quiero una sandía.— Rin se alegró y su tono de voz lo demostró.

Al final su vida era eso, pequeños parpadeos de una realidad cambiante con el paso de los años y que ahora tendría un integrante más.

«Solo necesitaba un poco de tiempo para amar, Sesshômaru-sama»


Nota: Espero te haya gustado Sarcastic, por mi parte me divertí mucho escribiéndolo.