Armonía.
Capitulo Dos
Oscuridad.- Parte Uno.
Recuerdos…
¿Qué son los recuerdos?, fantasmas del pasado que vuelven para hacerte más fácil y difícil la vida al mismo tiempo. Mi hermana dice que son una guía, una especie de mapa. Yo honestamente no estoy segura.
Cuando miró atrás tanto como mi memoria me lo permite lo que veo, lo que siento son primero el amoroso y tibio rose del costado y las alas de mi madre y la firme y distante figura de mi padre.
Recuerdo la incesante sonrisa de mi hermana mayor, siempre dispuesta a inventar un nuevo juego, una nueva travesura, a explorar mas allá de donde habíamos llegado el día anterior en los interminables campos de flores que eran nuestro hogar.
Ella siempre estaba ahí, siempre a mi lado, siempre animándome a hacer mas. Esos días sin preocupaciones y sin miedos son los que más atesoro. Los días antes de que Él llegara.
Era una de las pocas veces en que ella me dejó escoger el juego, así que nos encontrábamos sentadas a la sombra de un árbol, trenzando nuestras crines con flores. Había sido un día más tranquilo de lo usual, nuestros padres y sus compañeros distantes y atareados.
Nuestra madre vino a nosotras, como de costumbre yo corrí y froté mi cuello en una de sus patas, siempre suave y tibia. Ella me sonrió y me devolvió el gesto de cariño, su cuerno se iluminó y en frente de nosotras apareció un pequeño palacio el cual nos señaló.
-Celestia, Luna, entren ahí. encontraran muchos juguetes para que se diviertan, lo importante es que no salgan hasta que alguno de nosotros regrese, ¿de acuerdo?
Me pareció algo un poco extraño pero aun así Celestia y yo nos dirigimos al interior y como nuestra madre nos dijo encontramos gran cantidad de juguetes, el palacio era hermoso y rápidamente nos acomodamos en el cuarto superior de la torre más alta.
Yo encontré una pequeña pelota que brillaba como si tuviera un millón de estrellas en su interior. Celestia cambiaba rápidamente de juguetes y como de costumbre se aburrió en tan solo unos instantes. La vi acercarse a una de las enormes ventanas y extender sus alas, tuve un mal presentimiento y decidí tratar de evitar que saliera.
-Tia, madre nos dijo que no abandonáramos este lugar, ¿piensas desobedecerla?
Celestia me miró y me sonrió.
-Vamos Lu, te apuesto que será divertido. Seguramente están planeando alguna sorpresa, como cuando nos regalaron el sol y la luna.
En ese entonces las dos creíamos que los astros eran juguetes, una idea absurda de la cual ella me convenció. Igual que me convenció de seguirla ese triste día. Muchas veces había tratado de persuadirla de no llevar a cabo esas acciones arriesgadas, pero de alguna forma u otra siempre me ignoraba, me convencía de acompañarla y al final murmuraba "Debí de haberte hecho caso, Lu."
Otras tantas pienso que es en parte también mi responsabilidad, que debí de ser más firme, que no debí de acompañarla, que debí insistir para retenerla. Pero no lo hice, y es tanto su culpa por arrastrarme como mía por dejarme llevar, y ese día fue en el que ese error nos costó como nunca antes nos había costado.
Seguí de cerca a Celestia mientras abandonábamos las llanuras que eran nuestro hogar y nos internamos en el espacio frio que estaba entre nuestro hogar y el de los mortales. Podíamos ver a la distancia el apagado brillo de las estrellas y el sol. Las dos buscando nerviosamente a nuestros padres para poder espiarlos sin ser vistas.
Entonces lo escuché, ese horrible sonido que era una mezcla de un grito de ira con una risa desquiciada. Celestia se detuvo paralizada, pude ver el miedo en su rostro, un rostro que normalmente me sonreía para tranquilizarme, el miedo me llenó a mí también y comencé a llorar.
