Comienzo
South Park no me pertenece, ni sus personajes ni la historia original. Tampoco me pertenecen estas seudo-novelas cortas de 1000000 palabras.
El pueblo de Haworth era una preciosa visión de la época victoriana. Tweek miraba sorprendido aquellas calles empinadas y el suelo de piedra, la tierra que las hermanas Brontë.
Miró las cumbres, el aroma que jamás había olido del campo rodeando el hogar de los hombres. Al observar aquel cielo, el color celeste y blanquecino de las nubes mezclándose, las personas que caminaban de casa en casa, deteniéndose a poner el mismo rostro perplejo que él, hablando una variedad extraña de palabras. Había muchos turistas ahí… y extrañamente la mayoría parecían asiáticos.
– Los japoneses consideran Cumbres Borrascosas una novela de culto, que extraño, ¿no? – Kyle atrapó la mirada de Tweek con una sonrisa cálida. Lucía mucho mas tranquilo al mirar aquellas preciosas casas de siglos pasados.
– ¿Hay muchos turistas siempre? – Tweek miró la vitrina de una tienda de dulces de la que salían dos jovencitas pelirrojas, al otro lado de la calle había un grupo d mujeres con mochilas y bolsas de campamento.
Cartman entró en la dulcería y dejó al grupo. Kenny aprovechó la parada para estirarse todo lo que podía, colocando sus manos tras sus caderas y alzándose cual gato dormilón. Stanley miró en dirección de una taberna y caminó un par de pasos en su dirección, después se detuvo y finalmente volvió. Kyle y Tweek lo observaron extrañados y el pelirrojo lo tranquilizó.
– Le dijimos que llegaríamos hoy, así que podrás volver al trabajo por la noche. – Tweek miró el lugar con mayor detenimiento. Era un restaurant-bar, con una fachada amistosa y sobria. – ¿Te gustaría entrar a comer algo, Tweek?
– No tengo hambre… – Mintió. No estaba de humor como para comer algo que ESE sujeto hiciera.
Lo recordaba perfectamente… el chef Second, Stanley Marsh, recién descubrió, trabajaba en el Reino Unido. Sus libros siempre provenían de Europa y todo lo que se conocía de él era su participación en la cadena de restaurantes más importantes del viejo continente. Ahora sabia, además, que trabajaba en aquel lugar.
– Quisiera comenzar ya… – Murmuró Stan. Kyle caminó hasta él y lo empujó ligeramente en dirección de Kenny y Tweek.
– Ya habrá tiempo, ya habrá tiempo… ¿Por qué no mejor vamos a la casa primero?, no se ustedes, pero yo caeré muerto.
– Yo también. – Contestó Kenny con un bostezo mortal. Jamás se había sentido tan cansado… pero aquellas calles estaban sumamente empinadas.
– Ya volví… – Cartman cargaba al menos 6 paquetitos distintos con dulces. Kyle y Kenny recogieron sus cosas del suelo y recobraron el camino. – Pues a darle...
–O–O–O–
– ¡Tucker!
Craig caminaba como pantera enjaulada. Con el celular contra su oído, pudo distinguir el acento francés que le habló sonaba mas fastidiado que él.
Christophe, seguido de Greg, llegó al aeropuerto justo 30 minutos después que el moreno. Craig hablaba con Clyde, pero el castaño no se encontraba mejor que él.
"Te lo digo… ¡fue Kenny!, lo sabía y no pude comunicarme contigo antes… ese tal Missy debe ser él, destruyó mi disco duro y me dejó sin laptop… solo él podría fregarme en este campo…"
– Ya lo sé, lo descubrí de otra forma… ¿y cuando volverás de Japón?, necesito tu ayuda ahora mas que nunca…
"No estoy en Japón en realidad…"
– ¿Dónde carajo andas, callejero? – Craig se exaltó enfadado. Christophe y Gregory observaron extrañados su actitud.
"¡No me llames callejero, cabeza dura!, estoy en Inglaterra… viajo con tus socios… quieren visitar algunos lugares de Europa y yo…"
– Muchas gracias, marica… no importa, después te marco.
