Jokes of love
"Se odiaban a morir pero se amaban con locura, no entendían sus sentimientos pero les encantaban demostrarlos, no podían soportarse pero odiaban estar separados. Era amor, sí…Un neurótico y pesado amor."
Capitulo cuatro: height
¿Cómo dos personas podían amarse y odiarse a la misma intensidad? Era curioso como el ser humano tuviese esa capacidad de aferrarse hacia la persona querida…Estos dos eran un As para la situación. La contienda había transcurrido por días, la manera de hacerse la vida imposible era extraordinaria, las bromas subían cada vez de grado, al menos ninguna había salido hasta ahora…Bueno, a excepción de Inuyasha quien se quemó la lengua por ese ramen súper- extra picante, pero esa era otra historia…
Y hablando de Inuyasha…
—¡Eres un imbécil!
—Y ahí van de nuevo—suspiró la exterminadora mientras recogía las cosas del desayuno, la respuesta del monje fue un único asentimiento; estos dos se habían hecho la idea de alejarse lo más posible, claro, ver como dos amantes/enemigos peleaban a muerte por dios que sabe que cosa ya era costumbre. Tanto el monje como la exterminadora retrocedieron lentamente, lo más lejos posible, aprendieron la lección cuando Miroku de intermediario recibió un golpe en la cabeza por la culpa de una cacerola que iba dirigida hacía el hibrido.
La sacerdotisa miró a todos lados buscando el paradero de su mitad bestia, con los ojos llenos de furia se centró en un dichoso árbol cual grande como un edificio que de ahí sobresalía un punto rojo.
—¿Dónde está?—gritó la chica tan fuerte como podían sus pulmones, la respuesta del susodicho fue sacarle la lengua y dar otro salto para posarse en otra rama más alta—¿¡Dónde está mi mochila!?—gritó la mujer apretando sus puños.
—¡Feh! ¿La quieres ve por ella?–dijo el chico tajante mostrándole tras su espalda la bendita mochila que fue atorada en una rama lejos de la sacerdotisa— ¡A ver si la alcanzas Chaparra!
Esto había ido demasiado lejos, era un hecho que ya era una guerra muerte.
Inuyasha sufriría. Tal vez tarde pero sufriría era un hecho.
—¡DEVUÉLVEMELA!—Sango respingo ante el tono de su amiga, era como si su voz dulce y frágil fuera cambiada a la de un demonio. Inuyasha simplemente mostró una sonrisa socarrona.
—Te propongo un trato si dices: "lo siento por todo lo que te he hecho oh gran Inuyasha " te la daré.
Ni de joda.
Kagome simplemente sonrió para sus adentros. A veces el muy tonto perro se le olvida quien es el dueño.
—Oh gran Inuyasha… ¡Siéntate carajo!
Shippo arrugó el entrecejo al escuchar el fuerte sonido de la tierra, y Sango susurró un imbécil.
Inuyasha por su parte solo levantó el rostro y sonrió.
—Tonta.
Así, también había un asunto…Aquello…¿Cómo un jodido medio demonio podía ser tan sexy y malvado a la vez? Allí frente a sus ojos estaba la sonrisa más picara y sensual que jamás había visto. Kagome se ruborizó tratando de mantener su autocontrol al máximo, aunque siendo sinceros era un fiasco en ello, ni que decir que termino en su escritorio con él besándola vorazmente la última vez que intente mantener ese autocontrol…
¿Por qué carajos tenía que ser jodidamente sexy?
Pero no, Kagome Higurashi a pesar de tener las hormonas alborotadas cual quinceañera tenía un orgullo y no se dejaría ceder con facilidad.
—¿Qué dices?—preguntó la quinceañera, el hibrido solo señaló hacia arriba. La chica siguió con la mirada el ligar donde apuntaba el chico-perro y se congeló.
Ahí, abandonada y bella estaba su mochila, ondulante por la brisa del viento…hasta casi podía ver destellos en ella.
Hijo de su…No bajó la mochila con él.
—INUYASHA—gritó a más no poder la pobre chica quien sacudía al medio demonio sin parar—¡no bajhaste mi mochila! ¡Idiota!—pudo ver por el rabillo del ojo que sus amigos se alejaban lentamente, sabían que correría sangre.
Y no precisamente de un humano cualquiera.
—¡Feh! No es mi culpa que me hayas sentado gritona—contestó despreocupadamente soltándose del agarre de la muchacha y dio un salto para alejarse—te dije que la bajaría pero te pusiste de caprichosa.—se encogió de hombros — ves por ella si tanto la deseas, chaparra.
Kagome quiso sentarlo hasta mandarlo al centro de la tierra.
Dio una inhalación tan fuerte y se dio vuelta. Vale, según ella recordaba que subir arboles no era su más grande talento pero no se dejaría pisotear por ese perro mal educado y bocón.
Ah no, Kagome tenía un orgullo, tanto que si ese orgullo se pudiese comer tendría problemas de sobre peso. Así que con todo el valor (y la ira del mundo) subió al árbol. Pudo escuchar los bufidos de su enemigo y las exclamaciones de sus amigos.
Maldita sea no puedo subir fácilmente…Jodido musgo.
Mordió su labio inferior con fuerza al ver cerca su bella mochila.
Ya casi, ya casi…
Dio un suspiró de victoria al sujetarse de una rama pero esta estaba llena de musgo y resbaló
Mierda.
Fue lo único que pensó, no supo que sucedió después un silbido la aturdió seguido de un golpe en su cadera.
—¡Kagome!
Escuchó a lo lejos, parecía como si todo fuera lento y a la vez rápido. Un golpe en su brazo, seguido de un dolor quemante como agua caliente la alertó.
—¡No!
Un sonido más parecía que se distorsionaba no quiso prestar atención, el dolor quemante le traspasaba el brazo ¿Me lo habré fracturado? Un golpe más en su cabeza y luego…
Nada.
Nota: Sabía que un poco de tensión no le hace daño a nadie, muy bien Clarii espero que no me golpes con esto ;) adiós guapa, ya sabes a donde comentar.