Entonces lo vi, esa horrible quimera compuesta de trozos de diferentes creaturas. Su tamaño horrorosamente enorme, los ojos y las fauces emanando ese fuego corrupto y retorcido. La criatura pasó a una gran distancia de nosotras y aun así pudimos apreciar cada detalle de su imposible anatomía.
Aunque quería no podía apartar mi vista de él, como si estuviera bajo un trance, lo vi acercarse a mi padre, el cual no había notado hasta ese entonces, que estorbaba el camino de la bestia hacia el hogar de los mortales.
Celestia me mantenía cerca de ella y no podía ver muy bien los detalles. Sentí como su cuerpo se tensó y pude ver una devastadora cantidad de rocas descomunales envueltas en fuego que aparecieron de la nada. Celestia se relajó y las rocas desaparecieron al mismo tiempo que sentía un flujo de magia similar a la mía, pero miles de veces más fuerte.
La paz no duró mucho, la criatura rió de nuevo, esta vez de forma tranquila y tuve de nuevo esa sensación. Una magia similar a la mía había sido conjurada, pero aun más poderosa que la que seguramente había conjurado mi padre y con un dejo de maldad y locura en su esencia.
Antes de que pudiera preguntarle a Celestia que es lo que sucedía algo pasó a nuestro lado. Vi claramente el cuerpo dorado de Enlil, señor de los vientos y padre de los grifos y de reojo alcancé a vislumbrar las llamas de Zmeu, señor del fuego y padre de los dragones.
Los dos descargaron su esencia en contra del monstruo, la explosión nos alcanzó y sacudió con violencia. Me sujeté como pude de mi hermana mientras ambas éramos arrastradas, la escuche gritar y me di cuenta de que yo estaba haciendo lo mismo. Me apretó contra su pecho cubriendo mi cabeza con sus brazos.
Ya no pude ver nada, pero sentía su corazón golpeando contra su pecho y su respiración agitada, escuché un segundo impacto y después un grito horrible del demonio. Celestia me apretó mas y cubrió mis oídos, aun así pude escuchar los horribles gritos y rugidos del monstruo. El no poder ver lo qué pasaba, los horribles sonidos y el miedo que podía sentir en mi hermana aumentaron mi terror propio.
Entonces todo empeoró, algo sucedió con la criatura que lanzó el rugido más aterrador que jamás he escuchado, ambas comenzamos a llorar y Celestia me abrazó con tal fuerza que me lastimó. Las dos permanecimos así, en silencio, Celestia tratando de protegerme y yo en el más absoluto de los miedos al no poder ver nada y oír muy poco después de ese estridente grito de dolor e ira, finalmente la liberación llegó en la forma del cálido abrazo de nuestra querida madre.
Recuerdo que yo aun sollozaba y temblaba, tratando de mantenerme lo más cerca de mi madre mientras ella me cobijaba con su ala y frotaba amorosamente su cabeza contrala mía, recostadas en las praderas sin fin que eran nuestro hogar. A la distancia podía ver a Celestia, cabizbaja, viéndose aun de menor tamaño al estar en frente de la imponente figura de mi padre.
Mi padre dijo algo que provocó que Celestia se levantara rápidamente y se acercara a él. No podía oír nada, pero sentía que algo malo estaba pasando. Minutos después ambos se acercaron, Celestia siguiéndolo con la vista en el suelo y sollozando. Mi padre utilizó su magia y creó un cuarto simple, sin adornos ni ventanas y una sola puerta. Celestia entró lentamente en este y me dedicó una lastimosa mirada llena de miedo antes de que se cerrara la puerta.
Mis padres hablaban en voz baja, yo me levanté y me dirigí a la construcción, dispuesta a hablar con Celestia y preguntarle qué era lo que había pasado, en ese instante la voz de mi padre me detuvo.
