Capítulo 6. El triunfo del mal

Al salir de la cripta donde estaba encerrada Irene, Moriarty se dirigió a su habitación pensando en lo genial de su plan. Sherlock caería en la trampa, sin duda, y tras él caería Irene. No conseguiría el poder que ansiaba, pero era un pequeño paso para conseguirlo, quitándose de en medio al molesto detective y a su nueva amiguita, que sabía demasiadas cosas sobre él. Mientras tanto, Irene se aburría en su celda y se marchitaba como las florecitas de su pelo, buscando sin éxito una manera de salir, haciéndose la dura hasta el final, como le correspondía a la gran dominatrix que había sido en su día. Por una vez, el malo iba a ganar en el cuento.

Aun así, tras casi veinticuatro horas, empezaba a aburrirse; necesitaba acción, humillar a Sherlock, picarlo para que siguiese con su búsqueda cada vez más furioso… pero ¿qué podía hacer? Las ideas se agolpaban en su cabeza una tras otra, cada cual mejor que la anterior, hasta que llegó la definitiva.