LA ÚLTIMA DEFENSA
VIII
—¿Qué anda mal contigo, amigo? —preguntó Quatre, preocupado, cuando cenaban al día siguiente—. Tienes a todos alarmados, piensan que perdiste la cabeza: andas taciturno, de mal humor y es obvio que estás evitando a Heero.
—Estoy teniendo alucinaciones en que lo violo —soltó a bocajarro para hacer breve la historia—. Una y otra vez.
Quatre comenzó a reír a carcajadas.
—¡Pero eso es normal! Nos avisaron de ello.
—No lo hace más fácil —respondió amargado.
—Me imagino.
—¿Te ha sucedido?
—No sabría decirte, yo las tengo desde que conocí a Trowa —confesó Quatre, algo avergonzado.
—Ya veo —murmuró Duo—. Esto es molesto, jamás pensé en tener algo con un hombre. Es como si estuviesen implantando la idea en mi mente.
—Bueno, es algo como eso.
—Tan solo sería más fácil si a él le pasara lo mismo, al menos podría reírme de la situación, pero no. El maldito témpano de hielo sigue tal como es.
—¿Estás seguro? Le he visto observarte mucho últimamente.
—Eso es porque está preocupado de que desequilibre nuestro enlace mientras intento ganarle a esto —afirmó Duo, que también se había percatado de ello—. Me está midiendo.
—¿Y por qué mejor en vez de pelear no lo dejas fluir?
Duo lo miró sorprendido.
—¿Bromeas? Si lo hubiese decidido por mí mismo, no tendría problemas con ello, pero no voy a fastidiar mi vida por las consecuencias de un sistema neural. Mil veces preferiría que me contaminase la radiación al ritmo en que murió el antiguo almirante.
—Silencio —murmuró Quatre, mirando sobre el hombro de Duo.
Mako Mori acababa de entrar al comedor junto con Reilight. Al ser la hija adoptiva del almirante nombrado, no era adecuado seguir ese curso de conversación. Duo negó con la cabeza.
—¿Por qué a mí? —se quejó.
—No lo sé, pero no es tu culpa.
—De nuevo: no lo hace más fácil.
Debió sospechar que en ese momento iba a sonar la alarma. Debió sospecharlo por ese presentimiento de que todo en la vida estaba mal y que podía ser peor.
—Demonios, estos bichos van a volverme loco —declaró Duo, camino al galpón de los Jaeger.
Quatre se iba riendo a sus espaldas. Duo lo ignoró y se vistió su traje.
—Perdón, Duo, no puedo evitarlo, entiéndeme —dijo Quatre, tratando obviamente de contener la risa.
Duo le dio una mirada por sobre el hombro y vio a Heero acercarse por detrás.
—Tú eres de los peores amigos que he tenido —le dijo con rencor y comenzó a subir a la plataforma. Tuvo que apretar los dientes al escuchar un "contrólate" cuando Heero pasó por detrás de él para tomar su posición.
—Claro, porque si no me controlo, tú no te podrás sentar —respondió picado. Heero hizo oídos sordos a su intento por fastidiarlo.
Al iniciar la conexión neural, Duo se sorprendió de lo gráfico de sus propias imágenes mentales.
—¿En qué momento pensé en tomar a Heero así? —pensó, mientras se veía a sí mismo entrando y saliendo de Heero—. No recuerdo eso, no lo recuerdo, menos así de salvaje.
Duo comprendió que cualquier persona que viera lo mismo pensaría que tenía experiencia en eso de las relaciones gay, pero no las tenía. Nunca había tenido siquiera una fantasía de ese tipo,
—¿Entonces por qué se ve como porno de alta producción lo que estoy haciéndole? —se preguntó a sí mismo.
—Dímelo tú —escuchó la fría voz de Heero y sintió escalofríos. Trató de percibir sus emociones o pensamientos, pero había algo distrayéndolo.
—Rayos, estoy duro —pensó desesperado.
—Contrólate —ordenó Heero.