"Pero mi celular está fallando ahora, yo…"
– No te pago para que te des tus vacaciones con los nipones, idiota… – Y el moreno le colgó de golpe. Como siempre. Eso si que encabronaba al castaño.
– Richard está en Londres. – Avisó el francés a Tucker, pasándolo de largo y caminando a grandes pasos, como solía hacer siempre. Los ojos de Craig se iluminaron.
– Lo sé… me lo acaban de informar, ¿tu a donde vas? – El castaño se detuvo de golpe y tras él, Gregory y Craig.
– Voy a traer a Richard a como de lugar, es mi mejor amigo y el único que he tenido durante 10 años, ni tu ni nadie va a impedir que vaya y mate a Missy de ser necesario. Ahora quítate de mi camino si no vas a cooperar… la verdadera incógnita aquí es: ¿Por qué vas tu?, ¿no fuiste quien se rió en su cara cuando te confesó lo que sentía?
– ¿Que dices? – Gregory caminó hasta el castaño, pero no se le acercó demasiado. Algo dentro de él le decía que podría saltar encima de Tucker de un segundo a otro.
– Richard me contó hace tiempo… cuando estuvimos encerrados, que escribió un recado o algo así, te lo dio y vió como te reías a carcajadas de eso… y, ¡lo sé!, es tan cursi y torpe, ¡pero así es Richard! Y tú podrías haber hecho otras cosas en lugar de comportarte como un imbécil – Christophe lanzó su maleta en dirección del moreno, pero este la arrojó enfadado al suelo.
¿Por qué el y Tweek decían cosas parecidas?, el rubio le reclamó algo igual en su departamento…
– Yo fui quien resultó herido… él me dio su recado y al siguiente día dejó de hablarme… unas semanas después se fue… y después… ¡después…!
Christophe miró a Tucker con un rostro intrigado. Aunque Gregory no entendía nada de lo que sucedía, las cosas parecían graves.
Craig se llevó una mano a la boca… ¿Por qué le sucedía eso de nuevo?
¿Dónde…?
¿Dónde estaban los recuerdos después de la secundaria?
¿Por qué no recordaba a nadie antes o después de ese lapso?
¿Dónde estuvo?
¿Haciendo que?
Todo en cuanto podía recordar era haber heredado las propiedades de su familia, sus padres dándole una vida completamente distinta a la que siempre tuvo. Rubí ya no era igual… después de obtener dinero se volvió fría con él, quizá llegó a odiarlo. Su relación nunca volvió a ser igual…
Pero…
El sentimiento de deseo, el querer volver a ver a Tweek…
Eso jamás se fue.
Pero el resto de su memoria…
¿Dónde estaba?
– ¿Después…? – Christophe alzó la ceja intrigado, pero Craig permaneció así, con una mirada desvanecida.
Solo podía recordar a Tweek llorando…
…escondido en la oscuridad.
–O–O–O–
La casa era una joya del siglo XIX. Tweek miraba aquella histórica construcción a través de los ojos de un niño.
Cuatro pisos de altura, la madera del suelo y pilares estaba en perfecto estado, dando toques oscuros a las paredes blancas y crema de las habitaciones. Las puertas, todas con doble cerrojo, eran tan pequeñas que se tenía que agachar ligeramente antes de poder cruzar a otra habitación. Los techos estaban compuestos por tablones extensos, unidos por corteza acomodada en patrones paralelos. Los muebles mantenían cierta diferencia con el entorno, pues en su mayoría eran modernos, desde la televisión, el DVD, el estéreo y una computadora de escritorio, hasta las mesas, las sillas y los sillones.
Las habitaciones eran bastante sencillas: una cama individual, un taburete con una pequeña lámpara encima, un ropero de dos puertas corredizas y un espejo de cuerpo completo, un pequeño tocador y una televisión de 16 pulgadas.
A él lo hospedaron en el tercer piso, supuso que Kenny lo pidió así. De esa forma, no podría escapar ni pasar inadvertido de intentarlo.
