Final
South Park no me pertenece, ni sus personajes ni la historia original. No se dejen engañar por el nombre del capitulo… es otra clase de fin.
Craig soñaba muy a menudo con algunas cosas extrañas… cosas que jamás llegaba a entender del todo.
En su niñez, el jamás fue amigo del team de Stan. En realidad, los odiaba demasiado. Tan solo recordar aquella ocasión en Perú, el dinero que le robaron y lo molesto que Eric Cartman resultaba para él, solo le hacia sentir molestia por recordarlos.
Pero… esos sueños le hacían pensar todo lo contrario. Jamás recordó sentirse así de unido a ellos… era extraño.
Y Tweek… él no aparecía en sus sueños. Cuando lo hacia, lucía muy triste…
¿Con que derecho lloraba?, si fue el quien huyó… simplemente se fue.
Después llegó ese estúpido francés.
¿A que se refería con eso de "reír a carcajadas"? Era una tontería.
Él jamás se rió de nadie… nunca tuvo humor para eso.
– ¿Sabes algo? – Recordó una extraña voz en la distancia. ¿A quien pertenecía?, no era Clyde, pero le recordaba a alguien igualmente estúpido. – Heidi es una zorra. Zorra asegurada…
Alzó una ceja. ¿Eso que demonios tenía que…?
…
No, no podía ser…
…
Pensó dos veces…
No había duda…
Pero, Tweek entonces, ¿qué había echo él?
Dentro de su bolsillo hubo dos notas.
–O–O–O–
– Dos notas…
– ¿Stan?, ¿a que hora llegaste?, ni siquiera escuché la puerta abrirse – Kyle aun traía puesta su bata de baño. El pelirrojo acababa de ducharse y bajó a preparar el desayuno para él, Kenny y probablemente el doble banquete de Cartman.
– Pasan de las 7… – Respondió el moreno. Se quitó la chaqueta que traía encima y la colocó sobre la mesa del comedor. Miró en dirección de la cocina y pudo ver las luces encendidas. – ¿Cartman?
– Que dices… sabes que se levanta hasta mediodía si no lo levanto antes… no, es Tweek. Durmió muy poco y ahora pasa la mañana en la cocina… al menos ya come algo.
– Ya veo.
El pelirrojo regresó a su habitación para terminar de vestirse, dejando solo al moreno, contemplando la posibilidad de ir a visitar a su nuevo inquilino en la cocina.
Tweek seguía comportándose extraño con él… difiriendo de la imagen que mantenía de un Tweek despistado y tranquilo. Lo podía recordar actuando como si nada le importara en el mundo, mirando lo que otros no podían ver y rechazando lo obvio. Jamás pudo recordar un momento en que él pareciera afectado por los comentarios de los otros. Lo hacía sentir tranquilo, alejado de aquel mundo que siempre consideró hipócrita…
Hasta que… desapareció…
Y todo por culpa de ese 11.
Debió ver un 1, pero había 2.
Así nunca lo completaba.
Buscaba una segunda oportunidad para hacer bien algo…
…pero, ¿qué?
Una segunda oportunidad, relacionada con el 11.
– ¿Dos notas? – Susurró para si mismo. Aguardó unos segundos más y suspiró cansado. Era simplemente imposible. Jamás recordaría que había que enmendar.
Entró en la cocina lentamente, mirando el rincón donde el horno estaba. Tweek traía puesto un conjunto de sudadera y jeans grises. Probablemente eran de Kyle, pues le quedaban bien de la cadera, pero grandes de las piernas. Estaba sacando una fragante charola del horno. Tenía al menos 10 piezas de pan francés.
– ¡AH! – En cuanto vio a Stanley, Tweek dejó caer la charola al suelo. Todos los panes saltaron sobre el suelo y quedaron esparcidos en el suelo. Stan caminó rápidamente para tomarlos. – Me…
– Lo noté, le incomodo mucho, ¿cierto? – Tweek miró al otro chico agachado a su lado. Era extraño lo parecido que podía resultarle Stan a otro moreno que también lo hacia temblar, pero de una forma distinta.
– No tienes idea… – Sabía que hasta rayaba en lo estúpido odiar a Stanley bajo aquellas condiciones, pero no podía evitarlo. A pesar de recordar todo lo que platicó con Kenny y Kyle… ese era Stan. El tipo que le hizo daño. – Pero supongo que… no gano nada.
