Han pasado cosas peores

South Park no me pertenece, ni sus personajes, ni la historia original. Tomé prestados los típicos enredos amorosos, pero pronto los devuelvo…

– Tweek…

Una voz que resultaba familiar lo llamaba, era grave y lejana. Tweek estaba aun inconsciente, pero ya no del todo. Deseaba permanecer de aquella forma… lejos de la presión, de los recuerdos, de la tristeza y de la angustia…

…lejos de Craig…

– Tweek…

El rubio apretó los ojos, mas no los abrió. Tanto Christophe, como el otro chico lo observaban consternados. Entonces el de cabello verde se acercó hasta su oído y susurró…

– El chef Second vino a conocerte…

– NGH AH DEMASIADA PRESIÓN, ¡YO, Hola, mucho gusto! – El rubio se levantó de golpe, asustando al castaño y haciendo sonreír al otro chico. – ¿Que pasó?

– Bueno, creo que ya se encuentra mejor. – Ambos se apartaron y tomaron asiento en el suelo adyacente al rubio. Tweek se sobó los ojos con pesadez y observó su departamento. Era un desastre. Y lo recordó… el intento de beso, Gregory y Craig peleando… el dolor sobre su pecho.
Había sufrido otro espasmo.

– Missy, Chris… ¿y ellos donde?

– Los saqué a patadas de aquí. – Contestó Delorn. El otro chico comenzó a limpiar el desorden, tomando los pequeños trozos de lo que había sido un bonito jarrón.

– Que desperdicio… son una rosas hermosas, ¿te las regaló Greg? – Preguntó Missy al castaño, pero este solo gruñó ligeramente. Era todo un caso.

– Me las dio Craig… Missy, uno de los hombres…

– Ya lo sé, ya lo sé… era Craig Tucker, ¿cierto?, no ha cambiado nada con el paso de los años… – El chico acercó una de las rosas hasta su nariz y la olió con delicadeza – Y uno en cambio…

– Es un pesado, ambos son unos pesados… nos vamos a mudar, Richard. – Sin dar paso a un debate, Christophe recogió su maleta que aguardaba desde la entrada, la colocó sobre una pequeña barra en la cocina. Tweek se sacudió el cabello y se puso de pie de golpe.

– ¡Pero, Chris! – El castaño no prestó atención al rubio, dio media vuelta y se metió en el baño. Pero Tweek sabía que lo escucharía y su opinión era igual de importante. – ¡Yo no quiero irme!... yo, este lugar ha sido mío por casi 4 años, todos los lugares que me importan están cerca… y mis credenciales… yo… yo… – No… no había motivo verdadero para quedarse.

¿Por qué?, ¿por qué no podía irse?, ¿que lo retenía en aquel edificio?...

¿Podría ser…?

¡No!
Christophe tenía razón… no debían seguir ahí.

– De acuerdo… pero tenemos que pensar algo, pronto. – Contestó la voz cansada del castaño desde adentro del baño.

Tweek comprendía los sentimientos de su amigo. Gregory y Craig parecían constantes en las vidas de ambos. Pero había una terrible diferencia… y era que Gregory jamás escupió con maldad a los sentimientos de Chris. Solo por respeto, Tweek no le decía a su amigo lo afortunado que era de ser correspondido de aquella forma. Sin darse cuenta hasta entonces, Chris estaba haciendo, de alguna manera, lo que Craig alguna vez le hizo a él. Conoció los sentimientos del otro, pero los rechazó con crueldad.
¿Que tanto peleaba Craig?, ¿Por qué venir después de tantos años a comportarse como un príncipe encantador?... cuando tuvo la oportunidad de amarlo, destruyó sus ilusiones…
…Y después de lo que vivió con Stan… el ya no podía confiar en nadie.

Con aquel rostro pensativo tan severo, Missy descubrió al rubio observando hacia la nada. El chico se quitó la sudadera y dejó ver el cuerpo de un joven esbelto, de piel blanca en un tono rosado, una camiseta negra de METALLICA y unos jeans negros descosidos de las rodillas. Sus ojos celestes lucían opacos y su cabellera, claramente teñida de verde negruzco, le llegaba por encima de los hombros.