—Fácil para ti decirlo, ¿no ves cómo te tengo ahí? —rió Duo y escuchó a Heero gruñir.
No estaba molesto, pudo leer. Sólo incómodo. La conexión se aclaró entonces y pudo divisar al kaijú nivel IV, de nada despreciable 134 metros, según les informó Tendo.
—¿134 metros? El Hurricane Force mide apenas 83 metros, nos va a comer —bromeó Duo.
—No diga estupideces, soldado —gruñó el Almirante.
—Como buen técnico que soy, le he incorporado un arma extra al Hurricane para que eso no suceda —comentó Tendo—. Te gustan las guadañas, ¿no es así, Duo?
—¡Bromeas! —gritó Duo, emocionado.
—No —respondió Tendo—, usé la misma tecnología que tenía el Deathscythe, pero solo se puede sacar con la mano derecha, que debería ser tú fuerte, así que confiamos en tus habilidades. El cañón lo pueden disparar ambos, pero Heero tendrá la mayor responsabilidad en lo que se refiere al manejo. De más está decir que requiere de la concentración de ambos.
—No te preocupes, Heero conoce mis técnicas con esta arma, no le será difícil seguirme el ritmo. Saquémosla, Heero —gritó.
—¡Úsala sabiamente! —replicó Tendo—. Ni siquiera has medido a tu adversario.
—No importa, vamos a trozarlo sea como sea.
Tendo se cubrió la cara con una mano.
—Estos sujetos van a matarme.
—¿Y a nosotros ningún regalo? —preguntó Becket.
—Sólo les he puesto una espada de doble filo —respondió, desanimado.
—Eso suena muy bien —respondió Mako mientras la sacaban y le acertaban un golpe a un kaijú que parecía una mantis religiosa de 136 metros. El Gipsy Danger de 79 metros lucía, para todos los que observaban la lucha desde el salón de mando, como un insecto atacando a un animal gigante, pero aún así ganaron casi sin recibir daño.
—Me hubiese gustado que también midieran la situación antes de sacar su nueva arma —masculló Tendo.
—Pero a nosotros nos está marchando de maravilla la improvisación, ¿no crees? —preguntó Duo, mientras le cortaba dos tentáculos al calamar gigante que combatían—. ¿Y por qué diablos nos tocan todos los calamares? Me estoy cansando de ver la misma cara en estas bestias.
—En tu honor, lo llamé Rey Calamar II —molestó Tendo—. Solo para ti. Te adoran.
—Duo —avisó Heero.
—Lo vi venir —rió Duo, olvidando la grosería que le iba a responder a Tendo—, abrámosle una sonrisa más hermosa.
Heero aceptó su plan, lo escuchó decir "de acuerdo" y acertó con la guadaña en la boca del kaijú, forzando ambos al Hurricane a cargar hacia el lado izquierdo, dañando fuertemente al animal, el que quedó fuera de combate.
—No se confíen —escucharon a Reilight—. Con mi hermano creímos que la cosa estaba muerta, hasta que regresó a atacarnos.
Duo se puso serio.
—De acuerdo, amigo —aceptó, y con plena coordinación, procedieron a herir al animal una y otra vez con la guadaña hasta poder estar seguros de que ya no quedaba vida en él.
Un barco se les acercó.
—¿Podrían lanzar los restos acá? Nos ahorrarían el trabajo de tener que sacar la mayor parte del agua —escuchó una transmisión de alguien desconocido con marcado acento ruso.
—Sin problemas —respondió Heero y juntos dejaron el trozo más grande del kaijú sobre el barco.
—¿Otra vez tenemos tratos con mafiosos? —preguntó Becket.
—Nunca sabemos de quién podemos necesitar ayuda —replicó el Almirante.
—Mi padre decía lo mismo —rió Mako.
—Al más puro estilo Pentecost —confirmó Becket.
—Gracias por el cumplido, soldado —respondió el Almirante.
Todos volvieron con una sonrisa a la base en sus caras.