Tal y como sospechaba, Kyle y Eric dormían en la misma habitación del segundo piso, Kenny tenía la suya en el cuarto piso y Stan parecía vivir en el mismo piso que su amigo judío.
La cocina estaba en el primer piso, era enorme y tenía la última tecnología en maquinaria. Al verla, los desolados ojos pino de Tweek cobraron aquel brillo que llevaba ocultando desde hacia mucho tiempo.
Con los otros 4 chicos ocupados en sus tareas, Tweek anduvo vagando por todo el lugar, acariciando ollas y sartenes, cerrando los ojos mientras raspaba con sus uñas el borde de unos panes que decoraban la mesa. El lugar entero le recordaba el único lugar del mundo donde no tenía que ser el mismo.
– ¿Gusta cenar algo? – Una voz profunda que resonó desde la entrada del lugar, hizo a Tweek ponerse en guardia. Hasta se le erizaron los bellos de la piel.
– No, no quiero nada de ti. – Contestó con la voz áspera, pero segura. Su mirada borró esa amabilidad renovada y volvió a mirar al creador de sus pesadillas.
Stan vestía una playera negra de Ozzy Osbourne, llevaba unos jeans rotos de las rodillas y el cabello peinado hacia adelante. Ese look le recordaba a Missy, Kenny cuando estaban en América.
El moreno parpadeó perplejo y dejó las verduras que llevaba entre sus manos sobre la mesa. Eso se iba a resolver ahí mismo.
– ¿Por qué me odias tanto, Tweek?... – EL rubio abrió los ojos como si hubiera recibido un baño de agua fría. – No recuerdo haber…
– ¡Porque eres un cerdo!, ¡un maldito monstruo!... no puedo creer siquiera que te atrevas a dirigirme la palabra… – Tweek tomó un cuchillo de 20 centímetros y caminó en la dirección contraria a Stan. No confiaba ni un poco en el, pero si intentaba algo estúpido, se las vería con él.
– Yo jamás te hice ningún daño… tu en cambio… – Se llevó la mano a los ojos. No, seguía sin recordarlo… el daño de Tweek… solo sabía que se fue… y eso lo entristeció. ¿Pero que era eso con lo que soñaba todo el tiempo…?
– ¿¡Que tu jamás…!? – Tweek volvió a tener esos arrebatos con su camiseta y jaloneos de cabello extremos. Quizá usaría el cuchillo para otra cosa…
…pero…
Guardando su cordura por un instante y concentrándose en la situación, ¿aquello no tendría algo de sentido?
Es decir, Kenny dijo que le llevó hasta ahí para "arreglar algo", "salvar a alguien", "volver las cosas a la normalidad". ¿Podría ser acaso que…?
– ¿Te golpeaste la cabeza con algo? – Preguntó con entera seriedad.
Stan detuvo su trabajo picando las verdura su alzó la mirada con una ceja elevada. ¿Por qué no recordaba una personalidad tan extraña y molesta en Tweek?
– ¿Disculpe?
– Si, tu… ¿te golpeaste o caíste desde alguna altura peligrosa?... digo, ¿sabes quien…? Missy dijo…
– ¿Quién?
– Ken, Kenneth… el dijo algo sobre…
Con un poco más de seguridad, Tweek se aproximó a Stanley con cautela, por el otro lado de aquella enorme mesa de trabajo de acero. Inspeccionando más a fondo al moreno pudo ver unas pequeñas marcas sobre sus muñecas.
– ¿Algo sobre que?
– ¡JESUCRISTO! – Corrió hacia el otro lado de la mesa, olvidando por completo a quien estaba tocando. Tomó las muñecas de Stan y las observó de cerca. El moreno se sonrojó al tener aquella cabellera rubia bajo su rostro. – Estas marcas… ¡Stanley!, estas marcas son…
– ¿Eso?... ah, son heridas viejas… deberían haber desaparecido. – Dijo sin más. – Mire, usted tiene unas iguales. – Dijo señalando las muñecas del rubio. Tweek se dio cuenta de la situación, soltó las muñecas del moreno de golpe y dio un salto hacia atrás.
