Disclaimer:

Ningún personaje, así como la serie One Piece me pertenece, todo es autoría de Oda Eiichiro.

Este Fanfic es YAOI y explicito, además tratara temas que pueden herir la sensibilidad de las personas. Si este género no es de su agrado, por favor, les pido amablemente que se retiren.

La historia se sitúa en un universo alterno, por lo que no seguirá ninguno de los eventos ocurridos en el manga.

En algunos casos se puede presentar un leve OOC debido a algunas circunstancias.

Parejas:

KiddxLaw como la principal. Las parejas secundarias son: IceburgxFranky, MarcoxAce, MihawkxZoro, ShanksxLuffy y SanjixNami.


Capítulo 5: Consecuencias

Raftel, Mariejois – Estacionamiento - Hospital Drum.

Todo lo que Kid vio sucedió lentamente, y aun así no pudo reaccionar a tiempo. Cuando Law había levantado la mitad de su cuerpo del piso para pasar sus brazos por su cuello lo dejo sin escapatoria para acto seguido besarle sin ningún problema.

Y esta vez no se había contenido, pues la traviesa lengua del doctor recorrió su boca logrando que su protesta sonara como un gemido ahogado lo que hizo que un escalofrío recorriera su columna y perdiera el poco color que tenía en su rostro.

—Vaya —la voz de su manager lo hizo reaccionar y con un movimiento torpe se alejó del otro hombre. —No tenía idea de que jugaras a dos bandos —esa declaración fue el colmo, sabía que Crocodile tenía su vista fija en él, pero no se dignó a mirarlo, pues sólo podía mirar a Law.

—Usted lo ha dicho, es solo un juego —Law se levantó del piso. —Pero estoy sorprendido, dos besos robados en un día y a la misma persona... es mi récord.

—¡Cierra la maldita boca! —Kid se paró de manera rápida. Ahora estaba totalmente rojo por la rabia y la vergüenza, además, el que su voz sonara más ronca de lo habitual no le agrado mucho.

—Si quieres otro beso hay maneras más educadas de pedirlo —por suerte para Law y desgracia de Kid, el recién llegado era un hombre precavido y le había sujetado por el brazo para evitar que atacara otra vez al doctor.

—¡Detente!

—¡Tú no te metas Crocodile!

—No me causes más problemas – con facilidad el hombre llamado Crocodile arrastró al enfurecido chico hacia la puerta que conectaba el estacionamiento con el hospital.

—Señor Eustass nos veremos después —Trafalgar Law lo miraba con un brillo extraño en los ojos. —Pero recuerda que mi invitación para llevarte a casa sigue en pie.

—¡Vete a la mierda!

—Mejor a tu casa... o a tu cama —las palabras de Law se repetían con insistencia en los oídos de Kid y ni siquiera el sonido de la puerta al cerrarse pudo opacar su fuerza. Estaba desconcertado y no era el único. Crocodile tenía aquella expresión de molestia que se le podía ver cuando algo no iba de acuerdo con sus planes.

—Ese tipo no me agrada —el mayor dejó escapar un suspiro que se mezcló con el humo de su puro.

—Suéltame.

—No —Crocodile aumentó la presión en el brazo de Kid que, a pesar de ser alto, se veía pequeño en comparación con aquel hombre que lo conducía como un muñeco por el estrecho pasillo. —Dijiste que no tenía que preocuparme, pero vengo y te encuentro revolcándote con un idiota.

—Yo no me estaba revolcando con nadie ¡Y suéltame de una maldita vez!

—A mí me lo pareció —a pesar de que sonaba molesto, el pelirrojo pudo notar algo parecido a la burla... no.… definitivamente lo era. —Y olvídate de la idea de irte, me acompañaras a ver a la doctora.

—Esto tiene que ser una puta broma —el pelirrojo ya no podía más, necesitaba estar solo. —Yo me largo —esta vez sí pudo soltarse de la mano del mayor.

—Controla tus modales.

—¡Cállate! Yo ya hablé con la loquera, si quieres ir ve solo. Seguro y te llevas bien con ella.

—Me acompañaras.

—No.

—Eustass, te diré esto una vez —Crocodile no iba dejar ir tan fácilmente al menor. —Vendrás conmigo y punto. Y te advierto, si haces una nueva estupidez, por muy pequeña que sea, estas fuera de la banda.

—No son nada sin mi —era la verdad, ambos estaban consciente de ello, pero también era cierto que la banda no estaba para escándalos.

—Eso no te da derecho a comportarte como un imbécil.

—Bien, si te hace feliz te lo prometo. No volveré a hacer escándalos ¿Contento?