-No te acerques Luna, Celestia está castigada y no podrá salir ni hablar con nadie hasta que tu madre y yo lo decidamos.
No podía creer lo que escuchaban mis oídos.
-¿Castigo?, pero padre, ¿por qué?
Él me miró con sus resplandecientes ojos rojos y suspiró.
-Luna, en esta ocasión tu hermana no solo desobedeció y te convenció de seguirla, como otras veces. Sino que puso en grave riesgo la vida de ambas y arriesgó el futuro de la creación en caso de que nuestros compañeros, tu madre y yo hubiéramos sido derrotados.
-Se que parece duro, pero es una lección que tu hermana debe de aprender. Todo acto tiene consecuencias y a pesar del amor que siento por ella es mi deber corregirla. Es una lección que espero tu también aprendas.
A pesar de que se lo pedí mi padre no levantó el castigo. No vi a Celestia en mucho tiempo y las únicas visitas que recibía eran las de mi padre, que diariamente entraba a la habitación por espacio de unas horas.
Inicialmente me sentía mal ante el hecho de que solo Celestia recibiera castigo, pero al poco tiempo descubrí que el castigo también era para mí en menor medida. Me habían quitado a mi mejor amiga, a mi única amiga, me dejaron sola. Durante todo ese tiempo mis padres convivieron y hablaron conmigo, e inclusive mi madre jugaba conmigo cuando tenía tiempo libre, pero no era lo mismo que disfrutar de mi existencia al lado de mi querida hermana.
Finalmente llegó el esperado día en el que me reuní con ella de nuevo. Ahora era un poco más seria y no tan impulsiva como antes, aunque seguía manteniendo un gusto por las travesuras y las bromas. Sin embargo había otra diferencia. La magia de Celestia se había vuelto mucho más fuerte que la mía, antes de su castigo nuestras esencias eran prácticamente iguales, pero después de las lecciones diarias de mi padre la diferencia se hizo casi insalvable.
Celestia tomó un gusto por las practicas arcanas y dividió su tiempo entre encontrar, crear y aprender nuevos hechizos y jugar conmigo. Pensé rápidamente que si aumentaba mi potencial podríamos pasar de nuevo mucho tiempo juntas así que les supliqué a mis padres que me enseñaran. Sin embargo se encontraban en una fase crítica de su creación y no pudieron educarme como lo hicieron con mi hermana. Tuve que aprender por mí misma, pero jamás pude igualarme de nuevo con Celestia, ella siempre estaba un paso delante de mí.
Recuerdo que mucho tiempo después mi padre se acercó a mí y me llevó lo más cerca de la luna y las estrellas que jamás había estado. Eran hermosas y apacibles, pero su luz se sentía fría y estéril, mi padre interrumpió mis reflexiones al dirigirse a mí en un tono un poco distante.
-Luna, estas estrellas y esta luna están atadas a tu destino, tu y los astros de la noche estarán unidos para siempre ya que naciste en el mismo momento en que las creé. Y por lo tanto tu deber es vigilar que se cumpla con su importante función.
Guardé silencio, tratando de encontrar el sentido de las palabras de mi padre, que continuo hablando.
-Mientras el sol de tu hermana traerá luz, calor y vida al mundo de los mortales tu luna y tus estrellas iluminaran la oscuridad y cobijaran el descanso de aquellos que están por venir.
-Tu deber, hasta que despierten aquellos que podrán tomar las riendas de la luna, será asegurarte que cumplan con su órbita. Cuando nuestras amadas creaciones despierten entonces deberás asegurarte que puedan cumplir con su función, y en caso de que algo llegara a pasar retomarías el control de la luna para que el ciclo de la noche y el día permanezca en equilibrio.
Miré de nuevo la fría, gris y estéril luna.
-¿Entonces Celestia se encargará de dar vida al mundo y yo solamente de cuidar de las horas de descanso?
Mi padre me cubrió con una de sus alas, un acontecimiento muy raro.
