De revancha y venganza
Me suspendieron este examen porque el profesor no podría ir. Tengo tiempo libre, pero no vida social, así que subo el siguiente capitulo (con mayor prioridad que otros que acabo de prometer hace menos de 1 hora en AY… asco de escritor ajajajaja).
South Park no me pertenece, ni sus personajes ni la historia original… por desgracia tampoco Chris, pero, ¡admitámoslo!, es un amor.
¿Que hacia Craig ahí?
Después de 12 años… ¿Por qué?
Logró convencer a sus padres para que lo enviaran lejos, para que le permitieran ir a estudiar en casa de su tía, al menos 1000 kilómetros lejos de South Park. Permitió que el mundo lo destrozara y escupiera sobre la superficie de la Tierra, solo para descubrir en la cocina un refugio que le permitió seguir viviendo. Que le dio un motivo para hacerlo.
Cocinar era estresante, pero solo eso… en la cocina, todos sus problemas se borraban. Las situaciones de la vida diaria se olvidaban mientras intentaba recordar una receta a la perfección. Todos trabajando a su propio ritmo, esperando al siguiente comensal. La vida le enseñó a amar las artes culinarias mas que a nada…
Y cuando, finalmente consiguió olvidarse de todo…
…ahí estaba Craig Tucker.
¿Viviría ahí?
¿El dueño del edificio?
¿Por qué su corazón latía con aquella fuerza, de aquella forma?…
Lo rechazó… el se burló de sus sentimientos. Aun si no fue su intención hacerlo… el reía a carcajadas mientras su corazón se volvía añicos.
Lo que Stanley le hizo… había perdido importancia con el tiempo. Lo odiaba, pero…
…con Craig era distinto…
Siempre lo fue.
Temblaba frenéticamente. Había dejado de hacerlo en cuanto abandonó su hábito del café. Siempre lo supo, sus padres estaban equivocados… ¡falta de atención un carajo!, no había ninguna enfermedad que curar… era la cafeína la que lo dañó socialmente.
Pensar en ello lo hería demasiado… el café era como Craig… amargo, pero delicioso. Estar con él era ameno… como una taza de café por las mañanas.
Y estaba ahí, a tan solo unos metros de su puerta. Entonces escuchó el sonido del departamento frente al suyo. Saltó de su sillón y se encaminó de puntitas hacia la puerta. La abrió lentamente, casi por un centímetro y observó a Craig. Su corazón se detuvo de nuevo. ¿Por qué tenia que sentir aquellos latidos tan fuertes y estruendosos?
¿Por qué?… ¿¡porque siempre se trataba de Craig!?
Se recargó contra la puerta, a la altura del suelo y abrazó sus rodillas contra sus piernas. Se sentía tan confundido, tan mal… que de no haber prometido que no faltaría aquella noche, definitivamente no volvería a salir de su departamento por el resto de su vida.
Y permaneció así… cuando tocaron a la puerta fuerte y con insistencia.
Soltó un gemido y salió corriendo de ahí. Se metió bajo las sabanas de su cama… ¡ese podría ser Craig!, no, no podía verlo aun. No estaba listo.
Esperó a que cesara el ruido, siempre cobijado con fuerza y sin abrir los ojos, como si una cobija fuera suficiente para protegerlo del fin del mundo. De SU MUNDO.
El lo lastimó, él lo lastimó, él lo lastimó, ¡ÉL LO HIRIÓ!, ¿Por qué tenia que seguir sufriendo de aquella forma?, ¿Por qué no solo se iba?...
¿Por qué Craig Tucker no desaparecía?
Entonces su celular vibró.
Tweek jamás tenia un tono para las llamadas de celular, lo asustaban y se dio la ocasión mientras cortaba unas fresas en bruinose* que lo hace casi perder el dedo.
Miró el número… era Christophe.
– ¿Si? – El castaño JAMÁS llamaba a esa hora a menos que hubiera algo inesperado en el trabajo o…
– ¡Carajo!, voy por ti ahora… – O cuando peleaba con su novio.
