Disclaimer:

Ningún personaje, así como la serie One Piece me pertenece, todo es autoría de Oda Eiichiro.

Este Fanfic es YAOI y explicito, además tratara temas que pueden herir la sensibilidad de las personas. Si este género no es de su agrado, por favor, les pido amablemente que se retiren.

La historia se sitúa en un universo alterno, por lo que no seguirá ninguno de los eventos ocurridos en el manga.

En algunos casos se puede presentar un leve OOC debido a algunas circunstancias.

Parejas:

KiddxLaw como la principal. Las parejas secundarias son: IceburgxFranky, MarcoxAce, MihawkxZoro, ShanksxLuffy y SanjixNami.


Capítulo 2: Espectador

"Estoy vencido porque el mundo me hizo así, no puedo cambiar.
Soy el remedio sin receta y tu amor mi enfermedad
Estoy vencido porque el cuerpo de los dos es mi debilidad.
Esta vez el dolor va a terminar"

Mi Enfermedad – Fabiana Cantilo & Andrés Calamaro


21 de octubre - Raftel, Mariejois.

En el puente "Calm Belt" ocurre una escena que muchos pudieron catalogar de irreal, de película o de una pesadilla. Pero era todo lo contrario. Los gritos, el llanto, los golpes y el caos que se había generado por un pequeño descuido no eran más que la simple realidad. En un abrir y cerrar de ojos una tranquila y hermosa noche de viernes se había ido directamente a la mierda.

Eso es lo que se repetía una y otra vez un joven pelirrojo que se había logrado refugiar de la avalancha de tubos tras su auto. Aún podía escuchar como dichos materiales de construcción caían estrellándose con los coches más cercanos. También escuchaba como los que se encontraban más atrás frenaban tratando de no ser golpeados, pero no servía de mucho si eras chocados por los vehículos que venían detrás de ellos. Y aún con todo ese alboroto podía escuchar con suma claridad un lastimero pedido de auxilio.

—No seas cobarde Kid – se dijo a sí mismo tratando de sacar valor. —Está prácticamente al lado tuyo.

Esperó a que los tubos dejaran de caer y sólo entonces decidió asomarse para ver el auto del que provenían los pedidos de ayuda que eran cada vez más débiles. Se levantó con cuidado y avanzó hacia el maltrecho vehículo sin vidrios, donde pudo ver a la chica cubierta de sangre y apenas manteniendo la conciencia.

—A-ayú-dame —le pidió la chica con miedo en los ojos.

—Tranquila —con cuidado trató de abrir la puerta del auto, pero esta parecía atorada. —Espérame…—la simple palabra sonaba estúpida. —como si ella pudiera hacer otra cosa —pensó Kid. —Aguanta.

- N-no me de-jes.

—Voy a buscar algo a mi auto, volveré enseguida.

Sin perder tiempo abrió el maletero de su coche y sacó una palanca algo oxidada. Regresó donde la chica y colocó la herramienta en el borde de la puerta y aplicó fuerza para así abrirla. La puerta cedió con facilidad ya que el auto sólo estaba abollado en su mayoría en el lado contrario. Cuando logró abrir la puerta, lo único que quedaba era sacar a la mujer, pero… ¿Cómo sacarla sin causarle más daños?

—Bien, escúchame… llamaré a la ambulancia y estaré todo el rato contigo ¿Vale?

—S-si —susurró la mujer con un hilo de voz.

—No es necesario que lo haga, yo ya los he llamado ¿señor...? —habló de forma relajada un hombre delgado, de tez morena, cabello negro con patillas y que además lucia una perilla muy bien cuidada, lo cual contrastaba con sus marcadas ojeras.

Vestía unos apretados vaqueros los cuales presentaban unas manchas de manera uniforme, un gracioso gorro de piel blanco que presentaba el mismo estampado y por último, una sudadera amarilla con capucha y mangas negras, las cuales estaban remangadas dejando ver unos tatuajes de aspecto tribal en sus brazos. Pero lo que más llamo su atención fue un tatuaje que se encontraba en su mano izquierda en el cual se podía ver una letra en cada uno de sus dedos, y que en conjunto formaban la palabra "Death".

—Mi nombre no es de tu incumbencia —respondió Kid a la defensiva. Algo en la mirada penetrante de ese hombre le producía desconfianza. —Pero te agradezco que hayas llamado.

—Descuide señor —volvió a contestar con ese extraño tono entre calmado y burla mientras esbozaba una ligera sonrisa. —Lo primero que tenemos que hacer es quitar el cinturón con mucho cuidado, pero de eso me encargo yo ¿Cómo se llama?

—Doro-bo N-na-mi —contestó la pobre chica.

—Bien señorita Dorobo ¿Me puede decir dónde le duele? —interrogó mientras que con sumo cuidado sacaba el cinturón de seguridad.

