Buenas! Como están? Espero que bien, he aquí algunos avisos antes de comenzar.
El capitulo de hoy contiene escenas de sexo explicito, por lo cual te pido que, si eres muy menor no lo leas (anda, que se que lo leeras igual, pero ya sabes, es bajo tu responsabilidad, que quien avisa…) y lo mismo va si eres muy impresionable o católico conservador… o algo asi.
Otro aviso seria, y esto es mas bien una disculpa, que no soy muy buena escribiendo este tipo de escenas, asi que espero que sepan disculpar si se lee algo torpe. Gracias!
Ahora si, espero que lo disfruten!
-Todo este desastre y sueño interrumpido para desearnos suerte en nuestro regreso a Hogwarts?- gruñi, lanzando la carta sobre la mesa, ante la mirada desaprobatoria de Mione, mientras apuraba mi café, antes de irme a vestir con el uniforme escolar. Llegariamos cerca del mediodía y tendríamos que dar algunos "exámenes" practicos, para demostrar que estuvimos siguiendo el programa a distancia durante el mes que permanecimos en casa, sino, tendríamos que repetir el curso, no me preocupaba, había practicado y todo estaba en orden, mientras que Hermione ya había aprobado todo eso con anterioridad, asi que no había posibilidades de que fallara ahora.
Nos despedimos de mi madre y de Dobby, antes de tomar nuestras cosas y desaparecer por la chimenea. Segundos mas tarde, salimos en la oficina del director, donde éste nos esperaba con una sonrisa para darnos la bienvenida.
Nos dio un pequeño discurso, calida bienvenida, etcétera. No le preste demasiada atención, a decir verdad nunca me había agradado Dumbledore, ni su forma de siempre pasar por alto todo lo que hiciesen sus queridos gryffindors. Hermione le contesto, también sonriendo y con gran amabilidad. Ella tenia un don para la diplomacia, pero yo sabia que tampoco tenia demasiada confianza al director, ella misma me lo había confesado, mientras me contaba sobre todos esos pequeños y extraños paseos que, al parecer, el director había estado haciendo al pasado desde la época de la que ella venia.
Cuando al fin logramos salir de allí (con sendos paquetitos de caramelos de limón) nos dirigimos rápidamente a las mazmorras, mas específicamente a la Sala Comun de Slytherin. Alli nos esperaba Bella que, eufórica, salto sobre Mione, desestabilizándola en un abrazo extrangulador.
-Mione! No sabes cuanto te he extrañado!- chillo, ignorándome olímpicamente. No que me importara, recorri la estancia con la vista, buscando alguna señal de que Lucius estuviese por ahí. Bellatrix solto a mi esposa (al fin) y me miro- Lucius y Narcissa fueron llamados por los Malfoy, algo con respecto a su contrato matrimonial- Hermione y yo intercambiamos miradas, ante la leve preocupación impregnada en las palabras de Bella.
