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Abrí la carta ante la atenta mirada de Bella, y ella estuvo a mi lado un segundo después, leyendo la misiva por sobre mi hombro, al ver mis manos crisparse a ambos lados del papel.

Vives en un mundo que no existe, has de saberlo.

Ven a la Torre de Astronomia si quieres ver donde se encuentra,

a estas horas, tu querido Severus.

No llevaba remitente, pero era lo que menos me importaba. Hice un bollo con el papel, y lo mantuve en mi mano. Me cambie con magia y, a mi lado, Bellatrix ya estaba lista también.

-vamos- murmure. La pelinegra tomo mi mano en un gesto de apoyo.

-tranquila, seguro el no esta ahí, ni esta haciendo nada malo. Estoy segura- me animó.

Asi, salimos a toda prisa. Por el camino tome muchos atajos que conocía gracias al mapa del merodeador, Bella estaba maravillada. No tardamos mas de 5 minutos en cruzar el castillo al completo y encontrarnos, escondidas, viendo hacia la puerta de la torre. Justo cuando íbamos a salir, Severus apareció, encaminándose deprisa hacia la puerta, y cerrándola tras de si. Senti una punzada de dolor en el pecho, de miedo. Me acerque a la puerta, acompañada de Bella y escuche la voz que confirmaba mis peores temores. Cerre mis ojos, que ardían queriendo soltar alguna lagrima. En el fondo, me lo imaginaba, había sido tan fácil, o eso había parecido, que el sintiera algo por mi, pero no… el ¿todavia la amaba? Los ojos de Bella se habían oscurecido imposiblemente, y la ira se reflejaba en ellos como fuego negro, sin embargo, su mano nunca solto la mia, y acaricio el dorso con una dulzura inusitada, buscando darme fuerzas. Me concentre en las palabras de Severus y Evans.

-Sev! Temi que no vinieras! Oh! Te he extrañado tanto!- unos pasos rapidos resonaron, ¿Qué estaría pasando? Se… estarían besando?

-sueltame, Evans, y dime para que me hiciste venir hasta aquí- la voz fría de el, siseante y peligrosa, fue un pequeño bálsamo para mi miedo. Aunque también se oia cierto timbre de duda en su voz que no me permitia sentir una total calma. La pelirroja también parecio percibirlo, porque su voz se volvió un meloso ronroneo.

-Sev, no seas asi conmigo, se que me he comportado muy mal contigo, pero quiero compensártelo, de verdad, me he dado cuenta de que en realidad te amo a ti, solo a ti- el tono de Lily se había vuelto suplicante al final de la frase. Claramente se oyo un traspiés, como si alguien hubiese empujado a alguien, y un suave golpe contra la pared.

-Lily que demo- la frase quedo interrumpida allí, abri la puerta, con fuerza, ya no pudiendo soportar la incertidumbre, a pesar del vano intento de Bella por detenerme.

La sangre se me helo en las venas al presenciar la escena frente a mi. Lily Evans se separaba, sonriente, de los labios de Severus, mirándome con la superioridad y la burla nadando en sus pupilas.

-vaya, Granger, que descortés, no ves que nos interrumpes?- canturreo, sabiendo lo profundamente herida que me encontraba. Severus la aparto de un empujon, y ella cayo sobre su trasero, pero el permaneció allí, mirándome, como en shock. Vi sus labios separarse para decir algo en el momento en que una lagrima desbordo mi ojos derecho, deslizándose por mi mejilla. En ese momento, no deseaba oir nada, absolutamente nada de el, ni de nadie. Me giré sobre mi misma y susurre un "disculpen la interrupción" impregnando, con mis ultimas fuerzas, esas palabras con todo el sarcasmo posible. Detuve a Bella cuando apunto su varita hacia Severus, pero antes de cerrar la puerta tras de nosotras, apunte levemente a la pelirroja y le aplique un hechizo no verbal. Al cerrar la puerta pude oir claramente el sonido característico de una arcada a la que, esperaba, le siguiera la mas horrible y enorme babosa que alguien alla visto, seguida de muchas otras mas. Sonrei con cinismo, al imaginar sus rostros tras aquella puerta. Unas cuantas babosas no equivalían a un corazón roto, pero, de alguna manera, me alegraba de que ella también se sintiera un poco miserable, al menos por unas cuantas horas.

-lo siento, Bella, no ire a desayunar, te veo en el almuerzo- dije, rápidamente, antes de correr lejos de ese pasillo. Mientras me alejaba oi un grito que pronunciaba mi nombre, no era mi amiga, era EL, pero redoble mis esfuerzos, corriendo aun mas rápido, para luego deslizarme por un pasadizo que me llevaba al único lugar donde sabia que no me encontraría.

La sala de los menesteres me recibió con una gran chimenea encendida y una mullida cama, que muy pronto humedeci con todas las lagrimas contenidas, hasta caer en la inconsciencia.

Continuara…