– Si, pero… – Su corazón comenzó a latir con fuerza estremecedora… no le gustaba la cercanía con aquel sujeto… pero… – Es imposible que alguien más las tenga.
– ¿Por qué es imposible?, usted las tiene y yo también…
Tweek miró sus manos, donde casi desaparecían por completo aquellas señas que las agujas y los tubos dejaron en él, pero Stan… ¡Stan!
– ¿Cómo te las hiciste?
– ¿Estas? – El moreno miró sus propias manos detenidamente, después se giró para ver a los ojos de Tweek directamente. Respondió con una voz tranquila y pasiva. – No estoy seguro del todo, creo que soñando…
– ¿So…? – Tweek miró intrigado al moreno.
Quizá Kenny no le mintió del todo.
–O–O–O–
A pesar que todas las luces estaban apagadas dentro del avión, ni Craig ni Chris podían contemplar siquiera la idea de dormir. No tenían información alguna sobre Tweek, solo había rastros de él en el aeropuerto de Londres, pero Inglaterra era enorme, además de lo fácil que era acceder desde un país a otro estando dentro de Europa, lo volvía todo mucho mas complicado.
Pero el castaño tenía una ventaja obvia. No había un lugar del viejo continente que no conociera, toda su infancia se le fue viajando por aquellas importantes ciudades y colonias que atraían cada año a millones de turistas y que podían servir para ocultar los mas grandes crímenes concebidos… como aquel que lo envió a estar encerrado junto a su amigo, Richard.
– ¿No quieres que te abrace? – De pronto la voz de Gregory lo sacó de sus memorias. Ya no había porque pensar en eso. Frunció el ceño y se dio media vuelta, dejando así su espalda a merced del rubio. Gregory sonrió enternecido y acarició con las uñas, ocasionando leves cosquillas, en toda la extensión de su espalda.
– Igs inoffgh. – Dijo el francés con pésima pronunciación. El inglés aun se le complicaba ligeramente. Gregory echó a reír bajito. Supuso que quiso decir que "era suficiente".
– No quiero que te preocupes, ya verás que encontraremos a tu amigo… y lo traerás de regreso los Estados Unidos… de esa forma, podrá asistir a nuestra boda… – Completó con una sonrisa mas que grande.
– Eso te encantaría, ¿verdad, británico cretino?
– Por supuesto… ahora que sé que no solo no estás casado, sino que eres por completo libre de cualquier compromiso, te volveré mi esposo así tenga que obligarte. – Susurró divertido al oído del francés. Le dio un leve beso en el cuello y fingió que por fin se dormiría.
– ¡JAMÁS! – Gritó el hombre, girándose para ver el rostro de Gregory, pero en su lugar, todos los tripulantes en la sección lo voltearon a ver alarmados. Christophe sintió que se lo comía la vergüenza y se tapó con la frazada hasta la cabeza. – Maldito idiota. – Susurró tan bajo como pudo.
Gregory se mordió un dedo índice para evitar soltar abiertamente las carcajadas. Le encantaba hacer enfadar a su panecillo francés.
…
A pesar de haber escuchado el grito de Gregory varias hileras de asientos atrás. Craig no se inmutó en lo absoluto. No tenia ánimos de preocuparse por lo que le sucediera al estúpido francés.
– Tweekers… – Suspiró para si mismo.
Pero no deseaba dormir. Abrió los ojos tan rápido como los cerró. Lo mejor seria no dormir, no hasta tranquilizarse…
Porque al cerrar los ojos…
¡NO, NO SIGAS!
Oía esos desgarradores gritos.
Tenía que encontrar a Tweek.
–O–O–O–
– ¿Que es exactamente lo que tiene Stanley?
Escondidos en una banquita que aguardaba a metros de la casa, donde una pequeña cumbre terminaba y la vista del pueblo entero era maravilloso, Kyle y Kenny estaban sentados sobre el césped. Pasaban de las 11, el cielo nocturno vestía de constelaciones que en la ciudad jamás podía relucir.
A pesar del asombro y escepticismo de McCormick, Tweek estaba sentado tranquilamente ahí, frente a ellos y sobre la banquita. Kyle y Kenny sentían el césped bajo ellos, peinándose con la fresca brisa de la noche.
