El recuerdo de un caballero oscuro

South Park no me pertenece… ni sus personajes, ni la historia original. Esta historia si… eso es suficiente.

– ¿Tweek?... Oh, Dios mío… creo que está muerto…

– ¡Hijos de…!, ah, perdón… la costumbre.

Tweek se encontraba en una encrucijada.
Sus ojos se sentían pesados, sus músculos estaban tensos y su cabeza daba muchas vueltas. Sentía la ligera presencia del sol sobre su rostro. Estaba recostado sobre una superficie bastante irregular… como si fuera el asiento de un automóvil… pero… la luz lo golpeaba directamente en el rostro.
¿Cómo llegó hasta ahí?... ¿Dónde era "ahí"?, ¿Quiénes eran esas personas?, ¿Por qué aquellas voces mencionaban su nombre?, ¿los conocía?, ¿no se encontraba en el simposium?

– ¿Cómo carajo se cruza esta avenida?, no hay semáforos por ningún lugar, ¡me cortan las bolas!

– Cierra la puta boca, culón, solo conduce derecho.

– ¡Carajo, pobretón!

– ¡No le grites a Kenny, maldito Cartman!

– ¡Tu cierra tu judía boca!

– ¡CULÓN!

– Chicos… tranquilícense…

Tweek seguía sin poder abrir sus ojos, pero de pronto comenzó a imaginar su infancia… cuando concursó para formar parte de un estúpido cuarteto. Craig le dijo que estaría bien, que debía intentar en otros grupos además del suyo… pero le fue difícil vivir separado del moreno por mucho. Además, Craig, en opinión de Clyde, se volvió mas "huraño" en esos días. Nunca pudo preguntarle el porque, cuando volvió, seguía siendo el mismo Craig de siempre.

Craig… lo recordaba perfectamente… llegó a su departamento después de 12 años… ¿no estaba ahí, con él?
Solía estar a su lado cuando las cosas iban mal…
El, en realidad estaba… ¿Dónde?... recordaba haberse levantado temprano, tomó un baño, se puso la ropa que no sabía ni porque había comprado, demasiado "sexy", en palabras de Missy.
Missy…
Si, el había estado ahí los últimos momentos que recordaba. ¿Que le dijo?

– No tienes ni puta idea, ¿cierto, culo gordo? – Ahí estaba de nuevo la voz de Missy… Kenny. Habían vivido cerca el uno del otro por mucho tiempo. Cuando Tweek y Christophe escaparon de aquella prisión, la persona que los ayudó fue Missy… desde entonces, extrañamente el siempre… estaba ahí. Simple y sencillamente… le pidió que no volviera a llamarlo Kenneth en público, por motivos personales fuertes… pero jamás especifico porqué. Así que para él, era Missy y ya… pero…

Había algo mas… otra razón por la cual el…

– ¿Preferirías tomar tu el manubrio, marica? – Esa voz le recordaba a alguien… olvidado.

– Deja de hablar mierda, Cartman, gira en la siguiente calle a la derecha, ya puedo ver donde vamos… – Esa otra voz… llamó "Cartman" al desconocido de sus recuerdos. ¡Claro!, el judío de South Park. Era… ¿Kevin?, ¿Kal?... ¡Kyle!, si, era Kyle Broflovski.

– Yo no escucho a judíos embusteros…

– ¡No te metas con mi pueblo, gordo racista!

Esas peleas, las recordaba por completo. Pero… se sentía como que faltaba ahí…
Y alguien sobraba. Podía sentir, aun con los ojos cerrados, la presencia de una cuarta persona aparte de el en ese coche.

– ¡Chicos!, pelear no solucionará nada… lo importante ahora es encontrar la avenida principal… después de ahí, solo seguir los señalamientos.

Ahí… la voz del líder.
Esa voz, la escuchó durante el terremoto. ¡El terremoto!, así llegó hasta ese punto…
En la oscuridad, en aquella terrible visión de su adolescencia revivida…
Su peor miedo, ¿cierto?
El terror.
El coraje.
La impotencia.

