Disclaimer: Todos los personajes de Shingeki no Kyojin que aparecen en esta historia pertenecen a Hajime Isayama.

Advertencia: Esta historia contiene Yaoi y Lemon, si estos temas no te gustan, no la leas.

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- ¡Eren, por fin regresas! – Exclamó Mikasa al ver que Eren cruzaba la puerta de entrada - ¿Cómo te fue hoy? ¿Qué te hizo hacer? ¿Te golpeó? ¿Dónde? ¡Dime qué te hizo! – Todo eso preguntó antes de siquiera dejar que el otro le respondiera algo.

- Ahh… Todo está bien, Mikasa… - Respondió Eren con un gesto de cansancio por la angustiosa actitud de su hermana – Siempre que voy con Rivaille tiene que armar un drama, ojalá se metiera en sus asuntos – Pensó mientras veía que Mikasa continuaba hablando, la ignoró y se fue directamente al baño, pues parecía ser el único lugar dónde lo dejaba solo.

Se sintió aliviado al poder escuchar sólo sus pensamientos en vez de los cuestionamientos de Mikasa; en lo único que podía pensar era en el entrenamiento y su extraño final, ¿por qué el Sargento había estado tocándolo? ¿A qué se refería con eso de decirle antes lo que le gustaba? ¿Qué favor quería hacerle? ¿Para qué se iban a ver en la noche? Esas y muchas otras dudas llegaron a Eren, pero no había forma de darles respuesta. Quizá podría preguntarle a Jean o a Reiner, seguramente ellos podrían ayudarle, pero… ¿Y si sólo se burlaban de él? No dudaba que Jean estallaría en carcajadas al escucharlo… Se llevó las manos a la cabeza - ¡No se me ocurre nada! – Resignado salió del baño, no le quedaría de otra que aguantar hasta la noche para averiguar qué nueva cosa se le había ocurrido a Rivaille.

Regresó al comedor y se alegró de ver a Armin.

- Eren, ¿cómo te fue en el entrenamiento? – Preguntó el rubio con una sonrisa.

- Bien, estuvimos practicando un poco de pelea cuerpo a cuerpo – Respondió mientras tomaban el camino a las caballerizas pues era la hora de limpiar sus caballos, además así tendría la oportunidad de platicar con su amigo mientras no estaba su hermana, ya que a esa hora ella tenía otra asignación.

- En realidad siento un poco de envidia por ti, Eren – Confesó Armin cuando estaban a punto de llegar a su destino – Tienes la oportunidad de entrenar cuanto quieras con el Sargento, a muchos de nosotros ni siquiera nos dirige la palabra… -.

- Bueno, pero tú sabes que yo no lo escogí, me asignaron a él, sólo está cumpliendo su deber… - Respondió un tanto cabizbajo. A pesar de saber que así eran las cosas, se entristecía al pensar que su relación con el Sargento no era más que una obligación.

- Eso es cierto, pero se nota que se esfuerza en entrenarte, quizá tengas un poco de razón con eso de que no es tan malo como parece – Dijo Armin enviando una mirada pensativa – Hay rumores de que la relación con el Capitán Invin se ha debilitado por estar contigo… - Terminó e decir la frase con las mejillas rosadas y con la voz en tono bajo.

- ¿Cómo dices? ¿Qué tengo que ver en eso? Y… - Procesando finalmente todo lo que había dicho Armin - ¡¿Cuál relación se ha debilitado?! ¿Pues qué tipo de relación tienen esos dos? – Cuestionó Eren de manera severa, afortunadamente no había nadie más en las caballerizas pues de lo contrario todos se hubieran enterado de su plática.

- Y–Yo no lo sé… Eso dicen los rumores. Dicen que últimamente el Sargento casi no hace caso al Capitán, y que cada vez que se reúnen terminan peleándose… Jean dice que una vez escuchó que mencionaron tu nombre a media discusión… -.

- ¿Pero yo que tengo que ver? – Gritó Eren aún sin comprender por qué hablaban de él – Estúpido Jean, no dudo que lo haya inventado sólo para tener de qué hablar – Refunfuñó y se quedó en silencio. Odiaba que inventaran chismes del Sargento y más que lo involucraran a él.

