"La última defensa"

IV

A la mañana siguiente, Duo escuchó golpes en la puerta de su habitación y soltó varias maldiciones al ver la hora: las 4 A.M. Se levantó medio atontado, rogando porque no le dijeran que el próximo entrenamiento iba a ser en ese momento. No se le antojaba tener a Heero en su cabeza tan temprano. Pero no tuvo suerte.

—Tenemos que presentarnos en la sala de los jaeger.

—Estás bromeando, ¿verdad, Quatre?

Él negó, lucía completamente derrotado y Duo supo que era verdad.

—Demonios, no me siento preparado.

—Háblame de eso a mí —se quejó Quatre.

Juntos se dirigieron al lugar y se vistieron los trajes en silencio mientras el equipo encargado los soldaba en distintos puntos y le incluían el metal para proteger su espina dorsal.

—¿Cómo se siente tener a Heero en tu cabeza? —preguntó de pronto Quatre.

—Oh, no lo sabría describir —murmuró Duo y habló más fuerte a continuación—. La verdad no es tan terrible como pensaba que iba a ser. Hay muchas cosas en su mente que no comprendo y que me intrigan, pero cuando se comienzan a visualizar mis recuerdos... no me molesta. Creo que no me avergüenza nada de lo que he vivido. Incluso el haber comido ratas para sobrevivir cuando niño. No me molesta que lo vea.

—¿Ratas? —preguntó Quatre, sorprendido.

—Oh, es una larga historia. Pero en definitiva esa es mi respuesta: no me molesta tenerlo en mi cabeza.

—Comprendo. A mí tampoco me avergüenza nada de lo que he vivido, excepto por lo que ya sabes.

—Considero que no deberías estresarte por ello, Quatre. No es nada malo después de todo, ¿no?

—Es malo cuando no eres correspondido.

—Sí, si lo dices así suena terrible.

Rompieron a reír en carcajadas al mismo tiempo.

—Bueno, creo que llegó la hora —dijo Duo, al escuchar a Becket pidiéndole que tomara posición. Quatre le dio un par de palmadas en el hombro para animarlo.

Heero lo miró al entrar en la cabina y Duo le hizo un gesto de saludo que él no respondió.

—Tan frío como siempre —murmuró, calzando los pies en el metal y el casco en su cabeza—. Estoy listo —comunicó.

—De acuerdo —respondió Becket—. Antes de comenzar, quiero recordarles que esta vez será más intensa la conexión. Probablemente podrán entender completamente la historia del otro. Es importante que traten de comprenderse y que la información que obtengan no sirva para formar roces, sino para unirse. La madurez de un equipo frente a esto es lo que determina su efectividad en el campo de batalla. Muchos han estado en su posición y han muerto en el primer enfrentamiento por no poder manejar esta cercanía. No la subestimen.

—¿Escucharon, soldados? —increpó el almirante.

—Sí, señor —respondieron Heero y Duo al unísono.

—Muy bien, ya comienzan a sincronizarse —rió Becket—. Ahora los conectaré.

Duo se sintió caer al vacío libremente por unos segundos hasta que la cabeza del jaeger conectó con el resto del cuerpo, entonces la conexión se inició. Becket tenía razón, los recuerdos esta vez eran más sólidos, con más sentido de tiempo y espacio.

Lo primero que descubrió es que podía saber el año de los recuerdos de Heero: A.C. 188. Duo observó las revueltas de los colonos contra el régimen tiránico de la Alianza, donde las batallas más fuertes se estaban produciendo en las colonias del punto L3. En ese contexto apareció un asesino profesional llamado Odine Lowe. Le vio llegar a la colonia X-18999 del punto L3, acompañado de un silencioso y frío niño que Duo pudo reconocer con sorpresa como Heero. Hubo una batalla, los rebeldes estaban cayendo derrotados ante las fuerzas dirigidas por Treize y sus soldados, pero en el último momento Heero niño apunta con su bazooka contra el edificio donde estaban los mandamases. Treize detuvo el disparo con su Mobile Suit. Heero logró escapar de su tremenda osadía.

Heero se quedó esperando a Odin Lowe, sabía que trataría de asesinar al General Septem, mayor de Treize y sus fuerzas especiales. El atentado falló, pudo verlo desde su posición. Tuvo la certeza de que Odine intentaría el Plan B de la operación, el cual consistía en volar en pedazos el edificio. Algo salió mal entonces, lo presintió y fue en su búsqueda, encontrándolo moribundo, ya que Odine había sido blanco de un francotirador. Recibió unas últimas órdenes que le heredan la misión antes de verlo morir. Heero recogió el detonador e hizo explotar el centro de comando, sin estar Septem presente.