– ¡Por ahí! – Gritaron Kenny, Kyle y Eric al mismo tiempo.

Tweek abrió los ojos con todo su esfuerzo. Entonces vio sobre el regazo de quien estaba recostado.

– ¿S-s-Stan? – Su garganta se cerró al instante. Desde su perspectiva podía ver aquel rostro perfectamente. Los años no pasaron en vano… había crecido bastante. Podía decir que era tan grande como Craig, su mismo cabello negro, pero ojos azules… y un alma despiadada.

– ¿Ya despertaste, Tweek?

Los ojos verde oscuro de Tweek se cubrieron de llanto. Sin poder siquiera gritar, comenzó a lanzar fuertes patadas y puñetazos en todas las direcciones. Kyle y Kenny, sentados en aquella camioneta de 3 hileras de asientos, se espantaron al ver como se retorcía el rubio en la última fila de asientos, golpeando de forma desquiciada a Marsh.

– ¡Ah!, ¿que carajo pasa allá atrás? – En el asiento del conductor, Cartman no podía girarse para mirar, pero el espejo retrovisor le permitía ver parcialmente la locura que sucedía allá atrás.

– ¡Tweek, Tweek!, ¡tranquilízate!, ¡nadie te va a hacer daño! – Kyle se giró sobre el respaldo para intentar sostener al rubio, pero sus puñetazos no le permitían acercarse. – ¡Kenny, ayúdame!

– ¡Tweek, no te vamos a dejar bajar así!, ¡te desmayaste, necesitas ir a un lugar seguro!

Entonces Tweek recuperó el aliento, se lanzó a si mismo con toda la fuerza en su cuerpo, en dirección contraria a Stan. El moreno, golpeado y rasguñado en casi todo el rostro, miraba atónito al otro chico. Tweek temblaba como si estuviera convulsionando, sus ojos parecían estar a punto de salir de sus huecos y el llanto comenzó a escapársele entre gritos y gemidos.

¡SAQUENME DE AQUÍ!, ¡SAQUENME!, ¡AYUDA!, ¡AYUDAAAA! – Comenzó a golpear la puerta corrediza, pero Kenny impidió que hiciera una locura. Estaban en el tercer carril de una avenida de cinco carriles, saltar de un auto en movimiento en esas condiciones, era suicidio. – ¡ALGUIEN!, ¡AYUDA!, ¡SAQUENME DE AQUÍ! ¡QUIERO SALIR DE AQUÍ!, ¡ALGUIEN!

Sus gritos sonaban, más que desesperados, como los de un hombre a punto de encontrarse con la muerte. Stanley permaneció quieto frente a Tweek, sin siquiera pestañear. Lo observó asustado, sin comprender esa reacción tan violenta…
Kenny vio como la respiración de Tweek comenzaba a acercase al colapso… sabiendo que no podía permitirlo, tomó la mano de Tweek que sostenía la manija de la puerta corrediza y lo observó a los ojos.

– Tweek… tranquilízate…te dejaré salir si sueltas la puerta…

– ¡Oye, pobretón!

– ¡Cállate, Cartman!... anda, Tweek… Tweekers… yo se que tu quieres que todo esto termine… ¿porque no sueltas la puerta para que te deje salir? ¿Eh?

Sin aquella peluca zarrapastrosa, Kenny lucía más amigable que nunca. Sonriendo sin mostrar los dientes, solo con un aspecto tranquilo y divertido… Tweek no podía dejar de ver a Stan como si la vida se le escapara si dejara de hacerlo, pero… ese era Missy. Si decía que iba a sacarlo de ahí, lo haría.

