Hola! Me presento, soy la chiquilla que escribe esta loca historia, un poco basado en la mía propia. Disculpen la demora en la actualización pero a veces me deprimo sola, si existe alguna incongruencia con la redacción u ortografía por favor háganlo saber. Esta es la primera vez que escribo un pequeño mensaje para ustedes, mis querid s lector s aunque dudo mucho que sean demasiados. Solo pido dejen un review, me motiva saber que alguien lee mi pequeña locura. La verdad jamas pensé que alguien lo hiciera xD Soy una simple primeriza que espera sus opiniones. Prometo actualizar mas seguido. LOOOOO JURO! Saludos a todos desde Chile.

ETTOILE'S COFFEE

Capítulo 4

Es extraño y a la vez divertido pensar en cómo encontraron esa cafetería. Ambas creen que ese pequeño pero acogedor lugar fue uno de los plus que tuvieron, una ayudita más, un empujoncito para que pudieran por fin, por parte de Quinn, admitir y aceptar la amistad de Rachel, y por parte de la morena, comenzar a disfrutar de esa relación que hace tiempo deseaba.

Obviamente este encuentro primero fue antecedido por una discusión que con frecuencia las dos suelen recordar por separado no sin, después de ello, acabar con una sonrisa estúpida en los labios.

-¿Y solo te vas a ir? ¡Obvio! Es lo que mejor sabes hacer… huir. ¿Porque no te quedas y mejor afrontas las cosas? COBARDE – Una sulfurada Rachel perseguía entre la multitud a la chica de cabellera rubia que parecía correr lo más lejos posible de su "casi amiga" como decidió denominar a la morena puesto que según su punto de vista aun debían suceder algunas cosas más para merecer el título.

-¿Cómo me llamaste?... –De repente Quinn se frena y queda estancada en el piso mientras lentamente se da vuelta para encarar a la pequeña cantante.

-Pues eso…- La joven Berry siente como se forma un nudo en su garganta pero aun así toce un poco para poder aclarar su voz y darle un poco de seguridad al decir o, más bien, susurrar: – Cobarde…

Así como se dio vuelta, comienza a caminar en dirección hacia Rachel, clavando sus verdes ojos, ahora de un color más oscuro como suelen ponerse cuando está furiosa, en los de la pequeña morocha que siente como ligeramente le empiezan a temblar las piernas al ver aproximarse la otra chica a ella.

-Repítelo… - susurra con sequedad muy cerca de su rostro no quitando en ningún momento su mirada de los brillantes y grandes ojos de Rachel.

-¿Lo siento?... – una adorable sonrisa aparece en sus labios y eso es todo. La rubia jamás se ha podido resistir a esa sonrisa y la cara que Rachel en esos momentos pone para ella, ni siquiera cuando le hacia la vida imposible y fingía odiarla – No fue mi intención llamarte de esa forma… me desespere demasiado, perdí el control y, bueno, tu sabes lo que pasa cuando eso sucede. Digo cosas que no siento ni pienso en realidad… aunque tú tampoco ayudaste mucho a calmar mis nervios.

-¿Y además de todo tengo la culpa yo? Ppfff!… - Quinn pasa la mano por su largo cabello rubio tratando de liberar un poco la tensión en su cuerpo mientras se aleja dando un paso atrás para mantener las distancias con Rachel.

-¡Me dejaste ahí! Tirada… ¡A MI!, mientras conversabas con no sé qué tipa, porrista de cuarta... – le reclama completamente ofuscada.

-Yo soy porrista Rachel… - Le recuerda sutilmente.

-Sabes perfectamente que no me refiero a eso, Quinn -Le apunta con el dedo como si de esa forma fuera a entender inmediatamente lo que quiere decir- ibas a estar conmigo, pasar tiempo de calidad con la futura estrella de Broadway en frente de ti, yo, ¡si yo! Almorzar juntas y luego ir a clases juntas para terminar la tarde en casa, ¡pero no! Preferiste quedarte con esa estúpida que no hacia otra cosa más que mirarte como un pedazo de carne mientras yo me quedaba sola y desamparada comiendo a solas con la esperanza de que aparecieras por esa puerta y dijeras: "Ey Rachel, ya me deshice de la zorra que quiere llevarme a su cama, no la tomes en cuenta, prefiero pasar el tiempo contigo."… pero no, nunca llegaste y eso… - Hubiera continuado pero la blanca y suave mano de la chica la calló en un instante.

