Fragmentos
Estoy de vacaciones… de nuevo. Intentaré actualizar comúnmente para dar final a este Fic. Se acerca el desenlace y les agradezco si aun leen a estas alturas.
ADVERTENCIA: Se que si me han leído, es porque saben lo confuso que puede a llegar a ser un escrito mío… pues este capitulo debería ganarse el premio al mas confuso. Para no hacerlo demasiado extraño se los explico desde YA: Son las perspectivas de Stan y Craig. Cuando se trata de Craig se verá todo en negritas, cuando se trata de Stan, son letras normales.
Intenten no confundirse, porque si no toman en cuenta el tipo de letra, creerán que están leyendo algo mal. NO ESTÁ MAL… es parte del misterio final XD
South Park no me pertenece, ni sus personajes ni la historia original… solo las malas ideas de inspiración mientras trabajo en cocina.
–O–O–O–O–
Clyde Donovan, frente a él… de nuevo.
Olvidó algo… otra vez.
Debió ver un 1, pero había 2.
Así nunca lo completaba.
El 11… dos 11.
En su bolsillo, dos notas.
"Prometí algo a Stan… te prometí que te ayudaría. Eso es suficiente".
La voz de Kenny acompañada del llanto de su rubio amigo. Aquella noche, él salvó su vida. Un accidente, gritos ensordecedores, gente caminando por los pasillos, el olor de algo quemándose a lo lejos, libros que ardían en llamaradas azules, un diario y Tweek en la lejanía.
"Léelo cuando tengas tiempo".
Tweek le entregó algo importante, una tarea… pero no era capaz de cumplir su deseo.
Al volver de aquel sueño, sus amigos no eran los mismos. ¿Cuándo Cartman se volvió tan tranquilo?, ¿Cuándo Kyle comenzó a tratarlo con frialdad?
Los buenos momentos que los amigos suelen pasar juntos, las memorias, los anhelos perdidos y los sueños desmembrados, las ilusiones de un futuro que jamás llegaría y la espera eterna de lo que era distinto… ¿A dónde fueron?
¿Por qué ellos jamás hablaban del pasado?... y lo único que mencionaban era aquello que parecía "vital saber". Cosas que no tenían sentido por separado… solo respuestas programadas para los desconocidos.
El mundo parecía un vaso de agua que se vaciaba gota por gota sobre una superficie sin sentido y en un goteo tan lejano y vano que perdía el sentido seguir viviendo. ¿Alguna vez fue feliz?, ¿alguna vez fue a la secundaria?, ¿conoció a alguien a su alrededor que no supiera quien era en realidad?
Pero entonces… lo recordaba, solo por menos de un segundo…
– Bueno, Craig… no creo que debas seguir buscando a Tweek… digo, tu no me agradas y creo que es bastante obvio, pero lo que hace… lo que está haciéndote… incluso para ti, creo que es demasiado… – Era su voz… en alguien mas. No eran sus labios moviéndose, no era un recuerdo. ¿Quién estuvo ahí?, ¿Quién lo dijo?, ¿Quién vivió eso?
– ¿De que hablas?
– Bueno… supongo que no pasará nada si te enteras… Tweek hizo una apuesta con las chicas.
– ¿Una apuesta?... ¿que mierda dices? – Lo hicieron con maldad… aquella voz buscaba una venganza.
– El… bueno… se que es tu amigo y todo, por eso yo no… – ¡Detente!, ¡deja de mentir!
– ¡Que me lo digas ahora, Marsh!, carajo… ¿que hizo Tweek?
– El dijo que podría demostrarles que te gusta… que estaba seguro de eso… y apostó a las chicas que podría salir contigo… ahora, yo se que no deber ser una mala… ¿Craig?... ¿te vas?
¡El no…!
¡ÉL JAMÁS!
Dos 11… hubo dos notas en su bolsillo.
–O–O–O–O–
El tren tardaría horas en llegar Haworth. Habían perdido todo contacto con Clyde y el deseo por saber si su mejor amigo y su único amor seguían a salvo lo carcomía.
Sentado frente a él, Christophe observaba a través de la ventana del compartimiento, no parecía sentirse mejor que él. Allá, en la lejanía de aquel horizonte desconocido, en algún punto del mismo suelo, Tweek aguardaba… sabia Dios en que condiciones. Suspiró cansado y extendió sus manos hacia los costados, haciéndolas crujir como si de muebles viejo se tratara.