Con una lentitud que casi mata a todos ahí dentro, Tweek comenzó a soltar la puerta… sin apartar los ojos de Stanley ni por error. Kyle y Kenny lo observaban con cautela… no sabían que podría intentar… estaba histérico.
Finalmente, soltó la puerta y de apretó tanto contra la ventana que podría romper el vidrio de esta en cualquier momento.
En ese momento, Kyle y Stan suspiraron… no abría un accidente mayor.
Tweek comenzó a llorar con más fuerza y, entonces, Kenny colocó su mano sobre su hombro. Este hizo un extraño sonido… y Tweek cayó desmayado al instante.

– ¡Carajo, Kenneth! – Gritó Kyle, empujando al rubio para ver como estaba Tweek. Había perdido el conocimiento por completo.

– ¿Cómo le haremos en el aeropuerto, genio? – Cartman volvió a mirar con mayor concentración al tráfico. Stanley y Kyle acomodaron al rubio para volverlo a colocar sobre el asiento donde él y Marsh viajaban. – Es obvio que no va a cooperar…

– Yo me encargo, ¿si, culón?

– ¿Por qué…? – Por primera ocasión desde el ataque furtivo de Tweek, Stan habló a sus compañeros. – ¿Por qué me vió de esa manera?

Los tres chicos intercambiaron miradas preocupados… no tenían mucho tiempo antes que comenzara a darse cuenta.
Kyle terminó de acomodar a Tweek y puso su mano sobre el hombro de su mejor amigo.

– Debe… debe estar muy confundido por todo lo que sucedió en el centro de convenciones, ¿verdad, Kenny? – Buscó apoyo en el rubio de ojos celestes. Este encontró un objeto que cayó de los pantalones de Tweek.

– Claro que si… ya verás, Stan. Tweek estará mejor en Londres… – Se trataba del celular de Tweek. Este se iluminó y comenzó a sonar. La pantalla decía: Chris. – Todos nosotros…

O–O–O–O–

– ¡Es mi maldita culpa!, no debí dejarlo ir solo… ¡todo por querer irme contigo, maldito británico de mierda!

Christophe caminaba como furia enjaulada por toda la sala de espera.
Llegó al centro de convenciones después que Tweek no contestó ninguna de sus llamadas, ni mensajes. Gregory lo llevó hasta ahí en su limusina, pero solo llegó para ver el recinto abandonado y a los pocos guardias, desconcertados por los problemas técnicos que se dieron a causa del terremoto. Pasaban de las 8 de la noche y seguía sin saber nada de Tweek.

– Tranquilízate, my Christophé. – Gregory intentó abrazar al castaño por la espalda, pero este lo empujó con un solo brazo. Estaba harto de la ineptitud de todos ahí… nadie le respondía lo que esperaba y el estúpido encargado no se encontraba por ninguna parte.
Esperar… como odiaba tener que hacerlo…

– ¡Nada de tranquilízate!, ¡algo le sucedió a Richard!, ¡estoy seguro…! – Pero antes de continuar sus gritos, una puerta que dividía esa oficina de la oficina del gerente regional, se abrió velozmente, entonces dos hombres trajeados salieron de ahí.

– ¡Delorn! – Uno de ellos era Craig Tucker.

– ¡Tu!, Vous avez volé Richard! Où est-il?

El castaño caminó amenazadoramente en dirección de Tucker, pero una fuerza extraña lo detuvo.
Gregory reconocía aquella mirada fiera en su amado francés, por eso consideró adecuado intervenir antes que tuviera que invertir su fortuna intentando sacarlo de prisión. Tomó al castaño por debajo de los brazos y lo abrazó de la cadera. Mientras Christophe se revolvía en movimientos molestos para el rubio, este habló a Tucker.

– ¿Has contactado con el esposo de Christophé?

Craig abrió los ojos espantado… ¿¡QUIEN CARAJO ERA EL ESPOSO DE SU TWEEKERS!?

– ¿Quién? – Preguntó molesto e indignado. – ¡Este pendejo no es tal cosa de Tweek!

– Où est-il?