El judío echó una mirada preocupada a su amigo, pero Kenny asintió a manera de resignación. Todo sería en vano si no se lo explicaban.
– Tenías razón al decir que no teníamos derecho a traerte, Richard… – Comenzó, pero de inmediato fue interrumpido por su amigo.
– ¿Richard?
– Me cambié el nombre hace años… legalmente ese es mi nombre ahora… ¿decías? – Tweek dejó la taza de café a su lado, sobre la banca. El aire comenzó a soplar ligeramente mas fuerte y tanto el como Kyle se cobijaron con aquellas pequeñas mantas azules que llevaban encima. A Kenny parecía no incomodarlo en lo absoluto el fresco.
– Nuestro amigo…
– No me digas que perdió la memoria, porque es tan de novela que ni siquiera me lo creería… – Tweek ladeó la cabeza y retomó la taza entre sus manos. Kyle miró a Kenny preocupado y después al otro rubio.
– No es tan simple como eso… Stan fue…
– Reprogramado.
Al mirar aquel rostro pálido y aterrorizado del antiguo cafeinómano, Kenny supo que comprendía el resto sin decir una palabra más.
– Eso no… es… no. – Ni siquiera podía articular una sola palabra… – El tratamiento de reprogramación… – Un par de lagrimas escaparon de sus mejillas. Tiró la taza sobre si mismo, sin sentir siquiera al líquido hirviendo correr entre sus piernas. EL pánico de apoderó de él y unos espasmos ligeros pero contundentes lo atacaron.
– ¡Tweek! – Kyle se alzó del césped y abrazó al rubio. Él simplemente no podía creerlo.
– Eso, ¡pero eso…! Quiere decir que… Stan Marsh… ¿Cómo?
– Si, Tweek… – Kenny esquivó la mirada de los otros dos chicos. Miró hacia el pueblo, algunas luces seguían brillando. Solo había un solo hotel en Haworth que estaba abierto toda la noche y cuyo restaurant era reconocido en todo el país. Ahí debía estar Stanley a esas horas. – Stanley también estuvo en el Centro Psiquiátrico Especialista en Detroit…
– La prisión de Josef Mengel*… – Agregó Tweek y comenzó a llorar entre espasmos cada vez más fuertes.
Todas las imágenes que golpearon su cabeza lo aturdían demasiado…
Desde el día en que pidió a sus padres que lo enviaran lejos, sin motivo aparente, después de lo que vivió junto a Stan.
Hasta su llegada a casa de sus tías en el Condado de Oakland…
Donde sus pesadillas seguían… sumadas a su trauma social con el rechazo de Craig Tucker, lo volvieron triplemente paranoico…
Y sin dar mayor explicación, convencieron a sus padres… "era lo mejor" dejarlo en manos de especialistas.
Pero el no estaba loco…
…hasta llegar a aquel infierno…
Toda su vida desde aquella tarde en la bodega, su odio desmedido suplicaba a Dios, al diablo o a quien fuera, que Stanley pagara aquel suplicio…
…pero jamás imaginó que viviría lo mismo…
…de pronto…
…el odio salía sobrando…
– Ellos… hacían experimentos… – Dijo con la boca recientemente seca. Kyle lo abrazó aun más fuerte. – Ellos… a nosotros…
– ¡Lo sabemos!... todo, Tweek… nosotros… lo escuchamos de…
– ¡Stan!, él nos lo dijo… – Interrumpió Kenny, entonces se puso de pie y se sentó junto a Tweek, obligándolo a mirarlo a los ojos. – Richard, tu estuviste ahí por casi 5 años… Stanley por 6… y… ahí sucedió…
– Pero, yo jamás vi a un solo sobreviviente de la reprogramación… – Tweek surcó entre sus memorias más oscuras, mas sádicas… de todos los hombres, mujeres, niños o jóvenes de su edad que entraron en aquella habitación… y salieron cargados en camillas.