IX
Después de la batalla contra el segundo calamar gigante, el nivel de deseo de Duo subió exponencialmente con los días de calma que transcurrieron. No podía dejar de observar a Heero moverse, era como un depredador acechando a su presa. El color de su piel tostada le resultaba especialmente llamativo. Quería morderla toda, pero sólo después de meterse en ese trasero que imaginaba duro y dispuesto.
—Oh, eso nunca va a pasar —pensó, observando como Heero supervisaba el trabajo de los técnicos en el Hurricane y discutía con Tendo.
Estaba seguro de que si le saltaba encima, Heero le respondería con un par de golpes.
—¿Debería preocuparme si la idea de luchar con él para poseerlo me excita?
—No suena tan mal —escuchó la voz de Quatre a sus espaldas.
Duo se giró de golpe para ver a Quatre, Hilde y Trowa estallar en carcajadas.
—Ahgg, los odio a todos —reclamó, para luego ponerse a reír también—. Demonios, ahora ni siquiera me doy cuenta cuando hablo en voz alta.
—No es extraño, me sucede lo mismo —dijo Quatre.
—Es cierto, debe ser una consecuencia de hablar con otra persona en tu mente —aportó Hilde.
Trowa asintió, confirmando lo que los otros dos decían. Hilde lo miró y Duo supo que ella iba a asestarle un golpe.
—Ni a mí me tomaste con tantas ganas, pero ahora que encontraste lo que te gusta, ¿por qué no vas y te desatas con Heero?
Todos rieron. Duo los observó con seriedad, enseguida pasó su mano derecha por sus cabellos, en un gesto pensativo.
—Sí —dijo— definitivamente los odio a todos.
La alarma comenzó a sonar, por lo que nadie pudo responderle. Por altavoz escucharon que en esta defensa participarían Hilde y Wufei, Trowa y Quatre. Becket y Mako deberían estar preparados en el caso de que los otros grupos necesitaran refuerzos.
—Genial —dijo Hilde, corriendo a tomar su posición. Trowa y Quatre se despidieron con un gesto y la siguieron.
—No sé cómo soportaste tanto tiempo a esa mujer.
Duo se volvió para ver a Wufei pasar por su lado.
—Entre nosotros, te diré que no fue demasiado tiempo. Un par de meses, luego huí.
—Bien hecho —felicitó Wufei y desapareció rumbo al hangar de los jaeger.
Duo se puso la mano en las caderas.
—Es cierto, lo hice bien —se felicitó a sí mismo.
En ese momento, vio a Heero pasar por la esquina del pasillo y su cuerpo se movió como si recibiera órdenes de una señal intrusa. Su cabeza era un sistema invadido que no respondía cuando le siguió por el pasillo que llevaba a sus habitaciones. La de Heero, justo frente a la suya, no era una ubicación casual. Lo habían puesto ahí para eso, Duo lo sospechaba desde que Mako les había contado las consecuencias de conectarse con alguien sin parentesco.
Heero miró por sobre el hombro y estrechó sus ojos. Duo le vio seguir al mismo ritmo calmado; él en cambio comenzó a apurar el paso. Heero entró a su habitación, pero no pudo cerrar la puerta. La mano de Duo, con toda su fuerza, estaba deteniendo el metal. Heero retrocedió un paso cuando Duo avanzó y entrecerró los ojos, con malicia.
—Contrólate —le dijo.
Duo gruñó, cerrando la puerta a sus espaldas, se apoyó en ella.
—Me estoy cansando de escuchar eso.
Heero se giró despreocupadamente, como si no le interesara su presencia ahí.
—¿Qué quieres? —le escuchó preguntar. Percibió burla en su tono de voz.
—Has estado en mi cabeza, sabes lo que quiero.
Recibió una mirada indiferente mientras Heero retiraba la parte superior de su uniforme. Duo se presionó más fuerte contra la puerta, usando toda su fuerza de voluntad mientras ese frío sujeto se desvestía hasta quedar gloriosamente desnudo.