Tweek no entendía a la perfección la relación que Christophe mantenía con Gregory. El castaño vivía con él, pero había días en que se mudaba con el rubio. Se peleaban y volvía a compartir departamento con Tweek. Chris jamás llamaba a Gregory, siempre tenia que ser el británico quien lo buscara. Una vez, Christophe le confesó que había mentido a Gregory, le dijo que él y Tweek eran pareja y que por eso vivían juntos. Tweek tembló terriblemente y pensó en la presión que eso le daría. Después de aquello, Gregory miraba con desprecio impasible al temeroso rubio de cabellos largos. La culpa era de Christophe, pero al ser su único amigo, el más fiel y a quien podía confiar su vida, dejó que se saliera con la suya y continuó con la farsa.
Algún día, Chris tendría que explicarle porqué lo había hecho.
– ¡Si!, está bien – Oír la voz del francés le dio calma. Pronto podría huir de aquel lugar y ocuparse de otros asuntos. Tenía que abandonar el edificio, alejarse de Craig Tucker.
No estaba listo. No deseaba ver de nuevo aquellos ojos que lo hicieron condenarse de amor, tocar el cielo y chocar contra la Tierra.
Y de esa forma, esperó bajo las sabanas.
Esperó un lapso de tiempo considerable, intentando calcular cuanto demorarían Chris y su motocicleta. El francés conducía como si la policía de todo el estado anduviera tras el, así que llegaría en menos de media hora.
Tweek asomó la cabeza por debajo de las sabanas… la cabellera rubia alborotada lo hacia lucir como un cobayo asomándose de su escondite. Volvió a meterse… y se asomó una segunda vez. Tembló bajo las sabanas… y se hizo bolillo. Parecía una empanada de Tweek. Finalmente saltó de la cama y comenzó a desvestirse con rapidez. Si lograba abandonar el edificio sin hacer ruido, podría evitar un encuentro con Tucker. Se abotonó la filipina, tomó una liga de su taburete y amarró el cabello en una cola baja. Lustró sus zapatos negros de vestir, colocándoselos después de ponerse su pantalón planchado desde la noche anterior. Entonces se detuvo un segundo frente al espejo de baño. No había notado esas ojeras tan marcadas, seguramente difería mucho de la imagen que Craig mantenía de un Tweek adolescente…
¿¡QUE CARAJO LE IMPORTABA LA OPINION DE CRAIG!?
Sacudió la cabeza como loco. Tenia que dejar esos pensamientos absurdos.
De pronto llegó la hora. Tomó su pequeña maleta, guardó ahí el delantal y la cofia*.
Suspiró… después respiró hondamente.
Comenzaba la carrera.
Al escuchar un silencio sepulcral del otro lado del pasillo, la confianza de Tweek tocó números altos y abrió la puerta de su entrada con prisa, dispuesto a correr en dirección de la entrada.
Entonces contempló el terror.
Craig estaba ahí, con la puerta de aquel departamento abierto y mirándolo con un extraño brillo negruzco en sus ojos.
¡Debía salir corriendo de ahí!
– ¡Tweek! – El moreno se aproximó hasta él con velocidad, ¡carajo, tenia que huir!
– ¡Ngh!... eh, yo… ah… – Lo estaba tomando firmemente por el brazo izquierdo. Recordó lo que era sentirse atemorizado frente al único hombre sobre la Tierra que hacia temblar sus rodillas – Craig… yo, voy tarde… – No era mentira del todo, su turno de noche comenzaba en menos de 40 minutos y aun debía esperar a Chris.
Sintió la mirada del moreno inspeccionándolo. ¿Por qué?, ¿Por qué siempre lo hacia sentir así?, tan vulnerable… tan pequeño.
– Te puedo llevar… digo, así nos ponemos al día… – ¿A solas con el? ¡JAMÁS!, tenía que deshacerse de esa situación. Pero el moreno lo miraba tan dulcemente. ¡No, no, no, no, no, no!, ¡no caería jamás!
Entonces, en un absurdo intento por evitar mirar a sus ojos y caer tal y como cayó en su adolescencia, el rubio observó en dirección del suelo. ¿Eran esas, rosas amarillas?, ¿Cómo llegaron ahí?... era un ramo descomunal. Debía haber al menos 100 o más… ¿Acaso Craig…?