– No entiendo como Norteamérica permite… – Comenzó Kyle, pero de inmediato se detuvo. El no tenía ningún derecho… solo Tweek y sus similares podían vagamente imaginar ese suplicio…
– No lo permiten… simplemente no lo saben. – Kenny tomó el rostro de Tweek con fuerza y alzó su vista hacia la suya. – Pero tu si, Richard Tweak… tu sabes y viviste una pequeña parte de lo que Stanley pasó…
– Ellos jamás me hicieron parte del experimento por mi pigmentación… al parecer… solo la gente de cabello oscuro sirve…
– ¿Jamás lo intentaron en Chris?
– No, Chris… era protegido por leyes internas desconocidas… porque era francés… ellos jamás intentaron… eso… – Seguía sin imaginar ese dolor en Stan. Simplemente lo hacia sentir una terrible persona por deseárselo… pero… de alguna forma enferma… era su castigo. Uno justo.
– Pero no lo entiendo… ¡se supone que es el chef Second!, que él… él estaba… espera… – Kyle y Kenny asintieron. Tweek se llevó la mano a la boca y comenzó a llorar más fuerte.
– Ahora lo entiendes… el chef fue parte de la reprogramación… de esa forma supieron que el experimento tenia efecto. Sus habilidades en la cocina que jamás antes tuvo, su personalidad retraída y sumisa, el olvido de sus recuerdos pasados… todos son efectos de aquel experimento.
– Pero… bueno, aunque yo no formaba parte de ese grupo… también en mi usaron los experimentos sobre la… la… – Tomó aire con fuerza. Aun recordarlo era como revivirlo… – la silla de electricidad… y los químicos, yo jamás perdí mis recuerdos, Christophe tampoco… ¿que tan distinto podría ser?
– ¿Jamás lo viste? – Kyle dejó ir a Tweek, este necesitaba espacio. Se puso de pie y se abrazó más fuertemente con aquella mantita azul.
– Los gritos… en aquella sala eran… eran indescriptibles… – Recordó de pronto aquel momento de la noche en que todo comenzaba. – A las 6 de la tarde… – Kyle y Kenny lo observaron atrapados por completo en una narración que Stanley jamás fue capaz de recordar.
"A las 11 p.m. en punto…
Aquel edificio estaba por completo deshecho. Sus paredes tenían acaso algunos cuadros de azulejo, el resto eran las marcas del yeso descompuesto. Las tuberías sobresalían de todos los rincones, dejando escapar fumarolas de vez en cuando, haciendo el sonido de voces en la lejanía. No había paredes y a todos nos mantenían viviendo sobre el suelo, aquel húmedo y frio suelo que constantemente se pintaba de carmín… del oscuro color de la sangre.
Normalmente no había más de 60 "enfermos", aunque al menos 40, como yo… no éramos más que desdichados… Nos daban de comer cosas muy distintas según el grupo que formáramos… a los que usaban para medicamentos fármacos, solo les daban agua, judías y pan. Quizá algún jugo a la semana… después estábamos los que recibíamos "terapia de agujas". Nosotros solo comíamos carne y verduras. Jamás dulces… ni azucares innecesarias… después estaban aquellos de la "sala azul". Ellos no hablaban… jamás. Tampoco comían, a pesar de recibir los alimentos más exquisitos y variados. Llegamos a ver como les servían nieves de sabores, malteadas y filetes… ellos… simplemente se dejaban morir… la mayoría eran menores de edad…
Finalmente… estaban los escogidos para la reprogramación. Solo eran mitos y en realidad muy pocos llegaron a verlos. Cuando conocí a Chris, en realidad fue la tercera ocasión en que escuché sobre ellos. Vivían en el segundo piso, el lugar a donde no se nos permitía llegar. Sabíamos que había gente ahí, por lo gritos, pero… nunca los veíamos… hasta que alguno de los que habitábamos abajo era escogido… y cuando los sacaban de ahí en camillas cubiertas de sabanas manchadas. En los 4 años que estuve ahí, vi a 2 niños y a un hombre ser llevados para la reprogramación…
Y el ciclo comenzaba a las 11 p.m.