—¿Estás loco? Tú te las estás buscando —acusó, a punto de saltarle encima.
—Tú eres el que está sobrando en mi habitación.
Duo cerró los ojos ante la fría respuesta, tenía razón, él debía irse, pero Heero se estaba ofreciendo, ¿verdad? ¿O solo le estaba molestando para que él perdiera la cabeza y rechazarlo cuando le saltase encima?
—¿Cuál es la respuesta? —se preguntó, abriendo los ojos y observando cómo Heero sacaba una toalla del clóset y la colgaba en su hombro. Dio dos pasos hacia adelante. Heero sacó otra y la enrolló en torno a su cintura. Duo tenía los ojos clavados en su trasero. Heero entró en el cuarto de baño.
—Maldición —gruñó, dando media vuelta, huyó de la habitación a la suya—. Probablemente me estás tentando para burlarte, maldito —concluyó.
Entró a la ducha con ropa. Tenía la intención de abrir el grifo del agua fría para asesinar sus deseos, pero como un autómata dio el agua caliente, se abrió el pantalón y se masturbó hasta azotar su cabeza con la loza al terminar.
Se quedó quieto y se concentró con todas sus fuerzas para que su arrebato fuese suficiente para terminar con esas tormentosas oleadas de deseo.
No resultó así.
X
Horas más tarde, en la cena, Quatre le relataba la batalla.
—Pero lejos lo mejor fueron las cuchillas curvas que le puso a nuestro jaeger. Por un momento logré sentirme como en mi Sandrock otra vez.
—Genial —dijo distante.
Quatre cruzó una mirada con Hilde.
—Bueno, ¿y dónde estabas tú y Heero que no vieron la pelea? —preguntó Quatre, en todo neutral. El golpe de gracia lo dio ella:
—¿Te duele algo, Duo?
Duo se levantó de golpe.
—Ustedes son igual que esos bichos, tampoco me dejan comer en paz.
Y se retiró todo lo dignamente que pudo, no sin antes brindarle una mirada perversa a Heero, quién comía aparentemente ajeno a todo. Aún alejándose, pudo distinguir que las carcajadas más fuertes eran las de Wufei y Hilde.
—Son tal para cual —pensó.
No llegó a entrar a su habitación. La alarma resonó en sus oídos y no pudo entender cómo un par de veces ese escandaloso sonido no había logrado despertarlo. Definitivamente, el cansancio que producían los jaeger eran superiores a los que provocaban los gundam y los mobile suits. Simplemente no podía despertar. Como consecuencia, el Almirante había terminado poniendo más altavoces en el pasillo de las habitaciones.
—Bueno, hay más esfuerzo físico —se dijo a sí mismo como consuelo.
Rumbo al hangar, se topó con Heero y caminaron en silencio. Por el altavoz escucharon que saldrían en acción junto con Hilde y Wufei a exterminar dos kaijú nivel IV.
Entonces Duo le sonrió oscuramente.
—Ahora verás lo que hay en mi cabeza por tu culpa —le amenazó, caminando en dirección al galpón—. A ver si te la piensas mejor antes de volver a hacerme un strip-tease.
Al mirar atrás, alcanzó a ver la mirada de Heero ante su amenaza: no quería venir. Quería irse a cualquier otro lugar, menos a conectar su mente con la suya.
Duo se ahogó en carcajadas mientras se ponía el traje y esperaba ansioso para torturar a Heero con todas las fantasías que habían cruzado en su mente en la ducha. Cuando lo tuvo al lado y la conexión se inició, quedó mudo. No era lo que había imaginado. Heero no le temía a lo que él pudiera mostrarle. Era lo que estaba viendo lo que él quería esconder.
En primer plano, estaba él mismo gimiendo contra el suelo. Heero le estaba sujetando los brazos detrás de la nuca para meterse en su cuerpo. A su favor, diría que ese Duo estaba intentando poner algo de resistencia.
Comenzó a reírse a carcajadas. Heero había caído.
