¡Agárrenlo, que es ratero!
Sé que me tardé, y mucho… Pero la escuela me secó el cerebro… No existe cura para eso, sino unas deliciosas vacaciones. =u=
He decidido que la próxima vez que escriba, será en vacaciones, y terminaré las historias antes de subirlas a la página. U.u Qué pena.
Disclaimer: Gravitation ™ pertenece a la sensei Murakami.
El cuento de Shuichi se hizo famoso, también.
La gente no sabía ni qué pensar: ¿Eiri trovador de éxito, y Shindou un gran escritor? Sonaba muy raro todo. A lo mejor, en realidad el cuento lo había escrito Yuki, y las letras… No. Ni en sueños Shuichi podría escribir esas letras, el público lo sabía.
Sin embargo, aunque todo fuera color de rosa para los dos antes mencionados en sus carreras, su vida personal se estaba yendo por el caño. Ninguno de los dos se soportaba. Debido a las giras musicales nacionales que tenía Yuki, y a las firmas de libros que tenía Shuichi, casi nunca coincidían en casa, pero cuando lo hacían, ninguno de los dos se dirigía la palabra; ni siquiera para echarse en cara que habían logrado tener éxito en el trabajo del otro.
Yuki no podía creer que aquel cerebro de pájaro, de chorlito, hubiera escrito un cuento con índices de venta que sobrepasaban a sus propios libros… A lo mejor, el hecho de que fuera un cantante famoso le había ayudado… Después de todo, ya nadie leía ni escribía cuentos, sino novelas.
Había una cosa que le quedaba clara a Yuki: Shuichi siempre sabía qué es lo que el público quería… Y aquel cuento tan bien vendido se lo restregaba en la cara. Yuki estaba satisfecho con sus novelas, y con sus canciones. A él le gustaban, y también a cierto público, pero se dio cuenta de que no sería capaz de gustarle jamás a tal cantidad de gente, como siempre lograba Shuichi. Aquel pelirrosado había nacido para la cultura Pop.
La mala fortuna quiso que tuvieran una semana entera de vacaciones. ¡Una semana entera, encerrados en el apartamento!
Yuki y Shuichi fingieron que no se daban cuenta del tiempo que les esperaba juntos. Después, ignorarse el uno al otro mientras uno veía la tele y el otro escuchaba música con los audífonos se volvió tedioso… El silencio tenía qué ser perfecto: nadie tenía qué estornudar, pues entonces estaría obligado un "salud" que rompería la Ley del Hielo; tampoco debían respirar demasiado alto, ni moverse mucho de sus lugares, para evitar fricciones o cosas peores, como que se cayera el control remoto y atrajera la atención de ambos hacia la misma cosa.
Yuki sonreía para sus adentros, pensando: "Shuichi no puede resistirlo más… El mocoso habla hasta por los codos. Me pregunto cuánto tiempo más tiene qué pasar para que sea él el primero en hablarme… Y cuando eso pase, YO lo ignoraré. Ja, ja. Lo humillaré. Ya lo verá".
Pero entonces, pasaron dos horas. Dos tortuosas horas en las que Yuki tuvo qué estar inmóvil como un tubérculo, mientras Shuichi empezaba a mover libremente la cabeza al ritmo de las canciones que circulaban por los audífonos.
"Ay, vamos, que ya diga algo. ¡Sé que se muere por hacerlo! " El enfado de Yuki fue carcomiéndolo, como un veneno que circula por la sangre.
El pelirrosa empezó a tararear la de Glaring Dream, y para Yuki, aquello fue el colmo.
"¡No puede dirigirme una sola palabra, pero se atreve a cantar una canción! ¡Qué osadía! ¡Qué cinismo se carga el mocoso insolente! Lo hace a propósito para molestarme".
Shuichi seguía cantando inocentemente.
"…Porque esto es una competencia, ¿verdad? Tratamos de probar quién aguanta más sin hablarle al otro, ¿verdad?", Yuki se pasaba las manos por el cabello rubio y lacio, al borde de la histeria; lo cual era muy mala señal, porque este hombre de apariencia anglosajona realmente era muy peligroso cuando se le sacaba de sus casillas… Le podrían pasar cosas raras… Podría… matar a alguien, o… Ponerse a vomitar sangre.
— Life winter dream... — canturreó el de pelo rosa, con los ojos cerrados y haciendo aspavientos innecesarios, como si estuviera en un concierto y como si la canción fuera metal y no pop.
— ¡Me tienes harto, chiquillo misterioso! — Yuki no se había puesto a pensar en el vocativo, como fue evidente, pero no importaba. Le restó impacto el hecho de que, al mismo momento en que lo dijo, se hubiera puesto de pie frenéticamente y le hubiera aventado el control remoto a Shuichi con toda la fuerza de que fue capaz. Al pobre cantante lo descalabró el botón de "Encendido/Apagado".