-Ambas tareas son importantes Luna, se que la llevaras a cabo a la perfección y que no me decepcionaras.
A pesar de las palabras de mi padre yo no me sentía tan segura. Miré a lo lejos el resplandor del sol de Celestia que se podía adivinar al otro lado del hogar de los mortales. Al regresar a nuestro hogar Celestia notó mi estado de ánimo y trató de cambiarlo, por alguna razón que aun no entiendo me sentí un poco molesta con ella pero después de un tiempo me di cuenta de lo tonto de mi proceder y acepté sus bromas y sus juegos de nuevo.
A pesar de mis dudas iniciales rápidamente entendí el porqué de mi tarea y la acepté. Debo decir con cierto orgullo que dominé las orbitas de la luna y las estrellas, tan complejas y cambiantes, mas rápido de lo que Celestia dominó las del sol. Pero no solo acepté mis deberes, descubrí que la enorme complejidad de la noche también me permitía crear belleza; cometas, auroras, lluvias de estrellas, todos esos elementos y muchos más se volvieron mis herramientas, mis pinceles con los que me expresaba. No podía esperar a que los seres mortales despertaran y admiraran lo que crearía para ellos.
Tan concentrada estaba en mi arte que no me di cuenta que Zmeu, el padre de los dragones, se había retirado del hogar que compartía con nosotros y se había asentado en el mar de fuego eterno. Sin embargo esto pasó a segundo plano rápidamente para mí, ya que mientras colocaba la luna en el lugar exacto para que su suave luz se reflejara en las grandes aguas de un mar una pequeña y temerosa conciencia también la alcanzó.
Era frágil, muy diferente a mí misma, llena de miedo pero también de curiosidad. Le susurré suaves palabras a los oídos de su espíritu, al poco tiempo más conciencias se le unieron y les enseñé a mover la luna tal como mi padre lo hizo conmigo. Sin embargo, aunque los ponies tomaron control de la luna todos los demás astros nocturnos eran demasiado complejos para ellos y yo seguí controlándolos y esforzándome por crear obras de arte para que los mortales las disfrutaran.
En esa época Pte Ska Win se me acercó y me habló, fue la primera vez que noté seriedad en su rostro por lo general sonriente y amable.
-Joven doncella de la noche.- Me dijo -He venido a pedirte un favor muy importante, porque sé que tú puedes hablar con los mortales con más facilidad que cualquiera de nosotros, sobre todo si lo haces en sus sueños.
Sus palabras me parecieron un poco extrañas, pero me emocioné ante la idea de ser de utilidad.
-¿Qué es lo que necesita, señora de la fertilidad?
-Necesito que busques a un mortal, un unicornio con una gran esencia mágica de nombre Starswirl. Cuando lo encuentres deberás advertirle de la proximidad y el peligro que representa el gran cometa rojo.
Levanté una ceja un poco incrédula, la madre de los bisontes interpretó mi gesto y señaló un punto en el vacío. Lo encontré solo porque sabía que y donde buscar, un débil y lejano resplandor rojo, a pesar de mis intentos el cometa no se movió y me di cuenta de que no era un cometa. Pte Ska Win no abundó mucho en los detalles sobre ese cometa, solo dijo que deberían ser los mortales quienes se ocuparan de él. Le di el extraño mensaje y las instrucciones que me pidieron que le entregara al unicornio y nunca más supe del cometa hasta muchos siglos después.
Sin embargo la tranquilidad duró poco, en el hogar de los mortales una tormenta de maldad se desató y se extendió rápidamente. Los ponies perdieron su vinculo con la luna, busque a mi hermana y ella me confirmo que también habían perdido su unión con el sol.
Ambas buscamos a nuestros padres para que nos brindaran su consejo, pero solo nos ordenaron que retomáramos el control de nuestros astros y esperáramos pacientemente. Sin embargo aun los podíamos oír, los espíritus de los magos, los voladores y los fuertes que clamaban llenos de miedo y desesperación. Había algo ahí abajo, algo que se deleitaba en el sufrimiento de los débiles, nuestros padres lo sabían y no hacían nada para evitarlo.