– Puedo llamar la limusina… o hago traer un coche, lo que tú desees… – ¿Dijo "limusina"?, debía estar forrado en dinero… pero eso no le interesaba. Lo quería lejos, ¡lejos de su mundo!, por supuesto que jamás le permitiría llevarlo a ningún lugar. – Me encantaría poder acompañarte. – Entonces Craig hizo un movimiento que colocó al rubio bajo su cuello. Lo estaba respirando, literalmente. Tweek se sentía tan agobiado… las imágenes en su cabeza lo golpeaban–. El y Craig juntos, sonriendo uno sentado al lado del otro, conversando por horas, ignorando a todos los que se atrevieron a llamarlos "maricas", con los ojos destellantes de gozo… y el cabello golpeando sus rostros, radiantes, felices…
…pero también recordaba otras cosas…
Aquella risa.
Macabra.
Cruel.
Desgraciada.
Le tomó tanto tiempo decidirse a escribir aquella nota. Lo admitía, no había sido la opción más inteligente, pero era lo que su corazón le había dictado. ¡Estúpido, estúpido corazón!
No, Craig no merecía otra cosa…
…nada más que desprecio.
– ¡Yo-o no-o qui-quiero molestarte, Craig…!, solo… buscaré afuera…
– No es una molestia – Interrumpió el moreno. Con la mano izquierda tomó a Tweek por la cadera y lo sujetó contra su cuerpo, con la derecha tomó su barbilla y alzó su rostro, dejando a tan solo milímetros de sus labios, los de Tweek. – Me encantaría… – Lo tenia tan cerca… ¿que intentaba hacer?, ¿Por qué después de tantos años?, ¿que había cambiado tanto?
¡Jamás!, jamás lo olvidaría.
Él, Clyde y Token se burlaron de sus sentimientos.
Más que destrozarlo.
Detuvieron su alma.
Y dejó de sentir.
– ¡Craig, no… en serio! – ¿Cómo podía deshacerse de alguien tan grande?... Chris, el le dio una idea y una solución. – Yo, ¡ah!, mi novio viene por mi…
Y vió en el rostro de Craig una sombra extraña que no conocía. Probablemente el lució igual aquella terrible tarde de hacia 12 años.
– ¿Eh? – Musitó el moreno, con los ojos abiertos cual par de platos.
Una vez que se liberó de aquel incómodo agarre, dio un paso hacia atrás y empujó por accidente el ramo. Al ser tan pesado, este se desplomó sobre el suelo, dejando escapar algunas rosas. Tweek las miró asustado y volteó de nuevo hacia Craig.
– ¡Ah, lo siento!... yo.
– Tweek… no te… – ¿Por qué parecía tan desilusionado al respecto?... no, seguramente se lo estaba imaginando.
Era una fantasía estúpida… Craig no lo apreciaba, jamás lo hizo.
– ¡Richard! – Fue en ese momento bendito, cuando la voz malhumorada de Christophe se convirtió en el más bello de los milagros. Craig lo observó consternado por aquel nombre, pero no se detuvo a pensarlo dos veces.
– Me tengo que ir Craig… adiós…
Y así corrió en dirección de la entrada principal. Tendría un futuro oscuro esperándole.
–O–O–O–
Christophe y Tweek entraron al área de vestidores, donde había casilleros con sus nombres y podían guardar sus maletas.
El francés comenzó a quitarse la ropa para reemplazarlo todo por una filipina negra con la bandera francesa en el cuello y la cofia de los 101 dobleces. Tweek se peinaba la coleta para acomodar todo esa rubia cabellera, consideraba seriamente un corte de cabello en el futuro.
– ¿Y porque peleaste con Gregory hoy? – Solo para hablar de algo que le evitara pensar en Craig, Tweek cuestionó al castaño de aspecto serio que se quitaba el pantalón de mezclilla.
– Il s'agit d'une secousse lourde ... vous savez ce qui me dérange et insiste encore baiser. (Es un pesado idiota… sabe qué me molesta y aun así insiste con joderme). – Sin voltear a ver a Tweek, el francés habló con el marcado acento parisino que lo caracterizaba. Tweek ladeó la cabeza con tristeza fingida y comenzó el juego.
– Veut-il que les enfants sont britannique? (¿Él quiere que los niños sean ingleses?) – En ocasiones, Chris olvidaba que Tweek hablaba un francés casi perfecto… completamente opuesto a su británico "amante" que no entendía ni "Bonjour" –Oh, pauvre, pauvre Chris! Chante la reine mère? (¡Oh, pobre, pobre Chris!, ¿cantarán a la reina madre?) – Y con un lamento sobreactuado, Tweek comenzó a hacer gestos con las manos, como si se estuviera secando el llanto. El francés lo miró muy cabreado, pero al final sonrió divertido. Por eso Tweek era su mejor amigo, era excepcional.
