Armonía.
Capitulo Siete
Luz.- Parte Cuatro.
Después de que Luna fue a enfrentar sola a Discord nuestra relación fue un poco extraña durante unos días, era obvio que mi hermanita quería pasar mas tiempo junto a mi pero al mismo tiempo se sentía incomoda por sus palabras. Decidí darle un tiempo a solas para que pudiera organizar sus pensamientos.
Lamentablemente no tuvimos tiempo de hablar más al respecto, ya que Discord decidió recordarnos porque estábamos ahí.
El campamento se encontraba descansando cuando escuchamos un sonido de trompetas, todos salimos de las cabañas para encontrarnos con que la cobertura eterna de nubes rojinegras se movía de manera más violenta de lo usual. Antes de que alguien pudiera decir o hacer algo se escuchó la voz de Discord.
-¡Saludos mis queridos súbditos! He estado pensando un poco y me di cuenta de dos cosas:
Primero, ustedes ya tienen todo bien ubicado, conocen los peligros y las rutas y donde están las ruinas y todo eso, en otras palabras su modo de vida se está volviendo monótona, y todos sabemos que la monotonía es abuuurriiidaaa.
Segundo, desde hace un tiempo he tenido dos huéspedes muy especiales en mi territorio, no me he comportado como un buen anfitrión y ellas han caído en un patrón regular de actividades.
Así que me puse a pensar, ¿Cómo puedo hacerle más divertida la vida a mis súbditos y tratar bien a mis invitadas?, y después recordé que ha pasado mucho, mucho tiempo desde nuestra ultima tormenta de caos. Así que sujétense de sus pezuñas mis pequeños ponies. Esto va a ser divertido.
Apenas terminó de hablar todos los ponies comenzaron a correr y a gritar, asustados. Pude ver a Sharp Steel y Dark Cloud tratando de mantener el orden sin mucho éxito.
Yo miré expectante al cielo, esperando que cualquier cosa extraña callera de este durante esa tormenta. Como de costumbre me equivoqué respecto a Discord, el primer golpe vino de debajo de nuestras pezuñas.
En el horizonte pude ver algo extraño que se acercaba, conforme ese algo estaba más próximo me di cuenta que era el suelo, que se movía como las ondas en un estanque. La primera onda pasó por el campamento levantando ponies y construcciones y derribando varias de estas.
En el mar de gritos escuché una voz familiar.
-¡Mis libros!
Little Light corrió hacia su cabaña, que había quedado en mal estado pero no se había derrumbado, en ese momento la onda en el suelo regresó, pero en sentido contrario, como si se contrajera. La cabaña de Little light se derrumbó unos cuantos segundos antes de que ella entrara.
Por primera vez desde que llegue al campamento vi a la unicornio con un rostro abatido, con los ojos llenos de lagrimas y tartamudeando.
Discord no nos dio descanso, enormes grietas se abrieron en el suelo y de estas comenzaron a brotar chorros de chocolate hirviendo.
-¡Luna!
Miré en todas direcciones buscando a mi hermana, cuando la pude encontrar ya estaba trabajando. Moviendo grandes rocas con su magia tratando de bloquear los géiseres sin mucho éxito.
-¡No tiene caso!- me gritó – ¡Son demasiado fuertes!
Traté de ayudarla a controlar las grietas cuando la onda regresó, una ves mas arrasó con el campamento, de nueva cuenta se retrajo pasando de regreso. Ya no quedaba ninguna cabaña de pie y los ponies buscaban un lugar donde refugiarse de la lluvia de chocolate hirviendo.
Al sonido del liquido brotando a presión del suelo y de los gritos de los ponies se unió otro, primero fue un zumbido lejano pero potente, lentamente fue aumentando de intensidad hasta convertirse en algo similar a el rugido de cientos de bestias enfurecidas.
Miré en la dirección en la que venía el sonido, la misma de la cual venían y a la cual se retiraban las ondas en el suelo. Primero vi uno, después otros dos y finalmente perdí la cuenta: tornados, decenas de ellos destrozándolo todo y arrojando escombros en todas direcciones.
Luna se elevó de inmediato y trató de contrarrestar los tornados con su dominio de los vientos. Un fragmento de una columna de las ruinas cercanas salió disparado a toda velocidad contra lo que quedaba del campamento. Logré atraparla con mi magia y la lancé contra otro escombro que se dirigía contra hacia nosotros.
Luna logró en cierta medida detener o desviar a los tornados mientras Antares y yo nos encargábamos de los escombros que eran lanzados. De nueva cuenta el suelo se movió en una dirección y después en la contraria, había cierta familiaridad, cierto ritmo con el que se movía pero en ese momento tenía otras cosas en que concentrarme.