—No sien-to na-d-da ¿P-por qué... no.…?

—Está en shock —el pelinegro comenzó a observar si había alguna herida superficial en la mujer y más allá de los cortes provocados al romperse los vidrios no encontró otra herida ni sangre en la nariz u oído que le alertaran de algún derrame interno. —Señorita Dorobo, la dejaré con este amable señor. Trate de no moverse hasta que llegue la ambulancia.

—¿Eso es todo? —preguntó Kid. —¡Le cayó uno de esos putos tubos en la cabeza!

- Si, pero no me arriesgaré a moverla, cuando los paramédicos lleguen se encargarán. Hay más pacientes que debo ver, sólo asegúrese de estar con ella y si llega a perder la conciencia o ve que comienza a sangrar de nariz, boca u oídos, llámeme señor Eustass.

—¿Si sabías quien era porque mierda me lo preguntaste?

—Porque es de educación preguntarlo, ahora, si me disculpa.

—También es de educación presentarse antes de preguntar.

—Trafalgar Law —se presentó el pelinegro con una sonrisa aún más grande. —Dr. Trafalgar.


21 de octubre – Hospital Drum.

- ¡A un lado! ¿Qué tenemos Chopper? —preguntó una mujer de edad avanzada, pero que conservaba su figura como una adolescente la cual se veía gracias a la apretada bata de médico que usaba. —¿Qué demonios sucedió?

—Varón de 40 años. Víctima de un accidente de tráfico con fractura de cráneo, lesiones internas múltiples que han causado sangrado de nariz y oído, además de una herida en el abdomen que ha comprometido ambos riñones. Le hemos administrado la medicación por vía nasal y no reacciona al desfibrilador. —respondió un interno algo bajito de cabello castaño y con voz de niño.

—¡Rápido! Llévenlo al quirófano dos —gritó la mujer. —¿Pero por qué fueron todos traídos aquí?

—Era el hospital más cercano y además contamos con el mejor...

—¡Eso ya lo sé Chopper! Pero hoy era mi día libre.

—Doctorine... —el más joven ya no sabía cómo tratar con la mujer. Estaba feliz de trabajar con ella, ya que era una gran doctora, pero tenía un genio de los mil demonios.

—¡Dame la ficha médica! —pidió la mujer ya resignada a hacer su trabajo. —Al menos me pagaran este día… Mayor Iceburg... es un senador, pero podría dejar de serlo si no lo atendemos ya.

—¡Si Doctorine! —gritó Chopper entrando a la sala de operaciones. —D-disculpe... pero... ¿Yo también entrare a operar? —preguntó asustado el joven.

—Por supuesto, necesitaré todas las manos posibles así que apresúrate.

—¡Pero sólo he estado como apoyo en operaciones!

—Siempre hay una primera vez ¿No te hace eso feliz?

Chopper se quedó de piedra al oír a la Dra. Kureja. Confiaba en sus capacidades, pero esta era la primera vez que operaba junto a la mujer, y aún peor, a alguien importante. Aunque todos los pacientes lo eran sabía que fallar esta operación era un riesgo para el hospital, pero no fallaría, no podía hacerlo.

Y así, mientras la complicada cirugía del senador comenzaba, el jefe de traumatología, una promesa en el mundo de la medicina se encontraba estabilizando a un joven que había caído desde el cielo... literalmente.

—No te des por vencido —con cuidado comenzó a intubar al muchacho tratando de no hacer movimientos bruscos ya que el joven había ingresado con posible daño medular.

—¡Marco! —gritó un hombre de gran contextura y llamativo bigote.

—¡Vista! ¡Ayúdame aquí! —dijo Marco mientras terminaba de intubar al chico para sacarlo del paro respiratorio. —Aún hay más víctimas por llegar, fue un accidente horrible.

—Eso me dijeron —comentó Vista que comenzaba a mirar la ficha. —Portgas D. Ace.

—Necesito que me cubras en otros casos —Marco le quitó la papeleta a su compañero y comenzó a anotar los signos vitales del muchacho. —Yo lo llevaré a tomografía y después necesito hacerle una resonancia magnética.

—Pero...

—Y si logras saber algo de su familia házmelo saber.

—¡Marco! —le detuvo el mayor. —Cálmate hombre, tienes que dejar que una enfermera o un interno se encargue de llevarlo, tú tienes que estar viendo a otros pacientes.

- Lo sé, pero… —su amigo colocó su mano en su hombro. —Está bien ¡Pero se lo pediré a Izou! quiero que este bien atendido.

—Como desees —aceptó sorprendido por la determinación del rubio. —Pero lamento decirte que Mihawk se lo llevó, ya sabes que no aguanta a ninguno de los nuevos internos y el director ya ha le ha pedido a la Dra. Sloth que lo asista —resopló con cansancio. —Si te interesa mi opinión, Kaya es bastante buena.