—¿Crees que soy tonto? Eso fue lo mismo que dijiste la última vez que dejaste a ese idiota de Apoo en el hospital.

—Y tú mandaste a tu gorila para amenazarlo de que no me denunciara ¡No vengas a joderme ahora!

—¡Eso es porque tengo que limpiar tus desastres! —tras el grito volvió a suspirar. Realmente necesitaba que Kid entendiera el mensaje, él no estaba para ser su criado. —Escúchame, es simple; no quiero ver tu cara en programas de cotilleo, ni quiero saber que te peleaste con el tipo de la radio o que golpeaste a quien sabe quién y menos escenas como las de ahora. Si quieres salir con ese sujeto, hazlo en privado ¿Lo entiendes?

—¡No te hagas ideas que no son!

—¡Entonces no hagas estupideces! —el manager dio media vuelta dispuesto a ver a la psicóloga que lo había mandado a llamar dando por zanjado el asunto. —¡Muévete!

—Mierda —quería gritar o romper algo. Estaba consciente de que no era una buena persona, pero esto era demasiado. Sentía que todos los dioses lo estuvieran jodiendo por diversión. Quería estar solo, pero sentía que de ese modo terminaría pensando más de la cuenta. —No seas ridículo Kid —el rostro de Law estaba claro en su mente. Se negaba a admitir que el doctor había llamado su atención, para bien o para mal. —Es sólo el cansancio.

—No tengo todo el día —el llamado de su manager fue como una aguja clavándose en su cabeza. Apretó con fuerza sus puños hasta sentir un hormigueo. —Eustass.

A regañadientes siguió al mayor. Sólo quedaba pedir a los jodidos dioses o a quien fuera que este día terminará ya.


Raftel, Mariejois – Hospital Drum.

El constante ruido que generaba las manecillas del reloj al moverse lo había dejado en un trance. Ni siquiera escuchaba los otros sonidos como el de las maquinas que controlaban sus signos o las preguntas de su maestro.

—¿Zoro? ¿Estás bien? —el mayor se notaba preocupado, pues tras haber echado a la interna el joven se había quedado perdido en sus pensamientos. —¿Zoro?

Decidió no insistir más. Sólo deseaba que el pobre no se sintiera culpable, pero sabía que era un pensamiento en vano, ya que en la mente de Zoro no había otra cosa.

—Fue mi culpa.

—No es verdad.

—Si lo es – no había dudas en su voz. Cada palabra era la verdad absoluta para él. —Ella me pidió quedarse en mi departamento, pero yo no quería y por eso le dije que diéramos una vuelta para que se despejará y se olvidará de la idea de huir de casa. Yo tome la decisión de entrar a esa autopista.

No pudo decir nada más. Cada palabra había sido un puñal en su corazón. Ahora que sabía que no la volvería a ver se estaba ahogando en la pena. Sentía tanto dolor que le parecía absurdo, nunca pensó que perderle le doliera tanto... o no había pensado en esa idea.

—Te equivocas Zoro. No tenías como saber que eso ocurriría y tus intenciones nunca fueron malas. —pero Kuina estaba muerta. No importa lo que su maestro dijera, su decisión le había costado la vida a su amiga... a la mujer que amaba.

Ya no la vería nunca más ni podría decirle que lo que sentía o escuchar su respuesta cuando se confesará. El sueño de pasar su vida entera a su lado se había esfumado. Ahora estaba vacío. Quería estar viviendo algún sueño, alguna estúpida mentira, no está cruel realidad.

—Ella no estaría feliz de verte así.

—Lo sé, pero yo la amaba y ahora no está.

Koushiro guardo silencio. Sabía de los sentimientos de Zoro por su hija, así como los de su hija por él. No pudo sentir más que pena por el menor e intentó hablarle nuevamente, pero unos gritos fuera de la puerta lo detuvieron.

—¡Espere doctor! ¡no puede entrar así! —pudo reconocer la voz de la interna y su tono lo alerto.

—¡Silencio! —la orden dada por una voz fría fue lo que se escuchó antes de que la puerta se abriera dejando que un hombre de cabello negro y ojos ambarinos entrará en la habitación.

El recién llegado se veía claramente molesto y miraba fijamente al joven que se encontraba en la cama, el cual lo miraba de la misma manera. Koushiro los miro a ambos y pensó que, si las miradas mataran, ambos ya estarían muertos.

Si. Zoro deseaba despedazar a aquel hombre ¿Cómo era posible que se presentará como si nada ante él? ¿Quién se creía que era para mentirle en algo tan importante?

