Capítulo 5. El hombre araña

Hacía horas que había pasado el efecto de la droga que Moriarty le había inyectado antes de llevársela, pero Irene había seguido haciéndose la dormida para fingir debilidad. Estaba empezando a planear su huida y debía tener cuidado; si se daban cuenta de lo que estaba haciendo, todo sería mucho peor para ella y para Sherlock, si es que ya tenía alguna pista para encontrarla.

Desde la enorme cama adoselada, Irene observaba el lugar intentando reconocerlo: una habitación grande, fría, con paredes de piedra y una gruesa puerta de acero. No había muebles, excepto la cama, una mesita con un reloj y dos sillas; tampoco había ventanas, la única luz provenía de una lámpara que parecía de anticuario. Irene observaba todo en busca de cámaras (estaba segura de que las habría), puntos ciegos, vías de escape, trampas… pero no los encontraba; debían de estar muy bien escondidos porque Jim sabría que iba a intentar escapar; de hecho seguramente estaría esperando que lo intentase para hacer más divertido su juego, la conocía lo suficientemente bien como para saber que no le iba a dar la satisfacción de quedarse allí tumbada esperando a Sherlock.

Hacia la noche, la puerta volvió a abrirse y el eco de los pasos de Moriarty llenó la habitación. Irene estaba sentada en la cama quitándose algunas florecillas marchitas del pelo y ni si quiera levantó la vista para saludar a su captor y antiguo jefe, que le llevaba una bandeja con comida.

-Vaya, vaya… -dijo Moriarty- veo que mi princesa ya se ha despertado… ¡y sin un beso! –rió y le quitó a Irene un pétalo del pelo- ¿Deshojando las flores para saber si te quiere o no tu príncipe? Yo no me molestaría, si a estas alturas no ha venido es que no te quiere –hizo una mueca de fingida pena que Irene siguió sin mirar-. Yo me daría prisa, ¿sabes? Si no... te voy a comer -tarareó algo y volvió a reír-. El hombre-araña... así me llama tu caballero, ¿sabes?

-¿A qué has venido?-fueron las primeras palabras que salieron de la boca de Irene, que ahora tenía la vista fija en el bordado de las mangas de su vestido-. ¿Te aburres? ¿Quieres conversación? Hasta ahora no has dicho nada.

-No, princesa impertinente, solo vengo a darte las buenas noches y decirte que, cada minuto que pasa, la araña tiene más hambre y os va a comer, así que más os vale hacer algo interesante para que no se aburra y le entre más hambre –dicho esto, Moriarty se giró de nuevo hacia la puerta y dijo entre risas-. El hombre-araña siempre está hambriento*... cuánta razón...

Irene se quedó sola otra vez y volvió a tumbarse en la cama, a pesar de que no tenía mucho sueño, sin tocar la cena y pensando en la posibilidad de que Sherlock estuviese en circunstancias parecidas a las suyas.

*Referencia a la canción Lullaby de The Cure.