El suelo se agrietó y enormes fragmentos de este comenzaron a flotar en el cielo, una nueva onda sacudió el campamento y enormes fragmentos de cristal purpura claro brotaron de los grandes trozos de suelo que flotaban.
La onda sacudió de nuevo el campamento y fue cuando la naturaleza de su cadencia se me hizo totalmente clara.
Latidos, latidos de un corazón negro y retorcido, eso eran las ondas que recorrían el suelo, eso era lo que traía calamidades cada vez más grandes. Luna continuaba en el aire de manera arriesgada mientras Antares y yo hacíamos nuestro mejor esfuerzo por proteger a los ponies de los escombros arrojados por los tornados, hubo un nuevo latido y los fragmentos flotantes con cristales comenzaron a girar y a moverse, repentinamente y con un crujido de uno de los cristales brotó un potente rayo de magia pura que trazó una enorme zanja en el suelo. Los cristales se encendían y disparaban al azar, algunos hacían impacto lejos de lo que quedaba del campamento, algunos peligrosamente cerca, solo era cuestión de tiempo y lo peor pasó.
Uno de los rayos purpuras golpeó a un pony que estaba tratando de levantar unos escombros, aun con el ruido de los tornados pude escuchar su grito de dolor. No quedó mucho del pobre unicornio, solo un cuerpo quemado y retorcido.
-¡Luna!- Grité -¡El juego de atrapar la pelota mágica!, las dos recibimos, tu del otro extremo del campamento.
Mi hermanita comprendió rápidamente y se colocó donde le dije, ambas extendimos las alas y creamos un escudo mágico especial. Era un pequeño hechizo que inventé cuando éramos potras para un juego de capturar una esfera mágica y neutralizarla.
Como lo supuse ambos campos se unieron, pero había algo mas. Se sentía… bien, como si fuera lo correcto, esa fue la primera vez en la que realmente unimos nuestras magias.
Uno de los rayos de los cristales impactó el escudo que creamos alrededor de las ruinas del campamento y se neutralizó más fácilmente de lo que creí, los ponies rápidamente comprendieron la naturaleza del campo mágico y se refugiaron bajo este, Antares se quedó afuera, esforzándose por desviar los escombros lo mejor que podía.
Aunque el campo resultó más fuerte, o los rayos más débiles, de lo que inicialmente había pensado era mucho esfuerzo para mí poder mantenerlo en un área tan grande. Miré a Luna y noté que era aun peor para ella, grandes gotas de sudor bajaban por su frente y sus piernas temblaban, pero aun así se mantenía firme en su lugar sin flaquear ni un segundo.
Sobre el rugido de los tornados, el siseo de los geiseres de chocolate y las explosiones provocadas por los rayos podía escuchar a los ponies, llantos, gritos, voces buscando a amigos o familiares, rezos pidiendo piedad o, peor aún, pidiendo que de una vez por todas la muerte los librara del caos.
Esas voces y la firmeza de Luna eran los que me hacían seguir sin rendirme. Las ondas seguían sacudiendo el suelo al ritmo de un corazón cargado de maldad. A pesar de los esfuerzos de Antares no todo los restos lanzados por los tornados eran bloqueados y debido a que nuestro escudo era solo mágico lograban dañaban a los ponies.
El estruendo era atroz, podía sentir la magia de Luna disminuir lentamente, oír el llanto de los ponies, inclusive Antares parecía cansado y algunos de los escombros más grandes lo habían logrado lastimar. Y entonces lo vi, de pie en frente de mí, sonriendo tranquilamente mientras el mundo se volvía loco al ritmo de los latidos de su corazón, los cuales eran visibles como una especia de aura oscura en su pecho.
Mientras el caos aumentaba a nuestro alrededor lentamente la sonrisa de Discord aumentaba de la misma manera. Estaba ahí sin hacer nada y decir nada, mirándonos sufrir y luchar. De alguna forma eso era peor que sus burlas y sarcasmos de siempre, sin ningún movimiento ni palabra nos restregaba en la cara todo su poder.
Cuando la tensión en al ambiente aumentó y el mundo parecía estar a punto de romperse en dos repentinamente desapareció. El suelo se quedó quieto, los tornados se disiparon, los fragmentos de suelo flotante cayeron sin rastros de cristales.
Hubo unos segundos de silencio y tranquilidad irreal, roto solo por el ruido de pequeños escombros rodando o el burbujeo de los charcos de chocolate. Miré a mí alrededor, todo quieto solo con nubes de polvo flotando aquí o allá.