-¡Un poco de paciencia Dios! –Mira al cielo clamando ayuda –escúchame bien porque es la única vez que lo diré, ¿bien? -la morena asintió con su cabeza ya que era lo único que podía hacer –ok, yo quería pasar la tarde contigo desde el almuerzo hasta, bueno, todo el plan que dijiste, ¡fue mi idea! Pero Clarise, si… ese es el nombre de "la zorra", me pidió hablar un momento de unos pasos que Sue y Brittany prepararon para la nueva coreografía y, como Britt está enferma y San la está cuidando, ella era la siguiente en la lista para avisarme. Luego de eso, y no se en realidad como sabes eso, a veces das miedo, intentó… bueno… seducirme, de hecho me invito a almorzar y luego, después de clases, salir e ir a su casa a "pasar un tiempo de calidad solas"– susurró esto último con las mejillas sonrojadas mientras notaba como Rachel fruncía el ceño aun con su mano en la boca de esta –le dije que no podía puesto que ya tenía otros planes. Cuando volví a buscarte donde te había dejado la última vez, ya no estabas, te busque por todos lados e incluso pregunte a personas a las que jamás en mi vida había visto en la escuela, pero al parecer la enana se escondió muy bien porque nadie la vio pasar. Cuando fui a clases de Matemáticas me encontré con la sorpresa de que estabas indignada por algo que, como siempre, creaste en tu mente por lo que me ignoraste toda la clase y cuando esta terminó llegué hasta esta calle mientras venias detrás mío gritando y haciendo un escándalo como si te hubiese engañado o algo parecido mientras yo intentaba por todos los medios escapar para no sacar mi Scary Quinn y darte con toda la furia Fabray acumulada. Por suerte tienes esa capacidad de poner cara de perrito vagabundo de lo contrario otras cosas hubieran pasado. Ahora voy a quitar lentamente mi mano de tu rostro y espero no escuchar absolutamente nada… bueno, al menos nada que sean gritos, reproches o cosas parecidas, ¿ok? –Rachel nuevamente asintió con la cabeza mientras Quinn hacia exactamente lo que antes había indicado.

-Lo siento… - volvió a decir esta vez en un susurro –no sé lo que me paso… yo, creo que me emociona mucho el hecho de empezar una amistad contigo, y tengo miedo que cambies de opinión o que esto sea un juego… o que te hagan cambiar de opinión… no sé... ni siquiera somos amigas aún pero tú no sabes lo importante que eres para mí… –la voz comenzó a flaquearle y de sus ojos de repente empezaron a salir pequeñas lágrimas.

La imagen de una pequeña y expuesta Rachel fue suficiente para que a la rubia se le encogiera el corazón. Rápidamente se acercó a la cantante rodeándola con sus brazos tratando de transmitir aunque sea un poco de seguridad mientras Rachel sollozaba en su hombro aferrándose a su cintura. Estuvieron quien sabe cuánto tiempo en esa posición, juntas en medio de la ya solitaria acera, dejando pasar los minutos sin ningún tipo de preocupación por ellos.

Estar la una junta a la otra era encajar perfectamente dos piezas convirtiéndolas en un todo y eso es justamente lo que sintió Quinn… encontró en ese momento la pieza perdida de su puzzle. Su lugar favorito en el mundo. Donde pertenecía. Donde quería por siempre estar.

-Rachel… Yo también quiero estar contigo, ser tu amiga… pero eso no va a pasar hasta que tú comiences a confiar en mí, sé que tienes miedo y estás insegura pero desde que te pedí perdón, no he vuelto a hacer algo en contra de ti. Tienes que creerme Rach, de verdad necesito que me perdones… yo…

-Me dijiste Rach… Me gusta –la morena miro atentamente a Quinn mientras esta limpiaba las lágrimas que de a poco comenzaron a desaparecer de su rostro – Yo te creo, en serio… has sido sincera conmigo pero… Finn… el no confía en ti, dice que me vas a dañar y es mi novio… debería hacerle caso pero no quiero, quiero conocerte, quiero pasar la tardes de compras, quiero ver películas contigo mientras te duermes y yo te pinto la cara para que cuando despiertes te enojes y me persigas por toda la casa, quiero todo eso, Q. Quiero ser alguien importante para ti…

-Aunque no lo creas, enana, lo eres desde hace mucho y es por eso que todo lo que tu dijiste yo también lo quiero, ahora, ¿qué te parece si, después de todo este show que montamos en medio de la calle, nos vamos a comer algo por ahí? Después de todo, yo aún no como nada y estar parada aquí con el uniforme de porrista de cuarta y zorra, me da un poco de frio… -termino de hablar con una sonrisa en su rostro.

-Sabes que no lo dije por ti – la mira con los ojos entrecerrados con un enojo mal simulado – simplemente no me agrada esta tal Clarise, no es alguien en quien se pueda confiar y se nota a leguas que tú le gustas… no quiero que me quite a mi casi amiga.