Celestia y yo volvimos a estar tan unidas como cuando éramos potras, recuerdo la ira y frustración que recorrían mi mente. ¿Por qué nuestros padres habían abandonado a sus creaciones? Mi enojo llegó a tal grado que le plantee abiertamente a mi padre mis dudas, pero su respuesta fue siempre la misma: Esperemos y veamos.
Celestia me comentó que estaba dispuesta a descender al mundo mortal y auxiliar a los ponies, yo estaba de acuerdo y le di todo mi apoyo. Sin embargo ahora se había vuelto más cauta y no desobedeció la prohibición de nuestros padres de intervenir directamente. Yo por mi parte busqué hablar con los mortales en sus sueños, pero para mí terror descubrí que ya no soñaban, ya no tenían ilusiones, ya no tenían esperanzas.
Finalmente, después de casi cinco dolorosos y agonizantes siglos los creadores decidieron tomar cartas en el asunto y convocaron a un consejo. Los cuatro que aun habitaban en las planicies interminables acudieron acompañados de sus hijos, Enlil y su descendencia que controlaban los vientos y el clima, Pte Ska Win y sus cuatro hijos que manejaban el ciclo de la vida, mi madre, la luz que guía y mi padre, la oscuridad que consume.
Los hijos nos sentamos aparte mientras los mayores deliberaban, entonces nos llamaron a su presencia y mi padre dijo algo que ninguno de nosotros esperaba oír.
-Discord ha escapado de su prisión, él es el responsable de todos los disturbios del mundo.
Sentí como si todo mi cuerpo se hubiera vuelto de hielo y el aire hubiera desaparecido del lugar, inconscientemente comencé a tomar grandes cantidades de aire, los espantosos recuerdos de aquel fatídico día desfilando de nuevo frente a mis ojos. Celestia miraba al suelo, los ojos extremadamente abiertos pero las pupilas contraídas, sabía que lo mismo le pasaba a ella. Sentí que todo me daba vueltas cuando una voz que no pensé volver a escuchar nos sacó del trance.
-¿Cómo es esa frase que utilizan los mortales?, oh si, 'No me gusta decir se los dije, pero se los dije.'
El padre de los dragones, Zmeu, había regresado. Lo acompañaban dos seres extraños, diferentes a cuanto hubiéramos visto antes. Un gran dragón con serpientes y cabezas de dragón en vez de cintura, cola y piernas y el otro una hermosa serpiente alada.
Los creadores se acomodaron para dejarle su sitio. El encargado del ciclo de destrucción y renovación se sentó con una sonrisa sarcástica en su rostro y señaló a los dos seres.
-Mis hijos, Tifón y Quetzalcóatl. ¿Qué es lo que sucede?, ¿no tomaron precauciones como se los dije?, ¿Qué no recuerdan que no hay nada seguro cuando se trata de él?
Nuestro padre cerró los ojos y suspiró.
-No tiene sentido lamentarse por lo que no hicimos. Hemos esperado demasiado tiempo y es más que obvio que a pesar de que Discord ha perdido casi todo su poder los mortales no pueden hacer nada en su contra.
-Lamentablemente nosotros mismos creamos una barrera para que no pudiéramos interferir directamente en el mundo ni en la vida de los mortales. Tenemos que decidir qué hacer.
Zmeu señaló a su hijo con aspecto de un gran dragón
-Nos limitamos a nosotros mismos, pero nuestros hijos si pueden entrar. Tifón bajará y reunirá a los dragones bajo su mando. Libraran una guerra sagrada a sangre y fuego contra Discord.