Armin notó la molestia de su amigo, sabía que iba a estar en desacuerdo con eso, pero tenía que decirlo para que Eren se enterara de lo que pasaba a su alrededor.

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- No, Irvin – Fue lo que se escuchó al salir Rivaille e Irvin de la oficina – No voy a irme ahora y dejarlo así como así – Sentenció el Sargento ante la mirada de evidente molestia por parte de su Capitán.

- Rivaille… Deja de actuar así, no eres un muchachito y no te voy a permitir que me contradigas – Dijo Irvin intentando intimidar a su subordinado.

- Sabes perfectamente que me importa muy poco lo que digas, si quieres ir con alguien a Rose, llévate a Hanji, yo tengo muchas ocupaciones que atender – Concluyó el Sargento y caminó hacia su habitación.

- ¿Es por él? – Preguntó Irvin provocando que Rivaille se detuviera en seco – Hay muchos rumores acerca de ustedes dos – Continuó al no recibir respuesta – Dicen que te lo llevas lejos a entrenar, que siempre lo estás vigilando aunque esté con todos sus compañeros y que te sales de los programas de entrenamiento establecidos para hacer lo que quieras con él… ¿Es por eso? –.

- Lo que haga o no con él, no es tu problema – Respondió Rivaille sin mirar a Irvin – Confórmate con saber que los entrenamientos están dando resultados… Y además, hace tiempo que dejé de rendirte cuentas sobre mi vida – Continuó caminando sin importarle que el Capitán siguiera hablando. Le pareció escuchar un lejano "Me sigues importando", pero prefirió ignorarlo.

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Por fin había llegado la hora de la cena. Eren estaba un poco ansioso al ver los minutos correr, trataba de controlarse, pero recordar el tacto del Sargento hacía que se le erizara toda la piel, para su fortuna estaba sentado y así podía esconder el temblor de sus piernas.

- Eren, ¿te pasa algo? Estás muy callado… - Dijo Mikasa al notar que su hermano estaba otra vez en las nubes, ya era la sexta vez que le llamaba la atención durante la cena y no parecía tener intenciones de hacerle caso.

- Debe estar muy cansado – Dijo sorpresivamente Jean – Los entrenamientos a solas y en lugares apartados con Rivaille deben ser "agotadores" – Terminó su frase con una sonrisa sarcástica y burlona, las risas de Reiner, Connie e Ymir no se hicieron esperar, pero todos callaron cuando Mikasa los fulminó con la mirada.

- Estoy bien, ya te lo dije – Respondió Eren haciendo ademanes de haber terminado su cena; recogió sus platos y se levantó del lugar – Buenas noches, chicos – Fue todo lo que dijo antes de tomar el camino a su habitación. Antes de abandonar el comedor lanzó una mirada rápida a la mesa donde siempre se sentaba Rivaille, le llamó la atención ver que su lugar estaba vacío, en realidad ni siquiera se fijó cuándo se fue o si llegó a cenar.

Caminó lentamente escaleras abajo, para ese momento dudaba que el Sargento fuera a aparecerse por ahí. Quizá lo que sucedió esa mañana fue un error y le dijo que se verían sólo para mantenerlo callado.

Entró sigilosamente, tal y como un espía revisó, a la luz de una antorcha, si había alguien dentro. Nadie. Suspiró aliviado y dejando la antorcha en su lugar, caminó hacia la cama.

- Por fin llegas, tardas mucho en comer – Dijo una voz proveniente de atrás de la puerta.

- ¡Ahhh! – Gritó Eren al escuchar que alguien le hablaba, volteó instintivamente y se encontró con el desaparecido Sargento. Puso una mano en su pecho intentando calmarse y dijo: - S–Sargento… ¿Por qué no me dijo que estaba aquí cuando entré? –.

- Porque no hubiera sido divertido, obvio… - Respondió acercándose al lugar donde estaba Eren, se sentó en un costado de la cama y observó al joven detenidamente por unos minutos. Le encantaba ver cómo se estresaba al ser observado, y la manera en que se ruborizaba cada vez más conforme pasaba el tiempo.