Esto último Duo pudo concluirlo con sus propios conocimientos, pues mientras combatía con todos los pilotos, Oz les había tendido una trampa manipulando la información, de ese modo, Heero había acabado con todos los pacifistas, incluyendo el General Noventa; como consecuencia, Treize había usado a Septem para hacer un comunicado de prensa señalando a los gundam como los culpables, y luego le habían asesinado, presumiblemente, pues jamás se había vuelto a saber de Septem. Fue la única razón por la que pudo comprender que los planes del pequeño Heero no habían logrado su propósito.

Comenzaron a sucederse imágenes de Heero sobreviviendo solo con habilidad, a pesar de tener cinco años. Duo comprendió que él ya había recibido entrenamiento desde más pequeño, suficiente para subsistir y pulir sus habilidades a pesar de su corta edad. Sospechó que había sido preparado por Odine para combatir desde antes de que él mismo supiera qué era la guerra, quién era Treize o la Alianza.

Luego el tiempo comenzó a hacerse difuso. En una de las colonias espaciales del punto L1, el Dr. J preparaba el despegue de Heero para comandar el Wing, y fue entonces cuando le otorgó el nombre código de Heero Yuy. El Dr. J le explicó cual era la Operación Meteoro Original, y el por qué no debía obedecerla y despegar de inmediato sin el consentimiento de los líderes rebeldes de las colonias espaciales. Heero aceptó las nuevas órdenes y se dirigió a la tierra.

Las imágenes comenzaron a pasar más rápido y Duo escuchó la voz de Heero diciendo "nada de eso interesa", pero eso no impidió que comprendiera todo lo que estaba viendo: Heero cayendo al océano luego de una pelea con Zech; Heero despertando en una playa, siendo encontrado por Relena; Heero robando una ambulancia para escapar; Heero entrando a una escuela como tapadera; Heero preparando misiles para destruir su propio gundam averiado en el mar; Heero conociéndolo. Se vio a sí mismo disparándole para defender a Relena, se vio como el chico malo. Luego observó todo el rescate que efectuó desde la perspectiva de Heero. Vio a Heero recomponerse los huesos en el barco de Howard, desarmar su Deathscythe durante la noche y reparar el Wing para marcharse.

—Eras tan mal agradecido. Me robaste sin pensarlo dos veces —comentó Duo, sonriendo—, a pesar que yo te había ayudado desinteresadamente—. Y entonces su sonrisa se borró cuando fue su propia mente la que comenzó a vaciarse.

A.C. 187. Duo se vio a sí mismo robando pan y repartiéndolo entre el grupo de huérfanos con el que convivía. Recordó a Solo, el niño mayor, felicitándolo. Se vio a sí mismo cazando ratas con los otros, siendo el que más rápido podía capturarlas. Recibió el sobrenombre de niño rata ya que no tenía nombre hasta entonces.

En el mismo año, una epidemia de un virus letal que mutó en el espacio azotó la colonia V-08744 del punto L2 donde vivía. Un antídoto fue desarrollado, pero las autoridades de la Alianza se reservaron el medicamento para salvar sus filas y a la gente más acomodada del lugar. Nadie se preocupó de la pandilla de niños huérfanos a la que él pertenecía, en la cual todos comenzaron a enfermarse. Todos menos él, por lo que corrió a la base de la Alianza y robó el antídoto. Solo es el que estaba peor, pero apenas llegó le ordenó atender a los otros con el medicamente antes que a él. Cuando intentó dárselo a Solo, ya era demasiado tarde, ya estaba perdido. En su agonía, Solo le prometió que siempre estaría con él apoyándolo, como un duo dinámico. Se vio a sí mismo, con siete años de edad, muerto de dolor, bautizándose a sí mismo como Duo.

Se volvió el líder de la banda y decidió, como primer medida, no alimentar a los otros con más ratas y pan. Merecían algo mejor, así que ordenó entrar a robar a un almacén de alimentos de la Alianza. Como consecuencia, él y sus compañeros fueron capturados y enviados al orfanato de la Iglesia Maxwell. Muy pronto muchos de sus amigos fueron adoptados, pero él no. Recordó estar feliz por los otros y aceptar de inmediato que tendría que quedarse para siempre con el padre Maxwell y la hermana Helen porque había algo mal en él.

