Creo que nunca podré olvidar la mi expresión de sorpresa en el rostro de Sophie Newman, parecía que iba a desvanecerse. Cerró los ojos y se mantuvo así por varios minutos. Clive me miró interrogante, pero yo solo pude encogerme de hombros; no sabía qué hacer o qué decir. Los cuatro estábamos en un completo e impaciente silencio. Baje la vista hacia Kende, que estaba escondida detrás de las piernas de Clive, esperando a que, por un milagro, volviera a hablar. Claro que no lo hizo, fue Sophie quien finalmente abrió la boca.

- De acuerdo - dijo en un suspiro - deben estar cansados...

- A decir verdad... - comenzó mi hermano.

- Clive

Sophie nos miró extraño, pero no preguntó nada y nos hizo una seña para que la siguiéramos. Mejor así, sí le sorprendió que nuestro padre sea Marethyu, creo que saber que somos mitad vampiros va a ser mucha información.

Nos guió hasta una habitación en el piso superior. Su casa tenía un aspecto cálido y familiar, los pisos eran de madera y varios cuadros colgaban de la pared, sin mencionar el aroma a vainilla que a Kende le fascinaba. La habitación era bastante amplia y se notaba que había sido decorada por un adolescente con gustos muy parecidos a los de Clive. Por suerte a nosotras nos dirigió a otra habitación; ésta estaba en blanco, probablemente sea solo para invitados. Por un momento pensé que se disponía a dejarnos solas, pero a último momento se volteó hacia nosotras:

- Exactamente - dijo -¿Qué les dijo... él sobre mí?

- Honestamente no lo sé, fue a Clive al que le dijo que nos trajera. Pero, si quieres saber, él y mi madre nos contaban historias sobre Nicolás Flamel y ustedes… los mellizos de la profecía...

De acuerdo, no tendría que haber dicho esa última frase. Enseguida Sophie puso cara de pocos amigos y se estremeció.

- ¿Todo eso... es cierto? - pregunté, para mí siempre habían sido cuentos.

- Si… lamentablemente... - contestó en voz baja.

- ¿Lamentablemente? - exclamó Clive saliendo de la otra habitación, quise matarlo - ¡Salvaron el mundo!

Sophie volvió la mirada hacia él, no parecía extrañada de que hubiera escuchado lo que dijo a tanta distancia.

- Si, y perdí a mi hermano.

No hizo falta que dijera nada más. Nosotros sabíamos a la perfección lo que había pasado.

Dormí por lo que quedaba de la noche y algo más del día, la cama era realmente cómoda. Kende se había acurrucado junto a mí y Clive se quedó con nosotras, sentado en el marco de la ventana. Cuando me desperté, tenía el teléfono a la oreja.

- No te ilusiones - me dijo en voz baja, Kende seguía durmiendo - ni Gryffin ni nadie responde.

- ¿Qué hora es? - quería que pensara en otra cosa.

- Pasado el mediodía, y me estoy muriendo de hambre. Pensé que dormirías más.

Me senté en la cama y miré a alrededor. En la pared de la izquierda había un par de estantes vacios, la de en frente tenía un cuadro con figuras extrañas y a la derecha se encontraba la ventana, donde estaba sentado Clive. Hacía un día extraordinario, el sol brillaba y me encandilaba. No había ninguna vista en especial, solo aquellos edificios que ocultaban el cielo y el ruido, el horrible ruido. No pude evitar llevarme las manos a los oídos para protegerlos.

- ¿Cómo puedes sentarte ahí tan tranquilo? – le reproche a Clive.

Se encogió de hombros y dijo exactamente lo que pensé que diría:

- Soy un Dios.

Él siempre tan humilde. Pero de repente algo cambio en su mirada arrogante y apareció la inseguridad. Clive podría mostrarse muy fuerte frente a todos, pero conmigo no podía fingir.

- Aira – dijo en voz más baja todavía - ¿Qué… qué crees que esté sucediendo?

Volví la vista hacia Kende, nunca me había parecido tan pequeña. No podía soportar que ella pasara por esto, sea lo que esto fuera. Me levanté y me senté junto a Clive. El calor del sol sobre la piel era realmente reconfortante, casi no me importó el ruido.

- Por un momento me sentí feliz de que ella volviera… - me confesó - debí imaginar que algo pasaba.

Me tuve que obligar a mirar hacia otro lado. Escuchaba el resentimiento en su voz y no quería verlo en su mirada. Hablaba de nuestra madre. Sabía que tenía razón, pero me sentía en el deber de defenderla.

- Por lo menos volvió, volvió para protegernos.

- ¿Protegernos? – repitió sarcástico - ¿Dónde nos está protegiendo? Yo no la veo por acá. No veo a nadie por acá Aira, solo estamos nosotros. Siempre estamos nosotros.

- No es así, ella se quedo peleando con… esas cosas, para que noso…

- ¡Con Gryffin! – me interrumpió - ¡Tiene doce años! ¿Qué clase de madre deja que su hija de DOCE AÑOS pelee con unas bestias que podrían matarla?