-Eres una enana celosa y enojona –Quinn no aguanta y suelta una carcajada que hace rato tenia retenida en su garganta – y para tu información debo decir que ella es solo una compañera para mí, nada más.

-Bueno y lógicamente no te fijarías jamás en una mujer, ósea, ¡eres Quinn Fabray!... de solo pensar en el escándalo que arme por nada me avergüenzo – La rubia emitió una sonrisa nerviosa a causa de lo dicho por Rachel.

-Ok, dejemos ese tema atrás… tengo frio Rach! Necesito un café o algo así, ¡AHORA! – Rachel soltó una carcajada al ver el berrinche que provocaba Quinn, tierna y ridícula: dos palabras que describían su actitud.

Seguía riendo hasta que, de la nada, observa su alrededor y se da cuenta de que, en realidad, estaban muy lejos del instituto… en una calle que ella desconocía y por la cual jamás había pasado, algo casi imposible debido a que Lima era no más que un pequeño pueblo.

-Yo tampoco conozco la calle, no me mires así… supongo que tendremos que recorrer – dijo Quinn segura de sí misma y es que a ella le encantaba explorar, indagar, investigar y mucho verbos más que terminaban en "ar".

Estuvieron caminando un rato por la acera hasta que la misma rubia observo un pequeño local, una cafetería que más bien parecía estar escondida, pero esto no quería decir que el lugar fuera horrendo sino todo lo contrario.

El lugar era acogedor, un equilibrio perfecto entre lo bohemio y lo modernista, cómodo pero elegante. Pese a ser un lugar escondido estaba bien iluminado al menos la primera parte, cosa que agradó de inmediato Rachel. Al entrar pudieron observar que el lugar estaba, por así decirlo, divido en dos partes: el espacio delantero iluminado gracias a los ventanales que rodeaban la puerta de entrada con lámparas colgando del techo en formas de gota de luces blanquecinas aunque estas solo servían de noche, mientras que la parte trasera representaba un lugar más íntimo y privado, alumbrado solo con lámparas de pie y mesa con diferentes formas exóticas de luces amarillentas. En las paredes se encontraban varios libreros en donde cientos de libros se dejaban ver. En medio de la cafetería por la barra en forma cuadrada que permitía atender las dos partes de la cafetería a la vez permitiendo la comodidad de los trabajadores y meseros. Todo el rededor del lugar estaba internamente adornado con sillones que se acoplaban cómodamente a las paredes, recubiertos con cojines de diferente tamaños y diseños.

Era como si el dueño las conociera y hubiera hecho esa cafetería fusionando las personalidades de ambas chicas.

-Ettoile's Coffee… raro nombre –musito Quinn

-Étoile significa…

-Estrella – la rubia interrumpe la explicación de la mesera frente a ella. Una chica pelirroja de unos ojos azules profundos en los que le fue demasiado fácil perderse.

-Exacto – y perderse en su sonrisa fue más fácil aun – veo que sabes francés.

-Bueno solo un poco la verdad, en la escuela nos enseñan y en realidad me gusta.

-A mí también aunque debo decir que mi ortografía es muy mala compartieron una pequeña carcajada, haciendo incomodar a Rachel que hasta el momento se vio desplazada de la conversación por lo que tosió un poco tratando de hacerse notar.

-No entiendo que tiene que ver su problema de ortografía francesa con todo este asunto, señorita.

-Oh! Disculpe, bueno la verdad es que la palabra debe ser escrita con una T y al momento de crear el cartel y además patentar el nombre lo escribí mal de forma que quedo de la manera en la que ahora está… papa me regaño demasiado por eso – terminó de explicar la mesera con una divertida sonrisa provocando lo mismo en Quinn y Rachel – Bueno yo solo venía a entregarles la carta y a decirles que esta tarde su mesera seré yo, sean buenas es mi primer día, mi nombre es Samantha

-No te preocupes, mi nombre es Quinn Fabray y mi amiga es Rachel Berry, déjanos la carta y luego te avisamos ¿de acuerdo?

-Ok, Quinn Fabray – le guiña un ojo divertida – para ser tan joven eres muy cortes y educada – el alago causa de inmediato el sonrojo del rostro de la rubia – estaré atenta a sus solicitudes.

Luego de eso se retira de la mesa de las chicas dejando a una ruborizada Quinn que trataba de cualquier forma evitar la mirada de una confundida Rachel.

Desde ese día, cayeron en el encanto que proporcionaba la cafetería convirtiéndola en su preferida.

-¿Crees que Sam este aquí hoy? – Rachel rompió el silencio, desde que subieron al auto de Quinn ninguna había hablado y eso la incomodaba.

