Disclaimer: Todos sabemos que no es mío.
Hola, gente! Aquí está el segundo capítulo, que también es muy corto... No estoy acostumbrada a que sean así, a ver qué pasa. Veremos la angustia de estos dos, tratando de ganar la apuesta primero que el otro.
El matrimonio era una lucha constante por una superioridad moral, y Shuichi y Yuki… Pues era como si ya estuvieran casados, le pesar a quien le pesara –incluyendo a Yuki-.
Después de que habían dado su palabra de que escribirían una canción y un cuento, no había vuelta atrás.
Shuichi, lo primero que hizo, fue correr al baño (ah, porque el baño era el refugio favorito de Shuichi), encender su laptop y rogar porque hubiera señal ahí dentro. Incluso, abrió la pequeña ventana. No tenía idea si eso tenía qué ver con que hubiera señal, pero de todos modos, su intuición le dijo que la abriera… La verdad, Shuichi no tenía idea de muchas cosas, como por qué el cielo era azul o por qué se mantenían en el aire los aviones, pero ¿qué más daba? Jamás necesitaría saber esas cosas en su vida, y una cosa de verdad importante era: ser práctico.
Puso su navegador predilecto de Internet, y tecleó lo menos ruidosamente posible, la palabra "cuento".
Ambos sabían que lo que escribía Yuki eran novelas, pero no sería nada justo pedirle una novela completa a ese mequetrefe pelirrosado (esto es lo que pensó el escritor), así que le pidió un cuento. Era una trampa. Yuki sabía que escribir un cuento era mucho más complicado que escribir una novela, porque había qué ser concisos y breves, y también intensos. ¡Shuichi jamás podría hacer eso! ¿Cómo iba a dejar plasmada toda una historia en una impresión de algunas cuantas hojas? Era imposible, ¡sobre todo para Shuichi!
Y bueno, Shuichi, todo enfurruñado en el cuarto de baño, sentado sobre la taza del excusado, esperó a que se mostraran los resultados de Wikipedia, su página favorita, después de las respuestas Yahoo.
Echó algunas miradas furtivas, como si esperara que Yuki entrara al baño, violando el candado con una metralleta o un lanzallamas, y lo señalara con su delgado y blanco dedo índice, mientras reía descontroladamente, y lo llamara estúpido. Y, esta vez, estaría en todo su derecho, porque incluso Shuichi se sentía un imbécil buscando "cuento" en Wikipedia.
Después de leer la definición, escribir los puntos importantes en el papel higiénico con un marcador que lo medio drogó con su aroma, y tratar de ponerlo todo en orden, decidió que no iba a seguir las reglas.
Sería mucho más fácil mirar un ejemplo.
Así que se puso a bajar cuentos del Internet. Los comprimió y los puso en una carpeta, bien oculta, con la leyenda: "Fotos de la Gira". Yuki jamás abriría una carpeta así.
Finalmente, Yuki golpeó la puerta y lo acusó de estar haciendo cosas sucias adentro, así que Shuichi tuvo qué salir, con la computadora bajo el brazo; y se ganó la fama de actor pornográfico de la red.
Yuki siguió su vida con normalidad.
Se puso a escribirle a su nueva novela, borró varios párrafos, los volvió a escribir exactamente igual, los borró de nuevo y luego cerró la ventana. Entonces abrió una nueva, y se quedó pensando.
Tenía qué hacer una rima.
No, primero que nada, ¡tenía qué hacer un haiku! Le demostraría a ese mocoso ignorante que Yuki Eiri era algo serio.
Escribió varios, pero ninguno era bueno. De hecho, le daban algo de pena, porque no eran mucho mejor que los trabajos escolares de todos los niños de Japón.
Se resistió a borrarlos, sin embargo. Porque podrían… Serle de utilidad… algunas frases, ahora que lo veía bien.
Así que Eiri Uesugi los guardó todos. No había necesidad de esconder la carpeta, porque Shuichi no entendía absolutamente nada de su MAC (en parte, por eso fue que Yuki la compró), y ¿para qué gastar energías?
