Por enésima vez tuve voltear la cabeza y tratar de que no notara que lo estaba mirando. Era un chico arrogante, egocéntrico, al cual no le importaba nada más que él mismo, por lo que no podía dejar de mirarlo con desdén.
- Él es mi hijo, Natanael – lo había presentado Sophie hacía unas horas – Nat, querido, ellos son… los hijos de un viejo conocido. Se quedaran acá por unos días.
Enseguida me di cuenta de que él no tenía idea de nada y que Sophie tampoco tenía intenciones de que se enterara. De hecho, parecía bastante incómoda con que se hubiera aparecido en ese momento.
Natanael no pasaba de los veinte años, era alto, demasiado, y delgado, no tenía ni un solo músculo. Tenía el rostro ovalado, nariz respingada y un par de ojeras oscuras debajo de los ojos grises. El cabello era rubio oscuro, casi castaño, y le llegaba hasta los hombros, estaba despeinado y ¿Sucio? ¿En serio? Se le notaba la inmadurez a kilómetros, no pude creer cuando dijo que estaba en la Universidad. Por lo poco sabía de aquella institución, había que tener cerebro para ir a una y él claramente no lo tenía. Todo el tiempo sacudía el cabello para los costados, como si eso fuera de alguna manera seductor. Hablaba de él, de él y solo de él y lo maravilloso que era. ¿Cómo puede una persona ser tan detestable que llega a hacerse odiar a los pocos minutos de conocerla? ¿Y cómo podía caerle tan bien a Clive?
Hombres…
Se quedó hasta la cena y un poco más. Supe que era hijo único, en ningún momento mencionó al padre y no me pareció correcto preguntar, al parecer era buen estudiante, a pesar de las apariencias, y tenía novia: Jessie. Sophie claramente adoraba a la chica.
- ¡Ese chico es un genio! No sé cómo no te cayó bien – exclamó Clive cuando estuvimos solos en la habitación de huéspedes que ocupábamos con Kende.
- No lo creo – repliqué.
- Como sea… ¿Me pareció a mi o él no sabe nada de… ya sabes?
- Definitivamente no sabe nada ¿Por qué será?
- Si, debe ser muy fácil decir: "Natanael, cariño, existen personas inmortales o los dioses y criaturas mitológicas en realidad existen ¡Ah! Y viaje en el tiempo, a Danu Talis, tú la debes conocer como Atlantis" - dijo con sarcasmo.
- Nos lo dijeron a nosotros…
- Sí, bueno, te cuento, querida hermana, nuestros padres son algunas de esas criaturas, nosotros mismos lo somos, así que…
- ¡Esta bien! ¡Lo entiendo! Igualmente sigue habiendo algo que no me cierra…
- ¿Cómo qué?
- ¿Su padre?
- Las parejas se divorcian, se separan, muchos padres desaparecen. Es normal en este mundo ¿Qué nunca viste las películas?
- No, sabes que no me gusta ese aparato.
- Ya entiendo por qué todo te perturba tanto. Querida hermanita, tranquilízate – habla con esos aires de superioridad, como si lo fuera… - Sophie conoció a alguien, tuvieron un hijo y el tipo desapareció, fin de la historia. O no a ella no le gusta hablar del tema y punto. O se murió, quién sabe – mi hermano el sensible – Ahora veté a dormir que se te caen los parpados.
Clive salió de la habitación con una mano en el bolsillo, allí guardaba el celular y durante cada noche que estuvimos aquí intentó llamar a nuestra familia. Antes de dormirme, recordé algo que me dijo Sophie la otra noche:
- Me recuerdas a mi hermano.
Yo supuse que se refería a mi padre, así que le respondí:
- Él dice que me parezco a mi madre.
- ¿Él? – repitió confundida – Ah, tú te refieres a Marethyu. Yo hablaba de mi hermano, Josh. Él dejo de existir cuando nació tu padre.
Estaba mareada, tenía ganas de vomitar y el estúpido tono de Gryffin empezó a sonar. Lo odiaba y estaba a punto de gritarle que apagara ya esa cosa, cuando me di cuenta de algo: ¡El celular de Gryffin estaba sonando! Eso significaba… miré a Marethyu y él asintió ¡Por fin estábamos aquí! Eso explicaba mi malestar: habíamos cruzado una línea telúrica.
Cuando acabamos con los minotauros Marethyu nos llevó por otro Mundo de Sombras.
- Digamos que estamos tomando el camino más largo, solo por las dudas – había dicho.
¡Pero ya estábamos aquí!