Mientras mamá Delorn y Gregory buscaban algo que comer del vagón comedor, el francés y Tucker esperaban en la más grande de las agonías a que el recorrido llegara a su fin, encontrar a Tweek y luego… luego… lo que fuera.
– ¿Por qué McCormick quiere enviarte a prisión? – No era que le importara particularmente… solo que era importante saber porque Tweek arriesgaría su vida hasta ese extremo por y para su amigo.
Delorn respiró profundo, dejando en silencio a Tucker por un par de minutos, en los cuales el moreno llegó a la conclusión que no obtendría una respuesta. Con el sonido de las vías bajo sus pies, la pequeña ráfaga que se colaba por la ventana superior abierta y un desconcertante silencio reinando los pasillos del tren, Christophe despegó su mirada del horizonte y la dirigió ha un encuentro con aquellos ojos de penumbra.
– Cuando tenía 13 años maté a mi padre.
–O–O–O–O–
Un callejón cualquiera se volvió en el lugar mas seguro del mundo. Su estómago comenzaba a dar vueltas y la respiración iba a fallarle en cualquier momento. Sus piernas dejaron de cooperar justo donde la barda mas alta de aquella callejuela fue cruzada a duras penas.
No reconocía aquella calle, en realidad nada le parecía familiar. Era Haworth, pero, ¿realmente estaba ahí?, ¿no era otro sueño?
– No puedes ver a tu hermana por ahora, Stan… debemos esperar algunos años a que toda la tensión se disperse… ellos piensan que estás internado, ¿recuerdas?
Kenny y Kyle impidieron que regresara a Colorado para buscar a Shelly, a sus padres o a cualquier persona que pudiera hablarle de quien era, desde una perspectiva distinta.
– Debes tomar estas pastillas cada 8 horas sin falta… mira, programaremos este reloj para que su alarma te lo recuerde, ¿de acuerdo?
El judío le extendió una pequeña caja de color café y un reloj digital de color negro. Solo se lo quitaría para cocinar.
– Son libros de cocina, no lo sé… puedes aprender algo mas que quedarte ahí como zombie mirando a la pared, ¿no lo crees, Stan?
Cartman le dio el primer obsequio que podía recordar desde que lo habían dado de alta. El primero que no parecía una excusa para mantenerlo dormido.
Cocinó… durmió… cocinó… respiró… cocinó.
Vivió… y cocinó.
Solo siguió… y la cocina lo rescató, todo el tiempo… le dio memorias. Dejó de ser un cascaron o al menos dejó de estar hueco.
– Te pagaré un curso de cocina
– Serás un chef, Stan.
– ¡Felicidades, Stan!
– Tu primer trabajo, ¡da lo mejor!
– Iremos a Inglaterra a vivir un tiempo.
– Tus libros se venden aun mas rápido que tu comida, ¿puedes creerlo?
– Ayudarás en el restaurante de una amiga.
– ¿Te molestaría ir a algunas conferencias?
– Tienes más fans que ese chef británico.
– Stan
Basta
– Stan
¡Basta!
– ¡Stan!
¡DETENGANSE!
– ¡STAN!
¡NO LO DIGAN…!
– ¡STAN!
¡NO DIGAN MI NOMBRE!
¿Craig?
Entonces… irrumpieron en su cabeza las voces de Tweek y Clyde. El primero con asombro… y el segundo con tristeza.
¿Dónde estuvieron aquellas personas tan importantes?, ¿Por qué se perdieron?, ¿Por qué lo dejaron?
– PORQUE NO ERES ÉL, NO ERES ÉL, NO ERES… NO ERES…
Stan golpeaba su cabeza con los puños cerrados y los ojos abiertos como si fueran a saltar de sus cuencos… se encontraba desesperado, se sentía a merced de todas esas enfermizas ideas que lo llenaban cada vez que se dejaba llevar por esos impulsos. Su medicamento, debía tomarlo…
Recuerdos golpeándolo, haciéndolo girar en un vórtice, en un horrible abismo de desesperación, colores, oscuridad, luz, gritos, cantos, lagrimas, risas, carcajadas, aullidos…
– ¡BASTA!
Soledad total…
…
….
– No quería despertarte… estabas durmiendo tranquilamente.
– ¡Oh, Jesucristo, perdóname… mira que hora es…! ¿Te hice esperar demasiado?
– No mas de lo que esperaste por mí… hoy nos tardamos más con el coche que llevaron… no importa que sea un taller, al parecer nadie sabe lo que hace.
