Capitulo 5.
El Refugio.
Hermione se observó en el espejo lleno de manchas del pequeño baño. Había hecho lo mejor que pudo con su camisa del Instituto, le arrancó las mangas tal y como Harry le indicó que hiciera así como también desgarró la falda unos centímetros, para que no se enganchara con nada. Luna había hecho exactamente lo mismo, mientras se cortaba de un tirón la manga derecha de su camisa se imaginó las cosas que su madre le diría si la pudiera ver. "Esa es una camisa costosa, ¿Qué te pasa?" . Un pequeño escalofrío la recorrió al pensar en su madre, pero apartó el pensamiento de su cabeza cuando Hermione soltó un largo suspiro.
- ¿También te parece irreal? -Preguntó la rubia, amarrando su cabello en una coleta. Hermione asintió.
- Demasiado.
- ¿Ya están listas?
Harry golpeteó con suavidad el marco desbaratado de la puerta para anunciar su presencia en el baño. Ambas se giraron al mismo tiempo y sin decir más asintieron con la cabeza al mismo tiempo. El pelinegro ladeó la comisura de la boca en una sonrisa de medio lado antes de agregar.
- Vale, vamos entonces.
Ellas salieron unos pasos más atrás que el chico atravesando el angosto pasillo que dirigía hasta la salita de la casa. Mientras recorrían eso se percataron de una cosa: No había fotos. Retratos, pinturas absurdas que suelen estar en todas las casas, era totalmente impersonal. La idea perturbó a Hermione, pero no tuvo tiempo de hacer preguntas pues en un momento ya se encontraban afuera. A diferencia de ellas dos con sus molestos y deformados uniformes del Instituto Harry iba vestido con un jean negro, camisa y chaqueta del mismo color. La chaqueta mostraba desgaste en los hombros y codos, pero en realidad solo le daba un toque único. El corazón se les detuvo cuando pudieron ver como era todo fuera de las paredes de la casa.
La noche en que fueron transportadas allí no tuvieron tiempo ni ganas de ver absolutamente nada de lo que las rodeaba, y ahora que podían, el dolor las invadía por cada vena del cuerpo. Las casas estaban destrozadas, algunas yacían en cenizas en el suelo, otras apenas se mantenían de pie. El césped lucía un color marrón pajizo, efecto de la falta de cuidado, no había plantas, al menos no vivas en toda la cuadra donde se encontraban. Empezaron a caminar cuando Harry lo hizo y a medida que avanzaban, peor se ponía. Más de una vez apartaron la mirada, centrandose en el cielo, que era la única cosa que aún no estaba destruida. Siguieron caminando en completo silencio durante dos cuadras más hasta que el ojiverde se detuvo.
- ¿Qué sucede? -Luna tomó por instinto el brazo de su amiga. Ambas miraron expectativas al chico.
- ¿Viste a alguien? -Susurró Hermione.
- Esperen unos segundos aquí, ¿Vale? No se muevan. -Dijo Harry, dando unos pasos hacia un callejón.
- ¡Harry no nos dejes aqu...!
Pero ya era muy tarde, Harry se había escabullido hacia el interior del callejón. Un ansiedad creciente las invadió, estaban paradas en el medio de una calle completamente abandonada, eran blanco fácil. Hermione odió momentáneamente al chico por haberlas abandonado así, sin razón alguna en medio de un lugar que no conocían. Pasearon la mirada por la calle, a simple vista parecía vacía.
- No me quiero quedar aquí. -Luna negó con la cabeza, haciendo que sus cabellos rubios se movieran- Todo está tan...
- Destruido. -Completó Hermione con un largo suspiro- ¿Qué pasó aquí?
- No lo sé, pero sea lo que sea, Harry tiene que decirnos. ¿Cierto? Él debe saber. -La chica ladeó la cabeza hacia el callejón- Vamos a buscarlo.
- Pero él dijo que nos quedáramos aquí.
Luna estaba a punto de abrir la boca para responderle cuando un sonido estridente le llegó a los oídos. Fue tan fuerte, tan de repente que les erizó cada vello del cuerpo. Ambas se giraron al instante, con perfectos movimientos coordinados hacia el punto más lejano, donde segundos antes estaba la casa de donde habían salido. Ahora solo ardía en llamas desde los cimientos. La visión se les hacía tan irreal, tan lejana que les llevó varios segundos asimilar que si se hubieran tardado siquiera cinco minutos más allá adentro, la bomba las hubiera arrastrado a ellas también.