- ¡Clive! – gritó Gryffin entusiasmada, volviendo la vista hacia nosotros.
Ella siempre iba corriendo delante. La alcance y le arrebaté el teléfono antes de que pudiera decir otra palabra.
- ¡Gryffin! ¿Dónde están? ¿Qué pasó? – dijo Clive igual de emocionado del otro lado del auricular.
- Clive – dije, casi podía sentir las lágrimas acumularse en mis ojos. Solo que eso no era posible.
- ¿Mamá?
Traté de contenerme, pero no pude y solté todo de una vez:
- ¿Están bien? ¿Dónde están? ¿Y tus hermanas? ¿Aira, Kende? ¿Tú, cómo estás? ¡Clive respóndeme!
- No te va a responder si no le das el tiempo para hacerlo – susurró Marethyu en mi oído, abrazándome por la cintura.
- Estamos bien, Aira y Kende duermen. Estamos donde nos dijeron que vengamos, con Sophie Newman. Ella nos trata bien, no hace muchas preguntas, lo que es bueno porque no sabría qué responder. Ahora tú ¿Qué…
Interferencia ¿Interferencia?
- ¿Clive? ¡Clive! ¿Qué sucede?
- ¿Qué sucede? – repitió Marethyu.
- ¿Clive? – yo seguía con el teléfono a la oreja, sentía como la desesperación se apoderaba de mi vos - ¿Clive?
- Scathach ¿Qué sucede?
Colgué el celular y se lo devolví a Gryffin
- Interferencia y se cortó – contesté sin mirarlo.
Seguí caminando, vi como Marethyu le hizo una seña a Gryffin para que se quedara donde estaba y él vino detrás de mí. Me detuvo por los hombros y acarició mi mejilla con el garfio, obligándome a mirarlo.
- No te preocupes – me dijo.
- Mira quién lo dice…
Desde hace días que él no deja de preocuparse.
- Tengo un mal presentimiento. – confesé.
- ¿En serio? – genial, usaba el tono de broma – No me digas ¿Instinto materno?
Perfecto, él se lo había buscado.
- De acuerdo, está bien que no sea la mejor madre del mundo ¿Si? ¡Pero siguen siendo mis hijos! – exclamé enfadada - ¡Me preocupó porque los amo! ¡Son mis hijos y los amo! – a este punto me di cuenta que estaba gritando, pero ya no podía detenerme – Sí, tengo un muy mal presentimiento en todo esto, no solo porque se haya cortado el teléfono ¡en todo! No se supone que deba preocuparme, no se supone que deba sentir esta cosa horrible en el estomago, pero así es. ¡Estoy asustada! Por mi primera vez en mi maldita vida estoy asustada. ¡Y no me beses la cabeza y me digas que todo va a estar bien! Soy suficiente mayorcita como para saber cómo están las cosas.
Él me abrazó y me besó, no en la cabeza, en los labios. Realmente, no recuerdo la última vez que me besó así. Era tierno, pero no de modo paterno como usualmente me parecía que era, sino como si dijera: tú eres mía y no voy a dejar que nada te pase, o simplemente, te amo.
- Tengo un mal presentimiento – repetí más calmada, hundiéndome en su pecho – estoy verdaderamente asustada, Josh.
Sentí un par de brazos delgados abrazándome por detrás.
- Todo va a estar bien mami – dijo Gryffin.
El estruendo me despertó y luego todo pasó demasiado rápido. Sentí ruidos de pesadas pisadas contra el piso de la planta baja, luego otra par de pies livianos, supuse que era Sophie, corriendo por el pasillo y, un segundo después, a Clive siguiéndola.
- Ve a por tus hermanas – gritó Sophie con apuro.
Al instante Clive abría la puerta de la habitación. Cargó a Kende y me hizo levantar. Salí del cuarto y lo primero que vi fue a Sophie lanzando hacia la planta baja pelotas plateadas que surgían de sus manos. Lo siguiente que vi fue una ventana frente a nosotros, y la mano de Clive tomándome de la sudadera que Sophie me había dormir. Luego, saltábamos por la ventana.
No recuerdo el dolor haber caído, pero sí un ruido seco detrás de mí y a Sophie incorporándose junto a nosotros. Estábamos fuera de la casa, miré hacia arriba, hacia la ventana hecha añicos por la que habíamos saltado hacía un instante. De repente aparecieron un par de ojos amarillos que formaban parte de lo que parecía ser un gran y esquelético perro blanco, con un horrible hedor a putrefacto y que se disponía a saltar. La voz de Sophie estalló en mis oídos en el momento en que gritó:
- ¡CORRAN!