– ¡Cierra la boca! – Tomó los guantes desechables que tenia dentro de la maleta y se los arrojó al rubio, directo al rostro. Aun hablando inglés, su acento estaba presente. – Es serio… ya peleamos todo el tiempo…
– Ustedes dos pelean desde que los conozco… – Murmuró Tweek, guardando su maleta en el casillero que llevaba impreso en numero 11.
– Pero ahora es peor… ya no lo soporto…
– Christophe Delorn… eres el único hombre en el mundo que discute con su pareja porque este le pide matrimonio, le propone una casa en Londres y le jura mantenerlo por el resto de su vida. – Con ironía claramente burlesca, Tweek sonrió para si mismo, pero de inmediato eso cambió a una mueca de dolor cuando sintió una cuchara golpeándolo en la nuca. – ¡Hey!
– ¡Carajo, Richard!... deja de presionarme o me divorcio de ti.
– ¡Me moriría de dolor! – Respondió Tweek divertido.
Ahí todo era distinto. La cocina y Christophe lo hacían sentir seguro, deseado y necesario. Era todo lo contrario a lo que Craig le inspiraba.
…Craig… Craig Tucker…
Su semblante se volvió serio de nuevo.
No…
Sin importar cuantos años pasaran…
Seguía doliendo.
– ¿Richard? – Christophe se impresionó al mirar a Tweek derramando un par de lágrimas. ¡Así sin más!, con el mismo rostro pálido y sonriente… pero llorando. Tweek abrió los ojos lentamente, muy lentamente. ¿Que demo…?
– Yo… ah… – ¡Carajo!, ahora Chris no lo dejaría hasta averiguar porque su mejor amigo lloraba. – Tenemos que salir ya…
– ¡Ni lo pienses! – El francés dejó todo lo que hacia y tomó a Tweek entre sus brazos, sosteniéndolo por las muñecas y obligándolo a mirarlo directamente a los ojos. Su rostro estaba a 5 milímetros del rostro de Tweek. Rozó la punta de su nariz ligeramente con la nariz del rubio, sintiendo su respiración acelerada contra sus labios. El rostro de Tweek se tiñó de rojo en tan solo segundos. – Ricky… – La voz grave, pero disfrazada de susurro, tan cercana a su rostro, hizo que Tweek sintiera ese espantoso sentimiento de impotencia. El no poder moverse, siempre volvía añicos su persona. – ¿Que te sucede?
– Yo, ngh, no, Chris… nada. No pasa nada…
– No me digas que estás bien… – Los ojos color café chocolate del francés se volvieron amables, tanto, que causaban ternura dentro del pecho del rubio. La voz de Chris eran susurros graves y melodiosos, pero seguros. – Dime que me odias o que te has hartado de mí… jamás te dejaría sentirte solo de cualquier forma… pero, Richard… – Entonces Chris colocó sus manos contra la cintura de Tweek y lo atrajo hasta tener esa cabellera rubia bajo su cuello. – No me digas que no te pasa nada… porque sé que es mentira… y si me mientes, es como si me hicieras a un lado.
– ¿Chris? – Con las palmas de sus manos bajo la barbilla de Tweek, Christophe acercó el rostro del rubio hasta tener sus labios a tan solo 2 milímetros de distancia.
– Y eso no lo soportaría…
Entonces Tweek cerró los ojos, como si soñara y se dejó sostener por el francés.
– Yo… te lo digo…
–O–O–O–
Como de costumbre, Tweek hizo a Chris detenerse frente a la tienda de autoservicio que frecuentaba cada día 11 del mes. Su publicación preferida, la revista "NeoGourmet". Aquella publicación significaba su única luz de esperanza en el oscuro canal que era su vida. No solo veía una revista común de cocina, con las típicas recetas y los comentarios que ponían la gastronomía al nivel de cualquiera… ¡no!, era mucho más. Aquella era la única revista que poseía una columna especial de repostería escrita por el chef que Tweek mas admiraba en el mundo. El (o ella) era todo un enigma. Publicaba libros al menos cada 6 meses y cooperaba en muchos otros. Todos reconocían su nombre a nivel nacional e internacional, pero muy pocos lo conocían en persona.