—Se que está molesto, y lo entiendo —el doctor fue el primero en hablar mientras avanzaba hasta quedar al lado del peliverde y antes de que éste hiciera algo lo sujeto de ambos brazos dejándolo pegado a la cama. —pero eso no le da derecho a golpear a una mujer. Si quiere golpear a alguien búscame. Yo di la orden y no me arrepiento de haberlo hecho.

La acción hizo que Zoro dejará de respirar por un momento. Eso no se lo esperaba. Había imaginado que lo atacaría o que le gritaría, pero no que le hablará tan calmadamente... y tan cerca.

—En su estado lo que menos necesitaba era recibir una mala noticia, por eso decidí no hablar y es por eso mismo que no le golpeo cuando lo merece. Ahora le pedirá disculpas a la interna que atacó, y no lo dejaré hasta que lo haga ¿Me ha entendido?

—… —Zoro había olvidado completamente el que había abofeteado a la chica hace unos momentos atrás y al verla asomada tímidamente por la puerta con el rostro hinchado lo hizo sentirse mal, pero aun así no hizo nada.

—¿No he sido lo suficientemente claro? —Mihawk aplicó más fuerza en su agarre.

—Doctor... lamento profundamente lo ocurrido con la joven, pero por ahora ¿Puede dejar que Zoro descanse? yo me encargare que pida las disculpas pertinentes. Aunque no lo demuestre sé que está arrepentido.

—No hasta que él lo diga.

—¡A mí no me importa esperar doctor! —la interna se apresuró a intervenir para sacar a Mihawk de ahí. —el señor tiene razón, no es bueno que el joven se altere.

—Perdón.

—¿Qué? —la chica se congeló cuando lo escucho hablar y Mihawk soltó un poco su agarre.

—He dicho que lo siento, sé que no debí golpearte y que no fue tu culpa —dijo Zoro mirándola directamente.

—No hay problema, no pasa nada malo.

—Pero a usted no lo perdono – esta vez se dirigió al pelinegro. —No importa porque lo haya hecho, el que me diera esperanzas de que ella estaba viva cuando no era así, jamás se lo perdonaré. No quiero volver a verlo.

Eran raras las veces que alguien dejaba sin palabras a Dracule Mihawk y Zoro podía darse con una piedra en el pecho al haberlo logrado. Con suavidad soltó los brazos del joven en los que ahora se podían apreciar unas leves marcas rojas.

—Doctora, transfiera el caso de este paciente al doctor Newgate —se alejó con paso firme hasta la puerta y cuando llego hasta ahí se dirigió al anciano. Con su permiso.

Si recibió respuesta nunca lo supo. Ni siquiera tenía claro el porqué estaba tan molesto, mucho más molesto que cuando vio a la doctora Keimi ocultándose de él para que no viera lo hinchado que estaba su rostro.

Por otro lado, mientras la doctora y su maestro hablaban, Zoro recordaba los ojos de aquel hombre, e inconscientemente se llevó su mano a uno de sus brazos tocando donde ahora tenía aquellas marcas y no pudo evitar sentir un escalofrió al recordar el tacto de sus manos. Si Kuina estuviera aquí se reiría de él... si estuviera.


Raftel, Mariejois – Hospital Drum.

Angustia. La más profunda que haya vivido en toda su vida. Sanji se estaba hundiendo. Pero no era el único, ya que sentado muy cerca de él había un joven de nariz larga que se había cansado de los ascensores, estaba en su misma situación. No, una mucho peor.

—¿Es usted pariente de la señora Banchina? —preguntó un doctor de cabello negro y aspecto oriental.

—E-es mi mamá.

—Lamento insistir en este penoso momento, pero quisiera saber si ha pensado en la opción para la donación de órganos.

—¿Donación? —el chico ahora se había vuelto absolutamente pálido como si recordará lo más horrible que haya visto en su vida. —Yo... lo siento, no puedo hacerlo.

Ahora Sanji se sentía miserable. A menos Nami estaba con vida. Se levanto de su asiento y fue por un café. No había pegado el ojo en toda la noche, pero no era el único que lo necesitaba. Esperó a que el doctor se fuera para acercarse.

—Toma —le tendió un pequeño café cargado.

—G-gracias —con manos temblorosas tomó el vaso. —Pero no he traído dinero.

—No necesitas pagarlo. Tómatelo que te hará bien. —el joven no volvió a discutir, tomó lentamente la bebida caliente. Era verdad, lo necesitaba.

—¿Has perdido a alguien? - preguntó casi en un susurro el chico.