-Quizás, no lo sé, la verdad es que por lo que me conto la otra vez, tiene problemas con los horarios de la escuela en la que va y la cafetería. Me dijo que si siguen las cosas como hasta ahora tendrá que dejar el trabajo y su padre tendrá que contratar más personal.

Con el tiempo se fueron acercando más a la mesera descubriendo así la personalidad de esta, sus gustos y un poco de su vida. Su padre quiso invertir en la cafetería, un sueño frustrado de su infancia y adolescencia que no pudo cumplir debido al nacimiento de la misma Sam, sueño tuvo que ser pospuesto hasta este momento, después de la separación con su esposa de juventud y cuando su hija ya cursaba la secundaria. Sam ayudaba a su padre con el negocio familiar y lo hacía de mil amores ya que ser mesera le proporcionaba una ventaja única: conocer personas. Y es que le fascinaba conocer personas, saber de qué gustaban, saber que hacían, de que vivían, cuáles eran sus problemas, temores, alegrías, hobbies, etc. Es por eso que con facilidad conseguía hacerse cercana a la personas sobre todo con las más tímidas y cerradas, como Quinn se mostraba cada vez que se topaban, aunque con el tiempo lograron ganar más confianza haciendo que los nervios iniciales fueran reemplazados por risas divertidas y serenas conversaciones.

Sam tenía gustos parecidos a los de Quinn sobretodo en música y películas, era una persona tierna y sencilla, con la capacidad de ver bondad hasta en la persona más despiadada del mundo. A veces insegura aunque no tenía porque, ya que como alguna que otra vez se le escapó a Q, no tenía nada que envidiar a las diosas del Olimpo. Amaba los atardeceres y andar descalza por la arena de la playa, más aun en invierno.

Con Rachel no tenía tanta confianza pese a que no se llevaban mal, había veces en que la morena sentía celos de la relación que tenía la pelirroja con Quinn y de cómo congeniaron tan rápido pese al poco tiempo que había pasado desde que se conocieron, apenas tres meses.

-Quisiera un cappuccino y un café Mocha con una porción de donas por favor – Dice Quinn sin prestarle mucha atención a la mesera de turno, otra chica con un cabello negro azabache largo y liso con unos ojos celeste intenso casi tan hermosos como los de Britt aunque no tan inocentes, Kim dice su gafete –Disculpa la pregunta pero no puedo evitar formularla, ¿De casualidad sabes si Sam viene hoy?

-Tengo entendido que debía hacer algunos trámites con respecto su escuela, creo que cambiara de secundaria, tu sabes, por todo el tema de los horarios y esas cosas – la camarera habla más rápido de lo normal y es que la rubia la pone realmente nerviosa – si necesitas algo mas no dudes en llamar, ¿vale?

-Sí, muchas gracias Kim, ha sido un placer verte.

-Veo que ya hasta sabes leer mi mente – dice Rachel aunque lejos de molestarle la acción le causa ternura.

-Lo siento mucho Rach, ¿q-quieres que cambiemos la orden? Creo que aún estoy a tiempo de llamar a Kim y decirle que lo cancele por lo que tú desees.

-N-No Q – una carcajada se escapa de su boca al ver la reacción de la rubia – la verdad es que es justo lo que quería, siempre le atinas, y Kim tiene razón… a veces eres demasiado educada, sobre todo cuando te pones nerviosa y hablas como caballero inglés – otra carcajada esta vez de parte de las dos se vuelve a escuchar – y bien… - habla después del silencio que se ha creado luego de sus risas – ¿qué es lo que tenías que decirme?, de camino a acá estabas bastante seria y a medio camino dijiste que era hora de que supiera algo importante, así que soy toda oídos…

-Bueno la verdad es que estuve hablando con Santana y ella me dio las fuerzas necesarias para que te dijera lo que me pasa y porque he estado un poco lejana y distante este último tiempo. Mereces saberlo ya que eres mi amiga, una de las personas en las que más puedo confiar y una de las que más quiero así que espero que esto no nos aleje y luego me odies, ni que me mires raro porque si me miras raro yo me muero, tu sabes que no soy buena con las palabras pero es que en este mom…

-OK ¡ALTO AHÍ! – Rachel hace todo tipo de morisquetas para que deje de hablar, sin duda la rubia está demasiado nerviosa – la de la verborrea soy yo, recuerda eso, además nada me podría alejar de ti, ni mucho menos hacerme odiarte. Siempre voy a estar aquí contigo, así que tranquila y dime de una vez que es lo que pasa.

Toma una gran bocanada de aire, la mira directo a los ojos, mueve el negro anillo de acero quirúrgico de su dedo medio en la mano derecha, golpea su pie izquierdo contra el piso, nota como a lo lejos de acerca Kim con su pedido y antes de que llegue habla:

-Soy Gay.