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Nos despedimos de Bella para dirigirnos a nuestra nueva habitación, donde ya nos esperaba nuestro equipaje. Si, al estar casados el director había decidido crear una habitación privada para nosotros. Fue un lindo detalle, y lo agradecíamos ya que en este mes habíamos comprobado que a ambos nos resultaba particularmente difícil mantener las manos alejadas del otro, a cualquier hora, algo que volvi a comprobar tras traspasar la puerta de la habitación y encontrarme acorralada entre ésta y mi esposo, que no tardo mas de un segundo en estampar sus labios contra los mios. Pase mis brazos alrededor de su cuello, enredando mis dedos en su fino cabello azabache, jalándolo un poco al sentir su calida lengua delineando la unión de mis labios, ambos gemimos mientras profundizábamos el beso, con necesidad. Lo empuje, haciéndole caminar hacia la cama que, al parecer, estábamos a punto de estrenar. Finalice el beso, dándole un leve empujon para que acabase sentado al borde de la cama, subiéndome luego a horcajadas. El cerro los ojos, relajándose, al sentirme depositar suaves y húmedos besos por su cuello, sus manos recorrieron mi espalda, mi trasero, mis muslos, para luego subir por mi vientre y acariciar mis pechos, logrando que emitiera un gemido-ronroneo involuntario, que hizo que el riera entre dientes, con suficiencia, al tiempo que me tomaba de la cintura y nos giraba, haciendo que yo quedase semi acostada en la cama. Acaricie su pecho, desabrochando los botones de su camisa, mientras el aun me miraba, con sus ojos aun mas negros, si es que eso era posible, que de costumbre, y aun sonriendo con superioridad "maldito arrogante", pensé, mientras volvia a buscar sus labios con los mios, mientras le quitaba la camisa y la lanzaba a algun punto desconocido de la habitación. Y es que este Severus que ahora recorría mi cuerpo con posesividad, sonriendo con cada uno de mis gemidos y estremecimientos, nada tenia que ver con el chico inseguro que parecía tan asustado como si estuviese a punto de enfrentarse a un colacuerno húngaro en nuestra noche de bodas. Tambien era mi primera vez, claro, pero yo ya tenia interiorizado que la primera experiencia suele ser complicada y, por lo general, desastrosa. A su manera lo fue, fue desastrosamente perfecta. Fue la primera noche que pasamos en la mansión, en el primer cuarto que encontramos, que luego se convirtió oficialmente en nuestra habitación, entre besos entorpecidos por los nervios, dedos temblorosos que intentaban, infructuosamente, desvestir al otro. Cuando logre quitarle el bendito uniforme que llevaba mi esposo, el me evadió la mirada. Yo estaba cohibida, por supuesto, pero supe que el estaba totalmente avergonzado. Yo ya había notado su baja autoestima, pero supe que esas cicatrices que cruzaban su pecho, probablemente hechas por su desquiciado padre, a el le parecían gravísimas, cuando esquivo mi mirada supe que el creía que me repugnaría. Esa noche bese cada cicatriz, deseando poder besar también aquellas que se encontraban en su alma, le deje saber que el era absolutamente perfecto a mis ojos, y el me hizo sentir la mujer mas amada y deseada de la tierra, mientras nuestros cuerpos se unian en esa cierta imperfecta perfeccion que solo otorga la dulce inexperiencia. Su confianza en si mismo aumento a pasos agigantados durante el mes que pasamos en la mansión, dando paso al Severus posesivo que rara vez cedia el control entre las cuatro paredes de nuestra recamara, con ese aire de arrogancia que le daba saberse con el poder sobre cada reacción de mi cuerpo, que solo podía lograr el. Porque no admitirlo, esta nueva faceta de mi esposo también me volvia loca.
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Nuestras prendas terminaron regadas por toda la habitación, descuidadamente, y con la rapidez que la practica previa nos había otorgado. Deslice, mis labios por la suave piel de mi esposa, oyéndola suspirar, mientras sus manos acariciaban mi nuca y cabellos, para luego deslizarse por mi espalda. Lami, bese y mordí suavemente su cuello, mientras mi mano bajaba hacia sus pechos, para acariciarla apenas con la punta de mis dedos. Me encantaba verla asi, tan extasiada, con su espalda arqueándose involuntariamente, buscando mayor contacto, y sus ojos oscurecidos por el deseo. Me maravillaba la forma en que su cuerpo reacciona al mas pequeño roce del mio, con un deseo tan real como el que yo siento por ella. Me fascina, por encima de todo, saberme el único dueño de cada uno de sus estremecimientos y dulces gemidos. Mis dedos siguieron deslizándose por su vientre, hasta llegar a su intimidad, siento sus caderas elevarse cuando introduzco uno de ellos en su interior, asegurándome de que este preparada.
-Severus… por favor mm- sé que nunca me cansare de oir la dulce melodía de su voz ligeramente enronquecida por el deseo, pronunciando mi nombre.
-Estas tan mojada, cariño- gruñi, mientras regresaba a sus labios, para besarla, necesitando sentirla.