– Tampoco se sienta obligado… – Dijo con desgana. Tomó los últimos panes y comenzó a apretarlos ligeramente. Amaba el sonido de las cortezas. – Es difícil creer que esto haga sentir tan bien a una persona. – Acercó el pan hacia su rostro y respiró su aroma.
– Si, es… es muy extraño… – Contestó casi para si mismo el rubio. Miró a Stan caminando en dirección de la entrada y salir de aquel lugar con un bolillo en las manos. Iba masticándolo con lentitud.
…
Lo admitía… le daba pena, rabia, vergüenza y decepción… pero…
¡LO ADMITÍA!
Se sintió eufórico en el interior…
¡El chef Second estaba comiendo algo que él preparó!
Cerró los ojos con fuerza, abrazó las servilletas de tela con las que sacó la charola del horno y comenzó a tensar todos los músculos.
Chilló bajito, como los cuyos… si, era toda una estúpida fangirl.
– ¡¿PERO QUE CARAJO PASA CONMIGO?! – Se reprendió con una cachetada que él mismo se dio.
No era solo el chef Second, ¡Era Stan!, ¡STAN MARSH!, ¡Vamos!
No era momento de sentirse alagado por su ídolo…
¿Que estupideces estaba pensando?
Lanzó las servilletas lejos y reunió los panes que le quedaban. 38 en total.
Se hubiera detenido en los 10, pero no tenía ganas de hacer nada más. Cocinar le hacia olvidar ese trauma que estaba viviendo. Y encima, lo que Kenny y Kyle esperaban que viviera.
¿Cómo podían desear de vuelta a ese sujeto?, simplemente bizarro. Él lo quería lejos… y si eso significaba que solo se quedaría el chef Second… pues eso no era tan malo.
Nada malo en realidad.
– ¡S-s-Stan! – Corrió hacia el comedor para alcanzarlo, pero el moreno no estaba ahí. Como su habitación estaba en el primer piso, corrió en su dirección… cuando se detuvo en seco para recapacitar la idea.
¿¡En serio quería ir a la alcoba de Stan Marsh!?
NUNCA.
Tenía que estar enloqueciendo con tantos traumas.
– ¿Si? – Pero no hubo necesidad de ello. El moreno estaba ahí, de pie tras él en el pasillo.
– ¡JESUCRISTO! ¡NGH!, yo, yo… eh, ah… este, yo estaba… – Movió los brazos de todas las formas, cuando comprendió lo ridículo que debía lucir. Respiró hondo y se detuvo a contener sus ideas de la manera más lógica. – Yo quería hablar contigo.
Stan parpadeó confundido. El sonido de Kyle saliendo de su alcoba en el segundo piso fue evidente, así que el moreno tomó velozmente la muñeca de Tweek y lo sacó casi a rastras de ahí. Tweek tembló de forma desenfrenada, su corazón latía muy rápido y su garganta se cerró en tan solo un momento. La fuerza de Stan siempre le recordaría cosas terribles… pero… en ese momento le recordaba otra cosa.
A otra persona que lo tomaba de la misma forma.
– ¿A-a- A donde vamos?
– ¡No quiero seguir durmiendo! – Stan corría en dirección de una colina que había a las afueras del pueblo, donde árboles altos y antiguos y las flores de la estación vestían sus curvas. El césped sonaba como el crujir que aquellos bolillos bajo sus zapatos y la fuerza con la que lo arrastraban hacia la cima volvía menos tormentosa la subida. Tweek respiraba con dificultad y la adrenalina no fluía normalmente, sus pies respondían muy lento y la visión no ayudaba con todo ese viento golpeándolo en la cara. Finalmente, al llegar a aquel horizonte descrito quizá por alguna Brontë, el escape terminó, al igual que sus energías.
Retomó todo el aire que pudo y se dejó caer hincado sobre la hierba. Stan se recargó en el primer árbol del lugar y respiró tan bien como podía.
La sombra de los arboles era aun mas profunda en esa parte, pues el amanecer se retrasó ligeramente. El sol asomándose por las cumbres hizo que las copas atraparan su luz y desvistieran su color verde y lo tiñeran de anaranjado ligero.
– ¿Por… porqué? – Tweek se recuperó ligeramente y miró en dirección de Stan. El moreno se dejó caer sobre la hierba y se sentó con la espalda recargada sobre el tronco del árbol. Sus raíces sobresalían por casi 40 centímetros del suelo.