Después de amar de aquella forma a Craig, lo único que pudo rescatarlo del agujero que su vida se volvió al escapar de South Park, fueron la cocina, Christophe y el chef Second, como se conocía en el giro a ese misterioso personaje que deslumbraba a Tweek con el simple hecho de imprimir su nombre en una nueva receta. Todos los libros que compraba en AMAZON le pertenecían, al igual que los recortes de periódico, las revistas y los miles de correos SPAM que almacenaba en su dirección de email y que pertenecían a suscripciones a sus sitios de internet y blog. Lo amaba… quizá tanto como amó a Craig… pero de una forma mas "platónica".
– No se que le ves a esa tipa… es una cocinera cualquiera.
– Puede ser un hombre, ¡y estoy casi seguro que lo es!... ¡y no te metas con él, Chris!, ya quisieras ser así de bueno.
– ¿¡YO!? ¡JÁ!... eso quisiera verlo.
– Sería magnifico conocerlo… escribirle al menos, tantas cosas que quisiera preguntarle, que podría aprender de el…
Los ojos verdes de Tweek miraban de una forma que divertía al francés a la vez que lo agobiaba. Estaba acostumbrado a la obsesión de su amigo por aquel personaje, pero aun después de todos esos años, le resultaba hasta extraño que no lo hubiera superado o reemplazado por una nueva obsesión.
– Marica… – Comenzó a caminar en dirección del departamento, donde habían estacionado la motocicleta. Tweek abrazaba como loco aquella revista, acariciando la portada como un niño acaricia la caja que contiene su obsequio de navidad. – Es en serio, Richard, por cosas como esa es que odio a ese idiota sin conocerlo… te hace ver mas "niña".
– ¡No lo llames idiota!, es el chef mas importante de todos… él siempre inspira a las personas. Deberías creerlo… – Ambos entraron al departamento, pero Tweek había olvidado pro completo el motivo por el cual había deseado salir de ahí en primer lugar.
– ¿En serio?, mentiroso…
– Pues es verdad, deberías creerlo. – Al llegar a la entrada del departamento, la puerta frente a la suya se abrió de golpe y un animado Craig lo recibió con una amplia sonrisa… que se borró en tan solo un instante.
– Si no lo creo es porque – Con la mano sosteniendo la revista por detrás de Tweek, Christophe aparentaba estar tomando al rubio por la cintura, cuando en realidad deseaba quitarle aquel objeto del deseo. Tweek puso su mano sobre su hombro solo para quitárselo de encima, no iban a arrebatarle aquel objeto… no vivo.
Entonces los tres se miraron sorprendidos… después impacientes…
…y finalmente serios…
Tweek agachó la mirada, las rosas seguían ahí. Entonces si eran para él… pensaba la presión que eso le daba.
– Eh… buenos días, Craig… – El moreno lo observaba severamente, como si lo reprendiera por llegar tarde, sucio y con Chris colgado de su cintura. ¿Quién carajo se creía? – Oh, Christophe, el es el nuevo casero… creo… – Eso era, ¿no?
Christophe se sintió inspeccionado por el moreno y de inmediato cambió su postura.
Era el… ese desgraciado que se burló de su amigo.
Aun recordaba el día en que conoció a Tweek…
Esas escenas oscuras…
Aquella prisión
Las heridas
Las correas
El olor a césped
El dolor de la electricidad torturándolos
El llanto, resecando y desgarrando los ojos de ambos
No era mejor que…
– Su nombre es Craig Tucker… yo, este… Craig, el es Christophe Delorn…
– Buenos días. – Craig miró desprecinte al más alto. Christophe moría por saltar encima de él y pulverizarle el rostro a puñetazos… pero esa expresión al abrir la puerta se lo dijo todo. Ese tipo, aun si fueran malos, asquerosos y retorcidos, tenía sentimientos de atracción hacia Tweek. EVIDENTEMENTE.