- Entonces… - Finalmente se decidió a hablar Eren - ¿Qué vamos a hacer, Sargento? –.

- Ya te lo dije, me vas a demostrar por qué eres de los mejores. ¡Ah! Y vamos a concluir lo que quedó pendiente en la mañana – Explicó Rivaille disponiéndose a quitarse su característica chaqueta.

- Sí, recuerdo que dijo eso, pero ¿cómo? Y… ¿Qué quedó pendiente? – Externó Eren realmente confundido.

Sin más rodeos, la mano de Rivaille jaló la muñeca de Eren y lo tiro de frente a él en la cama. Tomando la misma posición que durante el entrenamiento, tomó sus muñecas y se sentó encima, esta vez cuidó que sus entrepiernas quedaran una frente a la otra.

Completamente sorprendido, Eren trató de moverse, lo cual fue obviamente inútil, la fuerza del Sargento superaba por mucho la suya. Antes de poder pronunciar una palabra, sus labios fueron sellados por un beso, abrió los ojos y se topó con los ojos brillantes de Rivaille. A pesar de la poca experiencia al respecto, se dejó llevar por la sensación y permitió que un candente juego de lenguas comenzara entre ellos. Sin saber cómo lo hizo, logró seguirle el ritmo a su superior, no tenía idea de cómo describir lo que sentía, sólo deseaba que jamás terminara.

Cuando Rivaille se apartó, abrió los ojos y notó que ambos estaban completamente agitados.

- Nada mal, Eren. Vas bien en la demostración… - Dijo el Sargento recobrando el aliento – Entonces no estaba equivocado, esto era lo que querías desde la mañana, ¿no? – Recuperó la postura recta sobre el joven y dio un rápido vistazo a sus entrepiernas, ambas estaban muy erectas – Ilústrame soldado, ¿qué sigue ahora? – Cuestionó levantando una ceja y mirando al que estaba debajo de él.

- ¿Qué sigue? ¿Cómo voy a saberlo? No esperaba que esto pasara – Pensó Eren petrificado en la cama, mientras tanto su rostro se tornaba en un rojo brillante.

Al ver la indecisión por parte del otro, Rivaille resopló molesto y giró los ojos.

- ¡Tsk! Si esto es todo lo que tienes me largo de aquí – Se levantó y cuando quiso caminar, Eren, todavía sentado en la cama, lo tomó de la muñeca y lo jaló hacia él sosteniéndolo de la cintura para que no se fuera.

- No, eso no es todo – Respondió tímidamente – No he podido pensar en otra cosa desde la mañana… - Dijo mientras desabrochaba el pantalón del Sargento, y en un movimiento rápido bajó las prendas exterior e interior. Miró el pene frente a él, jamás creyó que fuera de ese tamaño, considerando la estatura del hombre. Tragó saliva, y en un movimiento introdujo la mitad del miembro en su boca, abrió los ojos cuando sintió que se atragantaba, pero una vez que se acostumbró al tamaño, inició un rítmico deslizamiento de arriba a abajo.

Rivaille miró el espectáculo sorprendido, no pensó que el joven fuera capaz de hacer eso. Estaba extasiado. Había pasado considerable tiempo desde que alguien le hacía una felación, y sobre todo una tan buena. Cerró los ojos y se dejó llevar.

- Uhmm… - Se le entrecortaban las palabras – Eres bueno, mocoso. Sigue… - No pudo hablar más. Increíblemente Eren logró introducir todo el miembro en su boca y succionaba de manera inconcebible. - ¿Cuándo carajos aprendió eso? – Pensó mientras ponía sus manos sobre la cabeza de Eren, entretejió sus dedos en el suave cabello y arremetió contra él. Ligeros gemidos salieron de ambos, Rivaille se controlaba para no gritar, Eren simplemente no podía hablar.

Cuando el Sargento se sintió llegar al orgasmo repentinamente Eren se detuvo.

- ¡¿Qué haces?! – Gritó Rivaille evidentemente frustrado.

No daba crédito a lo que veía: Eren se despojaba de su ropa y, dándole la espalda, se inclinó sobre la orilla de la cama.