—Vale —el rubio miro al muchacho. —Pero estaré atento a él.

—¿Seguro que no lo conoces?

—No, es sólo que él… no sé, no podría explicártelo —dejo la ficha médica en su lugar y cambió el tema de la conversación. —Creo que otros cinco estaban por llegar. Será mejor movernos.

—Será una noche larga.

—Lo sé.


21 de octubre - Hospital Drum.

Avanzando con un seguro caminar por los pasillos de la sala de urgencia iba un hombre de aspecto elegante y soberbio, con una impecable bata blanca, pantalones de tela negro, al igual que su cabello, pero lo más característico era su penetrante mirada ambarina.

—¿Qué tenemos Dr. Izou? —preguntó con voz demandante.

—Varón de 36 años. Su auto fue impactado por una motocicleta, ya hemos administrado medicamentos diluidos en suero para estabilizarlo. Tiene fracturas en las piernas y daño en su rostro —respondió con eficiencia un japonés de rasgos finos, labios pintados y un peculiar peinado.

—¿Historial médico?

—Nada.

—Su abdomen esta rígido —observó el hombre tocando la zona antes mencionada. —Prepáralo para el quirófano y contacta con la Organización Nacional de Trasplantes.

—En seguida... — el japonés estaba a punto de marcharse cuando se detuvo y volvió a hablar a su superior. —disculpe Dr. Mihawk ¿Podría ver a un chico al que termine de realizarle una transfusión?

—¿Tengo cara de perder tiempo? Este sujeto necesitara reconstrucción facial y eso es sólo para empezar, busca a otro para que se encargue de ese muchacho.

—Pero todos los médicos de planta están ocupados y mientras yo preparo al señor… —Izou miro la ficha. —Cutty Franky, usted puede verificar al joven.

—No me dejarás tranquilo si no acepto ¿verdad?

—Claro que no, y si le interesa saberlo la habitación es la treinta y tres cero uno.

—Mas te vale tener todo listo para la operación —sentenció con mirada amenazante el ojiámbar- —Dame la ficha —aunque sus palabras carecieron de sentido ya que prácticamente se la arrebató con brazo incluido.

Con rapidez, Mihawk avanzó hasta llegar a la habitación antes mencionada y grande fue su sorpresa al encontrar al supuesto muchacho inconsciente intentando quitarse los sueros, aunque apenas se levantaba de su cama.

—¿Qué estás haciendo? —gritó molesto.

—Kuina… —murmuró apenas el joven de cabello verde antes de caer de lleno al piso arrastrando el monitor junto con él.

—¡Idiota! —Mihawk tomó al chico entre sus brazos y lo levantó como si se tratase de un muñeco.

Colocó al joven en su cama y quitó el suero que prácticamente le había desgarrado la piel al caer.

Miró su rostro que estaba contraído por el dolor y tocó las vendas que cubrían su ojo izquierdo.

—¿Dr. Mihawk? —escuchó que le llamaban desde el pasillo. Se volteó y vio a una de las recién llegadas internas. Una muchachita de cabello corto y verde.

—¡Prepara un calmante! —le gritó.

—E-en seguida —contestó la interna que se abalanzó hacia una de las estanterías en busca de lo pedido. —Dr. Mihawk, aquí tiene.

—Bien —El pelinegro aplicó la dosis del medicamento vía intravenosa y vio como poco a poco la ansiedad del muchacho desaparecía de su rostro. —La ficha.

—¿Qué? —contestó la chica sorprendida. —¡Claro!... a ver... Roronoa Zoro, 21 años. Fue impactado por una tubería. Su presión es de ochenta sobre taquicardia y su último pulso es 1:38. Mano derecha dislocada, gran cantidad de cortes en su cuerpo, casi pierde el ojo izquierdo por uno de ellos, ha perdido mucha sangre, pero ahora está con una transfusión y estable —anunció la joven casi temblando.

—Si perdió mucha sangre ¿Cómo pudo pararse?

—Mmmm… —la chica no supo que responder en el momento. —¿Un milagro?

—¿Un milagro? —Mihawk volvió a acariciar su rostro antes de volverse hacia la chica. —¿Tu nombre?

—Soy la Dra. Ningyo Keimi, interna – se presentó la interna.

—Bien, te quedas a su cuidado —le ordeno el hombre. —Después busca a la Dra. Kureha o al Dr. Marco. Ellos sabrán qué hacer con este chico.

—Entendido —la peliverde se hizo a un lado para dejar pasar al doctor y cuando se encontró a solas con el paciente logró respirar más tranquila. —Dios… no me ha arrancado la cabeza.


21 de octubre - Whiskey Peak, Mariejois.