– Buenos días… soy el novio de Richard. – Dijo con una sonrisa casi malvada. Se acercaban tiempos divertidos para él. – Solo que a este pequeño pastelillo rubio le da pena presentarme así… – Tomó un mechón de la cabeza de Tweek y le dio un beso. Alrededor de Craig podía distinguirse claramente un aura oscura. Lo estaba disfrutando, el francés estaba GOZANDO aquella aura.
– Ah, Chris… yo… – Tweek se sintió abrumado. ¿Por qué hacia eso?... Craig lo observaba lleno de indignación. El castaño sonrió malvado y retomó la cintura de Tweek. Entonces contempló las flores frente a la entrada. ¡Vaya que el idiota se movía rápido!, llevaba, ¿qué?, horas ahí… y ya llenaba de "rosas" a su esposo. Las cosas iban a cambiar por ahí. – Bueno, con permiso. – Y recogiendo el ramo en la entrada, Christophe abrió el departamento y empujó a Tweek dentro.
–O–O–O–
– ¡Maldición, Christophe!, ¡no te voy a dejar ir! – Mientras el castaño llenaba la maleta con todas sus cosas, el rubio andaba de un lado al otro de la lujosa habitación de aquel Pent–house.
Gregory era el propietario del último piso de un edificio precioso en el centro de la ciudad. Tenía toda clase de lujos y no solo por los aparatos evaluados en millones que llenaban su sala, la piscina del tamaño de todo un piso entero o el helicóptero que lo aguardaba en la terraza del lugar. Sus costumbres y su familia también eran de posición acomodada.
Ese… ese era el maldito problema.
Christophe jamás se había enamorado antes. Su vida era complicada, tanto con su madre, como consigo mismo. Era un rebelde por donde quiera que se viese. No tenía dinero mas allá del de su suelo y sus modales… si no se trataban de su trabajo, eran por demás lamentables.
Pero se enamoró de él. De aquel británico caballeroso y principesco. Del hombre que acomodaba su silla y se ponía de pie cada vez que abandonaba la mesa, aun cuando ambos eran hombres. El sujeto que era capaz de comprar una pista de hielo para ambos solo para evitar abochornarlo en su primera ocasión patinando. El único hombre que compraba un palacio en Essex* para acercarlo al corazón de "la comida en 15 minutos".
Ese… de entre todos los tipos del mundo… había enamorado al francés de aspecto despiadado.
Y cuando conoció a la familia Fields, de inmediato supo que no tendría un lugar propio dentro de su núcleo.
Eran mundos abismalmente distintos.
Y la diferencia dolía mucho.
Para evitar que Gregory siguiera insistiendo en volverlo su esposo, el francés recurrió a lo único que su mente pudo idear: mentir.
Todo estaría bien mientras las cosas no pasaran de "una aventura".
Lo amaba… mucho.
Como nunca imaginó poder amar.
Pero Gregory no sería feliz del todo junto a un hombre como él.
Esa sociedad a la que pertenecía… simplemente no lo aceptaría jamás.
No…
Por eso…
Mentir estaba bien.
Hasta el día en que realmente pudiera decir "Adiós".
– ¡O.K., nunca más diré nada al respecto! – Gregory cerró la maleta de golpe y sostuvo a Chris por el brazo, pero el francés lo empujó y siguió sacando sus cosas del ropero. – ¡Christophé!, ¡no volveré a pedirte nada, respetaré tus reglas!… es solo que…
– Siempre dices lo mismo y terminas haciéndolo de nuevo, ya me harté… – Christophe buscaba arriba y abajo, en un intento por dar con su par de botas de combate preferidas. Había dejado a Tweek solo con Tucker y debía volver lo antes posible o ese sujeto seguiría intentando "acercamientos". Estaba preocupado por su amigo. – ¿Dónde están mis botas?
– ¿Se supone que eres feliz con ese sujeto?, ¡el no te ama!, ¡nadie puede amarte de esta forma, Christophé! – Al francés le daban escalofríos cada vez que escuchaba aquel acento inglés pronunciando su nombre con la "e" al final. Siempre lo regañaba al respecto, pero había llegado a amar ese error en la pronunciación… simplemente no podía detener sus sentimientos. – ¡Jamás dice nada porque lo dejas solo durante semanas!, ¡yo nunca te abandonaría de esa manera!, ¡míranos!, prácticamente vives conmigo, ¿Por qué no lo dejas de una buena vez?, ¡yo haría todo por ti!, ¡pídeme lo que quieras, Christophé!, lo que sea y te lo daré…
– Dame mis malditas botas… – Con la mirada llena de decisión, el castaño cerró la maleta y comenzó a empujarla en dirección del ascensor.