– ¿Tu aun sientes que lo quieres? – Preguntó el muchacho, mientras recogía el resto de la habitación, restándole mayor importancia a su pregunta.

Pero, para Tweek, eso había sido un trago amargo.

– ¡No, no!, ¡claro que no!, yo nunca… no podría… – Tweek se sentó de lleno en el sillón. No podía, no debía amar a Craig. – No más…

– Ya veo. – Contestó el muchacho, terminando de acomodar un taburete y el librero. Regresó hasta la mesa y recogió una de las rosas amarillas. Después se encaminó a la puerta.

– ¡Missy!, gracias, siempre eres muy amable… – Con una sonrisa honesta el rubio se giró para observar a su vecino dejando el departamento. Este no contestó.

Tweek observó a su antiguo compañero de primaria y secundaria. La verdad era que había cambiado muy poco en el interior, aun cuando por fuera nadie lo reconociera. Su mirada seguía siendo amable y noble… pero también triste.

O–O–O–

– ¿Cómo se encuentra Tweek?

Justo al cerrar la puerta tras él, Missy se encontró frente a frente con Craig Tucker. Parecía muy preocupado por el rubio, algo que confundía al muchacho.
Missy sonrió, sosteniendo la rosa con la mano izquierda y arrastrando su sudadera con la derecha.

– Mejor. – Contestó con una sonrisa, entregando la bellísima flor al moreno. Este lo observaba extrañado. – Es sencillo hacerlo volver del trance, lo que viene después… – Craig lo observó fijamente a los ojos, sosteniendo el nuevo obsequio. –…eso es otra cosa.

– ¿Necesita un doctor? – Craig sacó su celular de 7000 dólares del bolsillo, al ver esto, Missy se rió burlonamente. – ¿Que?

– Parece que lo olvidaste… Tweek moriría de un infarto tan rápido como vea a un medico con jeringa en la mano. No, lo mejor es dejarlo descansar, dormir y relajarse le hará un bien mayor.

Craig cerró el celular y lo guardó de nuevo en su bolsillo. Tweek estaría bien, eso era lo importante… pero había otro asunto ahí mismo.

– ¿Yo te conozco? – El chico frente a él tenia un flequillo tan largo que le cubría gran parte del rostro, pero cuando meneaba la cabeza, secciones de su rostro le revelaban a Craig una imagen olvidada de aquellos años borrados por el dolor de perder a su único romance de adolescencia.

Missy sonrió con toda la boca, dejando ver una blanca dentadura perfecta y un brillo extraño en sus ojos.

– No me recuerdas, ¿cierto? – Parecía feliz de la vida por no ser reconocido.

Craig arqueó las cejas, hizo su mejor esfuerzo, pero no recordó nada. Solo tenía esa sensación de estar olvidando algo importante.

– No, ¿rentas aquí también?

– Si y no… el ultimo piso de este edificio es mío, se lo compré a tu tío hace años, por eso no encontrarás los papeles de arrendamiento que le corresponden. – El muchacho continuó su camino hacia las escaleras. Craig lo siguió con la mirada, pero de inmediato le restó importancia. La salud de Tweek era más importante en ese momento. – ¡Ah!, y Craig…

Hacia años que nadie lo llamaba por su nombre. Nadie que no fuera Tweek.

– ¿Que pasa?

– No agobies demasiado a Tweek. Él no es el mismo de antes.

El moreno observó al chico subiendo aquellas escaleras de dos en dos. Tenía mucho que pensar.

O–O–O–

– Voy a ir contigo. Se acabó.

– Yo conduzco la moto, yo mando y tú no vas a ir.

– Jamás he faltado por un ataque.

– Siempre hay una primera vez a todo.

Christophe terminó de vestirse con su filipina negra y, sin arreglarse el cabello, tomó las llaves que había sobre un taburete y abrió la puerta de la entrada.

– Tienes todas esas revistas y libros, te dejo mi lap y si necesitas algo, márcale a Missy con el celular.

– ¡Pero, Chris…!