—¿Perdón? —Sanji tuvo problemas para entender debido a lo bajo que el otro habló.

—¿Estás aquí por el accidente del puente? ¿Ahí fue donde te lastimaste?

—¿Eh? —miro al menor algo dudoso hasta que recordó. —¡Ah! ¿Mi nariz?

—Si.

—No, un bastardo me la ha roto hace unos momentos —dijo tocándose su hinchada nariz.

—¿Por qué?

—B-bueno... el hablo mal de la mujer que amo así que lo ataque, pero resulto ser una bestia. Y ahora está adentro con ella. Y yo no sé nada.

—Pero está viva. Al menos podrás volver a verla.

—Si... —Sanji terminó su café de un sólo sorbo. —Lamento lo de tu madre.

—Gracias.

El chico tenía razón. Él aún tenía a Nami, podía reconquistarla. Tenía que hacerlo.

—Soy Sanji.

—Usopp —el silencio volvió a reinar en el tétrico pasillo hasta que la enfermera que le había dado la ubicación de Nami apareció ante ellos.

—¿Es usted Usopp? —preguntó la pelinegra.

—Si.

—Acompáñeme por favor, su padre ha recuperado la conciencia.

—¿Está bien?

—Si. Y ha preguntado por su esposa. Es mejor que venga conmigo.

—Entiendo —el moreno se levantó, pero antes de dejar el lugar se dirigió al rubio. —No sé por qué no has querido entrar a su habitación, pero si realmente le amas no dejes que te la quiten.

—Claro que no —le sonrió. Ambos lo hicieron.

Y ahora que estaba solo otra vez en el pasillo la angustia volvió a él ¿De verdad podía entrar? ¿Qué diría Nami al verlo? ¿Estará despierta? ¿Estará bien? ¿Por qué solo se hacía estúpidas preguntas y no actuaba?

—¡Es ahora o nunca! —no lo detendrían. Si la mujer que amaba estaba a unos pasos cerca no habría nada que lo detuviera.

—¿Qué crees que haces? —no alcanzo a llamar a la puerta cuando el bastardo pelirrojo apareció, junto a un tipo sacado de una película de mafiosos. —¡Lárgate!

—No me dirás lo que puedo hacer —si esto era una prueba para probar su determinación estaba bien por él. Pasaría sobre ella y con gusto sobre aquel mastodonte.

—¡Yo creo que sí! —Kid le cortó el paso parándose frente a él.

—Eustass —habló el otro hombre. —Recuerda tu promesa.

—¡Lo sé!

—¡No perderé el tiempo contigo! Voy a ver a Nami y no me lo vas a impedir.

—¡Cállense! —esta vez, el que había hablado no fue ni Kid ni Crocodile, sino Killer quien se veía molesto. —Kid ya te dije que es un hospital así que silencio y lo mismo va para ti —lo último lo dijo señalando a Sanji. —Crocodile, la doctora te espera.

El rubio de larga melena se apartó de la puerta, dándole el espacio a los otros para que entrarán. Y por supuesto que Sanji no iba a perder la oportunidad. De los primeros se adentró a la habitación, y ahí la vio.

Recostada en la cama estando conectada a extrañas máquinas de sonidos inquietantes, estaba Nami, mirándolo con aquellos hermosos ojos y aquel gesto de confusión que le resultaba tan tierno. Su chica estaba bien.

—Nami... —quería correr a abrazarla, pero no sabía si haría más bien que mal —¿Estás bien?

—¿Quién es usted? —preguntó la chica con un tono débil, pero que denotaba curiosidad.

—¿No me recuerdas? —no lo podía creer, la felicidad de haberla encontrado a salvo se había esfumado tan rápido como llego. —¿Es una broma?

—Me recuerda a un compañero de clases que se llama Sanji, pero él tiene casi mi edad ¿Es amigo tuyo Killer?

—N-no... —el tipo llamado Killer se notaba incomodo por la mirada burlona de su amigo que entró justo después del rubio. —Es un buen amigo de Kid.

—¡Hey! —hasta ahí llego su sonrisa. —¡Killer no te pases!

—¡Tío! —la chica se entusiasmó al verlo. —¡Qué bueno que llegaste!

—¿Qué? ¡Yo no.…! —el corpulento pelirrojo iba a protestar, pero sintió la intensa mirada de Nico Robin, así como la de su manager. Sin duda el par se iba a llevar bien.

—Te dije que tu "tío" vendría —fue el turno de la doctora para hablar. —Él fue a buscar a su amigo.

—No es mi amigo.

—S-si somos amigos. Y me ha pedido que le ayude a cuidarte.