- Al callejón, ya. -Murmuró Luna, jalando del brazo a su mejor amiga.
Hermione no necesitó que se lo dijeran dos veces, se giró en redondo y corrió hacia el callejón. Solo se encontraba a unas tres casas de distancia de ellas, pero les pareció infinito recorrer esa tramo. La sombra del lugar las envolvió al entrar, hacía una extraña corriente de aire allí adentro. Una explosión un poco más cercana les hizo correr aún más adentro. Sentía la vena palpitarles en el cuello, llenándolas de adrenalina. No pensaban en otra cosa más que en correr. Pero un cuerpo alto y ancho se atravesó en su camino.
- ¡Suéltame, suéltame ya! -Vociferó Hermione, dando puñetazos a la figura sin asestar ninguno.
- ¡Eh, para! Joder, ¿No les dije que se quedaran donde estaban? -Harry detuvo los puños de Hermione con sus manos y miró a Luna sobre la cabeza de su amiga- ¿Qué no pueden seguir órdenes?
- ¡Y que nos tragara el fuego, claro! ¿Qué no escuchaste las explosiones? -Gritó Luna, en un ataque de histeria.
El chico soltó a Hermione, quien se frotó las muñecas cuando estuvo suelta. Miró con desconcierto por fuera del callejón antes de regresar con paso apresurado y empujarlas suavemente por la espalda.
- Entren, ya, entren. -Las apremió, dándoles pequeños empujoncitos.
Hermione estuvo a punto de gritarle que no había hacia donde ir hasta que se fijó en una puerta de acero entre abierta. Entró seguida de su amiga y más atrás Harry, quien se encargó de cerrar la puerta nuevamente. Adentro todo estaba completamente a oscuras, una oscuridad tan densa y profunda que Luna llegó a sentir pequeños ataques de pánico, sin embargo, antes de que pudiera decir nada, Harry sacó una linterna del bolsillo de su chaqueta y la encendió, iluminando el pasillo.
- ¿A donde nos llevas? -Preguntó Hermione, agachando la cabeza para pasar debajo de una viga caída.
- Solo sigan el rastro, vamos, rápido. -Murmuró Harry, alumbrándoles el camino con la luz de la linterna.
Las chicas no cuestionaron su mando e hicieron caso. Parecía que caminaban por un pasillo interminable repleto de puertas cerradas. El lugar olía a moho y una mezcla de queso podrido con aromatizante desgastado, no era nada agradable y se intensificaba a medida que caminaban, más no dijeron nada al respecto. Harry se adelantó cuando parecieron llegar al final de todo y abrió una puerta que daba a unas escaleras. Esta vez bajó el primero y las esperó en el primer rellano. Siguieron bajando al menos cuatro series de escaleras con escalones que crujían al pisar. Luna soltó un largo suspiro, el calor la estaba sofocando. Se detuvieron al final de un corto pasillo, donde acaban las escaleras. Frente a ellos se encontraba otra puerta de acero.
Harry tocó cuatro veces la puerta, esperó dos segundos e hizo una complicada serie de toques seguidos antes de apartarse. Las chicas empezaban a creer que aquello era absurdo, que nunca les abrirían, cuando la puerta se abrió.
- Bienvenidas al refugio.
Un chico alto, de cabellos castaños y ojos café les sonrió a los tres. Harry pasó primero con paso confiado y le palmeó el hombro.
- Vale Neville, no es momento para presentaciones. Necesitan ropa, y comida.
Era como estar en algún tipo de ciudad subterránea, en un tipo de habitación gigante de cuatro paredes y un techo de cemento. Ante sus ojos diferentes carpas se extendían a lo largo y ancho del lugar, personas caminaban de aquí para allá, con las manos llenas de bolsas. El lugar estaba iluminado por bombillas desnudas que le proporcionaban un brillo mortecino a la piel de los demás. Era bastante obvio que se encontraban bajo tierra, sin embargo no podían evitar preguntarse como habrían hecho todo aquello. Caminaron absortas en las personas, en las diferentes estaciones que tenía el lugar, en el rubio que ahora hablaba con Harry. Luna intentó recordar su nombre pero no lo consiguió, apenas y lo había escuchado. Él y Harry hablaban rápidamente sobre algo que no llegó a escuchar, dejándolas atrás.