Comenzó a molestarle la revisión tan específica de sus recuerdos y se esforzó en pasar las imágenes a mayor velocidad, tal como sospecha que Heero había logrado hacer. Vio a la hermana Helen haciéndole una trenza ante su negativa rotunda de cortarse su largo cabello. Se vio a sí mismo afirmando que no creía en el Dios cristiano, sino que solo existía el Dios de la Muerte, ya que según él jamás había visto un milagro, pero sí había visto un montón de personas muertas.

Vio a la Alianza invadiendo la Iglesia, se vio a sí mismo prometiendo robar un mobil suits para que dejasen en paz al padre Maxwell. Vio la iglesia destruida, vio a la hermana Helen muerta. Se vio a sí mismo gritando, se vio vestir como cura en señal de luto y decidir que su apellido para siempre sería Maxwell. Se vio decidiendo que jamás dejaría a la Alianza ganar, se vio entrando en la nave de unos barrenderos, vio al doctor G entrenarlo, descubrirlo al intentar detonar su Deathscythe y luego permitirle partir a la tierra a hacer lo que creyera correcto.

—El resto de la historia ya la conoces —dijo Duo—. ¿O es que quieres verme disparándote otra vez?

—Tranquilo —escuchó en su mente.

—Tienes razón, Heero —pensó de vuelta.

—Han paso ocho minutos y recién han logrado estabilizarse, ¿están bien?

—Sí, solo teníamos mucho que contarnos —respondió Duo, con sorna.

—¿Pueden levantar la mano derecha? —preguntó Becket.

—¿Podemos? —pensó Duo.

—Hagámoslo —escuchó la voz de Heero.

—Bien, ¡ahora! —gritó Duo, levantando su mano derecha, el Hurricane Force lo hizo de forma simultánea, al igual que Heero.

—La izquierda —ordenó Becker.

—Ahora —dijo Heero y de inmediato la máquina respondió.

—Bien, chicos, es hora de que salgan a pasear.

Las estructuras que lo sujetaban cedieron, dejándolos caer hasta por un túnel hasta una rampla que inmediatamente comenzó a moverse hacia delante. Las puertas se abrieron y dos helicópteros lo sacaron de la base y los elevaron sobre el océano.

—Su objetivo es caminar en el mar y practicar algunos golpes —informó Becket.

—No hay problema —dijo Duo, confiado—. ¿No es verdad, Heero?

—Misión aceptada —le escuchó responder. Duo sonrió. Se sentía en completa sincronía con él, casi como si estuviesen embargados por el mismo sentimiento de determinación y seguridad.

—Ahí van —avisó Becket y el Hurricane Force cayó al océano.

—Uff, no se ve demasiado bajo el agua —comentó Duo.

—Verás menos mientras luchas con un kaijú —replicó Becket—. Caminen hacia la costa, por favor. Si logran salir, este equipo será aprobado.

—Pan comido —replicó Duo y escuchó en su mente "No te confíes, no es fácil". Heero resultó tener razón, requirió mucha concentración de ambos el comenzar a caminar, tardaron siete minutos en lograrlo adecuadamente; el siguiente reto fue practicar derechazos y patadas. Tardaron diez minutos más en conseguir una rapidez aprobada por Becket y el almirante. Solo entonces continuaron caminando hacia la costa y mientras lo hacían, Duo comenzó a sentirse relajado.

—Lo logramos, ¿verdad? —pensó.

—Era previsible —escuchó a Heero.

—¿En serio? Yo jamás creí poder conectar contigo —respondió Duo, riendo en voz alta. Becket le preguntó qué era lo gracioso.

—Tendrías que estar en mi mente para comprenderlo, Becket.

Una vez de regreso a la base, todos los recibieron con felicitaciones.

—Están aprobados ya para la batalla, soldados —comunicó el almirante.

—Solo deben revisar cómo activar su cañón y estarán en plena forma —puntualizó Mako Mori.

—Gracias —respondió Duo y se sentó junto a Heero para observar la misma prueba hecha por Trowa y Quatre. Ellos se demoraron mucho más en estabilizar su conexión, pero mucho menos en llegar a la costa y lograr dar buenos golpes. Cuando descendieron, Quatre tenía una expresión extraña, a medio camino entre la conmoción y la alegría. Duo se acercó intrigado para saber de qué se trataba, pero Trowa se interpuso entre él y Quatre, llevándose este último fuera de la sala.