– ¡No lo sé!, ¡francés marica!, por eso estoy aquí… no llegó a su departamento…

– No contesta a mis llamadas tampoco… Richard… – Dejó entonces de pelear y se quedó ahí… de pie mirando en dirección al desorden que había afuera de esa sala. – Dijo que me esperaría a la 1… y pasan de las 8… – Entonces el otro hombre ahí presente se aproximó a los 3 hombres.

– Como le decía al señor Tucker, los guardias registraron una llamada de emergencia en las oficinas del 2do pabellón… uno de los invitados a las conferencias se quedó atrapado ahí por el sistema de seguridad paralizado a causa del terremoto. Un joven vino hasta aquí corriendo, exigiendo una computadora, – Craig desvió su mirada en dirección del exterior. Pensaba en Kenny, en sus palabras. – Tecleó un par de cosas y tan rápido como llegó corriendo, se fue. Fue extraño, los sistemas se reprogramaron.

– ¿Y el hombre que estaba atrapado?, ¿de que forma esta relacionado a Richard? – Christophe sacó su celular y lo volvió a observar. Ninguna llamada de Tweek.

– El chef Second y un ayudante se llevaron a un muchacho a Urgencias, al parecer también permaneció encerrado durante el terremoto…

– ¿¡El chef Second!? – Christophe y Craig tomaron uno, cada hombro de aquel sujeto. El señor simplemente se estremeció entre aquellos sujetos de aspecto serio y molesto.

Gregory, quien permaneció al margen, sacó su celular del bolsillo y comenzó a marcar un número conocido.

– Esto no tiene sentido… – Christophe marcó una ultima ocasión el número de Tweek, pero sucedió lo mismo que con las otras ocasiones. Lo mandaron al buzón de voz.

– Entonces… Tweek debe estar en algún hospital… – Concluyó Craig.

– En ninguno de la zona. – Les informó Gregory. Se sentía como un estúpido buscando al esposo de su amante… pero Tucker parecía saber algo que él no. Eso lo deprimía más.

– ¿Que cosa? – Christophe se detuvo un segundo a pensar. Antes de poder sacar a relucir sus ideas, Tucker le ganó la palabra.

– Kenny, el debe estar con Tweek… – Christophe lo observó con sorpresa.

– ¿Missy? – Ambos intercambiaron miradas incrédulas. – ¿Cómo sabes su nombre?

– ¿Tu como sabes su nombre?

– Richard y yo lo conocemos desde… – De detuvo. No, Tucker no tenía derecho a saber. – Desde hace años. No conocía a nadie que supiera su nombre.

– Kenneth McCormick, estuvimos juntos desde kindergarden hasta la preparatoria. No lo veía desde hace poco más de 8 años… quizá más…

– Entonces… – De nuevo, el castaño marcó un numero, y por primera ocasión le contestaron.

Hey, Christophe… ¿quepasó?

– ¡Missy, yo…! Sucedió un accidente después del terremoto y quiero saber…

Oh, Chris… dentro de poco sale mi vuelo, estaré lejos algún tiempo, tú sabes, lo de siempre. Así que… ¿te parece bien si hablamos una vez que vuelva?

– ¡No, Missy!, mira… Tweek está desaparecido y Tucker y yo estamos…

– ¡No! – Regañó Craig y al instante, Kenny le colgó a Chris.

– ¿Que mier…? – Gregory se acercó a ellos. – ¿Que carajo te pasa, Tucker?, ¿y porqué ese pendejo me colgó?

– Estoy seguro que él tiene a Tweekers.

– ¿Who? – Gregory guardó su celular y se colocó entre Tucker y Delorn.

– Richard, yo…

– ¿Your husband?

– ¡No es su esposo! – Craig estaba desesperado. Tweek perdido, tener que hablar con Delorn, Missy probablemente haciéndole Dios sabía que cosas y a ese pedante británico a un metro de él.

– ¿Chris? – Gregory observó al castaño.

