¡Hola chicas! Para las dos que me preguntaron -Ya que no sé como responder por privado ajshs- sí, ésta es la misma novela de "Desde el otro lado" solo que me dí cuenta que no me gustaba el primer capítulo, ni el nombre de la novela, además de que tenía varios errores, así que decidí eliminarla y volver a subirla completamente corregida :D. Gracias por leerla, prometo que no las decepcionará. ¡Besoos y disfruten del capítulo!

Capitulo dos.
Oscuridad.

Un torbellino de colores rojos y naranjas la invadieron; de repente la oscuridad había cobrado vida. Su primer instinto fue echarse hacia atrás, pero Hermione la había empujado por la espalda, haciéndola abandonar el baño.

- ¡Corre! -Gritó la chica, saliendo disparada del baño.

Luna no tuvo tiempo de preguntar porqué; una explosión a sus espaldas fue razón suficiente para correr detrás de Hermione como alma que lleva el diablo. No eran fuegos artificiales los que inundaban el cielo de ese lugar, eran bombas. Montones de bombas explotando por doquier. Gracias a la débil luz que proporcionaba el fuego se percató de que estaban en una calle. Una especie de boulevard abandonado; o destruido, no podía decir exactamente cual de los dos. Hermione se escabulló por una calle paralela y ella la siguió hasta que su amiga se detuvo. El ruido de las explosiones sonaba aún a lo lejos, pero al menos ninguna otra bomba había explotado donde estaban ellas.

- El baño, desapareció. -Dijo Hermione entre jadeos- Cuando saliste, cuando pisaste afuera de el... Se convirtió en una habitación abandonada. -Su respiración era irregular: ella no solía correr de esa manera.
- ¿Donde estamos? -Luna alzó la cabeza; debían estar en algún edificio abandonado.
- No lo sé. En mi vida había visto unas calles tan...

Pero no pudo terminar su oración. Unos pasos acompañados de gritos tan llenos de dolor como ellas nunca habían escuchado las paralizaron. Provenían de ese mismo edificio. La sangre se les congeló en las venas, nunca, ni siquiera en las horribles películas de suspenso más intensas habían escuchado unos gritos como aquellos. Estaban llenos de dolor, de temor... De muerte. Cuando sus sentidos les permitieron reaccionar lo siguiente que escucharon fueron pasos; pasos de algo o alguien viniendo hacia ellas. A hacerlas gritar de igual manera.
Esta vez Luna reaccionó antes y tomó a Hermione por el brazo. No tuvo tiempo de pensar, ¿Qué era mejor, salir al pandemonio que era todo allá afuera o seguir dentro del edificio? Afuera era mejor. La jaló del brazo, trayéndola con ella hacia la salida. Corrieron sin saber a donde se dirigían, sencillamente querían alejarse de los gritos y las bombas, pero cada calle se encontraba igualmente destruida que la anterior. Restos de tela, comida, muebles, se encontraban esparcidos en el suelo de cemento. Les dificultaba la huida cada vez más sortear el montón de porquerías en su camino.
No sabía cuantas calles habían recorrido pero Luna se detuvo, apoyando las manos de sus rodillas en una arcada terrible.

- Luna, ¿Te sientes bien? -Hermione la tomó por los hombros, intentando enderezarla, pero fue inútil.
- Yo no... Yo no desayuné, no tenía hambre en la mañana. -Murmuró la rubia antes de doblarse sobre rodillas gracias a otra arcada- Dame un segundo.

Solo necesitaba reponerse, tomar una bocanada de aire y seguir corriendo. Sin embargo, su cuerpo ya estaba exhausto, al igual que el de Hermione. Ambas tenían heridas por cortes de las cosas que salieron volando en la explosión, igual que la falda del colegio destrozada a jirones en la parte baja. Sus rostros estaban empapados de sudor, no sabían como seguirían corriendo. Luna se repuso lo mejor que pudo y con la ayuda de Hermione se levantó del suelo, algo pálida.

- Necesitamos encontrar un lugar, al menos por ahora. -Dijo Hermione, ya no corrían, ahora caminaban.- No puedes seguir así, estás mal, necesitas comida, agua...
- Hermi... -Intentó decir, pero la chica siguió hablando.
- Y algo para la cortada de tu pierna. Yo también la tengo, pero no me duele, tú estás pálida. Dios, ¿Cómo saldremos de aquí?
- ¡Hermione! -Gritó Luna, deteniéndose súbitamente.- Allí hay una casa.