Mientras tanto, en un gran galpón alejado de la bulliciosa ciudad un grupo de jóvenes preparaban sus instrumentos musicales para grabar el vídeo de su nuevo sencillo. A su alrededor otras personas acomodaban todo lo necesario para el vídeo, con nerviosismo, pero a la vez con gran maestría y precisión.

—¿Alguien sabe cuándo va a llegar el jefe? —preguntó con algo de preocupación uno de los músicos que tenía el cabello azul y frondoso. Poseía una sonrisa algo extensa, como si se hubiera cortado la comisura de los labios para alargarla. Sus ojos se veían hundidos y casi sin vida dándole un aspecto de zombi. Llevaba una blusa de color azul oscuro y pantalones rojos con protecciones de metal sobre su rodilla derecha, y por último unas botas negras.

—Espero que pronto Heat —comentó un hombre alto y de larga cabellera negra que llevaba una sudadera con capucha roja y pantalones apretados del mismo color que su cabello. —Pensé que sería el primero en llegar, después de todo, él escogió este lugar.

—Tú también tranquilo Wire, de seguro llega tarde, pero seguro que llegara —afirmó otro de los músicos, uno de larga y desordenada cabellera rubia. Sus ojos eran tapados por su flequillo y era casi tan corpulento como Kid.

—¡Pero ya pasaron más de dos horas Killer! Y no ha llamado.

—Cuando fui por uno de los sintetizadores me llamó y dijo que venía entrando al puente.

—Pero eso fue hace una hora por lo menos y del puente acá no te tardas más de veinte o treinta minutos.

—Debe haber tráfico —respondió como si fuera lo más obvio el rubio.

—Incluso así está atrasado —volvió a quejarse el primer músico.

—Si tienen problemas con que llegue tarde, llámenlo.

—¿Estás loco Killer? Como nos quejemos nos muele a golpe —corearon los otros. —Vuelve a llamarlo tú.

—Entonces que me muela a golpes a mi ¿Verdad? —comentó sarcásticamente el rubio.

—A ti te deja pasar varias —comentó Heat. —Y eres lo suficientemente bestia como para defenderte de él.

—Lo tomaré como un cumplido —llamó al pelirrojo y al quinto marcado le respondieron. —… ¿Qué? ¿Dónde estás?… si lo conozco... voy para allá.

—¿Qué sucedió ahora? —preguntó Wire.

—Hubo un accidente en el puente y está en el Hospital Drum.

Después de encargar al mánager la cancelación del vídeo, el cual ardió en cólera por la falta de conciencia de Kid al no avisar antes, Killer salió del galpón en su moto con dirección al Hospital Drum.

A los pocos minutos de llegar a la carretera pudo divisar el caos que azotaba el puente. Autos estrellados unos con otros, el humo, la gente sangrando, el ruido de las sirenas y los gritos de los rescatistas y paramédicos… todo eso provocaron que su estómago le diera un vuelco al pensar en el estado que podría estar Kid, aun cuando a éste le había escuchado bien no podía evitar preocuparse.

Y al contrario de lo que pensaba, entre más cerca se encontraba del hospital, su angustia iba creciendo y por poco casi se tira sobre la recepcionista al llegar al vestíbulo y consultar por el estado de su amigo.

—Disculpe señorita, acaban de traer a un amigo que sufrió un accidente en el puente Calm Belt ¿Me podría decir su estado? —preguntó con nerviosismo. —Su nombre es Eustass Kid.

—Espere un momento por favor —pidió la recepcionista mientras checaba la lista de los pacientes recién ingresados. —Lo siento, no tenemos a nadie en urgencias con ese hombre ¿Está seguro que fue trasladado a este hospital?

—Si, hablé con él hace un rato.

—Pues no ha sido ingresado a este recinto.

—Pero... está bien, disculpe —se dirigió a un lugar apartado para poder marcar al celular de su amigo otra vez. —Kid ¿Dónde diablos estas?... aquí mismo estoy, pero me dijeron que no estás ingresado ¿Acompañas a alguien?… bien, ya voy para allá.

Siempre había sido lo mismo con Kid. Cualquier cosa que a éste le ocurriera hacia que su corazón se volviera loco de preocupación, pero al final siempre era una pérdida de tiempo y si las cosas seguían así, el que terminaría herido y loco sería él si es que ya no lo estaba.


21 de octubre - Gyoverly Hills.

—Ohh… ¿Estas son las fotos que tu hermano tomó en su último viaje? —preguntó asombrada una chica pelirosa bastante alta que vestía con un vestido con vuelos del mismo tono.

—Si, son de San Petensgurgo y los lugares fueron escogidos para el spot de… algo ... no recuerdo de qué, pero en su tiempo libre Ace tomó todas estas fotos.

—Son muy bellas Luffy... pero creo que es San Petersburgo —le corrigió la chica.