—Perdón, tengo que conversar con Trowa —se disculpó Quatre a gritos.

A Duo no le quedó más que asentir, asumiendo que allí había gato encerrado.

—¿Trowa le correspondía? —se preguntó y un ataque de risa comenzó cuando, horas más tarde, Quatre le comentó que así precisamente había ocurrido.

—Yo también le gusté durante la guerra, eso fue lo motivó a salvarme en Libra —relató Quatre, emocionado.

—¿Y por qué diablos no se vieron en diez años?

—Porque él no sabía lo que yo sentía —dijo Quatre, riendo—. Fuimos un par de ciegos.

—¿Y en qué quedaron? ¿Son pareja ahora o qué?

—No, no llegamos a hablar de esa parte.

Duo azotó la palma de su mano derecha contra su frente de forma sonora.

—¿Ustedes son imbéciles o qué?

Quatre rió antes eso y desechó el tema con un gesto vago de su mano.

—¿Y cómo te fue a ti con Heero? ¿Algo interesante que contar?

—Sí, bueno… ¿a qué edad comenzaste a entrenar tú?

—Alrededor de los trece años —respondió, extrañado por la pregunta.

—Heero comenzó a los cinco años, probablemente antes —afirmó Duo, lúgubremente—. Fue entrenado de forma dura por un asesino profesional. Ahora no me extraña que sea como es.

—Comprendo. ¿Pero puedes entenderlo mejor sabiendo eso, no?

—Eso creo...

Duo iba a comentar algo más, pero en ese momento vio a Hilde acercándose y se sorprendió.

—¡Hilde! —gritó corriendo hacia a ella para saludarla con un abrazo—. ¿Qué demonios haces aquí?

Ella rió en medio de sus brazos.

—Vengo a combatir, ¿a qué más sino?

—¿En serio?

—Sí, seré la compañera de Wufei si puedo pasar un estúpido duelo casi del tipo esgrima —comentó—. Te vine a buscar para que me apoyaras, será ahora.

—Vaya, nunca pensé que fuesen a llamarte a ti.

—Ni yo, pero aquí estoy, ¿no? ¿Te incomoda?

Duo se sorprendió por la pregunta, luego se pateó mentalmente. Después de la guerra, había trabajado recolectando desechos metálicos con Hilde para ganarse la vida. Habían tenido una breve relación de un par de meses que no había resultado y habían decidido seguir como amigos. Se le había olvidado eso después de tantos años de vagar solo.

—No, claro que no. ¿Y a ti? —preguntó riendo.

—No, me da gusto que estés aquí. Me siento más feliz al volver a combatir en el mismo bando que tú.

Duo le revolvió el pelo. Quatre se aproximó para saludar y juntos se dirigieron a la sala de pruebas. Llegaron justo en el momento en que Wufei declaraba terminantemente que no lucharía con una mujer.

—Jamás pelearé con una mujer.

—No tendrás que pelear con ella, sino junto a ella —terció Becket.

—No.

—¿Me temes, Wufei?

La voz de Hilde sonó desafiante. Irritantemente segura para Wufei, quien se volvió hacia ella con violencia.

—Las mujeres son más débiles, ¿qué hay que temer?

—¿Entonces por qué no dejas de llorar y pruebas tu punto enfrentándome?

Hilde tomó el kali y se puso en posición de guardia. Wufei realizó impresionantes movimientos con el suyo y se puso en posición de ataque.

—Si eso quieres, eso tendrás. Ataca, mujer.

—Eso tendrás —repitió Hilde, gritando se dirigió a atacarlo, consiguiendo el primer punto al darle en el cuello. Wufei respondió con un ataque directo a su torso, consiguiendo el empate. Hilde volvió a atacar, pero falló, dándole una apertura para conseguir otro punto, pero de inmediato, ella volvió a igualar cuando logró darle en un hombro. Wufei rugió de rabia y Hilde a su vez también gritó. Dos a dos iba el marcador y pasaron cinco minutos en que no pudieron acertarse. El almirante tuvo que vociferar tres veces para lograr detener el duelo.

—Está más que claro que ustedes dos son compatibles —sentenció.

—Bromea —afirmó Wufei—. Jamás podría ser compatible con esta mujer.

—Ni yo con este necio —afirmó ella.