Entonces la paz falsa se rompió: llantos, gritos, alguien dando órdenes, ponies tratando de mover los escombros para rescatar a alguien. Mi primera reacción fue buscar a Luna, se encontraba sentada en el mismo lugar en el que había tomado posición para lanzar el escudo, el cual hasta ese momento me di cuenta que había desaparecido. Respiraba pesadamente por la boca y el sudor recorría su frente. Traté de caminar hacia ella y tropecé, mis piernas me dolían y no podía caminar bien e igual que mi hermanita terminé por sentarme pesadamente en el suelo.
Me sentía tan cansada que no reaccione a lo que pasaba a mi alrededor, veía a los ponies corriendo de un lado para otro, a Sharp Steel, con un corte profundo en su frente, y a Dark Cloud tratando de organizar mejor a los ponies, no podía ver a Antares ni a Little Light por ningún lado. Luna levantó la cabeza y nuestros ojos se encontraron.
Una vez más supe que su rostro era un espejo del mío, las dos teníamos tantos deseos de recostarnos, de dormir. Tal vez… tal vez al despertarnos estaríamos en casa, con nuestros padres y todo seguiría en orden con el mundo.
Un sonido que llevaba un rato escuchando finalmente se hizo claro y me obligó a regresar a la realidad, alguien me estaba llamando. Con esfuerzos me levanté y comencé a ayudar a rescatar a los ponies atrapados bajo los escombros, sin embargo lo hacía sin pensar, de manera automática. Levantar escombros con mi magia, sostenerlos ahí hasta que recataran el pony, dejarlos caer y moverse al siguiente montón y repetir así una y otra vez.
Al final del día, por decirlo de alguna manera, me senté, bajo lo que quedó del techo de una cabaña. Desde donde estaba podía ver a Antares remover los escombros de la cabaña de Little Light y extraer los libros que no fueron tan dañados ante la mirada desconsolada de la unicornio, Philomena había resultado con varias heridas pero Antares la quemó y rápidamente la fénix regresó a la normalidad.
Yo realmente quería ayudar a Little light, pero estaba tan cansada mental, física y mágicamente que no podía dar un paso, ni siquiera me sentía con energías para buscar a Luna. Mas que nunca quería dormir, descansar, dejar todo este dolor atrás.
Los días que siguieron fueron igualmente agotadores. Hubo fuertes discusiones entre los sobrevivientes acerca de reconstruir el campamento en el mismo lugar, que ahora estaba junto a una montaña que había aparecido de la nada o tal vez el campamento apareció junto a la montaña, o en uno diferente, inclusive hubo quienes sugerían convertirnos en una caravana. Finalmente decidieron que éramos demasiados como para funcionar como caravana y que podríamos aprovechar los materiales que quedaron del campamento para reconstruir.
Uno de esos días me acosté en el pequeño refugio improvisado que Luna y yo compartíamos, había sido una jornada larga tratando de encontrar un terreno apto en los alrededores para poder replantar la cosecha que habíamos perdido, Luna no se encontraba ahí, había hecho un nuevo amigo y dividía su tiempo entre ayudarlo a reconstruir y ayudar a Last Wind con los ponies heridos.
Entonces oí un sonido que no pensé escucharía jamás en las tierras del caos: Música. Llena de curiosidad consegui reunir las suficientes fuerzas para levantarme y seguí el sonido hasta que encontré a una de las yeguas pegaso que rescatamos. Estaba sentada en frente de una fogata tocando una flauta hecha de carrizo. Su cuerpo era de color verde suave y su crin de un color amarillo crema, supe que era de los sobrevivientes ya que su cuerpo estaba cubierto de cicatrices que incluían una marca de mordedura en el cuello.
Alrededor de la fogata se encontraban la mayoría de los ponies del campamento, y para mi sorpresa también estaba ahí Antares, quien parecía disfrutar bastante de la música. La melodía era sencilla pero por los rostros de los ponies solo eso bastaba para aliviar un poco su situación. Finalmente la canción concluyó y lentamente los ponies regresaron a sus refugios para descansar. Antares se fue tarareando la canción, aunque de alguna manera se las arreglo para incluir acordes complejos que producía de algún lugar de su pecho.
Cuando todo hubo terminado la pegaso se levantó con dificultad, se dio la vuelta y al verme detrás de ella dio un pequeño grito muy áspero y calló sobre sus flancos. No me había dado cuenta de que estaba muy cerca de ella y que, de manera inconsciente, al no querer interrumpir la música había silenciado el sonido de mis pasos al acercarme.
Le ofrecí una pezuña, la cual aceptó de manera temblorosa, y la ayude a levantarse.
-Hola, lamento haberte asustado de esa forma. Mi nombre es Celestia.
La pegaso me sonrió, levantó la cabeza y me señaló su cuello, ahí tenía otra cicatriz, mucho más vieja que las provocadas por las harpías. Después me señaló su cutie mark, era un poco extraña, parecía representar una corriente de viento.