- No aguanto más… Por favor, Sargento… Tómeme… - Le dijo Eren sonrojado de todos lados y permitiéndole una vista privilegiada de su trasero y genitales.

Sin pensarlo dos veces, Rivaille lo tomó de la cadera, depositó un poco de saliva en la entrada del joven y frotó ligeramente el glande para que se lubricara.

- ¿Estás seguro? – Preguntó antes de entrar, no quería un arrepentimiento tardío. Lo único que recibió como respuesta fue ver que Eren se aferraba a las sábanas.

Introdujo su miembro lentamente en la entrada de Eren, permaneció inmóvil unos segundos para darle tiempo a que se acostumbrara, y progresivamente fue aumentando el ritmo de las embestidas. – Maravilloso… - Pensó mientras se aferraba a la cadera del joven.

Ambos se movían al mismo ritmo impuesto por las embestidas del Sargento, Eren había gritado un poco de dolor pero ahora parecía haberlo olvidado por completo. Gritos y gemidos inundaban el lugar; los dos pensaron en la posibilidad de ser escuchados, pero eso era lo que menos importaba.

Minutos transcurrieron y la fuerza de los empellones aumentó, ambos estaban bañados en sudor y transpiraban pasión por todo el cuerpo.

Eren no pudo contenerse más, su miembro estaba completamente hinchado, no necesitó tocarlo para que la eyaculación se hiciera presente, fue acompañada por un orgasmo que lo inundó y le hizo contraer todos los músculos del cuerpo.

Rivaille también estaba al límite, se refrenó lo más que pudo, pero sentir el cuerpo de Eren sacudirse fue demasiado, encajó las uñas en la cadera de su compañero y, lo atrajo aún más a su cuerpo para correrse lo más dentro posible, se estremeció por completo. Las últimas fuerzas que le quedaron las usó para tirarse encima de la cama.

Ambos permanecieron inmóviles por varios minutos, apenas podían respirar. Rivaille recordó las palabras que Irvin le dijera horas antes, sonrió tranquilamente y dijo para sí mismo – Sí, Irvin, es por él… –.

Rivaille logró sentarse en la cama, observó que Eren permanecía acostado y pensó que estaba dormido, se dispuso a recoger su ropa pero la voz del joven lo detuvo.

- ¿Ya se va, Sargento? – Preguntó Eren viéndolo de reojo sin el valor de observarlo de frente.

- Sí, no pensarás que dormiré así de sucio, ¿o sí? – Vio cómo Eren se encogía en la cama, daba la impresión de estar apenado. – Eh… Muy bien, soldado… – Titubeó por un instante, no sabía exactamente cómo iniciar su frase – Definitivamente eres uno de los mejores, me atrevo a decir que incluso mejor que Ackerman -.

Eren volteó incrédulo a verlo, no pudo esconder su sorpresa al escuchar esas palabras. Pero Rivaille se vestía y hacía todo lo posible por evitar el contacto visual.

- Gra–Gracias, Sargento, me alegra haberlo satisfecho – Dijo mientras agachaba la cara tratando de esconder una sonrisa.

- Tú técnica es muy buena, pero hay algunos detalles a mejorar – Por fin pudo verle a los ojos, lo hizo fijamente, y agregó antes de salir – Próximamente entrenaremos aquí de nuevo, yo te informaré cuándo... Por lo pronto, mañana te veo en el campo de siempre – Rivaille salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Eren se quedó sentado en la cama, lanzó un suspiro largo y dijo: - Definitivamente no es tan malo como dicen, es un hombre muy bueno y me hizo un gran favor… - Se limpió el cuerpo con una de las sábanas, se puso la pijama y se recostó a dormir. Seguramente el entrenamiento de mañana también sería cansado, aunque no tanto como el que recién había terminado.

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¡Por fin! He aquí la segunda entrega, la verdad es el primer lemon (en toda la extensión de la palabra) que escribo, y curiosamente es el más largo de todos los escritos que llevo xD

Espero sea de su agrado. Les agradezco todos sus reviews, los he leído todos pero los anónimos no los puedo responder.

Esta historia da para más, próximamente estaré actualizando.

¡Muchas gracias!