—Yo veo la compatibilidad fluir —intervino Becket. Todos se largaron a reír.

—Es tan obvia que en cinco minutos podrán superar nuestros récords —se burló a su vez Duo.

—Están todos dementes —masculló Wufei.

—Vamos a la sala de los jaeger —dijo el almirante con una sonrisa breve—. Es hora de probar este nuevo equipo explosivo. Es una orden, 05.

Wufei obedeció a regañadientes. Algo se escuchaba entre sus mascullidos acerca de que estaban todos locos y que sería un total fracaso igualar fuerzas con una mujer. Duo reía a sus espaldas con Quatre y Becket, y rieron más aún cuando el escenario resultó ser todo lo contrario de lo pronosticado por Wufei. Lograron mover el Blue Typhoon en un tiempo notablemente corto y realizaron de inmediato la ejercitación en el océano. Apenas terminaron, Wufei se perdió rumbo a las afueras de las instalaciones.

—¿Pensará en desertar? —se preguntó Becket.

—No se preocupen, solo está molesto porque una mujer estuvo en su cabeza —afirmó Hilde—. Volverá. Sabe que esto es lo que correcto de hacer.

—Eres una mujer de armas tomar —felicitó el almirante—. Bienvenida a nuestro equipo.

—Gracias.

Una vez que Hilde se quedó sola con Duo y Quatre, su expresión mudó en una de completa pena.

—Wufei tiene la historia más triste que podría haber imaginado.

Y comenzó a llorar. Duo y Quatre tardaron horas en lograr que se calmara.

V

Nuevamente era de madrugada cuando Duo fue despertado por la fuerte voz del almirante.

—¿Entrenamiento otra vez a esta hora? —se preguntó. Fue entonces cuando sus ojos se abrieron de golpe al escuchar las alarmas.

—¿Necesita una bomba nuclear para despertar? —increpó el almirante—. Tiene tres minutos para estar en su jaeger. Se acercan dos kaijús, nivel 4, a atacar Hong Kong.

Su preparación fue eficiente y justo en el tiempo pedido estuvo al lado de Heero listo para combatir.

—Hora de mostrar de lo que somos capaces —declaró Duo—. Vamos a patear bichos.

—No te confíes —escuchó la voz de Heero.

—Lo sé —replicó sonriendo.

La conexión fue menos molesta esta vez. Las imágenes eran las mismas, más rápidas, más breves. Aparecieron otras, Duo pudo descubrir por qué Heero reía ese día en el pasto y qué borró para siempre su sonrisa. Entendió la imagen del perro muerto, vio a la niña por primera vez. Por fin sintió que encontraba la pieza maestra de lo que Heero Yuy era.

A su vez, por su mente corrieron recuerdos de cómo se había entrenado duramente con los barrenderos para cumplir la operación meteoro original, pero a última hora decidió que le resultaba insoportable la idea de participar en la masacre de la población de la Tierra y decidió destruir el Gundam Deathscythe y a su ingeniero, el Profesor G. Pero el Profesor G sospechaba sus planes y lo persuadió de no destruir una obra de arte como el Deathscythe; en lugar de eso le sugirió que lo robara para utilizarlo y destruir a la Alianza. Se vio a sí mismo aceptar, y al Profesor G aconsejarle que cuando bajase a la Tierra buscase ayuda en el océano pacífico con un hombre llamado Howard.

—Sincronización perfecta —escuchó la voz de Tendo Choi.

—¿Qué pasó con Becket? —preguntó Duo.

—Está en su equipo con Mako. Pelearán junto a ustedes, así que yo seré su relator en este partido, chicos. ¿O acaso no les gusta mi voz?

—Dios nos libre —molestó Duo—. Heero, prepárate que nos va a zumbar como mosca en el oído.

—Calla y pelea de una vez —replicó Tendo.

El Hurricane Force fue soltado en el mar sin previo aviso.

—Avisa más claramente de lo que vas a hacer, estúpido bastardo —reclamó Duo, estabilizando apenas la enorme mole que era el Hurricane. Heero también resintió la sorpresa. Pero no tuvieron más tiempo para reclamar, enseguida vieron un enorme Kaijú de 130 metros.

—Hay uno delante de ustedes, chicos —reportó Tendo—. Les presento a Rey Calamar

—Lo vemos —murmuró Duo.

—¿Dónde está el otro? —preguntó Heero.

