Este mensajito será corto, lo prometo. Solo quiero agradecer a las dos personitas que están leyendo la novela, muchas gracias n_n! y que seguiré subiendola. Sé que por los momentos no tiene muchos lectores, o reviews, pero de verdad me gusta como quedó está novela y sé que la sigo subiendo, quizás le den una oportunidad. ¡Aquí va el siguiente cap! Besos.
Capitulo 4.
Alter-egos.
El olor a huevos revueltos, tocineta recién hecha, jugo fresco de mora y pan les hizo un hueco en el estomago al instante. Parecía que la última vez que tuvieron comida en sus bocas hubiera sido hace siglos. Tenían la boca y las manos ocupadas, intentando engullir todo lo que había en el plato, con cada bocado que daban mejoraban poco a poco. Luna había leido una vez que el ser humano solo puede soportar una semana sin comer; aunque ella solo llevaba dos días, se encontraba hambrienta. Ninguna de las dos se molestó en hablar, no hacia falta. Estaban sentadas sobre unas destartaladas sillas que amenazaban con caerse junto a una mesa que sostenía el resto de la comida. Algún día sus madres les dijeron que nunca aceptaran nada de un extraño, pero después de todo, el que preparó todo aquello no era ningún extraño.
Harry Potter bebió un sorbo de café negro y amargo sin retirar la vista de las chicas. Le llevó meses acostumbrarse a la soledad, a tener que desayunar, almorzar o cenar sin nadie más que su propia sombra. Sabía que no debía quejarse, era uno de los pocos afortunados que tenía asegurada sus tres comidas diarias, sin embargo, cambiaria cualquier banquete por un par de horas de charla amena. No estaba solo allí, conocía a más personas, era cierto, pero sí se sentía solo. Eran dos cosas completamente diferentes y ahora lo entendía. La soledad fue algo a lo que, sin duda, le costó acostumbrarse, pero lo logró. Vivía de su instinto, de sus agallas. Así que, tenerlas a ellas dos desayunando frente a él era algo fuera de lo común, que estaba disfrutando por el momento.
Hermione estiró la mano para agarrar el vaso lleno de jugo y tomar un sorbo. La comida le sabía a cielo puro, pero necesitaba empezar a hacer preguntas. Sin embargo, cuando abrió la boca, no supo que decir. Luna tragó rápido y fue la primera en hablar.
- ¿Eres Harry Potter? ¿El Harry Potter que estudia con nosotras? -Preguntó; su plato ya estaba completamente vacío así que fijó su atención en el pelinegro.
Él asintió con la cabeza por cuarta vez.
- El mismo. -Les aseguró nuevamente.
- Estás mintiendo. -Esta vez Hermione si consiguió articular palabra- No eres él, no puedes ser él. Harry Potter estaba con nosotras antes que todo pasara... -La castaña frunció el seño- ¡Él, tu... Él me gritó antes de entrar a biología!
- ¿Biología? Hace cuatro meses que no sé nada de esa clase. -Dijo el chico, encogiéndose de hombros.
Luna observó su piel tersa y levemente dañada por el sol, así como también las casi invisibles líneas de cortes pasados. De repente, el pelinegro le pareció diez años mayor de lo que era. Negó con la cabeza, algo no iba bien entre todo eso. Nada, en realidad.
- ¿Cuales son nuestros nombres? -Preguntó la rubia.- No nos has llamado por nuestro nombre.
A Harry pareció algo sorprendido por la repentina desconfianza, pero se recuperó al instante. Tomó un sorbo más de café antes de levantarse de la silla en la que se encontraba.
- Tú te llamas Luna Lovegood. -Dijo. Su voz era lenta, suave, tersa. Señaló rápidamente a la rubia- Te sentabas a cuatro puestos delante de mí. Y tú -Miró a Hermione, clavando su mirada en sus ojos castaños- Eres Hermione Granger. Me sentaba detrás de ti en todas las clases. Ambas se la pasan juntas, todo el tiempo. ¿Qué más quieren que les diga para que me crean?
Ambas se habían quedado con la sangre fría en las venas al escuchar su respuesta: Era él. Era el mismo Harry Potter que una vez se copió de Luna en un examen de física, el mismo que todas las clases de deporte hablaba al menos diez minutos con Hermione. El mismo que se la pasaba riendo todo el tiempo. Pero había cambiado tanto... Se veía mucho más fuerte, más serio. Implacable. Hermione se percató de que por alguna razón estaba llorando y se limpió las lágrimas rápidamente.
- ¿Cómo terminaste aquí? -La voz le flaqueó, pero no le importaba- ¿Desde hace cuanto estás en este...?
- Mundo. -Harry se pasó una mano por los cabellos oscuros como la noche- Llevo ya unos cuatro meses en este lugar. Terminé aquí de la misma manera que ustedes, alguien me trajo.
- ¿Alguien te trajo? -Luna lo miró incrédula.
- No puedes entrar a este mundo si alguien no te llama, o te busca. Hasta lo que sé, esta es otra dimensión, otra que no nos pertenece. Alguien me buscó y me trajo aquí, igual que a ustedes.
- ¿Quién? -Preguntó Hermione.
- Ustedes. -Harry hizo una pausa, soltó un largo suspiro, preparándose para contar todo lo que sabía y continuó- Todos existimos en estos mundos... Alternos. Ustedes en existen en este mundo también, mismo nombre, estructura física, idénticos por fuera, pero por dentro son todo lo contrario. Como un álter ego. Y ellas las arrastraron a ustedes hasta aquí.
Era como estar encerrados en una burbuja que los aislara del resto del mundo. Ambas se encontraban completamente absortas en el relato del chico. ¿Cómo era posible todo aquello? Ni en sus fantasías más retorcidas podrían haberse imaginado tal cosa.
- ¿Por qué hicieron eso? -Luna se retorció en su asiento, repentinamente se sentía inquieta.
- No puedes distorsionar el orden. Sí sacas a una persona de su mundo, tienes que introducir a otra. Ustedes están aquí porque ellas están allá. -Harry empezó a caminar por la cocina- Quieren algo, pero no sé que es.
- ¿Cómo...? -Hermione también se había levantado- ¿Cómo nos encontraste?
El chico dejó su caminar frenético cuando escuchó la pregunta de ella y volteó para mirarla. Hermione también se percató de la dureza y firmeza que había adquirido su mirada. Tanto, que le recorrió un escalofrió a lo largo de la columna.
- Aquí hay toque de queda. No se supone que nadie debe salir después que se pone el sol, atacan los puntos donde ven movimiento. Todo este lugar esta custodiado. Y si no eres de aquí o no sabes lo que sucede, te capturan. -Hizo una pequeña pausa- No siempre bombardean, no lo hacen a menos que halla movimiento. Desde hace un mes hago la misma rutina, dejo en varias casas agua, comida y una vela especial, de esas que nunca se apagan por causas naturales. Si son aliados, apagan la vela como mensaje de que llegaron sanos. Cuando las vi entrar no sabía que eran ustedes, y al ver que no seguían la señal entré. Luego las identifiqué y las dormí para poder traerlas hasta acá, ambas estaban moribundas cuando las encontré.
- Harry... -Dijeron al unísono, pero el chico levantó la mano.
- No me tienen que agradecer, aún falta un largo camino. -Se acercó a ellas, retiró los platos y los dejó en el fregadero- Hay que buscarles ropa, y enseñarles el lugar antes de seguir moviéndonos.
- ¿Hacia donde? -Preguntó Hermione, levantándose de un saltito.
- Ya verán.