– Lo único que Kyle y Eric hacen es mantenerme dormido… Kenny también… yo, no quiero vivir así… no quiero seguir así. – Finalmente recobró el aliento y cerró los ojos con tranquilidad.
– ¿Y porque me trajiste contigo? – Tweek apoyó sus brazos sobre la hierba y agachó la cabeza. No recordaba haber corrido tanto… desde el día en que se fugó junto a Chris del "hospital".
– No lo sé… fue lo primero que se me ocurrió… no sé como, ni desde cuando, pero, Tweek… – Stan gateó hasta el rubio y tomó con una mano su rostro. Tweek se estremeció por su cercanía. – Estar contigo me hace sentir bien.
No era Craig… ni Stanley… ni el chef Second.
Ese tipo…
No era nadie.
– Ah, yo, ngh… es… déjame, por favor… no, Stan. – Tomó la mano del otro y la apartó. No estaba listo para ser amable o aceptar la amabilidad del otro. – No.
– Es extraño, ¿sabe?... no recuerdo esa actitud en usted…
– Soy Tweek… ¿Por qué…?
– ¡Ah, eso!, discúlpame… son secuelas de un accidente. En ocasiones hablo de tu, en ocasiones no. Kenny me dijo que tuve un accidente grave hace años… y el doctor dijo que estas son secuelas, algo así.
– Ah, ya veo… ¿y como fue el accidente? – Tweek se recorrió hacia atrás en dirección contraria a Stanley, solo para alejarse un poco. El moreno lo notó y se arrastró lo suficiente para quedar de nuevo iguales. Tweek bufó ligeramente indignado. – ¿Recuerdas algo?
– No, bueno… muy poco… recuerdo ver camillas y doctores por todas partes… había otras personas internadas conmigo… pero nunca vi nada que recuerde en concreto. Ni siquiera recuerdo como llegué ahí. En realidad… no recuerdo nada de ese entonces… debió ser un accidente de auto… o algo así porque, mira… – Extendió los brazos, doblando así las mangas de la filipina y dejando ver marcas que parecían largas franjas rojas que cubrían verticalmente toda la extensión de sus manos. Tweek respiró hondo, porque reconocía esas cicatrices. Los tubos y conexiones que metían bajo su piel dejaban marcas como esas. Por suerte para él, los tubos dejaron de ser introducidos por completo en su cuerpo después del primer año en la institución. – Estas marcas han tardado años en irse borrando.
– Jamás lo harán…
– ¿Disculpa?
– ¡Este!, no nada… y, ¿antes de eso?, después de la secundaria, ¿qué hiciste?
– Eso tampoco lo tengo claro… creo que salí de viaje con mis padres o algo así. Pero, no quiero seguir hablando de eso… porque precisamente eso hago todos los días cuando Eric y Kyle me ponen a dormir… mejor dime, ¿Cómo está tu enamorado?
– ¿NGH? – Tweek se exaltó ligeramente. ¿Enamo…? ¡Claro! Lo que hablaron por el chat. Cuando las cosas eran más sencillas. – Ah, eso… Craig… – Susurró el rubio…
Y al escuchar ese nombre en aquella vocecilla, Stanley abrió los ojos impresionado…
Su piel se puso pálida, como si estuviera muriendo. Como si acabaran de arrancarle el alma…
…o se la hubieran devuelto…
– ¿Stan?, ¿estás bien?
– Dilo de nuevo….
– ¿Que cosa?
– Craig…
– ¿Craig?
– Ajá…
– Craig… – Tweek miró asustado al moreno. Este cerró los ojos, ladeó la cabeza y se apartó del mundo por completo.
El viento acariciando su cabeza, el sonido de las aves que coqueteaban con las ramas de los arboles, dando pequeños saltos entre sus hojas y volviendo al vuelo de inmediato, sumado al aroma del rocío que la mañana dejaba esparcido por las cumbres, volvieron esa imagen de Stan en lo mas parecido a un retrato que había contemplado en toda su vida.
Pestañeando confundido, Tweek se giró para ver el follaje de aquellos ancestrales residentes. Jamás había contemplado una naturaleza tan desnuda.
– Otra vez… – Pidió Stan con los ojos cerrados, respirando tan hondo como los pulmones lo permitían y con una rostro tan pacifico que hacia parecer que, de no estar hablando, bien podría estar viviendo el mas profundo de lo sueños fantasiosos.