—Shishishishi —se rio el joven de cabellos y profundos ojos negros. Llevaba puesto una polera amarilla y unos pescadores azules. —cómo sea Shirahoshi. Si algún día me llego a operar y mejora mi vista, Ace me llevara a cualquier lugar de los que fotografío.

—¡Eso es asombroso! ¿Tienes ya algún lugar en mente?

—¡Todos! —respondió el chico mientras se dejaba caer en un sillón. —Pero a Ace casi le da ataque cuando le dije eso.

—Es normal, son muchos lugares —Shirahoshi comenzaba a ver nuevamente las fotografías cuando es sorprendida por un inquieto y peludo amigo. —¡Chouchou!

—Cierto, es hora de su paseo nocturno, aunque Thatch dijo que es Chouchou quien me pasea a mí.

—Luffy no te quedes ahí mirando ¡ayúdame por favor! —la pobre niña ya estaba cubierta de baba, una muestra de cariño del pequeño canino.

—Deberías poder con Chouchou ¿No tienes una mascota? —preguntó con diversión Luffy mientras tomaba en brazos al perro.

—Pero Megalo es un pez, no es lo mismo.

—Eso lo hace aburrido.

—No digas eso por favor —dijo entre sollozos la chica. —¿Cómo puede tener tanta fuerza siendo tan pequeño?

—De la misma forma que tú eres una llorona siendo tan grande ¡me pasas de tamaño!

—¡Pero soy menor que tú!

—¡Eso no importa!… ¿nos acompañas al parque?

—¡Claro! ¡También podríamos pasar por un helado!

—Eres una niña... ¡Yo quiero uno triple de chocolate!

—Luffy, tú eres peor que un niño —susurró la chica mientras el nombrado abría la puerta luego de haber colocado la correa a su lazarillo. —Pero me gusta que seas así.

—¿Qué dices Shirahoshi?

—Nada, vamos —no es que la peli rosa estuviera enamorada de él, pero la admiración que sentía por el chico era tan grande que cada vez que lo veía su pecho se llenaba de valor y esperanza. Ryugu Shirashoshi se sentía bendecida por el simple hecho de conocer a Luffy.

Estaban a punto de salir cuando el teléfono comenzó a sonar asustando un poco a los chicos. El pelinegro se acercó al aparato y contesto.

—Hola, Luffy acá ¿quién allá? —preguntó con alegría como siempre lo hacía. Pero entre más tiempo pasaba con el teléfono dicha sonrisa se fue esfumando. —¿Está segura? ¿Pero él está bien? ¡Dígame si mi hermano está bien!... ¡voy para allá!

—Luffy ¿le ocurrió algo malo a Ace o a Sabo?

—¡Es Ace! Tuvo un accidente y está en el hospital ¡Shirahoshi dile a tu mamá que nos lleve por favor!

—¡Sí!

Y sin perder tiempo la chica salió del departamento de su amigo y en unos cuantos pasos llegó a la puerta del suyo irrumpiendo en ella cual tornado.

—¡Mamá! ¡MAAMAAÁ! ¡Auch!

—No grites así —le reprendió su madre, una mujer que lucía un traje de dos piezas de color blanco, luego de golpearla en la cabeza con su mano. —eso no lo hace una dama.

—Lo siento mamá, pero es una emergencia. Al parecer Ace ha sufrido un accidente y Luffy preguntó si podemos llevarlo.

—Acaso ¿fue en el accidente del puente?

—¿Puente?

—Olvídalo, te cuento en el camino. Espérenme abajo mientras voy por las llaves.

—Entiendo —Shirahoshi regresó al departamento de Luffy que lo esperaba con una expresión aterrada. —Mi mamá pide que le esperemos en el estacionamiento.

—¡Vamos por las escaleras!

—No creo que debamos bajar por ahí, estás muy alterado y podrías caerte. Es mejor usar el ascensor, además son 10 pisos hasta el estacionamiento.

- Está bien, Chouchou, vamos.

En menos de 2 minutos, Luffy y Shirahoshi llegaron al auto de su madre, la cual tampoco tardo en llegar partiendo casi en el acto al hospital.

—Hace unos momentos pasaron un extra en las noticias sobre un accidente en el puente Calm Belt, decían que llevaban a los heridos al Hospital Drum. —comentaba Ryugu Otohime, la madre de Shirahoshi.

—La mujer que me llamo me dijo que Ace estaba en urgencias en ese lugar —Luffy abrazaba con fuerza a Chouchou. —¿Tan grave fue el accidente?

—Eso parece, pero descuida Luffy, tu hermano es fuerte, seguro está bien.

—Cierto Luffy, no tengas miedo.

—Pero está en urgencias y la señora me dijo que tenía que estar allá por cualquier cosa.

—Seguro es papeleo ¿Crees qué tu abuelo este enterado?