– ¡Christophé!
– ¡Y deja de llamarme así, carajo!,
– ¡You are MY CHRISTOPHÉ! And always will be!, ¿¡do you hear me!?
– Va te faire foutre!
Y con un azote de puerta, como solía ser, la discusión llegó a su fin.
Pero las cosas no se quedarían así.
Gregory estaba harto… siempre tener que esperar un día libre del castaño. Enviarle cientos de mensajes o marcarle en la madrugada para evitarle problemas con su esposo. Soportar el saber que ambos trabajan juntos y que no puede hacer nada al respecto. Tener que pasar los días festivos solo, porque el ser un chef le quitaba tiempo de su vida social y estar casado le arrebataba el resto de los días libres…
Esperar horas en el restaurante, antes de quedarse plantado por millonésima ocasión...
No poder tener a Christophe solo para él.
Tener que compartirlo.
Creyó que podría vivir así…
…pero era imposible.
Debía ser su esposo.
Y no descansaría hasta conseguirlo.
Sin importar nada…
Ni su familia
Ni los sentimientos de ese imbécil que Chris llamaba "Richard".
Ese francés sería suyo.
–O–O–O–
Ese debía ser el departamento. Algunas ocasiones llevó a Christophe hasta ahí, pero jamás se estacionó en la entrada. El castaño lo amenazó y en realidad, parecía bastante lógico. ¿Que clase de hombre llevaría a su amante hasta la entrada de su casa?, sería una persona sin corazón.
Escuchó voces dentro del departamento… era un edificio horrible. ¿Por qué Chris prefería volver a ese lugar?, ¿que le daba esa asquerosa rata amarilla que el no le daría?
Seguramente le causaría un terrible problema, pero estaba dispuesto a todo.
A esas alturas, Gregory asumía que Tweek sabía lo que había entre él y el francés… a menos que fuera un completo idiota. Christophe iba y se perdía durante semanas, cuando salían de viaje juntos. Tenía toda su ropa en el pent–house y salía a cenar con Gregory al centro de la ciudad, muchas veces topándose con conocidos del castaño.
Si tenía dos dedos de frente, sabría que había algo entre ambos… pero eso no lo detendría. Aunque tuviera que enfrentarse salvajemente al otro rubio, lo conseguiría. Se llevaría a Christophe.
Sin mayor preámbulo, abrió la puerta de golpe y entró en el lugar.
– ¡Hey, imbécil, no creas que…! – Entonces… la escena.
Richard Tweak sentado en el sillón.
Siendo besado (o casi) por un moreno de aspecto formal.
Los ojos verde pino de Tweek observándolo con pavor.
La mirada negra del otro hombre, salvaje y colérica observándolo…
Su quijada, a punto de tocar el suelo.
– ¡Jesucristo!, ¡¿Gregory?!
¡¿CÓMO CARAJO SE ATREVÍA A ENGAÑAR A UNA PERSONA TAN PERFECTA, DULCE, MARAVILLOSA, INTELIGENTE, CREATIVA, ATRACTIVA, DESLUMBRANTE, ORIGINAL, SIMPATICA, GRACIOSA, Y CARISMATICA COMO CHRIS, CON ALGUIEN TAN INSIGNIFICANTE?!
De acuerdo, Chris también le era infiel… ¡pero era un caso completamente distinto!
Porque era... bueno, era Chris, el podía hacer lo que quisiera porque era perfecto.
¡Pero el era un animal rastrero de lo peor!, ¡un imbécil!, ¡un tarado!, ¡un estúpido que no merecía nada!
¡PERO COMO LO ODIABA!
– ¡Tu, maldita rata amarilla!, ¿Estas engañando a Chris en su propia casa?
– ¡No, Gregory, no es lo que…!
– ¡Te voy a matar!, ¡a los dos! – Gregory se aproximó al sofá y alzó su puño. Razón suficiente para que Craig Tucker sacara aquella furia interior que no daba a relucir desde la secundaria.
– ¡Anda, marica! – Y se le abalanzó encima.
¡Pelea de ricachones!