Y sin escuchar una segunda réplica, el castaño salió de ahí como alma que lleva el diablo.
Tweek bufó con las mejillas infladas y se dejó caer de lleno sobre el sofá. Tal y como dijo a su amigo francés, el jamás había faltado a su trabajo y quedarse sin hacer nada de provecho lo torturaba. Comenzaban sus delirios… su mente corría velozmente. Y recordaba cosas que no debía.
Rápidamente, Tweek corrió hasta su habitación y se escondió bajo las sabanas. Aunque no existía una razón verdadera para temer de esa forma, la soledad siempre lo aturdía, la falta de movimiento lo hacia sentir agobiado.
En una bodega… de una manera similar… estuvo bajo el poder de un chico que le destrozó el alma…
Sintiéndose tan inútil… como en ese momento.

Entonces sonó el celular.

– ¿Ho–hola? – El número era desconocido, pero como solía suceder con Missy, podría ser un número imposible de rastrear.

– ¡Hey, Tweek!... perdona que te hable acabando de dejarte allá abajo… pero noté que estabas muy triste… supongo que Craig a una habitación no ayuda…

– Missy… me siento mal… – Tweek temblaba como en su infancia, pero en esa ocasión, impulsado por el más horrible de sus temores.

– Lo sé… pero ahora mismo tengo mucho trabajo… – El chico de cabello verde sonaba preocupado por su vecino y amigo. Respiro hondo y aguardó por casi un minuto.

– ¿Missy?

– ¿Tienes la laptop cerca a ti? – Tweek dio una rápida mirada por debajo de las sabanas. Tenía el aparato en la mesita adyacente a la cama.

– Si…

– Agrega al chat de tu correo la dirección que voy a darte. En 40 minutos… 55, tal vez, verás conectado al destinatario. Tómalo como un obsequio, ¿vale, Tweek?

El rubio observó extrañado al celular, como si intentara ver a través de él al otro hombre. Missy era amigo de Tweek desde que había llegado al edificio. Se reconocieron después de no verse por años. Tweek recordó a aquel chico de la primaria de South Park, uno de los pocos recuerdos que le quedaban de la época en la que vivía con sus padres, en la cafetería del pueblo. Confiaba en el muchacho, en su comportamiento tan extraño y en su personalidad de ermitaño. Después de todo, el no era precisamente "normal".

– De acuerdo… – Y a unos segundos de colgar, el rubio recibió un mensaje de texto con una dirección de correo.

O–O–O–

– Largo de aquí…

– Christophé… I can't…

El estacionamiento del hotel se encontraba solo. Faltaban 2 horas para comenzar el horario de tarde, pero el francés llegó hasta ahí antes para rescatar algo del trabajo que perderían sin Tweek.
Justo en la entrada de los autos, Gregory esperaba a tan solo un par de metros de su camioneta, el último modelo en el mercado.

– ¡Basta!, deja de decirme lo que puedes o quieres hacer… lo nuestro se acaba ya.

– No voy a permitir que dejes lo nuestro así como si nada. – El rubio tomó a Chris por el brazo y lo observó con desesperación. Moría por decirle todo lo que vio en su departamento… pero…

…¿Cuánto podría lastimar eso a Chris?

– Eres un imbécil… – De nuevo, Christophe marcó su acento francés. Le molestaba tener que hablar mas claro, solo porque ese estúpido británico sufría para entender a la perfección sus palabras. – Richard está enfermo… ¡y es por tu culpa!, ¿que carajo pretendías hacer en mi casa?, ¿no te dije miles de veces que te alejaras de mi departamento?, ¿que pasó ahí?, ¿Por qué peleabas con el otro imbécil?

– Eso es porque… – No, no era capaz de confesárselo. No quería hacerle daño. Pero esa "rata amarilla", como conocía al tal Richard, no merecía su afecto. – ¡Solo, créeme, no te merece!, ven a mi lado… a Londres, a Munich, Milán, Paris, ¡donde tu quieras!, otro sitio de América, otro lugar donde solo estemos tu y yo.