—No lo creo, esta semana tenía que hacer unas pruebas en un submarino... o eso dijo Sabo.

—Entonces tampoco podremos contactarnos con Sabo ¿él lo acompaño verdad?

—Si, para escribir un artículo en una revista.

—Pero podríamos llamar a la novia de Sabo ¿Te parece bien Luffy?

- Si... su número es el quinto de mi celular —dijo el pelinegro dándole su celular a la chica ya que estaba muy nervioso y sus manos temblaban. —¿Falta mucho para llegar?

—Ya estamos llegando, pero creo que tendremos problemas para estacionar. Mientras yo busco algún lugar vacío Shirahoshi te puede acompañar a urgencias. Solamente crucen con cuidado.

—Si —contestó Luffy, más por una costumbre cuando se le preguntaba algo que por otra cosa. Podía sentir las sirenas de las ambulancias y los bocinazos de los autos haciendo que su corazón latiera con miedo.

—¡Luffy! ¿Me escuchas Luffy?

—Dime, Shirahoshi.

—Ya hablé con Koala, me ha dicho que viene en camino.

—Ya.

—Chicos, bájense y espérenme en la recepción.

—Entiendo mamá, vamos Luffy.

—Si, gracias Otohime.

Con paso firme y guiado por su amiga y su perro, Luffy avanzó en busca de su hermano con la esperanza de que Ace estuviera bien.


21 de octubre – Hospital Drum.

Un chico rubio de unos veinte años daba vueltas por el pasillo tratando de calmarse. Se quitó la corbata azul que llevaba y soltó los primeros botones de la camisa amarilla mientras dejaba la parte de arriba de su traje azul en el respaldo de una silla.

Sanji estaba cansado y aun cuando ya no se encontraban en el puente, los sonidos estruendosos que había oído en aquel lugar seguían retumbando en su cabeza al igual que la escena de su amada en ese estado... su amada Nami.

—Nami ¿Por qué tú? —colocó sus manos a ambos lados de su cabeza tratando de evitar aquellas imágenes de la sangre en el pavimento, el olor a algo que parecía ser carne quemada, los gritos desgarradores de dolor y la horrible sensación de vació en el estómago al pensar que no vería más a su dulce amada... no, ya no era suya. Si tan sólo no hubiera caído en la tentación, esto nunca hubiera pasado.

~FlashBack~

—¡Aaahhh! —el gritó de placer lleno el pequeño cuarto de la residencia universitaria. —¡Sa-sadie!

—Hmmmmm…. Sanji —en la habitación había una voluptuosa y desnuda mujer pelinaranja sobre un hombre en su mismo estado, pero atado de manos y pies a una cama. —Preciooosooo, justo así es como me gustas S-A-N-J-I.

—¡P-por Faa-ghh! —el rubio ya no podía soportar más la tortura de la chica, su miembro ya no podía más, todo por culpa de la argolla en la base de su pene y los constantes azotes que la chica le daba a su más preciado orgullo. —¡Aaaaaahhhhh!

—Hmmm… más... a Sadie le gusta como gritas —pasó lentamente su lengua por sus carnosos labios a cada golpe que la varilla de cuero marcaba la piel de Sanji. —¡Déjame escucharte!

—¡Sadie! —Sanji se retorcía cada vez con más locura hasta que el ruido de la puerta al abrirse lo dejo helado. —Na-nami.

—Sanji —la recién llegada tenía una mirada vacía. —Así que es cierto.

—¡Espera Nami! Esto es un malentendido.

—¿De verdad? —contestó Nami con un tono frío al ver a su novio en aquel estado, bajo la sumisión de su compañera de cuarto que reposaba sentada en las caderas del chico y la miraba con burla.

—Nami tiene razón ¿Por qué ocultar más lo nuestro? —Sadie metió más el dedo en la herida cuando beso a Sanji con brusquedad.

—Ustedes dos... simplemente váyanse a la mierda —de un portazo la chica salió de la habitación, dejando a los dos amantes solos en la oscuridad de aquella habitación que tantos engaños había visto.

~Fin del FlashBack~

¿Por qué olvido todos sus planes con Nami por una simple calentura? ¿Por qué no fue en seguida tras el amor de su vida y se quedó viendo como un tarado mientras otros se la llevaban al hospital? ¿De qué servía cuestionarse todo aquello si el daño ya estaba hecho?

El dolor que sentía su alma hacia que sus rodillas apenas aguantaran su peso ¡Ni noticias de ella tenía por qué aquel estúpido pelirrojo había ingresado acompañándola! ¡Y tenía que esperar por cobarde!

—Disculpe señor ¿Necesita algo? —le preguntó una interna de cabello negro recogido en una cola alta y ojos verdes que pasaba por el pasillo.

—Puede informarme del estado de una chica que recién ingresó por el accidente del puente. Soy amigo de ella y hace poco me enteré de lo ocurrido.