No entendía muy bien lo que me quería indicar con eso, mi expresión de confusión debió de ser bastante obvia ya que me sonrió de nuevo, se llevó una pezuña a los labios y aleteó un poco, levantando algo de polvo.
En ese momento me di cuenta de lo que pasaba. No podía hablar y estaba tratando de decirme su nombre. Traté de pensar, silencio y viento, un viento muy ligero por lo visto.
-Tu nombre es… ¿Quiet Wind?
Sacudió la cabeza sin perder la sonrisa.
-¿Silent Breeze?
Su rostro se iluminó y asintió. Yo por mi parte me sentí un poco incomoda y no sabía exactamente como tratar la situación. Concia un hechizo que me permitía leer la mente de los ponies, pero me mostraba todos los pensamientos y no sabía como ella se sentiría respecto a eso.
-Fue una canción muy bonita, jamás creí que aun quedaran ponies que supieran tocar instrumentos.
Me sonrió de nuevo y después señaló a Little Light, dibujó un par de líneas en el suelo, hizo como si las leyera y después se llevó la flauta a su boca para tocar un par de notas.
-¿Aprendiste a tocar de uno de los libros de Little Light?
Sonrió y sacudió la cabeza, después señalo a una yegua que cuidaba de uno de los pocos potros que aun quedaban en el campamento, señaló a Little Light de nuevo y volvió a tocar unas notas.
-Veamos, ¿alguien de tu familia aprendió de un libro y te enseñó?
Asintió con una sonrisa, después se llevó la pezuña a la marca de la mordida en el cuello, luego al corazón y finalmente se inclinó ante mí.
-No… no tienes porque agradecerme, de hecho no hice nada en especial.
El recordar la situación me llenó de ira y pena. El solo pensar que Discord había matado a esos ponies para llamar la atención de Luna y la mía hizo que sintiera dolor en el estomago. Bajé la vista y a eso se sumó el recuerdo de la tormenta del caos, habíamos perdido a siete ponies en menos de media hora y de nuevo resentí la ira en mi estomago.
En ese momento sentí una pezuña en mi hombro, al levantar la vista noté que Silent Breeze estaba seria, puso una de sus pezuñas sobre mi corazón y después se la llevó a los labios, seguidamente sonrió y extendió sus alas.
-Lo… lo siento, realmente no entiendo que…
Se llevó la flauta a los labios y comenzó a tocar de nuevo. Era otra canción, diferente a la que había tocado antes, aunque la melodía seguía siendo simple en su ejecución tuvo efecto en mí, me calmó y después de unos minutos la sensación en mi estomago desapareció.
Al terminar de tocar Silent Breeze repitió los movimientos anteriores y entonces comprendí. Me dijo que no debería de preocuparme y dejara a mi corazón sonreír y volar. De alguna forma me recordó que antes de descender al mundo mortal me gustaban las bromas y una buena risa.
-Gracias- Conseguí murmurar.
Silent Breeze sonrió y para mi mayor sorpresa me abrazó, después de eso se alejó caminando lentamente, no por cansancio, sino porque sus piernas estaban permanentemente lesionadas.
Realmente me sorprendió lo que la yegua había hecho, obviamente no podía ayudar con los esfuerzos de reconstrucción debido a su estado físico, pero había encontrado la manera de mejorar el estado general del campamento a su forma muy especial, elevando el espíritu de los ponies y poniendo una sonrisa en su corazón que les permitiría afrontar la siguiente jornada de trabajos duros.
Me quede sola, reflexionando en la situación en la que estábamos, el punto más bajo de nuestra misión desde que mi hermanita y yo descendimos. Discord era inmune a nuestra magia, había vuelto más difícil la vida de los ponies y los dragones no tardarían en organizarse y atacar.
Suspiré y observé a mi alrededor como el campamente estaba tomando forma de nuevo, lentamente. Los ponies deberían de ser más fuertes de lo que se notaba a primera vista. Luna y yo solo teníamos un par de meses viviendo en las tierras del caos y ya estábamos extremadamente cansadas, pero durante quinientos años, generación tras generación de ponies soportaron esas dificultades toda su vida.
Definitivamente tenían algo en su interior, algo que los hacía…
Entonces recordé las palabras de mi madre antes de que partiéramos: "Recuerden que son hermanas y que unidas son más fuertes que nada en todo este mundo, busquen dentro de ustedes mismas y encontraran la fuerza."
Cuando Luna y yo unimos nuestra magia fue más fuerte que la de cada una por separado, y los ponies tenían dentro de ellos algo que les permitía resistir a Discord. Tenía que hablar con Luna, teníamos que unir nuestra magia de nuevo y teníamos que encontrar eso, fuera lo que fuera, que les permitía a los ponies tener un poco de armonía y tranquilidad aun en las tierras del caos.