El rubio apenas y pudo con la fuerza de Craig, este se le subió encima con facilidad y comenzó a darle puñetazos en el rostro.
¡Tweek gritó de terror, iban a matarse esos dos!
Gregory no era muy fuerte, pero era astuto. Le dio una patada a Craig sobre el vientre y se le subió encima.
"¡Por tu maldita culpa no me comí a besos a mi Tweekers!" – Pensaba Craig con ira.
"¡Por tu maldita culpa mi Christophe ahora es también un cornudo!" – Pensaba Gregory con coraje.
Y ambos multimillonarios seguían rodando por el suelo, tumbando todo a su paso.
Tweek corrió en dirección del pasillo y comenzó a gritar por ayuda. Sabía perfectamente que no podría hacer nada con su patética fuerza, pero si tan solo alguien lo ayudara a separarlos por lo menos, sería suficiente para que ninguno de los dos muriera.
– ¡Ayuda, por favor!, ¡Ayúdenme!
El sonido de los gritos no era mayor al desastre que arrasaba los muebles de Tweek dentro de aquel departamento. La sangre ya brotaba de Gregory y Craig, pero ambos necesitaban desquitar el estrés o morirían de cualquier forma.
Entonces un joven de cabellera verde oscuro, ojos celestes y una estatura ligeramente mayor a la de Tweek, salió de uno de los departamentos en el siguiente piso.
– ¿Tweek? – EL hombre conocía el nombre verdadero del rubio, alguien a quien Tweek conocía desde muchos años atrás. – ¿Que pasa?
– ¡Por favor, Missy!, ¡ayúdame! – Tweek comenzó a llorar y jalarse la camiseta con fuerza. La presión sobre su pecho comenzaba a ser demasiada. – Ahí… dentro… están… – Y su respiración se acortaba…
Estaba sufriendo otro colapso.
Entonces Tweek apretó los ojos con fuerza, presionó su puño contra su pecho… y se desplomó sobre el suelo.
– ¡Tweek! – El chico de cabello verde corrió en dirección del rubio y lo cargó en tan solo segundos.
Gregory y Craig escucharon el grito… y se quedaron estáticos, sujetando cada uno el cuello de la camiseta del otro… con los puños apuntando a sus quijadas. Entonces el chico de sudadera negra y pantalón deportivo gris entró corriendo al lugar con Tweek entre sus manos.
– ¡Quítense! – Empujó al par y tendió con cuidado a Tweek sobre el sofá. Craig corrió de inmediato en dirección de Tweek.
¿Que le sucedía?, ¿Por qué se encontraba de esa forma?, ¿Quién era ese sujeto? ¿y porqué le resultaba tan familiar?
– ¿Que le pasa a Tweekers? – Preguntó espantado el moreno, entonces aquellos ojos celestes se posaron sobre él y lo observaron cubiertos de terror.
– ¿Craig Tucker?
– ¿Que carajo pasó aquí? – Y para culminar en el momento adecuado, Christophe llegó a ver el departamento que compartía con Tweek deshecho, a Gregory y a Craig Tucker cubiertos de sangre, a Missy cuidando de su amigo… y a él, desmayado sobre el sofá. – ¿Richard?, ¡Richard!
…
…
*Bruinose (Brunuá): Es un corte que se hace en frutas y verduras, son cubitos de 3 milimetros. Algunas veces llegan hasta los 5, pero eso no suele (o debería) suceder. Por eso Tweek cortaba las fresas en ese tamaño.
*Cofia es en sombrero de chef cilíndrico. Tiene 101 dobleces que representan las 101 formas de hacer un huevo :)
*Lo del palacio en Essex que Gregory le compró a Chris, es por Jamie Oliver, un importante chef británico que nació en el condado de Essex y que tiene un programa televisivo donde explica formas divertidas de hacer platillos exquisitos y sencillos en solo 15 minutos.
Y como creo que van a ser las cosas, los enredos se crearan en un capitulo y se resolverán al otro, visto desde ambas perspectivas. Ojalá no se fastidien leyendo lo mismo.
Las referencias culinarias son muy pocas, pero las explico igual XD
Ojalá nos leamos pronto. Quería actualizar este Fic para continuar actualizando los otros en AY y SH, y por supuesto, los que tengo acá en FF.
Cuídense mucho! nos leemos.