—Claro, sígame por favor —la chica guio a Sanji hasta la recepción del piso y se sentó frente a una computadora. —me puede decir su nombre por favor.

—Dorobo Nami.

A gran velocidad sus dedos corrieron por el teclado y en unos segundos la información que él tanto esperaba llego a sus oídos.

—El pronóstico de la paciente es reservado, pero... sí es usted amigo de ella le aconsejo que este a su lado.

—¿Me puede decir en qué piso esta? —preguntó alarmado.

—En Urgencias, tercer piso, habitación treinta y tres cero seis.

—Muchas Gracias señorita —Sanji no perdió tiempo en ir en busca de su amor. No iba a dejarla en estos momentos, aun cuando ella no quisiera verlo.


21 de octubre - Hospital Drum.

Entre el movimiento de médicos, internos y enfermeros, un hombre de gran tamaño y curioso bigote blanco observaba a la muchedumbre desde lo alto de las escaleras, analizando la situación de caos que reinaba en su hospital.

—¡Haruta! —gritó el hombre. — Informe.

—¡director! El hospital ha recibido el 95% de los accidentados. Hemos cambiado las cirugías que no eran urgentes para hacer espacio a las que han surgido —informó un joven médico de cabello castaño y corto, con vivaces ojos azules.

—¿Ya han contactado con las familias?

—La mayoría han sido contactadas y hay algunos sin documentos, pero ya hemos tomado sus huellas digitales para el reconocimiento.

—¿Muertos?

- Diecisiete... Y en aumento, la mayoría fueron aplastados por grandes tubos de concretos, los otros llegaron aquí porque al tratar de evitarlos chocaron entre sí y muy pocos llevaban cinturón de seguridad.

¿Por qué la gente no usa los cinturones? —pensó molesto el director del hospital. —¿Sabes el motivo del accidente?

—Al parecer el conductor del camión que transportaba el material iba borracho y no amarró bien los tubos, por eso las amarras se fueron soltando en el camino.

—Mocosos, no aprenden, iré a supervisar las operaciones.

—Director Shirohige, antes que se vaya es importante que sepa que entre los accidentados hay un político y necesita trasplante, pero no es el único que lo requiere y el senado llamó hace unos minutos pidiendo prioridad a su caso.

—Todos son pacientes, no se hará distinción por quienes sean, si tienen probabilidad de vivir lo intentaremos, no podemos perder un órgano en un cuerpo que no tiene salvación.

—Si, director.

—¿Está seguro de eso señor Shirohige? —preguntó una juguetona voz.

—Al fin te dignas a aparecer Dr. Trafalgar —le encaró el anciano. —No pensé que te volvería a ver.

—Presencié el accidente y decidí terminar mi auto exilio —respondió de manera simple.

—¿Y crees que te admitiré como si nada?

—Si quiere salvar a los pacientes, si —la sonrisa de Law volvió a ensancharse.

—El que seas uno de los mejores médicos no te hace irreemplazable, Law —el director no se dejó intimidar por el joven y sin titubear le respondió. —Te llamaré cuando te necesite.

—Como desee señor director —aún con el mismo semblante alegre se retiró el joven dejando al joven doctor y al director solo.

—¿Está seguro de eso director Barbablanca?

—No necesito hombres que se sientan dioses. Si Law no acepta sus errores no puedo dejarlo atender en este hospital. El error de hace dos meses no volverá a ocurrir ¿Entendido Haruta?

—Si director.

—Bien, prepárate para el quirófano seis, entraras conmigo ¡Muévete!

Haruta no sabía si el dejar apartado a un médico del talento de Law era buena idea, pero comprendía los sentimientos de su director. Ahora sólo podía rezar para que todo saliera bien, y las pérdidas de esta noche no siguiera incrementando.

Por otro lado, el Dr. Mihawk se paseaba por las distintas habitaciones decretando la hora de muerte de los pacientes. Este tipo de situaciones le desesperaba, pero no se iba a rendir, era médico y haría todo lo que estuviera en sus manos para salvar a estas personas.

—¿Hora de defunción? - preguntó el ojimiel con cansancio a uno de los internos cuando llego a la última paciente.

—23:35 —informó una muchacha de cabello castaño y con flequillo. —Doctor ¿Sabe si por casualidad hay un ingresado de nombre Roronoa Zoro?

—¿Roronoa? —a su mente la imagen del chico de cabello verde surgió con claridad.

—Es que esta paciente antes de morir pregunto por esa persona, y yo le prometí que lo buscaría.

—No tienes que involucrarte sentimentalmente con los pacientes.

—Si, lo siento mucho.

—¿Se llamaba Kuina?

—¿He? … si, Ichimonji Kuina.

—Roronoa Zoro se encuentra en la habitación 3301.