—¡No.…! —se detuvo en seco. Esa no era una mala idea. Si el tarado del novio la cuidaba, él se quitaba un gran peso de encima. —… puedo cuidarte siempre, así que él se encargará de eso.

—Señor Eustass —Nico Robin iba a alegar sin duda alguna, pero no le dio oportunidad.

—Vendré a verla después, pero ahora iré a dormir. Crocodile te espero en el auto, Killer tú no te olvides de ir a buscar el mío —y eso era todo. Pudo escuchar un suspiro por parte de su amigo y un gruñido por parte de su manager. Ese asunto ya estaba listo.

—¿Tío vas a volver? —preguntó Nami con voz dulzona.

—Mañana —cerró la puerta. Lo único que quería era salir del puto hospital. Su día había sido de lo peor, pero ya estaba a punto de terminar.

Abrió la puerta que daba al estacionamiento y no pudo evitar mirar por todo el recinto en busca de cierto doctor. Suerte que no estaba.

Ahora tenía que encontrar el auto de Crocodile, lo cual era un coñazo, el tipo tenía autos para cada día de la semana y tal vez más. Iba andando por una de las filas de coches cuando algo llamo su atención. Perdido entre los elegante autos, casi al fondo del estacionamiento, uno pequeño y algo viejo de llamativo color amarillo, denotaba entre el resto. Pero no era el auto lo que hizo que su mirada se quedará fija en ese lugar. Era algo que estaba en su interior... ese estúpido gorro moteado era inconfundible.


Raftel, Mariejois – Hospital Drum.

No sabía cuánto tiempo llevaba de pie en medio de aquella siniestra habitación junto a aquella camilla. Se sentía estúpido y el escalofrió que corría por sus venas no ayudaba en nada. No se suponía que se sintiera de esa manera. No era la primera vez que estaba en la morgue.

—Thatch está muerto —ese era el problema. Había ido a ese lugar para corroborar lo que Vista le había dicho. Y este no le había mentido. —Estás muerto.

Con cuidado tomó el cierre de la bolsa que contenía el cuerpo de su amigo. El miedo que sintió al llegar se había esfumado. Ahora sentía angustia y un vacío que le rompía el corazón. Quería gritar y llorar, tal como lo había hecho Luffy cuando asimilo lo que le había dicho.

~Flashback~

—¡No! Están mintiendo –eso dijo Luffy con gran convicción. —No es verdad.

—Tienes que calmarte —no supo cómo había dicho tales palabras. Ni siquiera sabía que podía mantener la calma en dicho momento ¿Tan frio se había vuelto?

—Thatch no puede estar muerto.

—Lo siento —se sentía inútil. Hubiera deseado hacer más. Con lentitud, salió de la habitación, dejando a los familiares del novio de su amigo sumidos en una profunda pena que él también compartía.

~Fin Flashback~

Quería creer como Luffy, pero sabía que no había error. Sólo quedaba abrir aquella bolsa y vería que aquel cuerpo era el de Thatch. Con lentitud bajo el cierre y contuvo la respiración.

—Quien diría... que nos volveríamos a ver en estas circunstancias —ya no tenía duda. Estaba mirando el rostro de su querido hermano. No era el que recordaba, pero sabía que era él. Con suavidad coloco sus manos sobre sus frente fría como el hielo. —No debió ser así.

Sabía que no recibiría respuesta. Pero necesitaba decirle demasiadas cosas, aunque algunas cosas no tenían sentido.

—Nunca logre comprender muchas de las cosas que hacías o decías —Marco se sentó en el piso, apoyando su espalda en una de las patas de la camilla. —Eras el tipo más raro que había conocido y eso era decir poco. Las ocurrencias de Thatch los habían metido en problemas en más de una vez y en la mayoría de las ocasiones no tenía idea de la causa de dichos conflictos.

—Pero te quería mucho. Papá siempre decía que éramos como hermanos ¿Te acuerdas? Hasta pienso que te estimaba un poco más a ti que a mí.

No lo decía con reproche. Pues era inevitable no querer al tupe con patas. Uno de los tantos apodos que él le dio.

—¿Te acuerdas del día en que nos conocimos? Hoy lo recordé, bueno, recordé varias cosas. Lo que queríamos ser. Los partidos de básquetbol... no tienes idea de cuánto extraño esos partidos ¿No los extrañaste tú?

Comenzó a hablar de distintos temas. La carrera de ambos. Sus colegas. Algunos casos curiosos que había tenido. Como le hubiera gustado decirle todo esto cuando Thatch estaba vivo.