La atención se centró en Tifón, cuyo rostro mostraba una extraña sonrisa. Sin embargo yo escuché algo a mi lado que llamó mi atención. El rostro de Celestia cambiaba rápidamente mientras miraba al dragón a los ojos, apretó su mandíbula, su ceño se frunció y entonces pasó algo increíble y escuché por primera vez su voz llena de ira y determinación.
-No. No podemos dejarlo ir, no es el indicado.
No podía creer lo que acababa de pasar. Mi hermana había vuelto a su antiguo yo y había roto una regla importante. No solo había hablado fuera de lugar, sino que lo hizo abiertamente en contra de la opinión de uno de los creadores.
Todos guardamos silencio y para mi mayor asombro noté que mi hermana ahora miraba directamente a Zmeu a los ojos. La voz siempre razonable de Pte Ska Win rompió la tensa situación.
-La doncella del sol tiene razón. Si buscamos oponernos al caos y la destrucción de Discord no podemos hacerlo con más caos y destrucción. Debemos de enfrentarlo con lo opuesto a su naturaleza para lograr restaurar el equilibrio. Y de entre todos aquellos que pueden descender al mundo las pequeñas Celestia y Luna son quienes mejor cumplen con esa cualidad.
Las palabras cayeron sobre mí como una avalancha de hielo, mis ojos buscaron los de mi hermana e inmediatamente supe por su expresión que lo mismo pasaba por su mente, miramos a nuestros padres cuyos rostros eran un espejo de los nuestros. Como de costumbre la sabia madre de los bisontes tenía razón, pero ahora sus palabras me asustaban. Entonces la atronadora voz de Zmeu se escuchó de nuevo.
-Creo que es buena idea, tiene sentido de hecho. Si, lo mejor para detenerlo es utilizar lo opuesto a él, claro, en caso de que las potrillas estén de acuerdo.
Zmeu miró fijamente a Celestia, mi hermana tomó aire y le devolvió la mirada antes de hablar firmemente.
-¡Lo haré!
Zmeu me miró a mi entonces, mi espíritu cayó rápidamente en el pozo en llamas que son sus ojos, su mirada de fuego pasó rápidamente por todos los rincones de mi mente exponiendo mis deseos, secretos y miedos sin ninguna dificultad.
-¿Y tu pequeña?, ¿tienes el mismo fuego que tu hermana?
No pude hablar, sentí una pezuña en mi espalda y me la sacudí, molesta. Él seguía viéndome, explorando mi ser, jugando conmigo como si fuera insignificante, sin darme ninguna importancia.
-¿Y bien pequeña?, ¿acaso tienes miedo?, ¿solo tu hermana tiene esa fuerza de voluntad?
Fue el colmo, mi ira se desbordó ante las insinuaciones del padre de los dragones. Yo soy igual a mi hermana, ¡el que sea menor en edad no significa nada! Yo descendería y derrotaría a Discord para aliviar el sufrimiento de los mortales. Hablé con una fuerza que pocos saben que tengo dentro de mí.
-¡Yo iré también!, ¡no soy menos valiente o poderosa que Celestia!
Una sonrisa fría se dibujó en el rostro de Zmeu, permitiéndonos ver sus largos y afilados colmillos y el fuego que ardía en el interior de su ser.
-Que así sea entonces, pero sepan esto: si en un año no derrotan a Discord entonces Tifón descenderá y lo detendrá de una forma u otra.
Celestia miró de nuevo a Zmeu directamente a los ojos, me coloqué a su lado para que supiera que estaba con ella hasta el fin.
-No será necesario- Dijo.
-Nosotras lo derrotaremos- terminé yo.
Celestia sonrió llena de orgullo, era la única que lo hacía. Yo por mi parte empecé a reflexionar un poco más en ese momento. Solo había visto a Discord por unos pocos minutos, pero era consciente de su gran poder. Y ahora Celestia y yo lo enfrentaríamos solas. Un escalofrió recorrió mi cuerpo y estoy segura que todos se dieron cuenta del miedo en mi rostro.