Con la misma desesperación, Gregory colocó una mano por detrás de la cadera del castaño, lo atrajo contra su pecho y puso su cuello por encima de su cabeza. Christophe podía oler a la perfección aquel aroma, ese perfume que le hacia recordar todo lo relacionado a ese británico estúpido.
¿Que había en Gregory Fields que lo hacia obedecerlo tan fielmente?, el tenia carácter, tenia ímpetu… pero los ojos anaranjados de ese sujeto, esa sonrisa traviesa y su cabellera tan cuidadosamente arreglada, su voz, la manera en que lo trataba, como una mas de sus caras pertenencias… o algo mejor. Una joya. Una muy valiosa. Todo en él lo envolvía.

– ¿No te das cuenta?... Nunca, tú nunca serás feliz con alguien como yo… – Susurró el castaño a tan solo milímetros de su oído. Gregory sintió su corazón volverse añicos, como en cada ocasión que el castaño decía lo mismo.

– ¿Por qué no me permites a mi descubrirlo?

– Porque… cuando lo hagas… – Christophe apartó ligeramente al otro hombre y lo miró con leve llanto en sus ojos. ¡Maldito británico!, solo el podía hacerlo sentir así. – Yo me quedaré solo… mientras tú me olvidas.

– Yo jamás te voy a olvidar… ni a dejar ir… por eso, deja de pedirme que te deje. No volveré a tu casa… pero solo si prometes que volveremos a vernos.

Y ahora lo amenazaba… ¡al carajo, el era Christophe Delorn!, los británicos le hacían los favores.

– ¡No te pases de listo, cretino!

– Lo haré.

Gregory unió sus labios dulcemente a los de Chris. Este cerró los ojos ligeramente, pero no por completo. Quería verlo… ese príncipe de cabellera rubia y aspecto formal… estaba ahí, frente a él, sosteniéndolo por la cintura y besándolo con verdadera hambre.

¿Que lo hacia amarlo de esa forma?
Alguien como él…
…podría poseer al mundo…

– ¿Hoy Richard no se presenta? – El encargado de Recursos Humanos seguía a Chris a través de toda la cocina. El chef de carácter testarudo no se prestaba para una conversación medianamente normal, pero el hombre ya estaba acostumbrado.

– Lo cubrirán, ya me encargué de todo… pero no puedo hacer mucho si entran y salen de mi cocina. – El francés apuntó con el cuchillo chef en dirección de la entrada principal, de donde entraban y salían hombres trajeados todo el tiempo. – ¿Que significa todo esto?

– Oh, es por la junta de esta tarde. Parece ser que habrá un cambio en la administración, todos nos enteramos hoy en la mañana.

– ¿Que clase de cambios? – Sin mirar al hombre, Chris tomó dos sartenes, uno en cada mano y los colocó sobre las brazas. Buscó por toda la plancha la tabla de cortes. – ¿El restaurante se verá afectado?

– En realidad, son muchos los aspectos que aun son desconocidos, hasta por nosotros… pero… ¡mira, ahí afuera!... son ellos… aun no estoy seguro…

Christophe no apartó la mirada ni por error de su trabajo. Una vez que terminó de picar y saltear la carne, entregó el sartén a uno de los jóvenes ayudantes ahí presentes y miró por la pequeña ventana que había en la puerta de la cocina.

Casi se desmaya del susto.

¿Era terror?

Si… era pánico.

Tomó de la corbata al hombre de Recursos Humanos y lo jaló hasta la ventanilla, haciendo que por poco se estrellara su rostro contra el vidrio de esta.

– ¿Que carajo hacen esos sujetos aquí?

– Yo-o eh… s-s-si, ellos son… deben trabajar en la misma compañía o ser socios…

Christophe se agachó, como si fuera un niño jugando. Respiró hondo y volvió a asomarse.

– Damn!

Ahí afuera, a unos metros de la cocina, un hombre trajeado de cabello negro, ojos del mismo color y un traje Hugo Boss en color azul oscuro. El otro, un rubio con un traje Ralph Lauren café y una camiseta anaranjada, corbata negra y un peinado que le recogía el cabello todo hacia atrás.

¿Que carajo hacían Craig Tucker y Gregory Fields ahí?
¡Peor aun!
¿Esos dos, dueños del hotel?
Christophe no podía imaginar una explicación racional a eso…

…iba a matar a Gregory… ¡LO HARÍA!

