DESDE EL PRINCIPIO
Capitulo 2
Agosto 2010 - Lima, Ohio
"Desde mi niñez siempre supe que era diferente. No me malentiendan, no es que tenga superpoderes o una mente privilegiada y a los 4 años pudiera hackear el FBI. Bueno, quizás si hubiera potenciado mi entrenamiento mental lo habría hecho… ok no, pero supongo que al menos soy la mente más brillante de mi clase. El punto que es hasta este momento me siento distinta a los demás, no encajo con las personas que me rodean y obviamente me admiran. Supongo que solo San me entiende y Britt – Britt. Me gustaría vivir esa conexión que tienen ellas. Supongo que alguien llegara y podre disfrutar lo mismo. Quizás supongo demasiado."
Cierra rápidamente la tapa del pequeño libro que atesora entre sus manos y que jamás nadie lee, ni puede ni podrá siquiera soñar con leer. Regalo de su querido abuelo, al cual poco o nada visita debido a la lejanía del mismo. Cambiar de hogar hace un año fue lo mejor, se repetía siempre como mantra sagrado esa oración y en realidad veía sus aspectos positivos: cambiar, según ella, el horrible físico que llevaba cargando desde que tenía memoria, olvidar los peores años de su vida, las burlas, los desprecios y cambiarlos por la popularidad que posee la capitana de las porristas, la imponente rubia de ojos verdes, la Reina de Hielo, la joven más deseada y sexy del maldito instituto. ¿Aspectos negativos? ¡Claro que los había! Estar lejos de su ya mencionado y apreciado abuelo ha sido una de las cosas más difíciles de superar, un alivio fue que Santana se mudara con ella, amigas por siempre, frase que debía y debe cumplirse al pie de la letra. El no poder demostrar lo que en realidad es, lo que siente, lo que piensa, lo que sueña, lo que vive… otro ladrillo que se suma a su pared de lo negativo. El ser una especie de dura roca de hielo sin sentimientos ocultando la dulzura y cariño que predominan en su interior. Y, por sobretodo, el maltratar a una pequeña, Rachel Berry de 16 años.
Santana siempre dice que lo que ella hacía es como deben ser las cosas y todos los días trataba de auto convencerse de lo mismo, pero hace unos meses atrás descubrió que no quería hacer las cosas como debían ser, más bien, que no le importaba. Quizás el hecho de que sus padres por fin se separaran le había ayudado a madurar o quizás esa niña dulce que llevaba en el interior se aburrió de estar encerrada entre las paredes su alma o quizás fueron las lagrimas de Rachel ese día cuando, después de "un paseo por el barrio", terminara sentada en el parque al cual solía ir y viera a la morena atravesar el mismo a toda velocidad tropezando y cayendo de bruces al suelo. Al principio dudo en correr en su ayuda, aunque cuando pudo mentalmente tomar el valor para ir hacia ella, físicamente ya se encontraba levantándola.
-Demonios Berry!, ¿estas bien?, ¿te duele algo?, ¿por qué venías así?, ¡ten más cuidado! – las palabras salían a borbotones de su boca con un exagerado tono de preocupación sin poder ser controladas. Una sorprendida Rachel yacía sentada en una banca cercana al accidente mientras Quinn rebuscaba en su bolso un pañuelo de papel para poder retirar un poco de suciedad de la rodilla de la morena.
-Quinn… -sollozó Rachel- no... no es nece-cesario que me ayu-yudes – trataba rápidamente de secar sus mejillas inundadas en lagrimas.
-¿¡Como rayos no va a ser necesario si estas cubierta de polvo además de el hecho de que estés llorando como la mismísima Maria Magdalena!? – Rachel trataba de evitar el contacto con la porrista. Extrañamente llegaba esta versión piadosa de Quinn que se preocupaba en extremo por ella y de cierta forma le asustaba… mucho, no solo el conocer este lado de Quinn sino que le agradara en demasía la actitud de la rubia – ¿Qué Berry? ¡No me mires así! – silencio fue lo que recibió – ¡ok!, lo haremos de la forma corta, lo lamento ¿ok? ¡Mucho!... yo… yo lamento todo lo que te he hecho pasar, sinceramente lo estoy diciendo, necesito… necesito que… me perdones… en serio lo necesito… - Jamás en sus cortos años había visto tanta honestidad como en esos momentos los ojos de Quinn reflejaban y por otra parte, la rubia no se había sentido tan liberada como en ese momento lo estaba.
