Capítulo 3: ¿Y si te hago ver la realidad?


¿Alguna vez han oído de un lobo que parece león enjaulado en un circo a merced de su amo?
¿Nunca?
Pues al parecer, cierto personaje sí.
Incluso parecía uno.

―O-oye Ayame, ¿Qué son esas ropas?

―Pues un kimono, ¿no ves?, me lo trajo Kagome de su país.

―¿Kagome?

―Sí, ella misma, ¿Me queda bonito, no? ―le preguntó, mientras sonreía, ladeando el rostro y alzando un pie, se veía realmente hermosa. Y tierna a la vez.

Kôga ya no estaba sentado en aquella roca, estaba tirado en la grama, como esa vez en la que ella lo ató con las sogas. Pero, no se podía mover. Aún sin sogas alrededor de su cuerpo. Rayos.

―¿Por qué no dices nada?

Ayame se acercaba peligrosamente hacia él. Y él, más rojo que un tomate, aún no se atrevía a mirarla directamente, sólo de reojo.

Se sentía atracción de circo. Libre en medio de un espectáculo, pero sin capacidad de marcharse.

―¡Te estoy hablando! ―retrocedió un poco ―No me ignores. ―finalizó, mientras hacía un puchero.

Está bien, el cerebro del ôkami finalmente reaccionó y volteó a mirarla, y ella, por su parte, le dedicó una sonrisa.

Un nuevo sonrojo invadió su rostro.
¿Pero qué coño? ¡Nunca se había ruborizado tanto en su vida!

―Dime… Ayame… ¿Cuándo piensas volver a tu ropa normal?

―¡Ay!, eso quiere decir que no te gustó, ¿verdad? ―hizo otro puchero ―eres malo.

Ya no lo soportó más. Esa chica lo iba a aturdir más de lo que ya estaba.
Se levantó decidido de su sitio en el suelo.
La miró a los ojos (cómo pudo) y respondió su interrogante.

―No es que no me haya gustado, pero no estoy acostumbrado a verte así, eso es todo.

Y sin más preocupaciones, encogió los hombros y se volvió a sentar, mirando a otro lado, impaciente por la posible respuesta que ella le diese.

―Entonces sí te gustó ―acotó mientras volvía a sonreír.

―¡No he dicho eso!

―Pero tampoco lo negaste.

Silencio incómodo.

Finalmente, el lobo se paró, y parecía que iba a marcharse. De hecho el remolino que lo acompañaba ya se estaba comenzando a formar. Pero unas manos femeninas en su hombro le detuvieron.

―Espera.

El aludido volteó.

―¿Qué quieres ahora?

―No me rendiré. ¡Te casarás conmigo!

―¿De nuevo con eso? Ya te dije que mi prometida es Kagome.

―¡Pero ella no te ama! ¡Entiéndelo de una vez!

Él, sorprendido de sobremanera, no supo cómo contestar a esa afirmación. Muy en el fondo de su corazón lo sabía. Pero, no lo quería aceptar.

―Disculpa ―le volvió a decir ella.

―No te disculpes.

La ojiverde sonrió.

―¡Nos veremos Koga!

―Sí. Adiós…

En ese momento ella se fue.
Y él se quedó mirándola.
No, no tenía a nadie más que le interesase, al menos no por el momento. ¿O tal vez sí?


Nota:
Sensual MiisaMiwa(?) he aquí otro de tus regalitos (:
¡Muchas gracias por leer y por el apoyo!
Un abrazote grandote.
Tu amiga secreta