XI
Duo despertó a la mañana siguiente sintiéndose más alegre. Ni le molestó toparse con Heero en la mañana nada más salir de su habitación y darse cuenta de que cada vez iba peor, pues no pudo dejar de apreciar lo bien que se veía ese sujeto en su apretado uniforme.
—Hola, Heero, ¿soñaste conmigo?
Heero gruñó en respuesta y le dio la espalda, marchándose.
—Yo soñé contigo —le gritó.
Lo vio detenerse de golpe y volverse hacia él con violencia. Duo le sonrió desafiante, pero en ese momento Wufei salió con sus ropas en la mano desde el cuarto de Hilde, mientras ella le cerraba la puerta en la cara.
—¡No vuelvas a meterte en mi habitación, salvaje! —se escuchó desde dentro.
—¿Qué diablos hice mal? —escuchó a Wufei preguntarse, quien no se había percatado de su presencia.
—Quizás deberías haber entrado con ropa —sugirió Duo y estalló en ruidosas carcajadas. Wufei no lo mató porque le interesaba más meterse en su habitación a cubrir su desnudez. Cuando volvió a mirar hacia el pasillo, Heero ya no estaba.
—Rayos —se quejó—, ¿me habré perdido la posibilidad de atraparlo? Iba a tocarme, estoy seguro —meditó lastimeramente—. Ya quiero que llegue otro bicho para ver qué pasó por su mente.
Duo, caminando hacia el comedor, se consoló a sí mismo pensando en todo lo que iba a divertirse a continuación. Casi no podía esperar a que Hilde y Wufei aparecieran a desayunar. Cuando lo hicieron, él ya se había preocupado de poner al corriente a todos los demás en la mesa. Wufei les facilitó el asunto al no presentarse con el correcto uniforme.
—Hilde, ¿por casualidad no has visto los pantalones de Wufei? Creo que se le quedaron en tu habitación, no los puede encontrar por ninguna parte.
—Cállate, Maxwell —gritó Wufei furioso.
—Tienes razón, Duo, hoy se ha puesto unos que no corresponden al uniforme —colaboró Quatre.
—Cállense —volvió a gritar Wufei.
—Wufei me tomó con mi abundante periodo contra mi voluntad, así que están manchados. Pueden ir a buscarlos a mi habitación si les interesa.
Hubo un silencio fatal en la mesa luego de las palabras de Hilde. Tras varios segundos, todos comenzaron a pronunciar sonidos de asco.
—¡Demasiada información, Hilde! —gritó Duo, dejando su desayuno a medio tocar, se retiró seguido de todos los hombres de la mesa. Solo quedaron allí Heero y Wufei. Este último miraba alucinado a Hilde, con algo que ella interpretó como admiración.
—Se lo merecían —dijo ella.
—Esto sí es un desayuno en paz —dijo Heero.
Wufei y Hilde estuvieron de acuerdo y comieron en silencio.
XIII
Duo y Quatre se habían levantado excepcionalmente temprano. Duo se preparó un café bien cargado para despertar y Quatre un té de jasmín.
—¿No se te hace raro que Wufei tenga una relación con Hilde, considerando lo tuyo con ella?
—No, para nada —respondió Duo—. En retrospectiva, creo que jamás debí cruzar la línea con Hilde. Ellos dos pegan increíblemente bien. No sé cómo no pude verlo antes.
Quatre sonrió.
—La quise siempre como una hermana. Nunca he tenido hermanos, no como tú que los tienes por docena —rió—, pero creo que ese es el sentimiento que siempre he tenido por ella.
—Solo tengo 24 hermanas, tampoco es para exagerar.
—Claro —respondió Duo, riendo la broma de Quatre.
—¿Y tú? ¿No ha sucedido nada con Heero?
—Creo que no quiero entender qué estás preguntando —murmuró Duo.
—Yo me he acostado con Trowa... Ya perdí la cuenta de cuántas veces —dijo Quatre pensativo.
Duo se atragantó con su café.