- Ha... Harry. -Hermione le toqueteó el hombro, llamando su atención- ¿Te molestaría contarnos que es todo esto?
- ¿Qué? Ah, el refugio. -Detuvieron su caminata y el castaño asintió con la cabeza- Adelante, Neville, diles tú.
Ambas chicas dirigieron su mirada al castaño, el cual frunció el ceño. Ellas también necesitaban saber que estaba pasando, en donde estaban y que harían allí, no era justo que Harry se guardara toda la información para él solo.
- Este es un lugar clandestino. -Comenzó a decir, despeinándose el cabello- No sabemos cuanta gente hay allá afuera, así que intentamos esparcir el rumor poco a poco de que pueden llegar hasta aquí. Les ofrecemos refugio, agua, comida, medicamentos por dos días máximos antes de dejarlas salir.
- Eso es maravilloso. -Luna de repente había recobrado cierta esperanza- ¿Si les ofrecen todo, por que la gente no se queda?
Neville soltó un largo suspiro, no le gustaba hablar mucho sobre esa parte.
- No podemos. Intentamos ayudar a la mayor cantidad de personas, pero nuestros recursos no alcanzan y si queremos ayudar si quiera una vez a cada persona, solo pueden quedarse por dos días. -Dijo antes de ladear la mirada- No es mucho, pero es algo.
- ¿De donde sacan los recurs...? -Luna se cayó al ser interrumpida por Harry.
- Bien, ya avisé de nuestra estadía. Más tarde les damos un tour por el lugar, ahora necesitamos conseguirles ropa. -Anunció el ojiverde, nuevamente adoptando el rol de líder.
Al instante volvieron a dejarlas fuera de su conversación. Cotillearon sobre algo tan rápidamente que les fue imposible entender una palabra y se volvieron, Harry señaló con un movimiento de cabeza a Hermione.
- Vamos, tu vienes conmigo. -Dijo, dando un paso hacia adelante, pero ella no se movió.
- ¿Y Luna? No piensas dejarla sola otra vez... -Comenzó, pero Neville alzó la mano.
- Ella viene conmigo; no te preocupes. -El castaño dirigió su mirada hacía Luna- Vamos.
Ambas se dedicaron una rápida mirada silenciosa que decía "Nos vemos en unos minutos" antes de separarse con su respectivo guía. Hermione siguió camino abajo a Harry, el cual tenía pisadas tan largas y rápidas que tuvo que trotar para alcanzarlo. Por otro lado, Luna siguió a Neville por el camino contrario, de regreso a la entrada. Se sentía rara sin su amiga, incompleta por alguna razón; quizás porque lo único que se sentía real entre todo aquello era tener a su mejor amiga allí.
- ¿Cómo te llamas? -Preguntó el chico antes de detenerse ante una cortina corrida.
- ¿Perdón? -Luna ladeó la cabeza, se había distraído- Ah, me llamo Luna. -Intentó sonreír, pero fue inútil.
- Te puede parecer tonto que intente presentarme, pero algo tiene que seguir siendo normal entre tanto caos. Por cierto, soy Neville. -Dijo antes de correr la cortina.
Luna alzó la cabeza, lo que se encontraba delante de ella era una ducha, o lo más parecido. Una tubería rota a la mitad rociaba agua hacia un hueco más profundo hecho en el suelo, tapizado con un material liso que no supo reconocer. A los lados había varios tipos de jabón, así como toallas descoloridas. Ella volteó la mirada hacia el chico, incrédula.
- No puedo... No pretenderás que me bañe así, la gente está por todos lados. -Murmuró. La idea de que alguien la viera la aterrorizaba.
- Yo me aseguraré de que nadie te vea, además, Harry me dio ordenes de que te ducharas, necesitas estar limpia y descansada. -Algo en la voz del castaño hizo que ella confiara en lo que decía.
- Si abres esa cortina, te mato. -Dijo antes de correr la misma de un tirón.
Se desvistió lentamente antes de abrir el tosco grifo de la ducha y entrar en ella. Al principio trató de no mojarse el cabello, pero desistió y se metió de lleno en la ducha. ¿Desde hace cuanto no se duchaba? Se sentía siglos desde que el agua no la había refrescado de esa manera.