—G-gracias Dr. Dracule —la chica no ocultó su asombro ante la curiosa actitud del mayor, aun cuando ella era una de las que más había tratado con el estricto doctor, era la primera vez que había visto aquel extraño brillo en sus ojos.

—Trata de contactar rápido con los padres, no olvides de preguntar sobre la donación de órganos.

—Claro Doctor —dijo con cansancio la chica resignada a cumplir la difícil y penosa misión que su querido superior le había encargado.


22 de octubre – Hospital Drum.

Marco se dirigía a la azotea del hospital. Necesitaba respirar aire limpio. Doce personas vivas contra veinticinco muertos. Esa era la realidad del accidente y sólo eran los que habían llegado al hospital, la cantidad de muertos en total le era desconocida, lo que le dejaba un mal sabor de boca. Tomó un sorbo de su café para poder calmarse, además necesitaba recargar energías para lo que quedaba de la noche.

Tears for rememberance, and tears for joy —sus pensamientos fueron interrumpidos por una canción.

—¿Law? —Marco apenas podía creer lo que veía ¿Qué hacia el pelinegro en el hospital?

Tears for somebody and this lonely boy —seguía cantando el chico, ignorando completamente al recién llegado.

—¿Qué haces aquí Law? Pensé que el jefe te había prohibido la entrada al hospital por cinco meses.

—Estoy aquí porque después de presenciar semejante accidente pensé que hoy me divertiría un poco.

—No has aprendido la lección Law —comentó con decepción el rubio. —¿El jefe realmente te dejó pasar?

—¿Me puedes decir por qué lo llamas jefe? Es tu padre.

—Dentro de este hospital es mi jefe, y no evadas mi pregunta.

—No lo hacía, fue simple curiosidad, además soy libre de querer responder o no.

—Eres realmente insoportable —Marco estaba dispuesto a irse cuando la voz de Law lo detuvo.

—¿Sabes por qué ocurrió el accidente?

—Por culpa del descuido de un hombre.

—¿No crees qué es curioso? La persona que causo todo esto fue el único ileso de los que están involucrados. No tiene heridas ni físicas ni psicológicas. Aquel hombre solamente se lamentaba por que llegaría tarde a entregar su carga.

—Gente así no debería existir —el rubio sentía rabia. El chico del puente se debatía entre la vida y la muerte y el culpable ni siquiera estaba arrepentido por lo ocurrido

—¿Tú crees? Sin personas irresponsables como él, los médicos como tú y yo no tendríamos accidentes como este en nuestras manos. Yo lo veo como un regalo.

—Eres un maldito monstruo Law —Marco fue hacia la puerta de la azotea guardando sus ganas de golpear al chico de las ojeras. —¿Entiendes qué como médicos no podemos permitirnos perder vidas por caprichos?

—Puede ser, pero si por caprichos como estos tengo el regalo de conocer a alguien interesante —Law le dirigió una mirada que Marco no supo cómo interpretar. —Soy un monstruo feliz.

—… —el otro hombre se detuvo en seco al oír esto, porque a pesar de lo detestable que era la idea, no pudo evitar pensar en que él había conocido a ese chico llamado Ace.

Out in the madness, the all seeing eye —comenzó a cantar Law nuevamente dándole tiempo a Marco para irse perdido en este sentimiento agridulce - Flickers above us, to light up the sky.

Law se quedó contemplando el desastre que se veía en el puente que gracias a la azotea podía ver en todo su esplendor y la música que sonaba en su mente no hacía más que embellecer según él, dicho escenario de calamidad. Aquella canción que no solo le hacía vivir nuevamente la secuencia del desastre, si no que le hacía sentir aquel cosquilleo cuando estaba en algún quirófano. Aquella canción cantada por Eustass Kid.


Aclaraciones:

La canción del principio es "Mi Enfermedad" y no es de mi propiedad, todos los créditos son de Fabiana Cantilo & Andrés Calamaro y la canción que canta Law al final del capitulo es "Remember Tomorrow" de Iron Maiden.

Notas Finales:

Ya apareció Law y su primer encuentro con Kid no es el mejor, pero ya está. Haré una variante de como las personas se dirijan a un doctor que generalmente es por su apellido, pero como en One Piece no todos tienen apellido, dejare que los doctores sean llamados por sus nombres.

Y lo importante, o al menos para mi. Law no utilizará la forma en que se refiere a las personas en japones. He decidido usar la traducción que más se le acerca y es señor, pero refiriéndose de forma sarcástica.

Realmente lamento haberme demorado en escribir este capítulo, pero me dio un bajón horrible. Puede que después corrija algunas cosas, sobre lo medico, porque yo no se mucho de medicina, por no decir que no sé nada, así que los datos son tomados de libros y programas que he visto y claro está, invención mía :3

Atte: Lacrimosa Azul