O–O–O–

Sentado al borde de la camioneta, Tweek observaba con torpeza todo a su alrededor, con cientos de imágenes dando vueltas en su cabeza. Primero un ojo se adaptó a la luz, la escena, los colores, el dolor de cabeza y las ganas de vomitar.
Se encontraba recostado con los pies colgando hacia afuera del vehículo. Con la puerta abierta, ¿no era la oportunidad perfecta para escapar?
Tomó toda la fuerza contenida en su cuerpo, su débil y marcado cuerpo… pero una fuerza tremenda lo sostuvo del pecho, deteniendo su movimiento y haciéndolo sentir la gravedad de repente.

– Mas lento, Tweekers. – Era Kenny, de pie fuera del coche. Aquel lugar parecía un estacionamiento. Había cientos de automóviles alrededor, el techo del lugar no parecía tener fin y el acero cubriéndolo todo era incapaz de frenar el sonido constante de maquinas trabajando a unos metros de ahí.

Era el estacionamiento del aeropuerto.

– ¿Ke-Kenny?, ¡Missy!, yo, ¡ayúdame!, tuve una pesadilla, pero… ¿Dónde…? – Tweek agarró la mano de Kenny entre las suyas, mas esta no se movió. Entonces Tweek notó la cabellera rubia de Kenny, ocultando aquellos ojos serenos y fríos. – ¿Missy?

– No te preocupes, ya puedo ser Kenny de nuevo… mira esto, Tweek. Voy a necesitar de toda tu cooperación. – El mas alto empujó las piernas de Tweek, que seguían adormecidas, de esa forma, Se sentó en la orilla, tapando la única salida de la camioneta. Sacó del bolsillo de su camiseta negra un par de papeles doblados. – Toma, es el tuyo.

Tweek observó aquel papel con el miedo aun apoderado de su cuerpo. ¿Que estaba sucediendo?, ¿A dónde habían ido los otros?, ¿era eso una alucinación mas?, ¿seguía atrapado en aquella prisión?

– ¿Un boleto de avión? – Leyó el papel. Decía ahí su nombre. – Es mío… ¿Londres?

– Londres, Tweek. Así es… – Kenny recargó su cabeza contra el respaldo y después miró el techo. – Necesitamos comportarnos tranquilamente y no causar demasiados problemas, ¿de acuerdo?

– Kenny, yo… no quiero estar aquí… necesito volver a casa, hablar con Chris… ¡Chris! – De inmediato buscó dentro de sus bolsillos, pero no encontró el objeto. Un sonido parecido al de su celular, el objeto deseado estaba ahí, frente a su rostro, entre los dedos de la mano derecha de Kenny. – ¡Mi celular!

En ese preciso momento, estaba vibrando y brillando. Era el tono de llamadas para Christophe. Tweek extendió su brazo con lentitud… solo para observar con miedo al otro rubio abriendo el objeto, separando la pantalla del teclado y… rompiendo el objeto con una facilidad abrumadora.

– ¡Kenny!, ¡no! – El objeto cayó partido en dos dentro del auto. Tweek lo recogió, pero era solamente basura. – ¿Por qué?

– No necesitamos distracciones… y Christophe se encuentra ahora con Tucker. Lo ultimo que deseo es a esos dos aquí, impidiendo lo "inevitable". – Kenny salió de la camioneta y colocó las manos sobre el techo. – Andando… el avión saldrá en 30 minutos.

– No.

Su mirada, con aquel terror en ella que había abandonado la noche del escape, estaba ahí presente. Kenny, Missy… no podía pretender que se encerrara en un vuelo a nosédónde, con Stanley Marsh y unos, casi, desconocidos, hacia el antiguo continente sin siquiera avisarle a su mejor amigo… lejos de su empleo, su casa y…

…de Craig…

– Temía que dijeras eso… porque, Tweek. – Kenny volvió adentro del coche, pero en esa ocasión cerró la puerta. Adentro estaba todo oscuro, tanto, que Tweek observó casi con miedo al otro rubio. Su mirada azul cielo parecía la de un felino. Uno peligroso. – No te lo estoy preguntando.