Ahora, la sangre de Shuichi era una de esas cosas que te habitúas a ver, como la leche por las mañanas o el platón de fruta en el centro de la mesa del comedor.
— ¡Yukiii! — exclamó Shuichi, levantándose del suelo con una posible concusión.
— ¡Lárgate de mi casa!
— ¡Y ahora, ¿qué hice?! — gimoteó el pelirrosa, con un tono de exasperación.
Antes de que Yuki pudiera inventarse algo (y las musas no le ayudaban a crear excusas para verse cool, después de semejantes ridículos que a veces hacía) llamaron a la puerta del apartamento con insistencia. Una insistencia molesta, de esas que sólo son capaces los testigos de Jehová matones que a fuerzas te quieren unir a sus filas.
Ambos se miraron.
— ¿A quién esperas?
— Yo, a nadie. — Dijo Shuichi. — Las únicas personas que me vienen a ver, encuentran una forma mística de abrir la puerta sin necesidad de llamar. — Reflexionó, con unas gotitas de sudor ante la cruda realidad.
Yuki, entonces, subió un piso y se asomó por la ventana. Se dio cuenta de que, allá afuera, tocando a su puerta, había aproximadamente cien personas, y la mayoría traía cámaras, micrófonos y cosas por el estilo. Lo peor de todo, era que también había oficiales de policía. El resto, eran señoras y señores chismosos que se habían salido al reconocer a la prensa y a la justicia, habían dejado sus cosas a la mitad, y habían salido como si se les fuera a repartir una herencia.
Eiri podía entender a la prensa, ¿pero y la policía? ¿Por qué estaba aquí la policía?
Bajó las escaleras, en medio de sus cavilaciones.
¿Se había metido en problemas últimamente?
Hmm… No creía que gritarles a los empleados del Star Bucks fuera un crimen… Y tampoco mandaban a los oficiales de policía por un retraso en el pago de las multas de tránsito, ¿o sí? Y, vaaamos, ¡todo el mundo se robaba las toallas para secarse las manos de los hoteles! Y además, él ni lo había hecho a propósito. Había empacado todo por inercia.
Entonces…
¿El criminal habría sido Shuichi?
Aquel pensamiento, indudablemente, le sacó una sonrisa al desgraciado rubio. ¡Sí, que le jalaran las orejas, al escuincle mocoso! ¡Que aprendiera a no meterse con Eiri Yuki, que no se volviera a atrever, si quiera, a escribir un cuento! ¡Que no escribiera nada, ni siquiera mensajes de texto desde su estúpido teléfono celular!
Luego, el pensamiento le causó una gran curiosidad a Yuki. Si la policía y la prensa estaban aquí, ¿qué es lo que Shuichi había cometido?
Es cierto, Yuki pensaba que pintarse el pelo de rosa era un crimen, sobre todo si se trababa de un supuesto hombre, hecho y derecho, pero jamás había conocido a nadie que compartiera su punto de vista.
Esto debía ser algo serio…
Porque Shuichi era un artista popular, y normalmente, la Policía se haría de la vista gorda.
Cuando bajó las escaleras, finalmente, Shuichi lo miró con urgencia. Yuki se quedó parado al pie del primer escalón, con una cara de aburrimiento que no pegaba nada bien con la situación. Se llevó una mano, perezosamente, a la nuca, y se rascó, con calma.
— Shuichi… ¿qué hiciste? — le preguntó, sin mirarlo exactamente a él.
— ¿Eh? — tuvo qué decir Shuichi, aún sin comprender la situación.
— Sí, allá afuera — Yuki señaló la puerta con un ademán de desinterés, — hay un montón de policías.
En ese momento, a Shuichi se le borró el color de la cara, y del resto del cuerpo. Yuki admitió que, con esa piel del color de la parafina, el rosita de su cabello no descombinaba tanto.
Shuichi empezó a sufrir una especie de ataque de asma. Qué raro era aquello… Que Yuki supiera, el pequeño enfadoso no tenia asma…
Pero no se preocupó mucho, más bien le dio risa. Jamás había visto reacción más curiosa.
El cantante empezó a caminar muy despacio, como si estuviera desvaneciéndose en el aire, y recuperó el control remoto que lo había descalabrado del suelo. Encendió la tele y le bajó todo el volumen, sólo para subirle una rayita. Esperaba que no oyeran los de afuera. Sintonizó el primer canal de televisión abierta que estuvo a la mano, y miró la fachada de su departamento en la pantalla.