-te quiero dentro, ahora- medio gimio, medio ordeno en mi oído, haciéndome perder la cabeza.
Guie mi miembro, adentrándome en ella suavemente, aunque lo único que deseaba era moverme y moverme duramente dentro de ella. Invoque cada particula de mi autocontrol para deslizarme con tranquilidad, para que ella se acostumbrase a la intrusión, pero ella, tan impaciente como siempre, enredo sus piernas en mi cintura con fuerza, mientras elevaba sus caderas, haciendo que entrara en ella por completo.
-Yo intento ser delicado contigo y tu sigues tan jodidamente incorregible- gruñi, al oírla gemir, extasiada. Comence a moverme, dejando de lado el raciocinio, dejando que mis deseos mas básicos me dominaran, mientras sentía sus paredes latir alrededor de mi miembro, aprisionándolo, mientras sus labios dejaban escapar los sonidos mas excitantes. Mis envestidas se volvieron freneticas, perdiendo la dulzura y cualquier intento de delicadeza. Ella acerco su rostro al mio, buscando mis labios mientras acompañaba mis movimientos. Ibamos a durar poco.
-See…ve-rus- sollozó, a punto de llegar al climax, mientras sus ojos, oscurecidos y levemente desenfocados por el deseo, se entrelazaban con los mios. Ese sonido me resulto tan erotico que me movi con mas fuerza, observando sus labios entreabiertos en busca de aire, sus ojos ahora fuertemente cerrados, sus mejillas arreboladas y su frente perlada de sudor. La mujer mas hermosa que había visto en mi vida.
-Vente para mi, cariño- gruñi, como pude, en su oído. Ella siempre se estremecía al oírme hablarle al oído. Senti su cuerpo tensándose debajo mio, y la oi gritar mi nombre, casi como oyéndolo a distancia, mientras yo mismo encontraba mi liberación dentro de su cuerpo. Me tumbe sobre ella, cansado. Un minuto después nos gire, tomandola de la cintura, para que ella quedase descansando sobre mi, evitando asi lastimarla con mi peso.
Nos besamos con suavidad, aun recuperando el aliento, completamente relajados.
-lamento haber sido tan brusco, cariño- dije, acariciando su cabello- estas bien?- ella levanto su cabeza, mirándome con esa expresión juguetona que me resultaba totalmente irresistible, y que había conocido en este ultimo mes.
-Estoy mejor que nunca- murmuro, sonriendo de lado- y… definitivamente me podría acostumbrar a tu lado salvaje- solto una risita, guiñándome el ojo, para luego levantarse, antes de que pudiese tomarla en brazos. Ella sabia lo que provocaba en mi esa faceta suya- pero ahora tenemos que bañarnos y vestirnos para ir a almorzar, y luego a dar esos exámenes de equivalencia que nos tomaran- iba a quejarme, pero sabia que tenia razón, asi que en lugar de eso, la segui hacia el cuarto de baño.
-entonces, señora Snape ¿esta usted a favor de la ecología?- sonreí, socarron, mientras la tomaba por la cintura, abrazandola por la espalda, hundiendo mi nariz en su delicado cuello, su piel reacciono erizándose, mientras ella suspiraba al sentir mi respiracion- ¿ha oído usted hablar acerca de las medidas para economizar y cuidar un recurso tan importante como lo es el agua?- ella solto una risita, mientras ambos nos perdíamos tras la puerta que conducía al cuarto de baño.
-Oh, claro, Sr. Snape, soy una férrea ecologista- ronroneo ella. Y luego las palabras se perdieron entre el vapor, la calidez del agua y una nueva tanda de suspiros y gemidos ahogados. Tal vez nos perderíamos el almuerzo, después de todo.
Continuara….
Bien, espero que les haya gustado, ya saben, espero que me dejen sus comentarios, sugerencias y/o criticas que, mientras sean constructivas, serán muy bien recibidas y agradecidas. No olviden que son ustedes quienes me ayudan a mejorar cada dia n.n
Saludos!
R.G. Aimer