La voz de Kenny resonó segura y profunda. Tweek se retorció en su lugar y se apoyó contra el respaldo. Por supuesto que tenia la opción… eso era prácticamente un secuestro. Por donde quiera que lo viese.

– No voy a ir contigo a ningún lugar, Kenny… me voy a casa.

– Si vas a casa, te enviarán a prisión… y tú sabes lo que sigue a eso… – Kenny sacó de su bolsillo un papel azul. Tweek lo recordó tan pronto como lo vio. Era el pagaré. – Me sorprende que no dejaras a Tucker pagarlo… y menos mal que no lo hiciste. Creo que el lo habría leído al menos. La fecha de vencimiento te ha estado creando intereses desde hace una semana Tweek…

– ¿Eh? – El rubio sostuvo el papel con aquellos desquiciados temblores. No podía ser cierto. – Eso no…

– 3600 dólares, Tweek. Si puedes pagarme esto en este momento, lo dejamos todo aquí y puedes bajar de esta camioneta. Incluso yo te buscaré un taxi. ¿Que dices?

Tweek se estremeció al escuchar aquello, él…

– No tengo esa cantidad… – Jamás en su vida la había tenido. No junta. – ¡Pero, Kenny… yo! – Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Estaba en realidad desesperado.

– Ni yo paciencia, así que escúchame bien. Abordaremos ese avión hacia Londres… llegaremos a Inglaterra en una horas y nos acompañaras hasta la casa de Stanley, después, ahí…

– No… – Se aferró a la manga del otro. Sus piernas estaban tan contraídas por la tensión que pensó que se orinaría ahí mismo. – Por favor…

– Y no quiero que luzcas como un niño llorón, porque entonces harán preguntas y es lo último que necesitamos… ¿me entiendes?

– No, no quiero… ¡no voy!, ¡no voy a ir, no!, ¡no!, ¡prefiero ir a prisión!... prefiero regresar a aquel lugar.

– Me pregunto si… Christophe pensará igual… – Murmuró el más alto. Entonces Tweek lo miró con mayor desesperación. – Claro que, una vez que tú vuelvas a ser internado… ellos comenzaran a hacer preguntas… y yo puedo ser muy cooperativo.

– No lo harías… ¿verdad?, Chris no tiene nada que ver… – Soltó la manga de Kenny e intentó empujarlo para escapar de ahí, pero la fuerza del otro era mucho mayor. – Kenny, por favor.

– No insistas… tu eliges. Ven con nosotros a Londres. Todo pagado, Tweek, no tendrás que trabajar ni hacer ningún gasto, solo lo que yo te ordene… y tan rápido como todo se solucione… – Kenny volvió a abrir la camioneta y salir de ahí. – Y las cosas vuelvan a ser normales, dentro de lo que cabe, claro… te dejamos volver a América. ¿Te parece bien?

Tweek meditó las cosas. Evidentemente, estaba atrapado.
El infierno… el demonio… en Londres.
O arrastrar a Christophe junto a él… hacia la silla de electroshock.
No tenia mucho en que pensar, ¿cierto?
Al menos su amigo…

– Yo… de acuerdo.

Kenny, de afuera de la camioneta, observó al rubio, con aquella sonrisa tan típica en él. Así que… todo comenzaría en realidad ahí.

Tweek comenzó a llorar con el rostro oculto entre sus manos. Sentía tanto miedo… tanto maldito miedo.

– Vamos.

No tenía tiempo, ¡nada! y de pronto me quedé sin cosas que hacer, ¡por completo!
Loca la vida mía…
Cambio de SUMARY! Ahora la historia si se pondrá rara.
Gracias por leer hasta aquí y pues… nos leeremos de nuevo pronto…

By: Roglia15