Disclaimer: Nada me pertenece, excepto Hiro. n.ñ
Hiro-sensei
Hiro tenía varias razones por las cuales Yuki Eiri no le caía nada bien.
Primero que nada: se robó a su mejor amigo. Desde que el rubio apareció, Shuichi había cambiado drásticamente su forma de ser, lo cual ponía realmente nervioso al guitarrista. Él no podía entender cómo era que un chico común y corriente, estudiante regular (siempre un poquito por debajo del promedio, pero regular al fin y al cabo), con sueños y metas, que se esforzaba por cumplir el sueño de realizarse profesionalmente en la vida, de repente conocía a un hombre guapo y perdía la cabeza por él. Ahora era completamente diferente al Shuichi Shindou que siempre conoció. Bueno, quizás no completamente diferente, pero sí bastante cambiado, y eso le ponía los pelos de punta a Hiro. ¿Me podría pasar eso mismo a mí?, pensaba, ¿todos estamos en riesgo de adquirir el Síndrome Shuichi?
Pero bueno, Hiro no era tan cruel como se puede leer aquí; Shuichi seguía siendo su mejor amigo bajo toda esa capa pegajosa de amor, y el hecho de que Yuki lo acaparara todo era un poco molesto.
¿Que ambos tenían un día libre y podían salir, como en los viejos tiempos? ¡Nada! El día estaba apartado para Eiri Yuki, ¿Y de qué le servía a Shuichi, si Yuki ni lo pelaba?
La segunda razón por la que Hiro detestaba a Yuki era mucho más comprensible: el tipo era un imán para las chicas, y ni siquiera se las merecía. ¡Él no iba a aprovechar aquello! ¿Por qué el tal Yuki se tenía qué llevar a todas las chicas bonitas?
Y la razón más importante de todas: Eiri Yuki seguía ocupando un puesto muy importante en la mente de Ayaka-chan…
Pero bueno, ¿es que el tal Yuki no tenía nada rescatable?
La respuesta era fácil: ¡no!
Aunque había algo que Hiro le agradecía a la vida a cada día, y eso era que Yuki jamás tendría que estar en contacto con él. Esto era muy bueno para Hiro, pues la educación que le habían brindado sus padres lo obligaban a ser amable con todos; amable aunque no sintiera simpatía por su interlocutor.
Y aunque Hiro les había fallado a sus padres al no estudiar Medicina, como ellos esperaban, al menos podía ponerlos orgullosos de saber que seguía siendo amable con todos.
Este día, era uno de sus días libres.
Ninguno de sus amigos quiso salir con él, como siempre. Suguru había dicho que tenía qué ponerse al día en sus clases nocturnas de inglés, y Shuichi no había dicho nada – pero arrastraba un aura oscura – y se había ido sigilosamente. Nadie le preguntó nada porque no tenían ganas de escuchar sus lloriqueos. Por otro lado, Hiro había tenido muchas ganas de tomar el teléfono celular y marcarle a Ayaka, pero teniendo el ejemplo de Shuichi, Hiro temió verse empalagoso y desistió.
Bueno, quizás no contaba con compañía humana, pero unas cuantas latas de cerveza y la televisión era todo lo que un hombre podía necesitar. Hiro se había desparramado sobre el sofá de su apartamento, y puso un partido de fútbol soccer. No era muy seguidor del fútbol soccer, pero no había más qué ver, aunque tenía noventa y nueve canales.
Y cuando apenas se estaba empezando a interesar en el juego, alguien llamó a la puerta. Hiro se sintió extrañado.
Antes de poder levantarse si quiera, alguien voló la perilla de la puerta con un disparo. Hiro ahogó un grito y corrió hacia la puerta con cuidado, donde descansaba un poderosísimo bate de baseball, el cual empuñó como una espada.
Su puerta se abrió de una patada y entraron dos figuras oscuras, entrecortadas por la luz de afuera.
Hiro levantó el bate tanto cuanto pudo y le atestó un golpe en la coronilla a la figura menos alta.
El intruso se tambaleó un poco, yo creo que ya inconsciente, y cayó sobre la alfombra sucia del guitarrista.
— Oh, my Goodness! — exclamó la inconfundible voz de K. Hiro miró hacia abajo, temiendo que la figura desmayada fuera nada menos que la de Seguchi Touma (pudo sentir a la desgraciada adrenalina, poniéndole los pies pesados y la cabeza fría). Afortunadamente, sólo era Eiri Yuki.
…Momento…
¡¿Eiri Yuki?!
— ¡¿Qué demonios hace él aquí?! — exclamó Hiro, con justa razón. Estaba bien que existiera Yuki, pero no podía estar aquí… ¡No en su santuario, no en su alfombra que rescató de la basura del callejón de atrás!