– ¿Por qué quieres que lo repita? – Tweek se acercó un poco, ¡solo un poco!, a Stan. – ¿Acaso te recuerda a alguien? – Eso podía ser una pista para lo que fuera. Tweek nunca conoció a fondo la relación entre Craig Tucker y Stanley Marsh, porque en realidad jamás le interesó. Sin embargo, si lo que el rubio dijo respecto a la reprogramación era cierto, entonces el recuerdo de Craig podía ayudarlo a comenzar con la programación del moreno. Recordar un dato, aunque pequeño, era similar a dar el primer paso.
– Me recuerda a ti… muchas otras veces te escuché llamándolo, ¿cierto?
– No lo sé… supongo… – Tweek reflexionó sobre cosas que había bloqueado al ser demasiado crueles… pero que le resultaban útiles en ese momento…
¿No es esto lo que esperas de Tucker?, ¿Por qué sigues fingiendo que no eres marica cuando sabes que mueres por esto?
¡Oh, vamos!... te veo todos los malditos días…y se cuanto deseas que alguien te haga esto…
– Si… – Recapacitó. – Probablemente me escuchaste decirlo muchas veces… Stan, ¿es que no recuerdas a Craig Tucker?, ¿lo odiabas o algo por el estilo?
– No… – Tweek alzó la ceja como en una interrogación, a lo que Stanley respondió con una sonrisa ligera, casi fingida. – No lo sé, quizá… no lo recuerdo del todo… lo que recuerdo es lo que Eric y Kyle me contaron sobre él…
– "Eric" – Repitió Tweek. – ¿Cuándo dejaste de llamarlo Cartman?
– ¿Eso hacia?... no lo sé, siento que así es mas personal, ¿no?
Todo confundía mucho más a Tweek. De pronto el temor ya no estaba. El odio seguía ahí, escondido en lo más profundo de su corazón, siempre recordaría a Stanley Marsh como el chico que, teniendo 14 años, lo encerró en la bodega una tarde después de la secundaria y ahí mismo lo violó, desencadenando una serie de eventos que lo llevaron hasta la prisión de Josef Mengel.
…pero ese hombre… ahí, frente a él… era una persona completamente distinta.
¿Por qué Kenny y Kyle querían destruirlo?, ese nuevo Stan era mil veces mejor que el anterior.
Además de ser famoso, rico y reconocido…
¿Cuál era la prisa?, ¿Por qué fue necesario llevarlo hasta un lugar escondido del mundo?
– No entiendo nada… – Terminó por admitir con la voz baja.
Stanley lo miró confundido, pero finalmente asintió feliz con la cabeza. En todo el tiempo que durmió, solo soñaba con una cosa y ese sueño estaba ahí, sentado a un metro de distancia y con una actitud abierta a cualquier contratiempo.
No quedaba nada de aquel Tweek sentado en la banca con el café de sus padres, ¿cierto?
– Yo tampoco, pero… tú estás aquí. – Dijo posando su mano izquierda sobre la palma extendida de Tweek. El rubio quiso moverla velozmente, pero algo en su interior lo detuvo… algo extraño y grande… – Eso me da fuerza para seguir indagando.
– Stan… – ¿Por qué ese no fue el Stanley de hacia 12 años?, con un chico tan amable, ¡claro que podría haber sido su amigo!, porque, ese Stanley Marsh, le recordaba al Craig Tucker de la secundaria.
Y eso fue otro asunto sin enfrentar.
Craig iba a casarse con una chica dentro de poco… su prometida, hasta ese momento. Probablemente era rica, tal como él, educada, distinguida, era hermosa, eso pudo comprobarlo el mismo y no parecía una mala persona en lo absoluto.
El en cambio…
…pobre, sin un solo centavo y ni esperanzas de podérselo ganar pronto.
…sin una casa, seguramente había perdido su departamento para siempre.
…sin un empleo.
…con un pasado digno de novela y que ahuyentaría a cualquiera de su lado.
…con problemas de salud.
…con un grupo de secuestradores siguiéndolo y diciéndole lo que podía o no hacer.
…y un hombre, que antes fuera su atacante, al que debía restaurarle la memoria y los antiguos hábitos.
No, simplemente no estaba destinado a tenerlo. No podía querer a Craig.