Tweek sonrió divertido, al momento en que recogía su termo con café y lo colocaba sobre sus piernas. El moreno seguía cautelosamente cada movimiento hecho por su acompañante, sentados solos, bajo las pocas hojas que restaban de aquel árbol tricolor, un otoño como cualquier otro. Sobre aquella banca.
– ¿Qui-quieres café?
– ¿Dos de azúcar y una de café?, no gracias… sabes que es demasiado dulce, no me gusta… – Tweek agachó la cabeza con una sonrisa leve y una mirada melancólica. – ¿Que sucede?
– Es que… siempre dices eso… pero igualmente, siempre vas a verme a la cafetería… pero jamás bebes café…
Entonces fue su momento de teñirse en tonos carmesí.
– Ah, si… bueno, no solo venden café, ¿cierto?, además… – Bajó el tono de su voz, como si no pudiera decir eso ultimo. – Me gusta ir porque se que estarás ahí…
Y junto al viento que se escapó entre sus ropas, haciendo a ambos chicos temblar por la fría brisa del otoño, tanto Tweek como el moreno decidieron que ya habían dicho suficientes diálogos incómodos para lo que restaba de la velada. Ambos se pusieron en marcha de regreso a sus casas y mantuvieron en secreto aquel extraño latir de sus corazones acompasados…
Stan permaneció ahí, de pie, de aquella forma… observando a esos dos alejándose, perdiéndose en el cuadro que parecía la representación de una fantasía perdida.
Ese no era él… ese recuerdo no era suyo…
Pero su corazón… latía tanto como aquellos dos.
–O–O–O–O–
– No era mi padre en realidad… mi madre acababa de casarse con él. Mi verdadero padre murió cuando tenía 9 años, poco antes de que llegara a South Park y me conocieran. Ese sujeto estaba enfermo, pero no podíamos ver mas allá de aquella asquerosa máscara de amabilidad y conformismo… lucia tan pasivo… hasta que un día, sin mi madre en la casa y viajando por un trabajo del servicio secreto, ese sujeto… ese cerdo despreciable…
Craig notó desde su perspectiva la sombra de alguien en el pasillo. Previó que se trataba de Gregory, pero no apartó su mirada del castaño. El francés parecía escarbar en sombras tenebrosas.
– Entro en mi cuarto una noche y no necesito decirte cual fue mi reacción una vez que terminó aquello… 3 horas de suplicio que le costaron la vida… se alzó de la cama y comenzó a vestirse… yo solo corrí por mi pala y comencé a golpearlo una y otra y otra vez, fuertemente contra la cabeza… y cuando su sangre me cubrió, tal cual su asqueroso rastro me había cubierto antes… supe que no había echo algo incorrecto… tan indefenso… tan estúpido… – Las lagrimas comenzaron a asomarse en el inquebrantable semblante de aquel francés, pero Craig intuyó que no habría una sola gota que ver en esas mejillas pálidas. Perdón es la venda de un ciego llamado dignidad. – No podría confiar en nadie nunca más… quien prometiera amor, ¿mentiría?, ¿la bondad era real, realmente existió?, ¿era un castigo acaso?... de aquel Dios inexistente, de aquel bastardo sin forma… ¿podría alguien ser castigado?... no confío en Gregory precisamente por esa bondad… por esa monstruosa forma… si el es real, si su bondad es real… ¿seré yo quien la desnaturalice, quien la vuelva monstruosa?... prefiero que siga su vida como si jamás me hubiera conocido… De esa forma, todo lo que gira en torno a él, será su real y única apariencia… será bondad…
– ¿Te encerraron junto a Tweek?, ¿Dónde?
– Un hospital psiquiátrico… quienes me llevaron ahí sabían que era algo mas… con mi madre incomunicada por el servicio francés y con todos los derechos sobre mi persona en manos de la familia del sujeto que asesiné, el único lugar en el mundo que aguardaba un sitio para mi era aquel lugar… la prisión de Joseph… el Infierno de Dante…
Craig parpadeó confundido.
– Un sitio que no puede ser descrito con palabras, solo con gritos… lo que vi, lo que Tweek y yo vimos… no era real o humano. El dolor, Tucker… no es nada, comparado con eso… y para culminar aquellas torturas provenientes del averno… un gran incendio en el patio trasero, llamaradas que destruyen piel y libros cada día 11 del mes…
Los ojos de Craig dejaron de observar a Christophe y se enfocaron en un punto del infinito… esa imagen evocada por el francés.