Luna digirió su mirada hacia la pequeña casa de una sola planta y forma ovlada que había a solo una calle de ellas. Estaba, igual que todo lo demás, raída y sucia, pero al menos se mantenía en pie ante las bombas. Al parecer, el bombardeo se había detenido, o siquiera no estaban apuntándoles bombas justo en sus espaldas. Asintió con la cabeza y, ayudando a su amiga, caminó hasta la entrada de la casita. No esperaba encontrar agua, comida o un radio con su canción favorita tocando; se conformaba con un lugar en donde dormir y esperar a que saliera el sol. La puerta estaba abierta de par en par así que pasó de largo y la cerró detrás de ella. Su sexto sentido le advirtió que quizás había alguien allí, pero todo estaba tan silencioso que borró la idea de su mente.

- Voy a ver si hay agua, o algo de comer. -Le dijo a Luna, la cual se sentó en un sofá casi completamente destruido; seguía pálida.
- Hermione, no vayas tu sola.
- Tú estás a punto de desmayarte, así que cállate y espera por mí. Además, la cocina está allí mismo.

Luna se calló la replica que iba a decir y se limitó a recostarse del raído sofá. Por el otro lado Hermione se armó de valor y caminó hacia la primera habitación de la casa, que ella suponía, debía de ser la cocina. Bajó la mirada hacia sus piernas. Era tan irreal ver aún la falda de su uniforme, se sentía lejana y extraña, como sí hubieran pasado diez años en menos de tres horas. Estaba exhausta, su cuerpo le pedía a gritos un descanso y su alma también. Era tanto lo que había pasado en menos de un día que ni siquiera las lágrimas que estuvo conteniendo le servían para calmarse; solo podía seguir adelante.
Tenía razón, era la cocina. Estaba tristemente alumbrada por una vela a punto de terminar. Paseó la mirada primero por la habitación y cuando se aseguró de que no había nadie, pasó. El olor la golpeó inmediatamente en la nariz. Un olor prominente a putrefacción. Llevó sus manos hasta la boca, resistiendo el creciente deseo de vomitar y con mucha fuerza de voluntad, se resistió. De repente recordó la cocina de su casa, pequeña, acogedora y siempre con algo listo para comer. Los ojos se le llenaron de lágrimas, se sentía demasiado lejos de su hogar, de su vida. La sensación que invadió a Hermione hizo que se diera cuenta de la gravedad de todo lo que pasaba. No sabían donde estaban, ni porqué llegaron allí. Además, estaban exhaustas y la verdad no tenían ni idea de que hacer. Eran dos adolescentes intentando pensar como adultos para salvar sus pellejos.

- ¿Sigues viva? -La débil voz de su mejor amiga le llegó a los oídos desde la sala.
- ¡Sí! -Le respondió al tiempo que abría la nevera.

Hermione se limpió las lágrimas del rostro antes de echarle una mirada al interior de la nevera. La comida estaba completamente dañada, llena de moho y otras cosas innombrables. Se echó hacia atrás como si la puerta contuviera electricidad y, sin poder aguantar más, vomitó. Por suerte, no había mucho en su estomago, así que no hizo ningún desastre. Se limpió la boca con el dobladillo de la falda. Quizás por casualidad, o por otro motivo, su mirada se fijó en algo que al principio no pudo creer: Garrafas de agua. Tres garrafas llenas con agua completamente limpias yacían a un lado del fregadero. Por fin, un punto a su favor. Fue tanta su impresión de haber encontrado agua que apenas pudo creerlo cuando destapó la primera y bebió un sorbo: Sabía a cielo.

- ¡Luna encontré agu...!

Un grito proveniente de la sala de estar le congeló la sangre. Su amiga, la habían herido. Dejó la garrafa de agua y salió disparada hacia la sala, pero la luz era tan pobre que no podía ver a Luna. ¿Alguien había entrado a la casa? No era posible, ella no escuchó nada. Abrió la boca para gritar, para llamar a su amiga, pero algo la cubrió, callándola. Intentó resistirse, forcejando con quien fuera que la estaba reteniendo, pero al instante la negrura la envolvió y fue incapaz de moverse.