– Lo extrañas, puedo notarlo… – Comenzó Stan, soltando la mano de Tweek y haciéndolo volver a la realidad. Tweek miró al chico alzándose del suelo y estirando sus extremidades. – Pero hay algo que te detiene y te asusta… sin embargo, Tweek – El rubio había asentido a todo lo que acababa de escuchar, pero de pronto una fuerza enorme lo jaló del brazo y lo puso de pie. Stanley tomó su muñeca sobre sus cabezas y miró con una enorme sonrisa al rubio. – Yo no creo que vayas a morir solo…
Tweek arqueó sus cejas con intriga, hasta que recordó aquella conversación en el chat.
Second11: (?) Sucede algo, Tweek :( ?
Tcoffe17: Yo… nada, solo comprobé lo inevitable…
Second11: ¿que cosa Tweek? (ÓoÒ)?
Tcoffe17: Que voy a morir solo...
– Si eso sucede, cuando vayas morir, yo estaré ahí… y no volverás a estarlo, ¿vale?
Incluso en ese momento tan bizarro… con el último hombre sobre la Tierra, en todo el Universo, que creyó que tomaría su mano de aquella forma y en uno de los lugares que jamás imaginó siquiera visitar… aquello era agradable… y maravilloso.
– De… de-e acuerdo.
Stan tenía razón… extrañaba a Craig. Con todo su ser. Tenia que volver a buscarlo, encontrar la forma de hacerle saber lo que sentía en ese momento.
Sin importar el pasado…
…o las consecuencias.
Tenia que ir a él.
–O–O–O–
– Mère? (Madre)
Craig había tomado la única maleta que poseía de la cinta móvil. Gregory se encontraba charlando a unos metros de distancia con su celular, pero en cuanto escuchó la voz preocupada del castaño, volvió enseguida para reunirse con el grupo. Se encontraba fascinado.
Con una sonrisa sincera, Gregory abrazó a una mujer esbelta, de cabellera café oscura, con un rostro joven y brillante de piel blanca, con enormes ojos cafés y unos labios pequeños. Sus mejillas lucían ligeramente rosadas y su frente estaba cubierta por un flequillo dividido por la mitad. Llevaba un vestido de algodón azul celeste y unas zapatillas bajas del mismo color. Tenía piernas largas y bien formadas, además de una cintura pequeña y un pecho generoso.
– ¿Qué haces aquí?
– Ahora resulta que necesito un motivo para ver a mi bebé… vous êtes un putain inconsidéré!, ont connu ce chien aurait un fils, je l'aurais acheté pour moi-même plutôt que de subir 16 heures de livraison... (¡eres un maldito desconsiderado!, de haber sabido que tendría un perro de hijo, me lo habría comprado por mi misma antes que sufrir un parto de 16 horas…)
– ¡Mamá Delorn!, que gusto que pudiera venir… – En cuanto la mujer escuchó aquel acento británico llamándola, lanzó a Christophe lejos de su camino y corrió hasta abrazar al rubio con toda su energía. Ambos permanecieron dando vueltas como un par de estúpidos enamorados… en la opinión de Chris.
– ¿Tu madre? – Craig se aceró hacia el castaño, que yacía sentado sobre el suelo, sin dejar de ver en dirección de la escena cursi y dramática que se llevaba acabo frente a ellos. – Luce demasiado joven para serlo…
– Todos dicen eso, ¡marica, baja a mi madre!
– Ne dites pas à ma enfant peut le faire! (¡No le dirás a mi niño que puede hacer!)
– ¡El no es tu hijo!, ¡soy yo!
– Eh bien, comme si vous n'étiez pas... (Pues como si no lo fueras…)
– Excusez-moi !?
– No tengo tiempo para esto, ¿sabes? – Craig miró su celular. Tenía llamadas perdidas de sus padres y de Linda… pero ninguna de Clyde. Eso no estaba bien, el castaño era quien mas le marcaba todo el tiempo. Envió un mensaje a Token para saber si todo iba bien, pero recordó poco después que el afroamericano había cambiado su celular recientemente… estaba jodido. Tendría que esperar a que su hacker se comunicara.
– Yo tampoco, ¡Fields!, ¿Por qué llamaste a mi madre? – El francés tomó su mochila y la colgó de sus hombros, caminando en dirección de la salida. Craig lo seguía de cerca, pero Gregory y la francesa tardaron un poco más en alcanzarlos.