— ¡Vino a tomar clases con el maestro Hiroshi Nakano! — exclamó K, lanzando un dedo al cielo y con una expresión que daba miedo, pero que muy posiblemente, K la hubiera hecho para parecer interesante.
— ¿A tomar clases? — farfulló Hiro, desfalleciendo.
— Es una orden de Touma. Espera que el joven Yuki sea todo un experto en el arte de la guitarra en unas cuantas sesiones. — Dijo K, encogiéndose de hombros. Hiro soltó un bufido largo y tortuoso, y se agarró el cabello de la coronilla para aliviar su frustración – para desquitarla, diría yo- lastimándose el cuero cabelludo. — Weell… my job's done! — K se sacudió las palmas, y se agarró al marco de la puerta. — Goodbye, Hiroshi…
— ¡No! — exclamó el pobre del guitarrista, sin saber qué más decir para retenerlo. Era incapaz. Así que fue al grano, señalando a Yuki. — ¡Llévatelo! ¡No me importa que el señor Touma me corra de N-G! ¡No le voy a enseñar a tocar la guitarra!
K le dedicó una sonrisa de desfachatez al guitarrista y abandonó su apartamento con facilidad. Hiro agarró lo primero que le quedó cerca – que resultó ser el control remoto- y lo lanzó contra la puerta.
Algo malo le pasa a los hombres: ellos creen que hacen mucho daño desquitándose con las cosas, ¿verdad? Porque sería mucho más coherente que Hiro le hubiera lanzado el control remoto a Yuki, pero en vez de eso, decidió darle a la puerta.
… Misteriosas, las mentes masculinas.
Con tanto alboroto (Hiro había vuelto al sofá de un salto, después de subirle todo el volumen, que sus oídos mortales pudieron soportar, a la televisión, manualmente, porque el control ya no servía), Yuki se levantó lentamente.
Para la sorpresa de todos nosotros, el señor escritor estaba de un humor de perros.
Verlo levantarse de la alfombra se comparaba fácilmente a presenciar el Resurgimiento de una Momia, abriendo su propio sarcófago desde adentro como si no tuviera mayor complicación. Sin embargo, los mágicos efectos que la mirada diabólica de Yuki tenían sobre Shuichi, le tenían sin cuidado a Hiro, quien sólo se limitó a mirarlo como a un espectáculo poco interesante. Luego, siguió mirando el partido.
Yuki se rindió en su intento de intimidación no verbal y se levantó de golpe.
— ¡Maldito mocoso! — rugió el rubio, como la Bestia, el de la Bella. Hiro lo miró un segundo y siguió mirando cómo perdía Japón contra Argentina, y por cinco goles. — ¿Cómo te atreves a dejarme inconsciente? ¿No sabes que podría matarte, Rapunzel? — aludió a su cabello largo. Hiro pensó que no había forma de oír algo más creativo de parte de Yuki Eiri, y resistió poner los ojos en blanco (por eso de los buenos modales).
— Si no te parece, puedes irte. — Se atrevió a decir Hiro, sin mayor afectación. Argentina acababa de marcar otro gol, y su mal humor iba en aumento. Ya les dije, Hiroshi no era un gran seguidor del fútbol, pero era patriota.
¡Jamás habían tratado de esa forma a Eiri Yuki!
Estaba furioso, el escritor.
Decidió que, si lo mataba, no le costaría mucho trabajo. Ya lo había hecho una vez, ¿o no? Si de todos modos se iba a ir al infierno, ¿qué más daba si mataba a otra persona? ¿Qué, le iban a dar dos cadenas perpetuas allá abajo? Jah.
— Bueno, me largo. ¿Qué más quisiera yo? Sólo trataba de ser amable. — Dicho esto, Yuki tomó la perilla de la puerta, haciendo una cuenta regresiva en su cabeza. Antes de que llegara al tercer número, Hiroshi se levantó de su lugar, consternado.
— ¿Ser amable? ¿De qué hablas? — no pudo resistir la curiosidad, aunque seguía estando enfadado.
— No quería que Touma tuviera qué correrte de Track Lock por mi culpa… Ese hombre es muy obstinado. Pero, bueno… Es tu decisión.
— ¡Espera! — lo interrumpió Hiro. — Entonces, ¿es cierto que esto va por cuenta de Touma?
Maldición, pensó Nakano. ¡Doble maldición!, se enojó de repente el guitarrista, ¡Ni siquiera sabe el nombre del grupo en el que canta su amante! ¿Qué clase de persona es?
— Está… Bien. — Aceptó Hiro. Yuki se giró y lo miró con aburrimiento. Hiro no supo por dónde empezar, pero pronto estuvo claro que primero tenía qué ir por su guitarra. Hiro le señaló el sofá a Yuki y le pidió que esperase.
