Jokes of love

"Se odiaban a morir pero se amaban con locura, no entendían sus sentimientos pero les encantaban demostrarlos, no podían soportarse pero odiaban estar separados. Era amor, sí…Un neurótico y pesado amor."

Capitulo dos: The red mustache.

Matar.

Era lo único que pensaba en ese instante, su cacería sería la más dura, cruel y vil que hubiese existido. Tronó sus garras tan solo al imaginar la persecución, ni que decir cuando obtuviese su presa, la haría sufrir de la forma miserable recordándole quien era el depredador y quien la presa…

Oh sí, sufriría ese zorro de una manera que…

—¡Ay Sango eso duele!—recriminó el hibrido apartándose de la mujer que llevaba un paño húmedo en la mano. Por un instante olvido su rencor contra ese niño.

—¡Pareces un crío! Ya deja de moverte—dijo tajante aventando el trapo bruscamente—es inútil…Por qué…

—No.

—No he terminado—exclamó poniendo sus brazos en jarra—y no me alces la voz —su ceño fruncido compitió con el hibrido que tenía en frente.

—Se lo que dirás y no pienso hacerlo ¡No pienso disculparme!—sacudió la cabeza recordando a un niño quien hace una rabieta—además no necesito su ayuda.

—Oh, claro que si la necesitas, ella sabe de estas cosas y no quieres pasearte así todo el resto del día ¿Verdad?—un bufido fue su respuesta. La exterminadora pidió clemencia en ese momento ¿Cómo podía soportarlo Kagome? Era peor que Miroku cuando se ponía de roñoso—tienes que hacerlo Inuyasha o ¿acaso quieres estar así?—cruzó de brazos poniendo esa mirada de águila acusadora, el hombre solo infló las mejillas y no dijo nada más.

—¿Me veo muy patético?—miró a la mujer y está mordió su labio para luego darle un espejo.

Mierda.

Un bigote resaltaba de color rojo en su rostro, seguido de unos espirales en sus mejillas dando la forma de un rubor de mujer, además de poseer la ilustración de unas estrellas en su frente junto unas pestañas.

Se parecía al homosexual de Jakotsu o algo peor.

Apretó el espejo con fuerza y varios trozos salieron volando ¡Maldita sea la hora en que hizo esa siesta! ¡Maldito zorro! ¡Maldito día! ¡Maldito marcador rojo! ¿Acaso hay otra cosa peor?

—Oye Inuyasha…—Sango carraspeó un poco—creo que es permanente—

-.-.-.-.-.-.-.

Jodida mujer y sus cambios de humor.

Apenas hace unos días la había besado de la forma más voraz y pasional posible; y ahora no quería hablar con él. Vale, admitía haber metido la pata al decirle gorda ¡pero ni siquiera utilizó la palabra! Ahora que recordaba todo lo que había dicho era:

"Mujer si sigues comiendo así me dolerá la espalda al cargarte"

Lo siguiente que supo es que estaba en el suelo con una espalda casi rota, comiendo tierra y una Kagome que echaba humo por lar orejas... ¿Por qué las mujeres enloquecían por eso? Incluso Sango lo fulminó con la mirada; Su orgullo no ayudo en nada ni mucho menos pidió perdón, se fue y ella lo ignoró, al menos no se fue a su época como él pensaba.

Y ahora tenía que pedirle ayuda porque parecía un travestí con esa cara pintada. Pero con tal de quitar ese color rojo en su rostro y matar al zorro quien le hizo esto tenías que disculparse…

Que se jodiera entonces.

—Kagome…—susurró despacio observándola desde la rama, la chica estaba acostada en una de las raíces del árbol, su semblante era tranquilo casi hipnotizador; suspiró agradecido, al menos no tenía que lidiar con el humor neurótico de la chica—Kagome…—volvió a llamar pero estaba vez haciendo un leve silbido. Hizo una mueca cuando ella se removió, esa chica… ¿Por qué carajos no le hacía caso?—¡Maldita sea Kagome hazme caso!

—No me molestes.

Carajo.

Aún seguía molesta con él

Suspiró pesadamente mientras se levantaba de su escondite.

—¿Aún sigues molesta?—incluso para él sonó tan estúpido. La chica no se movió de su lugar.