En eso estaba cuando se le ocurrió que podría copiar alguno de los patrones de las estúpidas letras del estúpido de Shuichi, así que le pidió al pelirrosa que saliera y le comprara algunas cervezas. Shindou se resistió, pues ese era su día de descanso, y este consistía en tirarse sobre el sofá y juguetear un poco con sus teclados. A pesar de que Fujisaki había acabado por completo con cualquier pretensión de Shuichi por ser un fantástico tecladista, su pasión seguía intacta, así que ahora, aquel sueño se había convertido en un simple hobby. Yuki era el que debía sufrir las consecuencias. ¿No tenía suficiente con que Touma también lo hubiera torturado, en su tiempo, con los teclados? ¡No, los infelices lo perseguían, como una maldición! Yuki encontraba aquella música artificial totalmente insufrible, ¿qué comparación había entre los sonidos falsos de un teclado y la bella armonía de una orquesta? Pero eso era algo que jamás diría en voz alta, porque no quería verse mucho más gay de lo que él pensaba de sí mismo. Tenía serios problemas personales, como podemos ver.
En fin, Shuichi accedió a salir por las cervezas una vez que el rubio le prometiera el cambio, y era bastante cambio… El muy desgraciado, Shuichi oportunista.
Yuki aprovechó en cuanto el torbellino color rosa atravesó el umbral de la puerta para husmear un poco entre sus cosas. No fue difícil descubrir la contraseña de su computadora portátil: "Sakumateamo!", con todo y signo de admiración de cierre. Yuki puso los ojos en blanco.
Sin embago, no tenía ningún archivo concerniente a las letras de sus canciones, y fue cuando recordó que Shuichi estaba totalmente chapado a la antigua para algunas cosas, y que no le llegaba la inspiración cuando se trataba de escribir a computadora; tenía qué hacerlo todo sobre el papel.
Entonces, Yuki empezó a volcar cajones, quitarle fundas a las almohadas, de hecho romper las almohadas y pisotear las duelas del suelo, para ver si la percusión le revelaba un escondrijo secreto.
… Ya arreglaría este tiradero Shuichi, para eso estaba, ¿o no? Pero entonces se dio cuenta de que era un criminal muy desordenado, y que había dejado el cuerpo del delito. El pelirrosa entró de inmediato a la habitación, pues la tienda no estaba lejos, y Yuki había perdido la noción del tiempo mientras disfrutaba poniendo la habitación patas para arriba.
— ¿Qué significa esto, Yuki? — susurró Shuichi, con un dejo de miedo en la voz. Yuki se dio cuenta de que prefería aquella emoción al enojo, porque así podría lavarse las manos. Así que inventó algo rápido:
— Se metió un paparazzi. — Declaró, con descaro. Shuichi respingó y rebuscó la verdad en los ojos color ámbar del rubio; quien simplemente se limitó a mirar todo con aburrimiento, y hasta fue tan sinvergüenza como para no reprimir un bostezo.
— ¿Cómo pudo ser algo así…? — Shuichi, a pesar de no ser tan brillante, tuvo sus sospechas esta vez. Escudriñó al escritor con una mirada acusadora. — Yuki, ¿me estás ocultando algo…?
— ¡¿Cómo te atreves, mocoso insolente?! — exclamó entonces Eiri. Cuando el heroico acto de "lavarse las manos" no funcionaba, entonces venía bien la altruista opción de "echarle la culpa al otro" con un aire ofendido. — ¡Pudimos haber muerto! ¡Los paparazzis no tienen control…! Una vez supe de uno de ellos… allá en Norteamérica, ¡que asesinó a un artista y a toda su familia! ¡Y todo eso nos pudo pasar a ti y a mí, el inocente! ¡Y todo por tu culpa, idiota malagradecido!
— ¡Yuki… gomen ne! — lloriqueó Shuichi, siempre tan… digámosle "ingenuo". Creo que ya tiene suficiente con las cosas que su novio le dice cada cinco segundos, como para que vengamos nosotros a recalcárselas.
Aquella noche, Shuichi tuvo qué ser el esclavo de Yuki, para enmendar su "error": ser un artista famoso.
Eso le cayó muy bien a Yuki, sobre todo a la hora de irse a la cama. Sabemos que le gustaba tener el control completo en esas situaciones; podía vivir con eso, aunque no hubiera encontrado las hojas con las letras de las canciones de Bad Luck.
¡En fin…!
Sigue siendo una historia de a cinco minutos. Cuatro que duré escribiéndolo y uno que lo leíste tú. :D
¿Qué piensan del capítulo de hoy?