Las llamaradas que devoran hombres… doctores y soldados… niños, adultos y ancianos en batas… todos liberando alaridos de desesperación. Hojas de diarios consumiéndose… y entre todo eso, Tweek.
– 11 de Noviembre… – Susurró el moreno con unas diminutas lagrimas dejando un rastro cristalino bastante fino tras de si.
– ¿Que? – Christophe salió de su letargo cuando observó lo pálido que Craig se puso en tan solo segundos…
…
…
– ¡Espere…! ¡Aun estamos adentro!, ¡alguien! – Aquella voz… – ¿Que carajo te pasa, Marsh?
– No pueden oírte… estamos tu y yo…
– ¡Suéltame! ¡Basta, Stan!, ¡No quiero hacer esto!, ¿que carajo te pasa?
– ¿No es esto lo que esperas de Tucker?, ¿Por qué sigues fingiendo que no eres marica cuando sabes que mueres por esto? – ¡Ese bastardo estaba lastimando a su Tweek!, ¿Dónde estaba el para protegerlo?
– ¡Eso no es cierto…! – ¡Alguien, debían ayudarlo! – ¡Déjame salir!
– ¡Deja de actuar, marica!
– ¿Quién se supone que es el marica?
No, esa pesadilla… esa era la razón por la que Tweek huyó… no porque estuviera jugando con él… pero entonces ¿Dónde?, ¿Por qué…?
"No eres mi hermano"
Una conversación perdida con Rubí… ¿fue por dinero?...
– No sé de que hablas, Rubí… iré a buscar a Tweek hasta el fin del mundo, aunque ni tu ni nuestros padres lo entiendan…
"El que no entiende nada eres tu… aléjate de mi familia, ya hemos sufrido demasiado. Solo desaparece, con el dinero si lo deseas… solo vete… y jamás vuelvas a nuestra casa… pero ten cuidado con lo que deseas… porque una vez que encuentres a Tweek, si lo encuentras… el te dirá lo mismo…"
Nadie lo amaba realmente… solo Tweek… solo ese chico esperando en una banca.
Esperando… a… ¿él?
El salón de clases… de pronto lucía vacio… solo el merodeaba entre las bancas, cuando un cuaderno llamó su atención. Portada verde y hojas arrugadas como mojadas en alguna bebida oscura… conocía a la perfección al dueño.
La hojeó velozmente… entonces algunas hojas resbalaron intrépidas… se agachó para tomarlas antes de que alguien mas entrara al salón… todos debían estar en el descanso.
Entonces… el terror…
Un nombre escrito dentro de un corazón mal dibujado… pasos provenientes de aquellos pasillos, unas pisadas bastante conocidas.
Aquel nombre…
–O–O–O–O–
– ¿Por qué Second?
– No dices que todos merecemos una segunda oportunidad… creo que la cocina es mi segunda oportunidad, aunque no se para qué…
En aquella ocasión, Kenny le había sonreído como hacia mucho no había visto.
Aunque en realidad había sido una mentira… el numero dos significaba algo importante para él también.
Una fantasía golpeó su cabeza de nuevo, pero esta fue mucho más fuerte… acerca de unos pasos en la lejanía de un pasillo… un salón de clases en plena hora de almuerzo… Un paso, dos… el sonido del eco que sus zapatos emitían, cuando de pronto…
–O–O–O–O–
De pronto… todo se detuvo en segundos.
–O–O–O–O–
Todo dejó de moverse.
Una perilla girándose.
–O–O–O–O–
Una puerta siendo abierta lentamente.
Y…
–O–O–O–O–
…Y
–O–O–O–O–
– ¡Hey, Craig!, ¿has visto a Stan?, no lo encuentro por ningún sitio…
Estaba de espaldas a ese pelirrojo de apariencia tranquila y apacible… aunque, ¡unos momentos antes el estaba…!
La voz de Kyle, a quien había estado siguiendo todo el tiempo, se encontraba fuera del salón, pero... hacia unos segundos el estaba adentro
– ¿Que está…?
–O–O–O–O–
"Craig"
Escrito en aquel cuaderno… dentro de un corazón.
– No lo entiendo… – Lentamente, se fue poniendo de pie hasta ver su propio reflejo en el espejo de la pared mas cercana. – No… no… NO, NO, ¡NO!
Su rostro.
–O–O–O–O–
Su rostro era distinto… por completo. Sus ojos eran celestes y su cabello era un largo flequillo que casi le cubría los ojos. El pelirrojo le hablaba a un "Craig", ¡pero el era Craig!, ¿a quien estaba…?