—Vaya, eso no lo vi venir.
—Sí, yo tampoco. Él vino por mí —comentó Quatre, sonriendo ampliamente—. Ahora sí somos una pareja.
—Me alegro por ti amigo.
—Gracias, pero ponme tú al día. Hilde y Wufei están obviamente relacionados, a pesar de que era obvio al principio que jamás se habían mirado el uno al otro. Me parece raro que ustedes aún no hayan llegado a nada.
Duo miró el líquido negro de su tazón, como si allí fuese a encontrar la respuesta.
—Heero también ha comenzado a sentirse atraído por mí. Creo que eso es todo lo que tengo para comentar. Lo lamento.
Entonces sí rió y comenzó a relatarle todas las situaciones en que había notado a Heero obviamente incómodo por su nuevo estado mental.
—Creo que lo que a ti más te motiva es el reto de quién ganará —dijo Quatre.
—¿A qué te refieres?
—Por lo que he comprendido, en tus ensoñaciones eres tú quien lo toma, pero él imagina que es él quien te posee.
—No digas poseer —gruñó Duo.
—¿Cómo resolverán ese problema? —preguntó Quatre, ignorando su reclamo, escondió su sonrisa tras su taza de té. Duo tenía una expresión de sorpresa en ese momento. Era obvio que no se había percatado de ello. Hasta ahora, Duo había estado completamente seguro de que sería él quien tomaría a Heero cuando sus defensas cayeran. Evidentemente, jamás le había tomado peso a lo que Heero deseaba. Hasta ahora.
La alarma sonó sobresaltándolos a ambos. Por altoparlantes el Almirante comunicó que esta vez era solo un kaijú nivel IV excepcionalmente grande y que el Hurricane Force sería el encargado de combatirlo. Quatre y Trowa junto a Becket y Mako, deberían estar preparados como refuerzos en caso de ser necesario.
—¿Sólo uno? —preguntó sorprendido Quatre.
—Eso parece. Bien, llegó la hora de sufrir con ese sujeto —dijo Duo, levantándose.
Ambos se dirigieron al hangar. Heero ya estaba en posición cuando Duo llegó con su traje puesto y se introdujo en la cabina. Simplemente se miraron. Duo tomó posición y Tendo les comunicó que los conectaría de inmediato.
Esta vez no hubo imágenes de sus pasados, sino una sucesión de escenas de sexo, cada cual más salvaje e intensa que la anterior. A Duo se le apretó el estómago al observar con detalles las proyectadas desde la mente de Heero. Quatre tenía razón, ese sujeto quería someterlo con todo. No se iba a dejar controlar como él había esperado hasta ahora.
Enseguida comenzaron a desfilar imágenes breves en las que era obvio que Heero lo había estado observando como un acechador durante todos los días pasados. Duo no se quedaba atrás proyectando de vuelta. El momento en que pensó lo bien que se veía Heero en su uniforme le sacó carcajadas.
—Diablos, esto es como ver una mala película —comentó.
—Concéntrense, soldados —ordenó el Almirante.
—Sí, señor —respondieron ambos al instante, estableciendo una conexión sólida. Sin embargo, Duo se sentía mortalmente afiebrado.
—Duo —dijo Heero.
—Lo sé, tengo la mente en la misión —respondió, y era cierto. Lo único que no tenía en la misión era su torturado pene, duro contra la apretada malla bajo su armadura. Duo decidió que podía olvidarse de esa parte de su cuerpo por el bien de la causa.
Durante el sobrevuelo del mar, cargados por tres helicópteros, Tendo les pidió que no se confiaran esta vez. El kaijú, nombrado como Cuerpo Bestial era de un tamaño brutal con nada menos que 170 metros de altura.
Duo silbó al escucharlo.
—Está bien —aceptó Duo—, obviamente no va a ser fácil, pero por lo menos se acabaron los calamares. ¿Estás listo, Heero?
—Sí.
—Es un gusto escuchar que este sujeto habla —comentó Tendo.