Yuki se acercó, curioso. Y divertido.
— Nos encontramos afuera del departamento del señor Shuichi Shindou, el famoso vocalista del grupo Bad Luck, pero aún se sigue resistiendo a abrir la puerta. — decía la reportera de aquel canal, a la cámara. Shuichi apenas lograba que le pasara el aire por los pulmones, pero estaba decidido a que no escucharan siquiera sus jadeos, allá afuera. — Bueno, televidentes, ¿yo qué puedo decir? Pero, a mi parecer, esta actitud del señor Shuichi Shindou sólo lo incrimina más. Desearíamos que no fuera tan cobarde, porque nosotros, su público, no nos merecemos semejante falta de respeto…
— ¿Cómo se atreve esa vieja loca? — exclamó Yuki, en un tono no muy alto. Shuichi lo miró y notó que estaba muy molesto e indignado.
— Yuki… Te preocupas por mí… — dijo el pelirrosa, viendo nubecitas esponjosas de color rosa.
— ¿Cómo puede decir que es TU departamento? — enfatizó el rubio. — Es mío, ¡yo lo compré!
Shuichi casi se desmaya.
— ¡¿Qué es lo que voy a hacer, Yuki?! — Shuichi, rápidamente, había agarrado a su amante de la camisa, arrugándosela al crispar los puños con desesperación. — ¡Escóndeme! ¡Tienes qué esconderme, y dar la cara por mí! — pidió, en agonía.
— ¿Qué? ¡No, tú estás loco si piensas que voy a dar la cara por ti! — Yuki lo aventó sobre la alfombra. — Además, ni siquiera sé de qué se te acusa.
Shuichi bajó la mirada.
"¿Le digo o no le digo…?"
¡Después de todo, ya todo estaba perdido! ¿De qué servía ocultarle a Yuki esta gran humillación, si ya lo sabía la prensa y la policía?
Yuki lo miraba con media sonrisa, anticipando algo bueno.
"¡Desgraciado infeliz, ya lo sabe!", pensó Shuichi, "Ya lo sabe, o lo sospecha. ¡Se está burlando de mí! Y me lo merezco… Pero no quiero decírselo. Creo que preferiría que se enterara por medio de terceros, mientras yo lo niego todo.", decidió, con el orgullo muy en alto.
— Y seguimos aquí, esperando a que Shuichi Shindou responda a esta demanda que Rosie Graviere le levantó el viernes pasado, acusándolo de plagio. — contaba la mujer de la televisión.
Shuichi, otra vez, casi se nos desmaya.
— ¿Demanda de plagio? — Yuki buscó su mirada, con una sonrisita burlona muy discreta, pero igualmente hiriente. Shuichi quería que se lo tragara la tierra… O que hubiera un eclipse de repente, para que se fuera la luz y Yuki no le pudiera ver la cara. Y, si no fuera mucho pedir, que a Yuki le diera una de sus crisis psiquiátricas y se le borrara la memoria o algo así. — ¡Anda, no me digas que el famosísimo cuento que escribiste es un plagio! — exclamó Yuki, juguetonamente. Shuichi se enfurruñó mientras suprimía todos sus instintos asesinos. — Úju… Ahora sí, me sorprendiste. Creí que no podrías ser más idiota…
— ¡CÁLLATE LA BOCA, MALDITO GÜERITO! – exclamó; no, gritó; no, vociferó el de cabello rosa, haciendo gala de sus dotes vocales. — ¡ADEMÁS, POR FAVOOOR, ERA UN ESTÚPIDO FANFIC, Y NADIE QUE SUBA UN TRABAJO AL INTERNET TIENE DERECHO DE DEMANDAR A NADIE POR PLAGIO!
— ¡¿Oyeron eso?! ¡La inconfundible voz de Shuichi Shindou! — dijo la reportera de la televisión. De inmediato, Shuichi y Yuki escucharon a la gente fuera de su casa en un volumen mucho más alto. Todos se habían descontrolado cuando se dieron cuenta de que Shuichi SÍ estaba en casa.
El pelirrosa se tapó la boca, pero, ¿y eso qué? Ya había gritado y ya había delatado su presencia.
— Vaaaya, esto de la idiotez se pone cada vez mejor… — reconoció Yuki, sin dejar de sonreír perezosamente.
— ¡MALDITO, MUÉRETE, MUÉRETE…! – Así fue como encontraron a Shuichi los policías, después de echar la puerta abajo: golpeando incesantemente a Yuki Eiri, quien parecía disfrutarlo mucho…
¡Bueno!, se alzaron de hombros, los jóvenes y sus cosas.
¿Qué tal? ¿Quedó largo? Naaaah…
:)