Christophe me abrazaba con fuerza, tapando mis oídos con un montón de vendas usadas. Ambos cerrábamos los ojos con fuerza y fingíamos no estar ahí… cuando las 11 llegaban, los gritos que provenían de aquella sala eran espantosos… podías escuchar sus gargantas sangrar incluso… todos en el primer piso lloraban… algunos, los mas afortunados, habían sido tan torturados que ni siquiera podían oír… algunas noches me tocó a mi ese privilegio… las descargas me dejaban exhausto. Después, a las 2 o 3, los gritos desaparecían…
Diariamente…
Cambiaban de "prueba" cad semanas… era todo lo que un ser humano podía soportar, supongo. Jamás vivieron más de 6 semanas… jamás…
La vez en que fue el segundo niño, fue la ultima reprogramación en la que Chris y yo permanecimos en el lugar…
No podía soportarlo más…
Y después…
Tu, Kenny, nos sacaste de ahí…
Jamás tuvo sentido para mi el porque tu nos encontraste durante la fuga… pero creo que ahora tiene bastante sentido.
Yo solo supe que tú querías ser Missy… y como Missy te conocí todo ese tiempo".
Tweek terminó su narración y observó a Kyle llorando desarmado por completo. Kenny se puso de pie y tocó el hombro de Tweek. Su mirada le recordó mucho al Kenny que conoció en la primaria.
– Soy un hacker, Tweek Tweak. Los Estados Unidos de América me buscan… pero solo tú y Clyde Donovan saben quien soy en realidad… hice desaparecer mucho dinero del país y de es forma terminamos en este lugar.
Tweek abrió los ojos con asombro y se giró para ver a Kyle. Este le sonrió con una amabilidad que pensaba perdida en si mismo.
– Y nosotros le ayudamos a esconderse… Eric y yo escapamos de mi familia… supongo que recordaras a mi madre – Se borró su sonrisa, pero de inmediato pudo fingir una nueva. Fue evidente para los rubios frente a él. – Ella jamás cambiará su opinión del mundo…
– Pero… ¿Cómo es que todo esto tiene que ver conmigo?... digo, sabemos lo que ocurrió hace 12 años, pero… eso no está…
– Queremos guardar recuerdos en la mente de Stan, Tweek. – Kenny se borró una simple lágrima que escapó de sus ojos. Pensar en América era duro… siempre tener que recordar a las personas que lo esperaban aun allá. Al chico que juró esperarlo toda la vida… y al que no podía correr e ir a abrazar. – Lo único que Stanley recuerda del tratamiento es que los obligaban a escribir al principio todo en unos diarios…
– Lo sé… los cuadernos y las revistas nos acercaban de alguna forma al mundo exterior… solo si nos comportábamos bien y no interferíamos en sus asuntos, nos dejaban ir al patio trasero… ahí tiraban revistas, libros y diarios todos los días de todas las partes de la ciudad.
– El diario de Stan… todo lo que escribió en el fue borrado… y no es capaz de "reescribir" nada de ello… Stanley no puede grabar cosas… a menos…
– ¿A menos…? – Tweek alzó una de sus cejas, pero de inmediato la volvió a bajar. – No, no… no, no, no, no… No puede estar diciendo que…
– Solo puede recordar lo que te rodea a ti… solo esos pequeños detalles se graban en su cabeza, Tweek… – Kyle se acercó al rubio con una suplica en los ojos. – Solo tú puedes devolverle esos recuerdos… Kenny obtuvo drogas del gobierno que el permiten "grabar" recuerdos de nuevo en su cabeza, pero esas drogas lo mantienen dormido todo el tiempo, como podrás haber visto… y se nos acabarán pronto…
– ¿Y que se supone que haga?, que pueda hacer…
– Háblale de todo, Tweek… recuérdale quien era… lo que él era…
– ¿Y si está mejor ahora?... es decir… – Tweek reprochó con la mirada aquella actitud tan injusta por parte de esos dos amigos. ¡Estaban hablando del tipo que lo violó! – Estoy seguro que no quiero volver a ver al Stan que me hirió en la bodega… no quiero ayudar a recuperar a ese monstruo… no quiero volver a ver…
– ¡Es que el no…! – Kyle gritó al rubio, pero Kenny lo detuvo con un golpe que lo hizo caer sentado sobre la banca de nuevo. Tweek se asustó al ver esa escena.