—Ni lo digas —respondió Duo.
Fueron liberados y cayeron al mar, quedando con el agua hasta la cintura. Esta vez los habían depositado en la costa, pues el kaijú venía aproximándose a una velocidad impresionante hacia Taiwán.
—¿Dónde está? —preguntó Duo.
—Pronto harán contacto —respondió Tendo—. Está a un kilómetro.
—Prepárate —dijo Heero.
—Ya lo estoy. Lo veo.
Duo no alcanzó a definir qué forma tenía el kaijú que se los llevó por delante contra la ciudad, destruyendo varias edificaciones a su paso. A duras penas pudieron ponerse de pie, entonces sí lo observaron. Era una masa gigante de color verde, casi redonda, con miles de tentáculos saliendo de todo el cuerpo.
—Joder, odio los tentáculos —masculló Duo.
—No eres español —respondió Heero—, no hables como tal.
—Déjame en paz —respondió Duo—. Mira que apenas nos bajemos de aquí tendrás tu merecido.
—Inténtalo —desafió Heero en su mente—. Ahí viene —dijo enseguida.
—Voy a cortarlo.
—No, déjame disparar primero. Es fuerte, hay que determinar qué tanto daño podemos hacerle desde lejos.
—Está bien, Heero —aceptó Duo—. Me gusta como piensas.
—Dispárenle —ordenó el Almirante.
—En eso estamos —gritó Duo mientras cargaban el cañón—. ¡Ahora!
El disparo le dio de lleno en la cara, destruyendo sus ojos, pero solo logró enfurecerlo más. El kaijú comenzó a destrozar todo a su paso y el Hurricane Force corrió de frente a él para detenerlo, guadaña en mano.
La batalla fue tan difícil que el almirante tuvo en la garganta, durante todo lo que duró, la orden de enviar refuerzos. Finalmente, el Hurricane Force volvió a la base con incontables daños. Tendo, solo con mirarlo, afirmó que se demoraría al menos una semana en repararlo. Nadie los felicitó esta vez. Todos se dieron cuenta que algo había cambiado en la dinámica de ataque de los kaijú. Todos tenían rostros llenos de preocupación y tensión.
Duo y Heero bajaron en silencio y se escabulleron lejos del hangar, en dirección a sus habitaciones. Duo, que lo observaba desde atrás, no resistió más y lo acorraló contra una pared, con un brazo a cada lado de su cuerpo.
—De acuerdo —dijo con voz ronca—, ahora estamos en la misma situación.
Heero frunció el ceño.
—Pero hay un problema. ¿Sabes cuál es cierto?
Heero cerró los ojos y los apretó más al escucharlo.
—Tú me quieres tomar y yo a ti.
—Duo —masculló Heero. En su voz se escuchaba una advertencia.
—¿Te parece que el primero que toque al otro, ceda? —propuso Duo, riendo de golpe.
Heero ladeó el rostro y lo observó atentamente.
—Vas a perder, estás en tu límite —declaró.
—Deja que yo me preocupe de mis límites. ¿Tenemos un acuerdo?
Heero continuó mirándolo derecho a los ojos, como si estuviese midiendo qué tan en serio iba y asintió.
—De acuerdo —aceptó Duo y retrocedió—. Buenas noches.
Ya en su habitación, Duo se tiró la trenza como castigo.
—¿Por qué diablos le propuse eso? Tiene razón, estoy enloqueciendo, mientras que él aún no está ni cerca. Voy a perder.
Despotricó contra sus impulsos y su estúpido cerebro hasta que logró calmarse.
—No pienso perder —decidió.
Y pensaba cumplirlo, aunque le explotaran los huevos mientras resistía.
XIV
Duo se cubrió la cara con la almohada deseando ahogarse a sí mismo. Nuevamente había soñado con la lucha de imágenes de salvaje sexo que había visualizado en su última conexión con Heero. Se levantó tembloroso y se castigó con una ducha de agua helada, la que perdió todos sus efectos cuando se topó con el objeto de sus deseos al salir de su habitación. Al parecer, estaban tan sincronizados que ahora despertaban al mismo tiempo. No era casualidad que siempre abrieran la puerta con milésimas de segundos de diferencia.