- mmmm… ¿no es broma cierto? – un movimiento negativo por parte de Quinn fue lo que vio- en ese caso… mmm ok, bueno… este… me tengo que ir- trato de incorporarse pero al parecer el golpe fue más fuerte de lo que pensó ya que cayó nuevamente en la silla.
-¿Qué paso?- pudo notar la mueca de dolor en la expresión de Rachel al intentar ponerse de pie
-Aun me duele, creo que me torcí el tobillo o algo… no sé bien… el médico experto es mi papi
-¿Ósea no puedes caminar?... – trataba rápidamente en buscar una solución, ya estaba oscureciendo y la casa de Rachel se encontraba muy lejos como para camina con ella a cuestas, mas aun si recuerda que no andaba con su auto ya que este estaba en reparación en el taller de Burt- Ok… mmm sube a mi espalda Berry, nos vamos a mi casa.
-¿A tu… tu… tu qué?
-A mi casa Berry, mi casa. No puedes caminar así y por cómo te vi corriendo no debiste traer tu auto, yo tampoco el mío, tu casa esta muy lejos, ya esta oscureciendo, la mía queda más cerca nos vamos para allá y deja de mirarme así – volvió a pedir al darse cuenta nuevamente la forma en que la miraba.
-No, no, ya te dije que no tienes que preocuparte… mi casa no esta muy lejos y… ¡QUINN BAJAME! – La atlética rubia se había hincado para subir a Rachel a su espalda y comenzar a caminar – ¡QUE ME BAJES AHORA!
-¡Dios como alguien tan pequeño puede gritar de esa forma! – La situación le divertía, demasiado diría ella- Escúchame bien Berry, ya te dije mi plan y como sabes lo que yo digo se hace por lo que te quedas bien calladita hasta que lleguemos a MI casa, pasas la noche ahí y mañana te llevo a la tuya, no querrás explicar porque estabas llorando ni mucho menos que por culpa de eso te caíste y te diste un golpe muy fuerte… ¡y deja de murmurar entre dientes! – Una aniñada Rachel no pudo hacer más que dejarse llevar por la rubia que la transportaba a la mansión Fabray.
-"Siempre se hace lo que yo digo" - murmuro imitando, de forma muy vulgar, el tono de Quinn.
-¡Te escuche! – y lo último que percibió fue la ligera sonrisa de Rachel…
Al llegar a casa todo esta en silencio y oscuro, supuso que su madre otra vez andaría en esos típicos viajes de negocios y es que desde su separación con Russell ella debía tomar las riendas de la casa con respecto a los gastos de esta, aunque la pensión que recibía del mismo no era baja, prefería mantener su mente ocupada en cosas provechosas como su realización laboral saliendo así de su rutina de ama de casa perfecta. Sus suposiciones fueron acertadas al llegar a la cocina y encontrar un papel pegado a la nevera en donde le especificaba que su regreso seria al subsiguiente día por la tarde, justo para la cena, despidiéndose con unas gratas palabras de cariño a hacia su hija. La relación con ella había tenido un enorme avance llegando por fin a ser más que madre e hija, llegando a ser amigas que convivían en el mismo hogar.
-La comida en el horno, te quiere muuuuucho, mama…
-¿te quiere mucho verdad? – (bien Rachel, lo acaba de leer y se vuelves a preguntar, ¿quieres quedar como estúpida? ¡Bien hecho!...) - se aplaudía mentalmente.
-La relación con mi madre ha madurado demasiado y en realidad es una de las cosas que más agradezco, además ¿no oíste? no me quiere mucho… me quiere muuuuucho – termina de hablar con una de esas sonrisas que destruyen el mundo.
Rio ante la respuesta de la animadora, le gustaba esta Quinn y quería ser su amiga.