Corrió hacia la puerta de aquel lugar y ahí dentro, donde se suponía que él recogía los pedazos rotos del cuaderno de Tweek… estaba la imagen que durante años había creído suya.
– Oh Dios mío…
–O–O–O–O–
– No puede ser… ¿que está pasando?
Sus ojos eran negros y su cabello estaba peinado casi por la mitad… su flequillo era mucho mas largo y su cuerpo, totalmente mas grande.
Era Craig Tucker.
– ¿Que es todo esto?
–O–O–O–O–
– ¡Rápido, de pronto se desmayó!
Christophe se arrodilló sobre el suelo para poder ayudar al moreno que parecía sufrir de una fiebre espontanea y muy severa. Colocó su mano en la frente de Tucker, solo para comprobar cuanto sudor desprendía en tan solo segundos.
– ¡Hay que pedir ayuda! – Tanto Mamá Delorn como Gregory se espantaron ante los gritos del castaño y sacaron sus respectivos celulares. Ninguno de los dos tenía línea. Algo era en extremo raro ahí.
– Es imposible, a bordo del tren tardaremos demasiado en encontrar señal.
– ¿Que hacían?, ¿Cómo empezó esto?
– No lo sé, solo conversábamos… de pronto sus manos comenzaron a temblar y terminó en el suelo…
Mamá Delorn salió corriendo del compartimiento para buscar ayuda entre algún pasajero o empleado del tren. Gregory tomó lugar a un lado del francés, sosteniendo la muñeca derecha de Tucker para comprobar su pulso.
– ¿No crees que suceden muchas cosas como estas desde que me conoces? – Preguntó en claro tono de ironía al rubio. Greg tomó el pulso de Tucker pensativo, comparándolo con su reloj de muñeca, un caro regalo de su madre. El contraste exacto entre el hombre que le hablaba y su mundo real.
– Creo que tienes algunas cosas que explicarme, pero ahora no es el momento. Primero, busquemos ayuda para Tucker.
– ¡Está solo! – Mamá Delorn irrumpió en el compartimiento con una pistola diminuta entre sus níveas manos.
– ¿Que? – Christophe hizo a un lado a Tucker con cuidado y metió las manos en sus bolsillos. Ningún Delorn andaba por ahí sin armas. – ¿El vagón?
– El tren entero… no llegué hasta la cabina del maquinista, pero no hay nadie en las cabinas o los compartimientos… es como si se hubiera vaciado… de repente…
– ¿Que está pasando, Christophe? – Gregory observó asustado al castaño desde el suelo.
– Es Missy… – Contestó con verdadero coraje, tomando entre sus manos su pala y entregando el arma que llevaba en los bolsillos al británico. – Nos está llevando hacia él… y hacia Tweek.
–O–O–O–O–
Recuerdos de una escena perdida.
El moreno yacía recostado en con las piernas flexionadas hasta su pecho y el llanto escurriendo por sus parpados, cayendo como rocío de la mañana sobre el suelo. El corazón había dejado de torturar su pecho y la cabeza comenzaba a asentar las ideas correctamente en su cabeza.
¿Podía existir tanta maldad en el mundo?, ¿podía alguien ser tan cruel?
Lo podía recordar todo… absolutamente todo.
– Me mentiste, miserable basura…
El rostro paciente de Stan Marsh frente a él. Con aquella mirada azul acero de verdadera maldad. Le dijo que Tweek le mintió, que su amistad era una apuesta. Y por eso no corrió tras él antes de que simplemente se fuera.
– Ah, Craig… ¿recién ahora te das cuenta?... era un juego, no te lo tomes tan en serio… – Cerró su casillero sin prestarle mayor importancia y tomó los libros que había sacado, para continuar con su camino.
– ¡Ahora dime donde está! – Golpeó el mueble de acero con ira y desesperación. Al principio no contestaban sus llamadas, después nadie contestaba al tocar la puerta y finalmente… en la cafetería el señor Tweak se lo dijo.
– ¿No te lo dijo el señor Tweak?... que pena…
– ¿Que le hiciste?, ¡ese día fuiste el ultimo en verlo!, ¿también a él le mentiste?, ¡contesta! – Por fin recordó lo desesperado que se sintió aquella tarde.
Nunca volvería a ver a Tweek.
Nunca contestaría a esa nota.
Nunca más volvería a escuchar su risa, oler su café o acariciar su cabellera alborotada.