Lo mire de vuelta a los ojos y me acorde cuando éramos pequeños, Gryffin no nacía y a nosotros nos sacaron de éste Mundo de Sombras. Yo me enoje porque no me dejaron volver aquí y salí corriendo, cruce la frontera, solo por unos minutos, pero me dolieron los ojos, los oídos y hasta me ardía la nariz. Por dos días mamá se sentó al lado mío en la cama y me hacía sentir mejor absorbiendo mis emociones. La mirada de Clive en este momento es clavada a la de nuestra madre esa vez, solo que de color azul.

- Ella tenía doce años y libraba batallas.

Me obligue a que mi voz sonara segura y confiada. Ahora era yo quien tenía que asegurarle que todo estaría bien.

- Pero ella es… ella. Es Scathach y los mil apodos, una diosa para algunas culturas, es una Inmemorial de la Última Generación, vampiro y… Gryffin es una niña que ni sabe atarse los zapatos.

- Y sabe manejar una espada mejor que vos y yo juntos. Son iguales, mamá y Gryffin, tú me lo dijiste y tienes razón, son idénticas.

Me quitó los ojos de encima, al contrario de mí, él detestaba mirar a los ojos a la gente. Pareció tranquilizarse y volvió a lo que me había preguntado en un principio.

- ¿Qué está sucediendo? Tengo vistas esas cosas de algún libro, no se mueven por sí solas, alguien tuvo que enviarlas.

- Estas diciendo que…

Me detuve a procesar lo que había dicho. No tenía sentido… ¿O sí? Iba a decirlo, pero Sophie Newman lo hizo por mí. Estaba parada en el umbral de la puerta, ni Clive ni yo la habíamos escuchado llegar.

- Podría ser, Marethyu y Scathach tienen suficientes enemigos, sobre todo ella.

Clive y yo nos miramos.

- Lo supe desde el principio ¿Si? – aclaró, supe que se refería a nuestros padres.

Clive sacudió la cabeza y tomó la delantera.

- No lo creo, – dijo – no creo que los hayan enviado a por ellos. Scathach no es la mejor madre del mundo, pero ella sabía que algo andaba mal, y si la cosa era solo con ella o con él, jamás nos hubiesen expuesto a nosotros.

- Tienes razón, yo tampoco pondría en peligro a mi hijo bajo ninguna circunstancia. Pero él es mi debilidad, si quieren hacerme daño solo tiene que hacerle daño a él.

- Tiene lógica – dije, volviendo la vista a mi hermano.

- Tiene completa lógica – coincidió él.

La cama crujió levemente y los tres volvimos la vista hacia allí para ver a Kende levantarse. Ella nos miró a todos con la carita adormilada, de vuelta, era como si estuviera en su propio mundo, ajena a todo esto. Pero un gruñido como de animal interrumpió el momento.

- Lo siento – se disculpó Clive – tengo hambre.

Sophie sonrió por primera vez desde que llegamos. Una sonrisa maternal, que me dio ganas de preguntarle por su hijo, pero no lo hice.

- Vamos, les prepare algo para comer.


Gryffin saltaba como si nada por delante de nosotros, con suma tranquilidad, felicidad, libertad. Yo todavía estaba sorprendida por lo que había visto y sorprendida por estar sorprendida. Mi pequeña niña de doce años peleando contra minotauros como si fueran perritos, no terminaba con uno que empezaba con otro. Pensé lo que cualquier madre normal pensaría: aterrada, preocupada, pero yo estaba orgullosa. Realmente orgullosa de mi Gryffin, por cómo había luchado, la forma en que se había movido, las tácticas, los golpes y las risotadas cuando escuchaba a los huesos de las bestias romperse ¿Era mala madre por ello? Al parecer sí, porque Marethyu tenía esa mirada preocupada y calculadora, realmente odiaba esa mirada.

- Estás preocupado – no tenía ni que preguntárselo.

- Lo estoy.

- Clive, Aira y Kende estarán bien. Sophie los cuidara. Y estoy empezando a creer que Gryffin podría cuidarse perfectamente sola ¿Viste como acabo con esos minotauros? ¡Tres! ¡Estaba peleando con tres a la vez Marethyu! ¡Tres! ¡Tiene doce años!

Él me miro con una sonrisa, entonces me di cuenta que estaba saltando a su lado, gritando extasiada. Se rió y me beso la cabeza, detestaba que hiciera eso, me hacía sentir una niña. Él tenía el aspecto de alguien de treinta y pico y yo de diecisiete, si no me besara en la boca diría que me trata igual que a Aira.

- Aprendió de la mejor, y ya sé que los tres estarán bien con Sophie, tendrán que explicarle varias cosas, pero estarán bien.

- ¿Entonces? ¿Qué sucede?

Ahora hablo en voz más baja, para que Gryffin no escuchara.

- Sea quien sea, volverá a intentarlo, lo sabes, y no se conformaran con nosotros.

Note algo más que preocupación en su voz: miedo, y algo nada placentero se extendió por mi pecho. Mire a Gryffin, que seguía saltando, y enseguida pensé en Clive, Aira y Kende, mi pequeñísima Kende. Mi importa un cuerno la inmortalidad, si les pasa algo me muero.