– Bueno, me pareció buena idea conseguir a alguien en Londres que nos ayudara a encontrar a Tweak… ¿y quien mejor que la encargada de seguridad?
– ¿Encargada de seguridad?, ¿desde cuando? – A Gregory le encantaba ver a su castaño tan nervioso y sumiso. Sabía que si respetaba a alguien en todo el mundo entero, esa era aquella mujer. Dejó ir a la dama y caminó hasta Chris.
– Hace unos meses… si me llamaras mas seguido, lo habrías sabido desde entonces. – La madre tomó con rudeza la cabellera de Chris y la jaló hacia abajo, haciendo que el otro soltara un gruñido, pero se mantuviera así, viéndola desde abajo. A Craig comenzaba a gustarle esa vista de Christophe. Sonreía complacido con cada molestia del otro. – ¡Oh, pobre de mi!, solo Ricky y mi Greg se comunican conmigo
– ¿Richard? – Gregory miró espantado a la mujer. No tenia idea. – ¡Mamá Delorn!, ¿es que me reemplazaste por esa rata amarilla?
– ¡Si hay una rata aquí, eres tu!
– ¡No llames rata a mi Tweekers!
Craig y Chris se unieron en el bando "100 maneras distintas de castrar a Gregory Fields". El rubio los ignoró y abrazó de nuevo a la mujer, recargando su cabeza sobre su hombro.
– Basta, basta, Greg, sabes que eres mi consentido… – Susurró divertida la mujer, escuchando Dios sabia que cosas de boca del inglés. A Christophe se lo llevaba el diablo. – Bueno, revisé los videos de seguridad, y encontré a Richard saliendo del aeropuerto apenas anteayer.
Craig y Chris se sobresaltaron. Entonces todo era correcto… Kenny secuestró a Tweek y lo llevó a Londres. Las preguntas eran ¿Cómo? y ¿Por qué?
– ¿Estaba solo?
– ¿Hacia donde se dirigían?
– Será mejor si nos vamos ahora mismo… hay un taxi esperándonos afuera. Los llevaré a la estación de taxis del aeropuerto, ahí podremos saber hacia donde fue llevado ese grupo de chicos, ¿de acuerdo?
– Me parece bien. – Contestó Greg, recibiendo la aprobación de los otros dos hombres. – La seguimos…
Así partieron mientras el inglés y Tucker intentaban seguirle el paso a aquellos dos franceses. Caminaban como si intentaran competir por los pasos más largos y rápidos del mundo. En tan solo segundos, ya iban al menos 8 metros delante, sin importar que tan rápido intentaran andar.
– Madre… – Comenzó Chris al ver que los otros estaban relativamente lejos. – ¿Que haces trabajando en un aeropuerto y desde cuando te comunicas con Gregory?, ¿dejaste el servicio secreto francés?
– Oh, Chris… mira nada mas como estas vestido… – La mujer ignoró por completo al hombre y señaló al par de jeans militares y la camiseta negra ajustada. Parecía un militar recién llegado del campo de batalla: sucio y desarreglado. – Así nunca conseguirás a un buen hombre…
– ¡No estoy intentado conseguir nada! – Respondió enfadado el castaño. Se giró hacia atrás, pero Craig y Gregory parecían cada vez más lejos.
– Pues se nota… necesitas usar algo más ajustado y sexy…
– ¡MÉRE! – Gritó avergonzado y ligeramente molesto. Su madre si que sabía sacarlo de sus casillas. – Así es como me gusta vestir y quien me quiera me querrá así.
– ¡Pues muy mal!, necesitas cambiar tu look… Gregory te quiere mucho, ¿pero tu que crees que piense una vez que te tenga y vea el resto del "mercado"?, ¿eh?, ¿Cómo se supone que lo enamores y lo retengas a tu lado?... con esos pantalones rotos, ¡lo dudo!
– ¡PERO QUE CA…! – Se abstuvo de maldecir… aunque le ardieran las entrañas. – ¡No intento enamorar a ese cretino, madre!... y si no le gusta como visto, ¡pues mejor para mi!, porque no me interesa… ¿Por qué una persona tiene que cambiar para complacer a quien se supone que debería amarlo tal y como es?, entonces no me amaría a mi… ¡amaría a una hipocresía!... además, ¿Por qué tengo que ser YO el que de mi brazo a toser, eh?