– No sé donde está y no me importa… y si fuera tú, tampoco me interesaría. Tweek es tan poca cosa, Tucker… y aun así siempre vas como idiota y corres tras él…
– Tú eres… un bastardo… un maldito enfermo… ¡te voy a matar si no me dices la verdad!
Entonces saltó sobre Stan, pero el otro moreno no opuso resistencia alguna. Justo frente a todos en aquel pasillo concurrido, con Craig Tucker encima suyo y esas imágenes de lo que sucedió en la bodega, en su cabeza…
– ¡MÁTAME ENTONCES!, ¡MÁTAME!, ¡pero no fui yo el que lo dejó ir!, ¡fuiste tu, estúpido!... ¡y sin embargo sigues!... ¡TWEEK NO VALE NADA!, ¡el no te quiere lo suficiente!
Entonces el llanto también se escapó de sus ojos oscuros.
– ¿Y tu si?
Entonces Stan perdió la cordura… y él también.
Stan Marsh me amaba.
De su manera enferma autodestructiva.
Y yo
Soy Craig Tucker.
– ¿Stan?, ¿te sientes mejor?
En tan solo un instante, ya se encontraba recostado en el regazo de Kyle, el pelirrojo de mirada esmeralda.
¿Cómo llegó hasta ahí?, ¿iban dentro de un automóvil?
– ¿Dónde…?
– Falta poco, Stan…
Kyle, ¿no sabia que él en realidad era Craig?, ¿y Cartman?, ¿y Kenny?
Kenny… el estuvo ahí en aquel infierno, ¿porqué?
– Ahí… Kyle, prepárate.
La voz de Cartman se escuchó severa en el interior de aquel lugar. No podía escuchar nada del exterior, debían estar en algún lugar del campo abierto, pero no reconocía aquel cielo abierto.
La bella imaginación de un hombre delirante que recién abría su verdadero ser al mundo que desaparecía y volvía a aparecer a su antojo.
Su estomago se encontraba revuelto y todo parecía estar a punto de comenzar a dar vueltas de nuevo… pero las cosas se asentaron al escuchar aquella voz de nuevo.
– ¡Basta, Kenneth, deja a Tweek!
– ¡Clyde!
Y un disparo en la lejanía.
Ahí estaban su mejor amigo y su amor de secundaria.
Después de 20 años.
Concluiría eso.
–O–O–O–O–
– ¡Déjalos ir, Missy! – Gritó el francés, desde el interior del vagón.
La pala se encontraba atada de nuevo a su espalda. Al ver lo que Missy cargaba entre sus manos y con lo que tenía apuntado a Tweek en la cabeza, optó por sacar también un revolver.
Gregory sostenía la cabeza de Craig sobre su regazo, intentando traerlo de vuelta a la normalidad, pues aquel estado no era de ayuda en lo absoluto.
La señora Delorn comprobó que todos habían sido obligados a recorrerse hasta el último vagón y las puertas habían sido trabadas. Fue fácil deshacerse de los tipos que se encargaron de tan sigilosa tarea, pero con Kenny…
– Baja el arma… y dile a tu madre que haga lo mismo… o el primero en morir será Tweek.
El sonido del seguro siendo retirado hizo que Christophe pasara saliva con dificultad.
Había muchos puntos a su favor… como la ubicación de Kenny en pleno campo abierto… o Kyle y Cartman bajando de la camioneta, si le disparaba al vehiculo… su madre desde una posición favorecedora al ser desconocida…
…pero la vida de Richard…
– Maldición…
No podía jugársela… ya tendría una idea.
Movió la cabeza con una afirmación, con lo que mamá Delorn dejó escapar un quejido desde le fondo de su garganta, pero también soltó el arma.
– ¿Que está pasando, Missy? – Preguntó el francés, por completo cansado de aquella enfermiza persecución. – ¿Que ha sido todo esto?
– ¿Esto? – Kenny sacudió la pistola, ante la mirada llena de horro de Clyde. Tweek temblaba frenéticamente con los ojos tan apretados que comenzaban a sudarle los parpados. – Es la paz. Para todos.
– ¡NOOO!
Entonces un ultimo movimiento de la pistola…
…hizo a Tweek caer sobre el césped.
– ¡RICHARD!
– ¡TWEEKERS!
O–O–O–O
Técnicamente el siguiente capitulo va a ser el ultimo… pero si lo veo demasiado largo, lo voy a dividir en dos. Espero que no estén demasiado confundidos. Si lo están, cualquier duda la resuelvo en el siguiente cap, así que hablen ahora o callen para siempre XD
By: Roglia15