Finalmente nuestros padre se nos acercaron. Mi padre fue el primero en dirigírsenos.
-No estoy de acuerdo con esto, pero lamentablemente es la mejor solución disponible. Tengan presente que aunque Discord yo no es nada comparado con su anterior ser aun sigue siendo el caos encarnado, el puede hacer lo que quiera, no se confíen, no den nada por seguro.
Nuestra madre nos rodeó con sus alas de manera cariñosa.
-Sabemos que tienen la fuerza para derrotarlo, recuerden que son hermanas y que unidas son más fuertes que nada en todo este mundo. Busquen dentro de ustedes mismas y encontraran esa fuerza de la que les hablo.
Antes de que partiéramos nuestro padre nos dejó algo muy en claro.
-Una cosa más, su misión es derrotar a Discord. En cuanto lo logren deberán regresar y permitir que los ponies y las demás razas mortales continúen con sus caminos. No deben de interferir directamente con sus vidas excepto cuando sea necesario para cumplir con su misión.
Los abrazamos y nos despedimos, iniciando el largo viaje. Celestia miraba constantemente hacia atrás, me examinaba y me sonreía tratando de darme ánimos. Yo trataba de concentrarme en lo que pasaría cuando llegáramos a nuestro destino. Cuando lo hicimos me quede sin habla, unas nubes rojinegras se retorcían cubriendo una gran extensión, encontramos el ojo de la tormenta de caos y sentimos que Discord se encontraba ahí. El miedo regresó de nuevo a mi mente y mi respiración se alteró. Celestia me sacó de mi trance y me sobresaltó con su voz.
-¿Lista?
Me tomó algo de tiempo ordenar mis pensamientos y recordar porque estábamos ahí. Hice a un lado la incertidumbre y me enfoqué en cumplir nuestra misión y liberar a los mortales del caos.
-Si hermana.
Celestia se lanzó a una velocidad sorprendente y me tomó unos segundos reaccionar y seguirla, pasamos entre las estrellas rápidamente y cruzamos un espacio vacío antes de que pudiéramos tener un breve vistazo del sol, oculto en su mayor parte por la esfera del mundo. Giramos un poco para esquivar la luna y entonces empecé a sentir mucho calor. Noté que el cuerpo de Celestia delante de mí comenzaba a ponerse rojo y miré mis pezuñas para encontrarme con la misma situación. Celestia me miró, en un principio su rostro mostraba preocupación pero luego fue remplazada por una sonrisa orgullosa que me dio ánimos para continuar.
Atravesamos la tormenta y me quede sin palabras realmente había liberado el caos en los alrededores, haciendo que todas las leyes naturales quedaran olvidas, el mundo era una pesadilla ridícula y horrible al mismo tiempo. Lo encontramos, sentado en su horrible trono rodeado de escombros y ruinas. Seguía siendo la criatura repugnante que recordaba, el hecho de ser más débil no disminuía esa aura opresiva y perturbadora que lo rodeaba.
El sonrió, se elevó de su trono y nos habló con una amabilidad que era traicionada por la locura y la malicia en sus ojos
-Bienvenidos a mi hermoso reino mis queridos… ¿Quién demonios son ustedes?
Mis miró extrañado, tratando de deducir quienes aramos. Vi a Celestia apretar de nuevo su mandíbula y yo misma sentí como la ira ante las injusticas cometidas ardía dentro de mí. El demonio nos señaló con gesto cansado y nos habló de nuevo.
-¿Quién rayos son ustedes y donde están Imperator Stellarum y Mater Luminis?
Celestia dio un paso hacia adelante, yo me mantuve firme detrás de ella mientras hablaba.
-Somos Luna y Celestia, hemos venido en respuesta a las suplicas de los ponies y te desafiamos en nombre de nuestros padres.
Los labios del demonio se movieron para formar una sonrisa llena de desprecio y nos señaló.