Por otro lado Hermione seguía con paso callado a Harry. El pelinegro saludaba a alguien cada diez pasos que daba, y ella se limitaba a mirarlo. No parecía el mismo Harry Potter que estudiaba con ella, que era tan alegre, tan despreocupado de la vida. Sin duda, este mundo le había otorgado una dureza exterior extraordinaria.
- ¿Estás asustada? -La pregunta del chico la tomó por sorpresa, al igual que se detuviera de súbito, haciéndola tropezar- Eh, tranquila.
Hermione se alejó de él, recuperando el equilibrio y asintió con la cabeza, aunque al instante sus lágrimas la delataron. No sabía exactamente porque lloraba, pero una vez que empezaron a rodar por su mejilla no pudo detenerlas. Eso tomó completamente desprevenido a Harry, no se esperaba que se pusiera así. El ojiverde se acercó a ella, primero con cuidado y luego, cuando se aseguró que no explotaría ante su tacto, la abrazó. Era un abrazo cualquiera, incluso extraño para ella, pero la reconfortó.
- Estoy asustada hasta los huesos, a decir verdad. -Dijo entre hipeos al tiempo que hundía un poco el rostro en su hombro.
- Yo... Yo estaba así, los primeros días. Peor que tu en realidad, así que tranquila, suéltalo. -Él no era precisamente el mejor consolando a las personas, pero lo intentó.
Hermione soltó una risa suave y se alejó de él para limpiar sus lágrimas saladas con el dorso de su mano. Tomó un largo y profundo suspiro antes de asentir con la cabeza, ahora más calmada.
- ¿Qué es esto? -Preguntó cuando Harry pasó a través de una carpa extendida hacia otro pasillo artificial del lugar.
- Se puede decir que un tipo de tienda... -El pelinegro caminó de aquí para allá entre los montones de ropa- Necesitas un par de jeans y una camisa. Y zapatos, aunque esos son bastante difíciles de conseguir.
Unas cuantas horas después ambas se encontraban bañadas, alimentadas por segunda vez y vestidas con nuevas ropas. Tanto Neville como Harry les habían conseguidos un par de jeans oscuros y camisetas manga larga a cada una respectivamente. Las camisas les quedaban un poco grandes a ambas, sin embargo no les importó; la sensación de estar limpias y sin mugre en su piel era suficiente. Luna se terminó de calzar la botas anchas que Neville le consiguió y se las amarró lo mejor que pudo, eran dos tallas más grande que la suya. Su cabello rubio ya empezaba a esponjarse debido a la humedad allí abajo así que se amarró una coleta. Hermione terminó de colocarse el zapato derecho antes de girarse para mirar a su amiga.
- Entonces... Ya se siente real, ¿No es cierto? -Murmuró la chica, acostándose de espaldas en el suelo.
- Ahora que no tengo el uniforme, sí. -Luna soltó un suspiro y se tiró al lado de su mejor amiga- ¿En que rayos estamos metidas?
- No lo sé. -Hermione soltó una suave risa para no llorar y apretó la mano de su amiga- Pero al menos no estamos solas, tenemos a Harry, a Neville...
Un sonido suave, como una alarma sin baterías las interrumpió. Ambas se levantaron de un saltito y corrieron la cortina que separaba su pequeño recuadro del resto del lugar subterráneo. Al parecer la alarma no indicaba nada malo o fuera de lo común pues el resto de las personas salieron con tranquilidad de donde estaban y empezaron a caminar hacia al frente. Ellas hicieron lo mismo, siguiendo a los demás hasta que llegaron a un sitio sin cortinas o carpas abiertas, solo un basto lugar central sin nada obstruyendo el paso. Todas las personas se sentaron en el suelo, así que ellas también siguieron el ejemplo. A los pocos minutos Harry apareció; el también olía a jabón.
- ¿Pasa algo malo? -Murmuró Hermione, Luna ladeó la cabeza para poder verlo también.
- No, es como un estilo de ritual. Al final del día todos se sientan aquí, dicen alguna plegaria, guardamos un minuto de silencio y vamos a dormir. -Respondió el chico.
Las chicas asintieron con la cabeza y con el mayor respeto posible se unieron a los demás. Al menos, pensaron, tenían un lugar seguro donde pasar la noche.