—Tu novio... no te preocupes por él —ya no tenía nada más que decir. —Haré todo lo que esté en mis manos para que se mejoré. Y también su hermano. Eso te lo juro.

Lo daría todo por esa promesa. Esta vez no le fallaría. Con renovada convicción, Marco se levantó del piso, cerró la bolsa que contenía el cuerpo de Thatch y tras un breve silencio salió de la habitación.

—Lo lamento —fue lo primero que escucho al salir y toparse con Shanks que lo esperaba fuera de la morgue.

—Te dije que me esperaras en mi despacho —Marco se sintió incomodo. No tenía una buena relación con el pelirrojo, pero responderle de esa manera cuando el otro le hablaba de corazón le hizo sentirse mal. —gracias —dijo con una débil sonrisa mientras se apoyaba en la pared.

—Deberías ir a descansar —Shanks estaba sorprendido. Era raro que Marco le tratará bien, aunque había sido un simple agradecimiento.

—Necesito un café.

—Vete a tu casa. No estás en condiciones de seguir atendiendo pacientes y menos si andas con esa expresión.

—Lo sé, pero si voy a mi casa será peor, no quiero pensar en nada.

—Entonces... ¿te parece tomar ese café conmigo?

—... con una condición —Marco se separó de la pared y se colocó frente a Shanks. —Quiero que te comprometas totalmente en el caso de Luffy.

—¿Me estás chantajeando? —Shanks alzó una ceja divertido.

—Si.

—Entonces yo pondré mis condiciones también.

—No estás en posición de pedir nada.

—Yo creo que sí —fue esta vez el pelirrojo el que se separó de la pared dándole la espalda a Marco mientras avanzaba por el pasillo. —Habla con tu padre para que me den una plaza en este hospital.

—¿Estás hablando en serio? ¿Tengo que recordarte todas las veces que rechazaste el puesto?

—No, pero no creo que él chico pueda ir al otro lado del país estando su hermano hospitalizado.

Marco suspiró con cansancio. Debía de suponer que Shanks saldría con algo así. Resignado siguió al otro hombre por el pasillo hasta alcanzarlo.

—Pero el café lo pagas tú —el rubio ofreció su mano para sellar el trato, la cual fue tomada con gusto por su par. —Durante toda tu estancia en el hospital —Shanks dudo por un instante, pero el trato ya estaba sellado. Así que le restó importancia y siguió a Marco a la cafetería.


South Blue, Mariejois – Departamento Karakuri.

—Mandaré a Daz Bones a buscarte mañana a las ocho —le informo con voz autoritaria Crocodile, una vez detenido el auto frente al departamento de Kid para así dejar claro que no le hiciera esperar. —¿Entendido?

—Si —Kid no deseaba seguir peleando así que se tragó todas las respuestas sarcásticas que acudieron a su mente y fue un gran esfuerzo. Abrió la puerta del costoso auto y la cerró de un portazo.

—A las ocho —repitió molesto Crocodile, al ver como el menor trataba a uno de sus queridos autos.

Pero Kid ya había entrado al departamento ignorando cualquier llamado de su manager o hasta del guardia que estaba en la puerta que al verlo le había preguntado sobre su estado, pero Kid lo ignoró. Estaba feliz y nadie le quitaría eso, todo gracias al regalito que le había dejado al estúpido doctor. Así, tras subirse al ascensor, llegar al último piso y abrí la puerta de su departamento, estalló en risas.

—No.… es que en verdad me hubiera gustado ver su cara —Kid camino riéndose hasta llegar a una de las sillas que estaban en el pequeño bar en una esquina. Sacó del bar una botella de ron que había estado guardando para cuando la gira hubiera terminado, pero desecho esa idea y se puso a beber directamente de la botella. —Estúpido doctor.

Tras acabar con la mitad de la botella de un solo trago, Kid se levantó y se encamino hacia la escalera que conducía a su habitación.

Una vez que llego al segundo piso, el pelirrojo se sacó su chaqueta y la tiró por quién sabe dónde a la que le siguió el resto de su ropa quedando totalmente desnudo y dirigiéndose al baño para tomar una merecida ducha.

De forma lenta comenzó a lavar su cuerpo y cuando termino se quedó un buen rato bajo el chorro de agua logrando relajar todos sus músculos. Un ritual que hacía cada vez que se bañaba y que esta vez le tomó más del tiempo acostumbrado.

Una vez despejado y seco se puso un bóxer negro con blanco y buscó su chaqueta para recoger algo que había escondido en su interior dejándola caer nuevamente al piso. Tomó el control de la TV y se tiró sobre la cama con ambos objetos. La cama se encontraba al medio de la habitación, frente al televisor de pantalla plana el cual prendió.