-Oh, ¿Entonces el par de tontos tuvieron bebés?, y por supuesto tienen tanto miedo de mi que decidieron enviar a sus adorables retoños a tratar de detenerme. Muy bien niñas, muéstrenme lo que tienen.
Sin ponernos de acuerdo Celestia y yo nos convertimos en una manifestación física de nuestras esencias, en luz y oscuridad. Nos lanzamos directamente en su contra pero con un movimiento imposiblemente rápido nos esquivó, giramos y cargamos de nuevo lo más rápido que pudimos, y ahí fue cuando todo se derrumbo.
Extendió sus garras y canceló nuestra magia, haciéndonos regresar a nuestra forma habitual. Nos mantenía flotando a su lado e impedía que nos moviéramos. Llamé a mi magia pero no obtuve ningún resultado, traté lo más que pude de zafarme pero era inútil. El volvió a burlarse de nosotras.
-Hey niñas, ¿Qué está en un hoyo en el suelo y es patético?... ¡ustedes!
Bajó las garras y la fuerza nos arrastró hacia abajo. Traté de frenarme pero fue imposible y golpeé el suelo con una fuerza terrible que sacó todo el aire de mis pulmones y me desoriento por unos minutos. Cuando pude enfocarme de nuevo lo primero que noté para mi mayor confusión fue un montón de espagueti en el suelo.
Lo segundo fue que Discord sostenía a Celestia por el cuerno, humo brotándole de la garra con la que lo hacía, su otra garra se acerco lentamente al pecho de mi hermana. No tuve mucho tiempo para reaccionar e invoque un relámpago, esperando que la descarga no lastimara mucho a mi hermana. Me elevé lo más rápido que pude satisfecha al notar que la había liberado.
Él trató de decirme algo pero no lo deje, tomé aire con la boca y deje escapar un grito tan potente como un tornado, obligándolo a retroceder un poco. Mi orgullo fue remplazado por terror cuando noté que no tenía ningún rasguño. Me señaló y me sonrió, pasándose la lengua por los labios.
-Hey Luna, tienes una verdadera personalidad electrizante.
Sin darme oportunidad de nada una descarga electica recorrió mi cuerpo, perdí el conocimiento y lo siguiente que sentí fue el impacto sobre el suelo, a los pocos segundos algo me golpeó con gran fuerza, lastimándome aun más. Mis sentidos comenzaron a recuperarse y pude escuchar los ecos lejanos de la risa del demonio.
Traté de levantarme y pude ver de manera borrosa a Celestia, de pie junto a mí. Me extrañó que no me ofreciera su pezuña y al no ver a Discord cerca tuve la impresión de que Celestia lo había derrotado. Esa ilusión se borró rápidamente cuando escuche a mi hermana gritar como nunca lo había hecho.
El sonido me regresó rápidamente a la realidad y noté que mi hermana lloraba mientras gritaba, golpeando con gran fuerza el suelo y lastimándose las pezuñas aun más. La frustración me invadió también y miré al cielo tratando de encontrar alguna respuesta pero solo me encontré con las nubes de Discord.
Una gran sombra cruzó el cielo, la seguí con la mirada y vi aterrizar sobre una gran roca cerca de nosotras a un enorme dragón de colores rojo y dorado. El reptil nos miraba alternadamente, su rostro reflejando curiosidad y desconfianza. Como pude reuní suficientes fuerzas y lo señalé mientras le hablaba a Celestia.
-¿Tia?
Ella me miró y después siguió la dirección de mi pezuña, movió su cuerpo tembloroso y débil para ponerse entre el reptil y yo mientras este bajaba de la roca de un salto, provocando un estremecimiento en el suelo al aterrizar, después inclinó la cabeza y nos habló.
-Mi nombre es Antares Cola Llameante, el amigo de los ponies. ¿Quiénes y qué demonios son ustedes?
