Disclaimer: No me pertenece nada, ni siquiera tu atención. XD
Bien, pues aquí está la pequeña continuación, lean:
Shuichi siendo Shuichi
Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle, en tu cuarto, se tenga cerrada…
Porque no vaya a ser yo el viento de la noche, y te mida y recorra la piel con mi aliento y hasta,
te acaricie, y te deje dormir.
Y me meta en tu pecho, y me vuelva a salir, y respires de mí.
O me vuelva una estrella, y te estreche en mis rayos,
y todo por no hacerme un poco de caso,
ten miedo de mayo.
Y ten miedo de mí.
Porque no vaya a ser que, cansado de verte, me meta en tus brazos para poseerte
y te arranque las ropas…
Y te bese los pies,
y te llame mi diosa, y no pueda mirarte de frente y te diga, llorando, después.
Por favor, tenme miedo. Tiembla mucho de miedo, mujer.
Porque no puede ser.
Los últimos acordes resonaron en la sala de conciertos.
La gente presente aplaudió, sumida en una especie de ensoñación.
Eiri Yuki acababa de interpretar magistralmente aquella pieza, y también había arpegiado como los dioses.
La parafernalia necesitada en los conciertos de Bad Luck se redujo a un banco alto, una guitarra y algunas luces tenues. Fue todo lo que necesitó Yuki, para pisotear la carrera artística de Shuichi Shindou.
La gente conocedora (no aquella que gustaba del pop plástico) estaba encantada con los nuevos dotes del escritor rubio, ¿y quién se lo habría imaginado? Desde ese momento, algunos escépticos que no pensaban que los libros de Eiri valieran la pena, se apresuraron a correr a la librería más cercana para adquirir lo que, prometían las canciones de este nuevo trovador, serían obras maestras.
Ahora, más que nunca, la gente se preguntaba qué hacía un genio como Eiri Yuki con Shuichi Shindou.
— ¡TE ODIOOO, EIRI UESUGIIIII! — Cuando vio el noticiero, eso fue lo que salió de la garganta de Shuichi. Empezó a cambiar los canales como un poseído, pero varios canales estaban hablando de Yuki. Después de todo, era Yuki, y Touma tenía mucho control sobre los medios, así que nada le costaba hacerle promoción. Lo que le dolía a Shuichi no era eso, precisamente, sino que las críticas que estaba recibiendo su amante eran muy buenas. Shuichi se esperaba que tacharan a Yuki de loco, de aprovechado, de colgarse de la fama de la disquera de Seguchi Touma, su cuñado, ¡pero no! Hablaban las mil maravillas de su trabajo lírico. Y la verdad era que tenían razón; eso era lo que le partía el corazón a Shuichi, pero de coraje, no de tristeza, razón por la que usualmente se parte este órgano.
¿Cómo se atrevía Yuki a robarle su sueño?
Está bien, sí: Shuichi jamás deseó ser un trovador conocido por sus letras profundas e inteligentes, pero sí deseó tener ese nivel de aceptación.
Está bien, no: Shuichi no deseaba la aceptación de aquella minoría instruida a la que se dirigía Yuki, sino que siempre había deseado la aceptación de las masas, el monstruo de mil cabezas.
…Fue cuando Shuichi recordó.
¡El cuento!
Se apresuró a su habitación, conectó la computadora portátil al enchufe de la electricidad, pues planeaba pasar muchas horas ahí sentado, y empezó a buscar en Google.
¡Definitivamente le iba a ganar a Yuki!
Pasó muchas páginas… Definiciones, cuentos famosos, cuentos no tan conocidos… Cuentos marginados.
¡¿Pero cómo no se le había ocurrido antes?!
Shuichi decidió que, si copiaba y pegaba un cuento de un autor desconocido, un cuentito publicado en la red, sin copyright ni nada, una de esas bonitas narraciones que, simplemente, no tenían los recursos necesarios para saltar a la fama (empezando por el hecho de que ya casi a nadie le gustaba leer, ni siquiera a él, a Shuichi), podría hacerla suya sin que nadie le dijera nada.
Mucho más si aquel cuentito que buscaba ni siquiera estaba hecho por un japonés.
Y, pensándolo bien, Japón estaba muy lejos de… Canadá.
Shuichi escogió, pues, aquel fan fiction de Canadá.
Hace algunos días había encontrado la maravillosa página que le resolvería la vida: un archivo enorme de historias sin copyright, escritas en todos los idiomas imaginables. Por supuesto, estas historias estaban hechas sobre alguna obra publicada, o incluso, basadas en anime, videojuegos u obras teatrales, pero lo único que Shuichi tenía qué hacer era cambiarle los nombres a los protagonistas y quizás ajustar la historia un poco.
Shuichi pensó que un fan fiction con muchos comentarios estaría muy bien escrito, y no se equivocó.
Ahora, lo único que tenía qué hacer (una insignificancia) era traducirlo.
… Shuichi se desmayó al darse cuenta de que no podía entender ni la primera palabra: "Disclaimer".
Shuichi se meterá en muchos problemas…
: 3
¡Ah, sí, sí, claro! Olvidaba el segundo Disclaimer: "Hoy ten miedo de mí" no nos pertenece, ni a mí, ni a Yuki; sino al señor Fernando Delgadillo.
¿Qué dicen? ¿Dejan review u oyen su canción en Internet?
Olvídenlo, sé que da mucha flojera abrir pestañas nuevas.
: /