O–O–O–

Tweek navegó en internet el tiempo necesario hasta llegar la hora correcta.
No estaba precisamente interesado por conversar con nadie, pero Missy jamás lo había decepcionado al obsequiarle una "sorpresa".
En el chat, su nombre era Tcoffe17. Jamás pudo deshacerse de aquel Nick de su adolescencia. Aunque se había cambiado legalmente el nombre, para que fuera igual al de su padre, jamás dejó de ser "Tweek" en el interior.

Craig… ese hombre… llegó a destruir su frágil existencia. Todo en cuanto había confiado los últimos 6 años… se destruyó. No debió volver jamás… debió quedarse donde lo hacia tan feliz.

En sus recuerdos.

Entonces el contacto nuevo de Tweek parpadeó en la pantalla. Se había conectado.

¿El debería hablarle primero?, ¿que se supone que diría?
Sabía que debió preguntarle más a su vecino al respecto.

Second11: ¿Tweek?

El rubio parpadeó sorprendido. Al parecer, el otro usuario no estaba tan poco familiarizado con él. ¿Podía ser Missy?... no, eso no tenia sentido.

Tcoffe17: ¿Missy?

Second11: n_nU No… el me dio este correo…

Tcoffe17: O.K.

Tweek se acomodó más sobre las sabanas. No estaba particularmente atraído por la idea de conversar con un desconocido… pero al menos eso ocupaba su mente en algo.

Second11: Miss me dijo que eras chef, ¿es vd?

Tcoffe17: Yo… si. :)

Second11: Yo también, Miss dijo que te gustaría que habláramos… (?)

Tcoffe17: …

Tweek se quedó pasmado frente a la pantalla… un chef con quien quisiera hablar… y que Missy le obsequiara… y su nombre de contacto decía…

¡NO PODÍA SER!

Tcoffe17: ¿Te conozco?

Second11: Quien sabe… escribo una columna en la revista NeoGurmet, ¿la conoces?

Los ojos de Tweek brillaron como nunca antes… ¡eso no podía estar sucediendo!
Saltó de la cama y se sentó, golpeando su espalda contra el respaldo de la cama. Apoyó la laptop sobre sus piernas y tecleó tan correctamente como sus temblores se lo permitían.
¡Eso era imposible!, era su sueño echo realidad… era una fantasía, era… ¡era!

Second11: ¿Estás ahí?
Second11 te ha enviado un zumbido.

Tweek soltó un grito ahogado que lo hizo sonar mas como una niña frente a su grupo de rock favorito. No, tenia que comportarse… ¡aunque fuera a reventar de alegría!
¡AMABA, AMABA A MISSY!

Tcoffe17: Perdón… ¿eres el chef Second?

Second11: ¡Ah!, si me conoces :D Me alegro

Tcoffe17: ¡Soy tu fan número 1!, ¡en serio! Siempre compro tus libros y todas las revistas NeoGurmet.

Second11: Ó/u/Ò en serio? Que pena… XD

Tweek dejó la laptop a un lado y comenzó a girar frenéticamente por todo el colchón. Olvidó por completo sus temores, sus problemas y todo lo que le hacia daño. ¡Estaba charlando con su ídolo!, eso no le sucedía a cualquiera. Entonces releyó sus propias palabras.

Tcoffe17: Perdona u_u debes escucharlo todo el tiempo, n_nU

Second11: No tan seguido como crees… en realidad XD nadie me lo había dicho.

Tcoffe17: ¡No lo creo!... yo, le escribía cientos de correos :S pero a la cuenta que aparece en la revista.

Second11: Bueeeennnooo… :( en realidad, perdí la contraseña, soy un torpe… y no he echo otro… perdona

¡Dijo un torpe!, ¡lo sabia!, era un hombre… tenia que decírselo a Chris en cuanto lo viera…

Tcoffe17: ¡Claro que no! :D no hay problema.

Tweek sonrió bobamente… después de todo, habría un motivo en su vida para sonreír. A pesar de todo el mal… a pesar de Craig.

Second11: Miss me dijo que estabas triste Tweek… ¿porqué?

