Capítulo 7. Sonatina

Era tarde, ya de madrugada, cuando Sherlock entró en su casa y cayó agotado sobre la cama. Sin embargo, no se durmió, sino que siguió repasando su plan para encontrar a Irene. Había pasado todo el día recorriendo la ciudad en busca de lugares donde pudiese estar escondido Moriarty, o donde pudiese tener encerrada a Irene (edificios y locales que, de alguna forma, se recordasen a castillos, cuevas, lugares de cuento… locales cuyos nombres hiciesen referencia a las mismas cosas o pudiesen tener relación, librerías y hasta alguna tienda de magia); investigó la mayoría de los que le habían parecido posibles escondites mientras que otros, por diferentes razones, los había dejado para investigarlos al día siguiente, ya que no tenía otras pistas.

Aquello cada vez era más frustrante para Sherlock; no podía creer que aquello fuese lo único que tenía, todo lo que podía hacer era recorrer otra vez la casa entera para asegurarse de que no había nada extraño. Tres horas después, Sherlock cayó de nuevo en la cama, más agotado y frustrado que antes, pues lo único que había echado en falta en toda la casa era la bata de Irene, que él mismo le había quitado la noche anterior. Recordó que, al caer la bata, había sonado algo dentro; aquella tarde habían llamado a Irene de su nuevo trabajo y luego se había metido el móvil en el bolsillo y se le había quedado allí. Seguramente Moriarty había cogido la bata para vestir a Irene y se había guardado el teléfono, por lo que de nada le serviría a Sherlock intentar hablar con ella.

El detective estaba ya muy cansado y la preocupación por Irene solo lo hacía sentirse peor. Medio dormido, recordó la noche anterior, cuando estaban en aquella misma cama uno en brazos del otro sin pensar por un solo segundo que apenas unas horas después los iban a separar por quién sabía cuánto tiempo (Sherlock intentaba evitar el "para siempre" que amenazaba con instalarse en su mente).Finalmente, Sherlock se quedó dormido, pero apenas unos minutos después notó la vibración del teléfono en el bolsillo del pantalón, que aún no se había quitado. Lo cogió con desgana, aún adormilado, pero se despertó de golpe al mirar la pantalla: era un mensaje de Irene. El detective abrió el mensaje y se encontró con unas palabras en español: La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?

Sherlock no sabía mucho español, pero entendió la palabra "princesa", por lo que imaginó que el mensaje era de Moriarty desde el móvil de Irene, ¿por qué iba ella a enviarle un mensaje llamándose a sí misma así?. De repente, toda su somnolencia desapareció, recibir lo que parecía una nueva pista lo había animado a seguir, pero era una noticia agridulce, como pudo ver al buscar la traducción en su ordenador. ¿Le había pasado algo a Irene? ¿O era un aviso? ¿Y por qué en español? Aquello tenía que significar algo. Volvió a escribir la frase en el buscador y lo encontró: eran los primeros versos de la Sonatina, de Rubén Darío, un poeta nicaragüense de principios del siglo XX. Sherlock leyó la biografía del poeta, para asegurarse de que no se dejaba nada que pudiese tener relación con el secuestro de Irene, pero no, al parecer todo lo que hubiese querido decirle Moriarty estaba en el largo poema que comenzaba con aquel verso.