—Lagarto Negro está dando vueltas en círculos a su alrededor. Va a atacar, probablemente, cuando el otro los derribe.

—Qué amable por esperar —dijo Duo.

—No se preocupen, nosotros nos encargamos del que acecha. Preocúpense del que tienen al frente —escucharon la voz de Becket—. Ya estamos aquí.

—De acuerdo, no nos lo tendrán que decir dos veces —afirmó Duo—. ¡Vamos, Heero! Quiero aplastar ese calamar gigante.

El Hurricane Force marchó la distancia que los separaba del kaijú y lo saludaron con un derechazo impresionante.

—Eso es, Heero —gritó Duo emocionado—. Vamos por más.

Comenzaron a golpear con el puño izquierdo y luego lo hundieron con la mano derecha para enterrarle una gran patada en la cara.

—No la metan en la boca —gritó asustado Tendo—. ¿Tienen idea del daño que les puede provocar?

—No somos imbéciles —respondió a su vez Duo—. Y aunque no hable, Heero opina lo mismo que yo.

—Mako y Reileght han acabado con Lagarto Negro. Van a apoyarlos en este momento.

—Dile que no vengan a estorbar o nos los cargamos también —gritó Duo riendo—. Tenemos esto controlado.

—No se confíen, soldados —gritó el almirante.

Dicho y hecho, Rey Calamar los derribó con un duro golpe de dos de sus tentáculos.

—Maldición, no vi venir eso —gruñó Duo.

—Ahí viene —dijo Heero.

Se pusieron de pie otra vez justo en el momento en el que el kaijú chocaba contra ellos, arrastrándolos varios cientos de metros hacia la costa.

—Demonios —se quejó Duo al ver que no podían liberarse.

—Accionaré el cañón —dijo Heero, cargando la máquina.

—Buena idea —felicitó Duo.

Ese ataque bastó para herir al Rey Calamar de gravedad. Luego de eso, fue todo un espectáculo como Heero y Duo arrastraron el cadáver agonizante del calamar gigante a las costas y aplastaron cada centímetro de él con su pierna derecha.

Una vez de regreso en la base, todos los felicitaban, menos el Almirante y Mako, quienes les gritaban por haberse confiado y las nefastas consecuencias que eso podría haber ocasionado. Heero y Duo hicieron caso omiso a los regaños y se escabulleron del gentío.

—¿No estuvo mal, verdad? Fue casi mejor que estar en los gundam, aunque prefiero el tamaño de los jaeger para este tipo de misiones, sin duda esos kaijú podrían haberse tragado de un bocado a mi Deathscythe.

Heero no respondió y Duo lo miró.

—¿Por qué no seguiste el plan original de la Operación Meteoro?

Duo se sorprendió con la pregunta.

—Estaba del lado de las colonias, pero la población de la tierra no tenía la culpa de la crueldad de la Alianza y Oz. Pude darme cuenta que ellos eran los verdaderos enemigos. Eso es todo.

Heero asintió.

—Mi turno. ¿Por qué te sientes culpable por la muerte de esa niña?

—Si hubiese calculado mejor, no hubiese muerto —replicó Heero—. Ni ella ni toda la gente de esos edificios.

Duo asintió.

—Comprendo —murmuró y enseguida capturó a Heero en un abrazo—. Pero no es tu culpa —afirmó en su oído—. Vi lo que pasó y no se podría haber hecho mejor de lo que tú lo realizaste. Era un desastre que iba a suceder de todos modos.

Heero se quedó inmóvil en el abrazo. Duo aprovechó para oler su cuello.

En ese momento supo dos cosas. Que Heero olía a satisfacción, por alguna extraña razón, y que acababa de pensar por un segundo en tirarlo al suelo y hacer algo más que besarlo.

Iba a estar en problemas en la próxima misión.

VI

Cuando sonó la alarma de ataque, Duo casi se atragantó con el café que estaba consumiendo.

—Mierda —masculló.

—No se puede tomar ni desayuno en paz —solidarizó Quatre, poniéndose de pie.

—No es saltarme el desayuno lo que me molesta —gruñó.

Duo ignoró a Quatre cuando le preguntó sobre qué se quejaba y lo siguió pensando que en ese preciso momento entendía el conflicto que había tenido al subir el jaeger la primera vez con Trowa. Lo entendía ahora, cuando él mismo tenía que subir allí deseando con todas sus fuerzas que Heero no leyera precisamente lo que tenía que esconder.