El rubio agachó la cabeza y ocultó su rostro entre sus rodillas. No podía ocultar sus sentimientos frente a Craig. Era evidente que… había aun "algo" de aquel sentimiento de secundaria. De no ser así, ya ni siquiera dolería…

Pero la herida seguía ahí…
Así que su amor, probablemente también.

Second11: ¿Tweek?

Si podía confiar en alguien, era en su ídolo. Además, ellos ni siquiera se conocían en la vida real, así que, ¡que más daba!

Tcoffe17: Hay alguien… que me gustaba mucho… pero que me hizo daño. Ahora, después de todos estos años… volvió…

Second11: Ajá… :O

Tcoffe17: Y no sé bien que es lo que siento…

Second11: ¿Que impide que se quieran?

Tweek ladeó la cabeza, estaba confundido. Era una respuesta bastante obvia para él… pero el chef Second no conocía esa parte de la historia.

Tcoffe17: El me traicionó…

Second11: ¿y no podrías perdonarlo?

De inmediato, Tweek pensaba en la respuesta: NO. Durante muchos años fue así…
…pero…
Ya no estaba tan seguro.

Tcoffe17: ¿Y si me equivoco al perdonarlo?

Second11: :S

Tcoffe17: ¿Y si me equivoco y me hace mas daño?

Second11: ¿Y si te equivocas al no hacerlo?

Tcoffe17: (?)

Second11: Todos cometemos errores… pero en este momento no se trata solamente de ti, ¿cierto?

Tweek se acercó a la pantalla y la observó sin parpadear. Jamás había pensado en la perspectiva de Craig.
Ciertamente, el se burló de aquella inocente y torpe nota… ¿pero porqué lo hizo?
Porque debería haber un porque…
Y tenía derecho a conocerlo.

Second11: Siempre escucha ambas versiones Tweek… está segunda oportunidad no es para ti.

El rubio sonrió amable. Ese chef del otro lado del computador debía ser la persona más sabia y amable del mundo. Tendría otro punto que agradecer a Missy.

Tcoffe17: Debes ser la persona más afortunada del mundo. :D

Second11: ¿Te he podido ayudar, Tweek?

Tcoffe17: Claro que si… (/o/)/

Second11: Entonces lo soy :)

Tweek comenzó a reírse bajito, cuando el sorpresivo ruido de la puerta siendo golpeada, robó su atención.

Tcoffe17: Lo lamento, llaman a mi puerta…

Second11: Y yo tengo algo de trabajo… ¿nos leemos después?

Tcoffe17: ¡Claro!

Second11 Ha Cerrado Sesión.

Tweek se sacudió la camiseta y caminó hasta aquel lugar. Justo al abrir la puerta, Craig Tucker estaba ahí, con un enorme tarro de café y una sonrisa que desarmaba su corazón.

– ¿Puedo pasar?

El corazón del rubio latió con fuerza, sus mejillas se tiñeron de rojo y su mirada obtuvo ese brillo extraño que perdió mucho tiempo atrás.
El chef Second tenía la razón. Aquella segunda oportunidad de la vida no le pertenecía únicamente a él. Craig tenía al menos una explicación que darle.
¿Por qué se burló?
¿Por qué le permitió huir sin más?
¿Y porque volvía convertido en ese millonario acosador de intenciones románticas?
Estaba dispuesto a saberlo todo. No podría seguir así…
Después de 12 años, descubriría la verdad.

– Claro… pasa, Craig.

¡Y se la iba a dar!


Este capitulo tiene muchos espacios, pero es realmente corto. Missy y el chef Second, obviamente son personajes de SP, pero su protagonismo necesita un poquito mas de tiempo. Por ahora, esta es la perspectiva de Tweek, falta ver que tiene Craig que abogar.
SE QUE MSN YA NO EXISTE y antes que me critiquen por ser tan retro jaja, les digo que ODIO SKYPE :) y pues… ¡ya!, eso es todo en mi defensa. Extraño MSN como chat (porque claro que, FACEBOOK puede ser maravilloso… pero su INBOX apesta, digan lo que digan, es la verdad jaja y no importa que le implementen, simplemente no es bueno).

Así que sin mas, los dejo en este capitulo y espero que nos leamos pronto :D
Cuídense mucho.
By: Roglia15