Los primeros minutos de búsqueda de algo decente para ver fueron exasperantes, pues en todos los canales nacionales hablaban sobre el accidente y en los extranjeros o daban películas románticas o reportajes de cosas sobrenaturales.

Cansado, decidió dejar el noticiero de la tarde abandonado el control a un lado y colocando su brazo izquierdo tras su cabeza a modo de almohada mientras que con su mano derecha jugaba con el objeto robado en el estacionamiento. El noticiero con su aburrido conductor que siempre escuchaba para poder dormir mostraba la entrevista que le habían hecho al borracho que había causado el accidente del puente.

—Yo... no fui —fue la brillante respuesta del culpable el cual se notaba claramente borracho, por decirlo menos.

—Hijo de puta —susurró Kid.

—Todos los testigos afirman que usted es el conductor del camión que transportaba el material de construcción y hay una declaración de usted a la policía en donde afirma no haber amarrado bien los seguros ¿Aún insiste en su inocencia? —preguntó un hombre de cabello negro con peinado ridículo, según Kid, y una contextura robusta más parecido a un luchador de sumo que a un periodista

—Yo... no fui —repitió el sujeto el cual cayó al suelo superado por la borrachera.

—Bueno... eso es todo —concluyó el reportero mirando seriamente a la cámara. —Desde la jefatura de policía de Raftel informó Sentomaru, adelante estudios.

—... —el conductor del noticiero parecía no haber escuchado al joven, y seguía sin responder, aun cuando su rostro era el que aparecía ahora en pantalla.

—Adelante estudio —volvió a hablar el chico desde la jefatura con un tono molesto en su voz.

—Emm... ¿Esto funciona? —preguntó el conductor mientras daba golpecitos al aparato que tenía en su oreja. —¿Sentomaru?

—¡Tío! —volvió a hablar el reportero, pero esta vez su voz fue de molestia total.

—¡Sentomaru! ¿Terminaste?

—¡Sí!

—¿Y por qué no me avisaste? —el muchacho no hablo, pero se escuchó un fuerte golpe, probablemente ocasionado por su mano al golpear su frente. —En fin... eso es todo por ahora... quédense en sintonía para nueva información sobre el accidente... ahora continuaremos con el caso de los niños desaparecidos… —dijo el conductor, de traje amarillo y corbata negra, con una extraña sonrisa.

—Estúpido Kizaru —fue lo último que dijo Kid antes de caer dormido ignorando el noticiero y apretando con fuerza en su mano derecha el gorro blanco con manchas negras de Trafalgar Law.


Raftel, Mariejois - Hospital Drum.

Law se encontraba recostado en la camilla de la consulta de Robin esperando por su amiga para llevarla a casa y así poder platicar un rato, pero sus planes se vieron arruinados cuando un hombre alto, de piel morena y frondoso cabello negro entró a la habitación.

—¿Law? ¿Cuándo volviste? —preguntó el recién llegado que llevaba un impecable traje azul.

—Hoy —respondió el médico con nerviosismo, al tiempo que se levantaba de la camilla dispuesto a irse.

—Espera Law —el otro hombre bloqueó la puerta de la consulta con su cuerpo. —Me gustaría hablar contigo un momento.

—No tengo nada que hablar contigo señor Aokiji, ya te lo he dicho varias veces —Trafalgar, había cambiado completamente su actitud juguetona a una seria.

—Es breve lo que tengo que hablar contigo —insistió Aokiji. —Eres el único que puede ayudar.

—Ya le dije todo lo que sabía a la policía y fue hace años, por lo que comprenderás que ahora no tengo nada nuevo que aportar.

—Eso ya lo sé. Lo que quiero es que veas algunas fotografías —el hombre moreno no lo iba a dejar ir tan fácilmente. —Se que es difícil para ti, pero piensa en las familias de esos niños.

—¿No me dejaras ir hasta que las vea verdad? —preguntó con fastidio el de las marcadas ojeras.

—Es importante.

—Lo haré si está Robin —Law se alejó del moreno y regresó a la camilla donde se recostó nuevamente.

—Bien —Aokiji avanzó hasta la silla que estaba frente al escritorio de la pelinegra la que llego luego de casi 20 minutos de tortuoso silencio.

—¿Kuzan? No sabía que vendrías hoy —Robin miró al hombre sentado y luego al doctor. ¿Necesitas algo de Law?

—Tu noviecito quiere que vea unas fotos y yo le dije que no vería nada si tú no estabas aquí.

—Ya hemos hablado de esto Kuzan.