Para su suerte o su tortura, el almirante decidió que era el turno de Quatre y Trowa el detener el ataque junto a Mako y Becket. Duo, mientras observaba el combate, no sabía si realmente había tenido suerte. Una parte de él estaba aliviada. La otra había comenzando a sufrir el doble, pues prefería pasar pronto por el momento complejo.

—¿Qué diablos pensará Heero cuando lo sepa? —se preguntó a sí mismo, viendo como el Red Storm derribaba al kaijú e iban en la ayuda de Mako y Becket.

¿Serían esas imágenes candentes una consecuencia, como le habían advertido, de las conexiones mentales? Si se analizaba a sí mismo, nunca se había sentido atraído por Heero, pero su mente una y otra vez revisaba la imagen en que lo empujaba al suelo y le hacía cosas que jamás había imaginado hacerle a un hombre. Sentía escalofríos. Unos del tipo agradables. En el primer momento habían sido un par de imágenes rápidas, pero con el pasar del tiempo su cerebro había alargado el recuerdo, haciéndolo más intenso, más torturante.

—¿Qué diablos le pasa a mi cabeza? —gritó y se llevó una mano a la cara, angustiado, cuando se percató de que todo el mundo en la sala de control lo estaba mirando, incluido Heero.

—¿Estás bien? —le preguntó Hilde.

—Oh, sí, bien. Realmente no quieres saber —gruñó, pasando por su lado.

—¿Será lo que yo pienso que es? —escuchó preguntar a Tendo.

—Seguramente. Déjenlo en paz —ordenó el Almirante.

Duo llegó a su habitación rojo como una jaiba.

—¡Maldición! ¿Cómo podré quedar amnésico?

VII

La alarma volvió a sonar tres días más tardes. Tres días en los que Duo habría dado sus dos brazos por perder la memoria. Conversando con Quatre, este le había comentado que existían espacios en blanco en Trowa, espacios que no podía recordar debido a su pérdida de memoria, lo que le había llevado a confirmar que realmente esa era la mejor solución para su problema.

Pero ahí estaba la alarma, diciéndole que ya no tenía tiempo para quedar amnésico.

—¿Quién irá esta vez? —preguntó, al llegar al salón de los jaeger.

El almirante caviló con una mano en su mentón.

—Creo que repetiremos la primera formación. El Typhone será enviado en el próximo ataque.

—Demonios —pensó Duo, vistiendo el traje con velocidad, pero con la mente echa un caos—. Realmente no quiero a Heero en mi cabeza ahora.

Continuó repitiéndose eso hasta que le dijeron que iba a iniciar la conexión. Entonces se dijo a sí mismo que era un soldado, que debía tranquilizarse y cumplir con su deber. Después de todo, ¿qué podría hacer Heero al respecto? Incluso si lo mataba iba a hacerle un favor.

La conexión comenzó con imágenes que ya conocía y como si su mente hubiese estado esperando para gritar su secreto, recordó el momento en que había decidido abrazar a Heero y olerlo. Recordó la fantasía de empujarlo al suelo y hacer algo más que besarlo, haciendo un poco gráficas esas mismas palabras. Desfiló por su mente una serie de imágenes de ambos desnudos y sintió el desconcierto que estaba provocando en Heero y no supo qué decir.

—01 y 02, están obteniendo una conexión tan torpe como la primera vez —escucharon decir al Almirante, preocupado—. Lo que sea que les esté molestando, resuélvanlo de inmediato o enviaré al Typhoon en su lugar.

—No hay nada que resolver —masculló Duo—. Vamos, Heero.

No escuchó respuesta, pero lograron sincronizarse bien para caminar en dirección del kaijú que les habían confirmado como objetivo, era un nivel IV llamado Cabeza de Dragón. Duo comenzó a sentir rabia y vació todo eso en cada golpe, contagiando a Heero de ese sentimiento. Destrozaron al animal en el mismo mar.

De regreso en la base, Heero no dejó a Duo escapar como pretendía y lo atajó antes de que entrase en su habitación.

—¿Qué quieres? —increpó Duo.

Heero lo miró directo a los ojos.

—Tienes que manejarlo.

—Lo sé —gruñó. Y le cerró la puerta en la cara.

Ya estaba hecho. No podía sentir más vergüenza de la que ya sentía. Mañana sería un día mejor. Peor ya no podía ser.

Por supuesto, se equivocó.

Continuará…