– ¡Porque mis nietos no llegaran solos, Christophe Delorn!, ¡te exijo que me des un yerno ya!, ¡todas en las reuniones del té ya tienen a sus hijos casados!, con nietos y fiestas de aniversario o cumpleaños de los nenes a las que asistir ¡y yo!... si me llamas en mi cumpleaños me doy por bien servida, ¡me gusta Gregory y me gusta mucho! Así que ¡o duermes con él o te meto algo en la bebida para hacerte mas "accesible"!, ¡PERO YO QUIERO NIETOS YA!
– ¡ESTAS LOCA, MUJER!, ¡DEBÍ INTERNARTE EN UN ASILO CUANDO PUDE!
– ¡Eres un mal hijo!, ¡un pésimo hijo!
– ¡Tu no eres la mejor mamá del mundo si me quieres vender a un ricachón!, – Entonces el castaño recordó algo de utilidad – ¡A–A–Además!, por si no lo sabias, ¡El es un británico! Y tu odias a los británicos… eh, ¿qué tal?
– ¡CHRISTOPHE!, estoy tan desesperada que te vendería a un español si me prometiera ponerte en tu lugar y darme nietos que presumir para fin de año.
– ¡Eres de lo peor!
En ese momento los franceses tuvieron que esperar, pues los otros dos ya no estaban cerca.
– ¡Andando, maricas! – Se giró una ultima vez para ver a los otros. Craig y Greg respiraban con dificultad. No podían seguirles el paso.
– ¿Ni siquiera un poco…? – Susurró en complicidad la mujer. Chris la miró de reojo, pero no apartó por completo su atención de Gregory.
El británico dejó su ocupada agenda por seguirlo hasta el otro lado del océano, buscar a un hombre que ni siquiera le caía bien y a quien, hasta unas horas antes, consideraba el esposo del hombre al que ama.
Ciertamente, reconocía que era un tesoro…
– Algo, bueno, no… ¡si!, yo… no lo sé. – Aceptó con resignación. No había nadie en el mundo como su madre. Solo a ella le confiaría sus sentimientos. – Si, yo… me gusta… lo quiero… – Sus rostro estaba ligeramente rosado, pero la oscuridad en aquel pasillo hizo que pasara inadvertido por los otros dos hombres que recién los alcanzaron.
La dama chilló entusiasmada y abrazó a su hijo. ¡Finalmente por lo que rezaba todos los días!
– ¡Le pondré una ofrenda a Santa Genoveva!
– ¡Ah, carajo Medré! – Al escuchar a su predilecto hijo blasfemo, la mujer dio un puñetazo a su mejilla tan fuerte que creó dos efectos con él: dejar tirado a su Chris sobre el suelo y asustar de muerte a Tucker y Fields.
– ¡ESA BOCA BLASMEFA, CHRISTOPHE JOSEPH GÉRARD DELORN AUBRIOT!
Craig y Gregory intercambiaron miradas espantados…
…de ahí venía el carácter…
–O–O–O–
–…Y Chris abrió la puerta, ¡así, sin camisa ni nada mas que el pantalón!
– ¡No lo creo!, ¿en serio?
– ¡Si, lo juro!... y yo salí por detrás cubierto tan solo con una sábana… el rostro de Craig fue épico…
– Me lo imagino, ¿no se agarraron a golpes?
– ¡No!, Chris cerró de inmediato, pero de no ser por eso… estaba muy enfadado por el oso cocinero…
– ¿"Oso cocinero"?
Tweek y Stan caminaban por las calles de Haworth. Todo en el lugar estaba lleno de turistas o al menos Tweek no podía distinguir a estos de los pueblerinos comunes. Respiraba el aroma típico de los rustico en el aire y a pesar de estar en pleno medio día, las personas no parecían intimidadas en lo absoluto por el horario. Caminaban tranquilamente alrededor suyo.
Entonces notó que era su primera vez platicando normalmente con Stan Marsh desde… casi 14 años.
Stan en cambio, ni siquiera se preocupaba por intentar recordar nada… caminar con una bolsa de galletas locales, a un lado de Tweek y con una conversación distinta a las que acostumbraba todo el tiempo, era en realidad muy ameno.