—No insistiría si no fuera importante, son ya más de diez los niños desaparecidos y ...

—Eso ya lo sé, pero Law ya aportó todo lo que sabía hace trece años y no creo que sea una buena idea que vea algo que pueda perturbarlo.

—Encontramos a uno de los niños —tras lo dicho por Aokiji, Law le dirigió una mirada de cansancio.

—¿Está en este hospital? —preguntó el pelinegro.

—Si, su estado es crítico, sufre de intoxicación por drogas.

—Muéstrame las fotos —pidió Robin con nerviosismo.

—Las fotos que tengo son del lugar donde la encontramos —Kuzan sacó de su bolsillo unas fotografías que fueron tomadas por la psicóloga.

—¿Una fábrica? —el corazón de la pelinegra casi se detiene al ver el lugar, pues ya había visto algo parecido con anterioridad.

—Una fábrica de dulces... —susurró Law, estirando su mano para que le dieran una de las fotos.

—Así es, muy parecido al lugar donde te encontramos a ti hace trece años —Kuzan le entregó las fotos ante la atenta mirada de Robin.

Law miro las imágenes y una serie de recuerdos acudieron a él. Pero trató de no mostrarse afectado. Todo era como él lo recordaba, los tanques con productos químicos, el suelo gris, y los dulces. Odiaba los dulces.

—La niña que encontraron solo estaba drogada ¿verdad?

—Si, al parecer era una nueva víctima, su madre la había mandado a comprar en la mañana cuando desapareció, pero la encontramos en la tarde, no presenta signos de ultraje ni agresión física, solo una considerable cantidad de NHC10... ¿Recuerdas algo Law?

—No —Trafalgar le devolvió las fotos. —Pero no creo que sea lo mismo que me paso a mí.

—¿Por qué lo dices?

—Porque si la niña hubiera sido secuestrada por el mismo hombre que me secuestro no la hubieran encontrado al día de desaparecer.

—No estaría tan seguro —Aokiji guardo las fotos. —De todos modos, sabes que si recuerdas algo...

—Te llamaré, no se preocupe jefe de policía.

—Bien —el hombre se levantó de su asiento y miró a Robin. —¿Ya termino tu turno?

—Si, Law me iba a llevar a casa ahora, pero si no tienes nada que hacer podemos irnos juntos, no creo que le moleste.

—No sigan o vomitaré —respondió el pelinegro sintiendo incomodidad por las acciones de su amiga. —Ya cásense.

—De hecho... nos comprometimos hace una semana.

—... dime que no me escogiste como padrino de bodas.

—No estoy loca Law, pero sería lindo que me acompañes al altar.

—Yo tampoco estoy loco... —el joven médico se levantó de la camilla y se dirigió a la puerta. —Felicidades y.… bueno, señor Aokiji, supongo que te veré seguido.

—Si, cuídate, y no hagas locuras.

—Lo intentaré —Law abandonó el lugar y se dirigió a su consulta donde se cambió de ropa y tomó sus cosas para irse, pero antes de eso paso por el cuarto piso donde se encontraba pediatría y estuvo a punto de preguntar por el niño cuando se arrepintió. No estaba listo para esto. —Seré imbécil.

A gran velocidad hizo su camino para llegar al estacionamiento. Estaba molesto. El día de hoy había sido uno de los mejores del año pero que había terminado con un gusto amargo tras los eventos ocurridos hace unos momentos. Pero Law se equivocó totalmente.

—Tienes que estar bromeando —estaba totalmente atónito y con lentitud sacó su celular y llamó a su amiga. —Robin... ¿Estás aún aquí?... necesito que me lleven... está bien, voy para allá.

Colgó mientras maldecía su suerte cuando llegó donde estaba su auto o lo que quedaba de él. Los parabrisas y ventanas estaban destrozados, la carrocería había sido golpeada con algún fierro dejándola inutilizable al igual que el motor, los neumáticos habían desaparecido y su gorro había corrido la misma suerte porque no podía verlo por ningún lado.

—Espero... que aceptes las consecuencias de tus actos... señor Eustass.


Notas Finales:

Karakuri es el nombre de la isla a la cual llega Franky tras el time-skip, la que está especializada en alta tecnología, y además, es el nombre del castillo que aparece en la séptima película, en la que se pueden ver distintos tipos de robots. En la historia, vendría siendo el nombre del departamento de Kid.

A esta altura, pedir perdón o dar explicaciones no vienen al caso, pero aún así lamento la lentitud en la actualización, sólo espero que disfruten del capitulo.

Atte: Lacrimosa Azul