—Déjame ya—por su parte la chica sólo bajo la cabeza— ¿o acaso quieres seguir insultándome más?

Oh, chantaje emocional…Siempre funciona.

—No lo hice adrede—dijo despacio cuidando sus palabras—y lo dije porque trajiste chocolates y no probé ni uno sólo—la chica se tensó—lo lamento—dijo despacio como arrastrando las palabras.

— Kagome solo se removió de su lugar y alzó la cabeza.

—¿Soy fea?

¿A qué mierda viene eso?

—¿Qué?

—Que si soy fea, dime Inuyasha—el platinado soltó un bufido de desesperación y medito unos segundos. Esa mujer lo estaba poniendo a prueba.

¿Por qué su mujer tenía que complicarle la vida?

Vale, si respondía que sí ella diría: "Lo dices porque te sientes culpable" y lo mandaría al suelo.

Y si no contestaba ella lo malinterpretaría y lo mandaría al suelo.

Así que optó por la respuesta más sabía…

— ¿Estás loca o qué? Kagome…

—¡Siéntate!—ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar el pobre, sólo se estrelló contra al suelo aun con la boca abierta—¡eres un insensible! Aparte de gorda ahora crees que soy una loca—insultó dándose media vuelta para marcharse.

Que alguien lo matara por favor.

—Yo no dije eso—levantó su rostro del suelo, sentía un escozor por su nariz y la movió adolorida—y ni me dejaste terminar—se cruzó de brazos olvidándose por completo de su estado.

—Oh, claro que dijiste que estaba loca.

—¡Feh! No entiendes nada mujer–vio el fuego en los ojos de la muchacha y se apresuró a decir: — lo dije por que no te das cuenta de lo hermosa que eres—movió las manos energéticamente diciéndolo atropelladamente—no quería decirte eso Kagome. Discúlpame.

Ella detuvo su andar dándose media vuelta para sonreír.

—Disculpa aceptada…—antes de que pudiera decir otra cosa soltó una risilla al ver el rostro del hibrido quien miraba hacia el suelo— ¿Pero qué te paso?—dijo mientras una mano se llevaba a su boca para disimular la sonrisa que tenía.

—Shippô me pintó la cara cuando estaba dormido… ¿Puedes quitarlo?—musitó despacio, ya cansado por las vergüenzas y las emociones del día—dice Sango que es de aceite—la chica se acercó a su rostro tocándole las mejillas mientras un brillo febril en sus ojos delataba.

Podían llamarle loco pero a pesar de lo ridículo que se sentía quiso besarla en ese momento.

La risilla de ella resonó en el lugar.

—Con un poco de alcohol se quitara—dijo tocándole la nariz, risueña— ¿sucede algo?—preguntó la chica al ver la expresión del hibrido.

—Yo…—resopló un momento, incomodo rascándose la cabeza—no querría ofenderte. Lo siento—ella lo abrazó y una sonrisa de maldad apareció en su rostro.

—Espero que hayas aprendido la lección.

¿Qué?

—¿Creíste que sólo me enojaría contigo por insultarme Inuyasha?

¿QUÉ?

La sonrisa de ella delataba su pecado… ¡Pero claro! Por eso la chica no se había ido a su época todavía.

—¡¿Qué hiciste qué?!

—Digamos que le di dulces a Shippô para hacerle una broma señor—dijo sonriente tocándole con un dedo su pecho—y espero que hayas aprendido la lección de jamás llamarme gorda.

—¡Kagome!

Antes de que pudiera decir otra cosa el pobre hibrido se estrelló nuevamente al suelo, apretó las manos con fuerza intentando levantarse para hacerle saber a la chica lo que había hecho, y como las pagarías. Pero cuando se reincorporó la vio corriendo soltando carcajadas y volviéndolo a sentar.

Inuyasha a pesar de estar bajo el suelo simplemente sonrió.

El que la hace la paga…

No mataría a un zorro, sino a una sacerdotisa y su venganza sería la más cruel y vil que pudo imaginarse.

Si quería guerra la chica, guerra tendría.

Nota: Por ahí vi que te gustaría que estos dos cabezotas se pusieran bromas entre sí y pues ya ves... Mi cerebro trabajo por mucho, ojala te guste mi embrollo Clarii; para saber más de mí te diré una pista: Me gusta mucho pablo Neruda.