– Es un oso GIGANTE que Craig me regaló… viste una cofia de panadero y trae un delantal… es tan grande que Chris se tropieza constantemente con él y termina debajo suyo…
Stan soltó una carcajada y se abrazó el estomago. Era demasiado gracioso de imaginar…
Tweek sonrió divertido… era tal y como lo había imaginado… como estar con una persona completamente distinta a todas…
Como…
– ¡Ya lo sé!, ¡ven! – Repentinamente, Stanley tomó de nuevo la muñeca de Tweek y lo guió hasta la subida de una colina cercana. – Vamos al restaurant, quiero que veas una cosa…
Tweek miró desde atrás la cabellera morena del hombre que lo guiaba.
12 años atrás, miraba constantemente una cabellera parecida a esa… y aunque en ese momento no era la misma, el sentimiento era igual.
Sentir que puede ser un paria social… y aun así existir en el mundo del otro…
Decir o no decir nada en lo absoluto… y seguir siendo escuchado en cualquiera de las dos opciones…
No tener que preocuparse por lo que se dice, ni como, ni porqué…
¡OH NO…! ¡DIOS!
Se detuvo en seco y arrancó el brazo que lo agarraba. Stan se detuvo a tan solo un par de metros de el y lo miró extrañado.
– ¿Sucede algo, Tweek?
– Yo… yo, no… lo que…
No de nuevo, no de nuevo… ¡no de nuevo!, no ahí, ¡NO DE ÉL!
¡NO DE STAN MARSH!
¡Estúpido, estúpido corazón!
…
…
–O–O–O–
Dentro del taxi, Gregory estaba sentado justo entre Christophe y Craig. El castaño tenia los ojos cerrados con fuerza, pensando cuanto había pasado desde la ultima ocasión en que vió a su madre y como era que esta le recordaba sus costumbres religiosas firmes. Gregory aprovechó la ocasión como nunca, pues al estar molesto en un sentido tan impotente, el francés ni siquiera se daba cuenta que lo llevaba abrazando durante todo el trayecto, tomando con seguridad su cabeza y colocándola sobre su hombro… ¡estaba en las nubes!
Craig miraba por la ventana…
¿Dónde estaba Tweek?
¿Se encontraba bien?
¿Tenia miedo?
¿Lo estaban tratando como merecía?
¿Cuándo lo volvería a ver?
"¡TE ODIO, NO ERES MI HERMANO!"
En tan solo un segundo su corazón latió con fuerza y la respiración se le fue por completo. Sufrió un espasmo tan notorio, que Gregory lo miró intrigado.
– ¿Te encuentras bien, Tocka? – De nuevo estaba ahí, pronunciando su nombre de aquella británica forma…
…pero ni siquiera le importaba…
Había desenterrado un recuerdo amargo… de Rubí, su hermana menor, poco después de heredar las propiedades de su abuelo.
"No me interesa lo que tu o mamá y papá piensen… iré tras Tweek hasta encontrarlo y si esto es lo que quieres, entonces ¡jamás volveré a buscarlos!"
Pensar mas y mas en Tweek le hacia destapar esos recuerdos tan lejanos y confusos… ¿pero, porqué?
¿Que tenia todo eso que ver con…?
"Tu estás obsesionado con encontrar a alguien que huye de ti… ¡él jamás te va a querer! Y mi familia tampoco… ¡así que haznos un favor a todos y desaparece!"
"Adiós, Rubí…"
Después, el recuerdo de una libreta tirada sobre un campo lleno de hojas de cuadernos ardiendo… perdido, sin valor… con un mensaje escrito para él.
Craig Tucker.
Craig Tucker.
Craig Tucker.
Eternamente.
…
Me doy cuenta que comencé y terminé el capitulo con epifanías Craignianas jaja.
Espero no estar confundiendo a nadie, pero el "misterio" no tiene mucha ciencia si lo leen detenidamente. Es más… creo que ya hasta dije de que trataba, pero tendrían que haber pensado en lo mas retorcido que se les ocurriera… ya saben, si han leído cualquier otro de mis fics, sabrán que las cosas no serán sencillas…
Por otra parte… no se porqué considero apropiado decirlo, pero… jajaja, me he hecho gran fan del KEVEDD (KevinxDoble D [Edd] de Ed, Edd n' Eddy) y ahora no puedo escribir CREEK sin desear dejarlo todo parado hasta hacer un Fic KEVEDD… espero que no me gane la tentación jaja.
Cuídense mucho, nos leeremos pronto (eso espero… pronto terminan mis vacaciones).
¡Nos vemos!
By: Roglia15