-Me tendrás que disculpar pero en esta casa somos carnívoros por lo que no se realmente que ofrecerte – le dijo un poco apenada
-No te preocupes, con todo el drama de antes se me quito el apetito
-De eso nada, tienes que comer algo, además, te diré un secreto - se acerco lo mas que pudo a Rachel que esta sentada en una silla cerca de una pequeña mesa que se encontraba en medio de la elegante cocina – la gastronomía no es uno de los atributos más destacados de mi madre por lo que siempre cocino yo, pero estoy muy cansada de cargar a cierta persona en mi espalda casi cuatro calles, ¿te parece si pedimos una pizza?, tu eliges el sabor – le dijo casi susurrando
No supo porque, pero el tenerla tan cerca creó un corto circuito en su cerebro, el olor que emanaba del cuerpo de Quinn le provoco un shock, era dulce pero suave y acido a la vez, la respiración de la rubia en su oído susurrando algo a lo que poco o nada le puso atención, mil emociones invadían su morocho cuerpo y lo único que atino a decir fue:
-Vegetariana por favor… - tuvo que contener el suspiro dentro suyo para que la rubia no lo notara.
La rubia tampoco estuvo ajena a las reacciones posteriores al acercamiento, jamás supo porque tuvo que acercarse, estaban solas ¿Quién mas podría oír el supuesto secreto?
Luego de cenar y olvidar lo que hace rato había ocurrido, comenzaron a charlar en la habitación de la rubia, donde Rachel dormiría esa noche, como si fueran amigas de toda la vida, hablaron de todo y nada, Quinn nuevamente se disculpo por su comportamiento prometiendo no volver a las mismas andadas y Rachel le propuso también nuevamente el ser amigas a lo que la rubia no pudo decir que no.
Entre charla y charla llegaron al punto del drama, el porqué del llanto de la morena. Finn Hudson.
El muy idiota termino con ella por 31674968744 vez solo porque el niño mimado de la escuela se sentía otra vez desprotegido al no tener su popularidad, factor que anteriormente a ella le habría importado, factor que hoy la tiene sin ningún cuidado ni a ella ni a sus amigas. La rubia ya no sentía interés alguno por el gigante, se sentía cómoda con su libertad, cómoda consigo misma, y ahora, cómoda con la diva que recostada a su lado en la cama, poco a poco fue cediendo al cansancio hasta quedarse profundamente dormida y aferrada al cuerpo de Quinn como si en cualquier momento esta fuera a escabullirse, cosa que trato hacer pero que no pudo. Rachel al contarle lo ocurrido no pudo evitar volver a derramar lagrimas por Finn que según la rubia no valía la pena se durmió aun con los ojos dejando caer esas gotas saladas y Quinn pacientemente quitándolas con sus dedos.
Era martes, y allí al lado de aquella estrella de Broadway se sumió en el sueño más profundo que recuerda haber disfrutado, de esos que cuando era pequeña solía disfrutar protegida entre los brazos de su abuelo y los arrullos del mismo. Fue la primera noche que durmió a su lado. Era madrugada cuando por fin cayó en ese estado ¿lo bueno? Estaban de vacaciones.
Al día siguiente la llevo a su casa, su auto estaba aun el taller de Burt y debía recogerlo el jueves por lo que tuvo que usar el mismo mecanismo que el día anterior: llevarla en su espalda. La pequeña diva le repetía cada tres pasos la misma pregunta.
-¿Como lo haces para cargarme tanto tiempo caminando y sin cansarte?
-Cheerios Rachel Cheerios…
-¿Tan bien las entrenan? No lo creo
-¡Si vieras como tengo mi pobre abdomen lo creerías!
No entendió a que se refería Quinn con ese comentario sin embargo no le prestó mucha atención pues ya llegaban a destino. Se presento con los padres de esta, llevándose la grata sorpresa de que la morena jamás comento nada de lo negativo que ella misma le había hecho. Ese día se quedo a almorzar, aunque no fue el único.
-QUINN! QUINN!
-¿QUE MAMA? ¡NO ME GRITES! – sorprendida por el volumen de voz con el que su madre se dirigía hacia ella
-Estoy hablándote hace mucho rato… otra vez te quedaste en el limbo – su madre sonreía aunque a ella no me le hacía mucha gracia- duérmete ya, mañana hay escuela y prometiste ir por Rachel, ella me agrada – termino de hablar con otra sonrisa y se fue de la recamara de su hija.
Aun con el libro entre sus manos, recordó lo que hace minutos estaba haciendo. Decidió hacerle caso a su madre, ya era tarde y debía ir por Rachel a la mañana siguiente además del hecho de que los entrenamientos empezaban tan pronto como la escuela lo hacía expresa orden de Sue Silvester.
Lo abrió nuevamente llendo a la última página escrita. Tomo el lápiz.
"O quizás ya no deba seguir suponiendo, porque ya la encontré y estuvo conmigo desde el principio"