Afortunadamente, a Hiroshi le gustaban mucho las guitarras, y tenía bastantes. Sin embargo, le prestó una simple guitarra acústica a Yuki.
— Será muy difícil para ti. — Lo alentó Hiroshi. Yuki sólo miró cómo acomodaba las manos sobre los trastes.
— Aprendo muy rápido. Probablemente, cuando termines seré mejor que tú. Pero no debes sentirte mal por eso, mocoso.
— "¡Maldito!" — pensó Hiro de inmediato, pero se limitó a sonreír y decirle amablemente: — Es lo que deseo. — Entonces, nada más por hacer la maldad, hizo sonar algunas notas, sin detenerse a explicar ninguna. Decidió que no se lo dejaría nada fácil. Se lo pondría imposible.
Yuki acomodó las manos como Hiro había hecho, hizo sonar cada una de las cuerdas y, de pronto… Lo imitó a la perfección.
— "¡¿Quééé?!" — Hiro sintió que iba a reventar: su orgullo se había roto por la mitad y no le cabía en el cuerpo. Se sintió inmóvil y acalorado. Quizás la presión sanguínea ya la tenía por las nubes. Escuchó, entre algodones, una débil risita de parte del rubio, y deseó fervientemente poder desmayarse. Jamás en la vida se había desmayado, quería saber qué se sentía… Pero no le decía a nadie.
— "¿Puede ser posible la perfección? Si existe la perfección, Dios… ¿Por qué se la diste a este hombre? ¿Acaso sólo quieres burlarte de mí, Dios…?"
Y etcétera. Esas eran las cosas que pensaba el desgraciado Hiroshi.
— ¿Sigues con nosotros, Rapunzel? — preguntó Yuki de pronto, ondeando su mano frente a los ojos de Hiroshi. El guitarrista le devolvió la mirada, pero como no había parpadeado, la tenía llena de lágrimas. — ¿Qué? No puede ser… ¿vas a llorar? Vaya, imaginé que los amigos de aquel idiota — y todos sabemos que se refería a Shuichi — tenían qué ser igual de "especiales" para poder soportarlo, pero jamás me imaginé que tú, entre todos ellos, fueras tan delicadito como él. — Hiroshi ahora sí tuvo ganas genuinas de llorar, pero de rabia. No, mejor dicho, llorar no, tenía ganas de agarrar la guitarra y destrozarla contra la cara "perfecta" de aquel hombre. Pero sonrió, encubriendo sus pensamientos. — El infeliz de Seguchi… — Cambió el tema Yuki, mirando distraídamente hacia otra parte — quiere que me enseñes a arpegiar. ¿Crees que puedes hacerlo?
— "¿Quiere aprender a arpegiar?" — la ira de Hiro estaba tan condensada que ya casi tomaba forma física. Podría salir como humo por las orejas, pero también podría seguir haciéndose densa, y sucumbir a su propia gravedad, hasta que convirtiera a Hiro en un agujero negro que acabara con toda la vida sobre el planeta, incluyendo (aaah, suspiro de alivio) a Eiri Yuki. — "¡Eso sí que no! ¡Aprender a arpegiar correctamente me tomó dos años…! ¡Sacrifiqué mis salidas de secundaria con tal de perfeccionarlo! ¡No dejaré que me humille más!"
— ¿Y bueno? — preguntó Yuki, quien era la representación del aburrimiento. Miraba con condescendencia el tiradero de latas que tenía Hiro en los rincones, con el sólo fin de hacerlo sentir incómodo.
— Claro que sí. — Contestó Hiro, con una sonrisa despreocupada. — Te enseñaré a arpegiar.
Y tampoco tengo qué mencionar lo pronto que aprendió Yuki a hacerlo.
Algunos científicos tratarán de descubrir por qué rayos al rubio se le daba todo tan bien, pero no tiene explicación. A veces hay qué ceder a las ideas surrealistas, y la verdad era que Yuki no era un ser humano común y corriente. Y, como ya dije, las musas tenían mucho qué ver.
También querrán saber, los buscadores de la verdad, por qué relámpagos Hiroshi Nakano no murió aquella noche. Bueno, en realidad, tampoco tiene una explicación satisfactoria, pero podemos decir que la mente subyuga por completo al cuerpo, y que Nakano tenía mucha fuerza de voluntad.
Fin. Del capítulo, al menos.
¡Y bien, ya casi tenemos los resultados!
El señor Eiri está listo para comenzar su carrera como trovador. El mundo ansía escuchar su música maravillosa. Pero sigue habiendo una interrogante, ¿Yuki sabe cantar? ¿Euterpe, la musa musical, seguirá interviniendo en la apuesta de Yuki y Shuichi? Y además, ¿qué demonios ha estado haciendo Shuichi?