Era criminal que cada día Heero pudiese parecerle más atractivo, por suerte, era tranquilizador saber que detrás de esa fachada de hielo había un hombre torturado igual que él. Duo había comenzado a envidiar el autocontrol que Heero tenía para expresar sus emociones, pero había descubierto que no era más que eso. Heero era descontrol en su cabeza, control por fuera. De su pensamiento a sus acciones, siempre lograba dominarse en el camino, algo de lo que él debería comenzar a contagiarse si no quería perder.
— Así funciona este sujeto —pensó, sonriéndole, feliz por ir comprendiéndolo cada día más—. Buenos días, Heero.
Heero lo saludó con un asentimiento, antes de comenzar a alejarse. Duo comenzó a seguirlo, camino al comedor para desayunar, pero a cada paso que daba, sentía como un imán lo llamaba a pegarse a ese cuerpo por detrás y embestirlo.
—No sería nada malo empotrarlo contra la pared —pensó Duo y para cuando se dio cuenta, estaba parado frente a Heero, cortándole el paso.
Heero en respuesta ladeó el rostro y le dio una mirada cuestionadora. Le vio retroceder en la medida que se acercaba. Puso los brazos contra la pared, a cada lado de su cara.
—Perderás —dijo Heero.
—Cállate y quédate quieto —masculló Duo, respirando con dificultad, se inclinó hacia adelante y por primera vez se fijó de cerca en los labios de Heero. Las ganas de salvar la distancia y meterle la lengua en la boca eran impresionantes—. Quédate muy quieto —repitió.
Heero por suerte obedeció y se quedó inmóvil, soportando su encendida mirada. De golpe, Duo saltó hacia atrás y quedó con la muralla contraria del pasillo pegada a la espalda.
—Tienes tres segundos para escapar —gruñó con voz gruesa.
Heero lo miró con burla y se alejó.
Duo no sabía si maldecir o bendecir su autocontrol y a punto estuvo de seguirlo de nueva cuenta.
Entonces la sirena comenzó a sonar. Estaban bajo ataque otra vez. Duo se dirigió con calma hacia el hangar. Sabía que no podría pelear, el Hurricane Force continuaba en reparaciones guiadas por Tendo y Heero. Él no había participado de los arreglos. Tener a Heero tan cerca, inclinado, reparando partes de la máquina, sospechaba que era más de lo que hubiese podido soportar.
Casi se estaba acostumbrando a estar caliente todo el día. A veces pensaba seriamente que su cerebro se iba a recalentar y colapsar.
—Gipsy Danger y Red Storm prepárense para el combate —ordenó el almirante, por el alta voz— Blue Typhoon prepárese para apoyar, de ser necesario.
—A los kaijú les encanta hacer que nos saltemos el desayuno —gruñó Hilde, parándose a su lado sin saludar.
—Odio saltarme el té de la mañana —agregó Quatre.
—Terminemos pronto con esto —intervino Trowa.
—Estoy de acuerdo —respondió Wufei.
Duo les sonrió a todos, escondiendo su impotencia por no poder luchar.
—Suerte a todos —deseó.
—Disfruta del espectáculo —respondió Hilde, quien esperó que los demás se alejaran para susurrarle al oído—. Deberías darte una ducha de agua fría, Heero te va a volver loco, parece que te va a explotar el pantalón.
Duo ni siquiera se avergonzó esta vez.
—Nada sirve —confesó.
Hilde se largó a reír.
—Atrápalo de una vez, eso te servirá.
Y sin decir más, se alejó corriendo. Duo suspiró profundamente.
No, por más seductora que fuese la idea de arriesgarse, no pretendía ceder. Quería a Heero de un modo exacto. No lo quería de ningún otro. No podía perder.
Continuará...