– ¡Basta!... él sabe lo que tiene que hacer… no bromeaba cuando dije que podía meterlos en problemas a ti y a Chris…
– Si, claro… pero ahora tu eres un criminal también… si me haces daño o a Chris, yo te denunciaré al gobierno. Tweek se sintió seguro de nuevo, pero de inmediato se le fue el entusiasmo al diablo.
– Claro… y yo escaparé, Tweek… siempre lo consigo, pero tu y Christophe… ambos volverán a Detroit… y esta vez me encargaré que los reprogramen a los dos.
– ¡Bastardo! – Tweek estuvo por lanzársele encima, cuando unos brazos lo sostuvieron por la cadera y evitaron que hiciera daño el otro rubio.
– ¡Hey, marica!, ¿que carajo?
– Eric… – Kyle corrió tras e castaño y le colocó un brazo sobre el hombro. Tweek no era peligroso, solo estaba confundido.
– ¿Kenny? – El castaño soltó a Tweek y dejó que este regresara al interior de la casa. – Y molestándolo menos va a cooperar.
– Me importa una mierda. – El acento en la voz de Kenny solo aparecía cuando se encontraba molesto. – Va a hacer lo que le ordene… no es el único que se sacrifica… seguramente no pueda volver a E.U. en años… décadas, quizá…
– ¿Y Craig, Kenny?, ¿has pensado en…? – Comenzó Kyle, pero de inmediato Cartman y Kenny lo miraron con reproche. – Todo es posible, piénsenlo…
– Todo el tiempo, Kyle… todo el tiempo… – Miró en dirección del pueblo. Desde aquella casa, todo el lugar parecía una pequeña maqueta. – Lo único que se encuentra entre la resolución de todos los problemas… y la muerte, es ese sujeto… si Tucker recuerda aunque sea un poco… solo un poco…
– Nosotros ni siquiera nos detuvimos a pensar en su familia… en sus amigos…
– ¡Oh, vamos!... los 3 estuvimos de acuerdo… a ellos les dimos lo que esperaban y nosotros tenemos lo que deseábamos…
– Yo no deseaba esto. – Difirió Kyle.
– Yo tampoco, marica. – Apoyó Eric.
– ¡Pues ya ni modo!, no me interesa lo que Craig Tucker o su familia o Clyde o Token o Thomas ¡o QUIEN SEA TENGA QUE OPINAR! hace 6 años ustedes me juraron que me apoyarían en esto… yo dejé a Butters y a Karen por ustedes… ¡ahora me van a seguir el juego!
– Kenny… – Kyle no había visto a su amigo tan mal… no desde aquella noche.
– ¿Y si todo falla?, y si no podemos tener de vuelta a Stan… ¿y si el…?
– No es para tanto… finalmente se reprogramará solo… pero Tweek tendrá que haberlo intentado TODO antes de dejarlo ir… y con Tweek lejos de él, Craig… el jamás lo sabrá.
Kyle y Cartman intercambiaron miradas.
No estaban tan seguros de ello.
…
(*) Josef Mengel fue un doctor nazi que realizó terribles experimentos con los prisioneros que tenían en los campos de concentración. El apodo quedó perfecto para el lugar donde Tweek y Chris estuvieron prisioneros. Por cierto! es un lugar ficticio, jaja, no vayan a creer que es real :S es de mi imaginacion =w=
Quiero actualizar el próximo capitulo pronto porque no quisiera que se hicieran ideas de lo que sigue, ¡prefiero dejarme el gusto!, n_n.
Espero que no se confundan porque solté todo de golpe, pero la verdad es que no me gustaría que el Fic alcance mas de 20 capítulos y ya este es el 12… si pudiera terminarlo en los siguiente capítulos, sería genial.
Sin mas, solo les agradezco que lean hasta ahora y pues… ya saben, nos leeremos pronto.
By: Roglia15
