Recuerdo cuando me enteré que estaba embarazada, fue la primera vez que sentí miedo, del verdadero miedo. De todas las probables situaciones a las que podía enfrentarme en mi larga vida, jamás se me pasó por la cabeza ser madre. Era algo imposible para mí. Estaba aterrada, aunque no fuera posible en alguien de mi naturaleza. Mi abuela, Zephania, me había dicho que ese sentimiento era por aquella parte humana que ahora llevaba dentro de mí, la parte humana de Marethyu.

Aunque no quisiera admitirlo, era humano. Y eso era lo que más amaba de él. La primera vez que supe que había algo de humanidad en él, fue cuando lo vi derramar lágrimas por los Anpu que había aniquilado. La segunda vez fue cuando me pidió disculpas, por haber manejado los hilos de mi vida para que terminara en Danu Talis. La tercera fue la que terminó de convencerme, cuando me besó por primera por primera vez. Luego hubo muchas otras situaciones, pero mi favorita es y será siempre su sonrisa cuando le dije que estaba embarazada, primero de Clive y Aira, luego de Gryffin y por último de Kende.

No pude evitar sonreír al recordarlo y él se volvió hacía mi. No lo culpo, aquel no era el preciso momento para reírse. Procuré comportarme, pero no podía evitar que mil recuerdos se me vinieran a la mente cuando miraba directamente a esos ojos azules que me volvían loca.

Era raro, cuando lo conocí con quince años no me producía más que una terrible irritación. Me parecía un chiquillo arrogante, crédulo e impulsivo; una vez se lo dije, él se rió y dijo: "eso suena exactamente como Josh Newman". Luego volví a conocerlo, ya no como Josh, era Marethyu: era más maduro, paciente y atento. Ya había cumplido su misión, debía haber muerto en Danu Talis, en cuanto Josh (el chiquillo que yo conocí) se alzó con las cuatro espadas, pero no lo hizo, por alguna razón, no lo hizo. Cuando se pone en cursi dice que no murió porque su destino era estar conmigo.

Y sonreí otra vez.

Me tomó de la mano por primera vez en un Mundo Sombras extraño, estábamos tratando de volver a San Francisco y él nos seguía de cerca. Yo sola lo sabía, me gustaba sentarme junto a él mientras el resto dormía. Y en una de esas, me tomó de la mano. En otra, me besó. Al llegar aquí, me despedí del grupo y fui con él. Nadie nunca lo supo, ni siquiera Juana. Marethyu no me lo pidió, no tuvo que hacerlo, yo sabía que debía ser así y de inmediato lo acepté. Lo amaba, nunca supe cómo o en qué momento sucedió, pero me enamoré de él.

Volví a sonreír y ya podía sentir la mirada curiosa de Gryffin sobre mí.

Estar con Marethyu fue lo más extraño que me paso en la vida, después de la maternidad, claro. Me llevaba de la mano, me abrazaba, me cargaba entre sus brazos y me besaba. A mí no me gustaban las muestras de cariño, no estaba acostumbrada, a él tampoco le fascinaban, pero le encantaba fastidiarme. Quedé embaraza de Clive y Aira y todo cambio: de pronto teníamos una debilidad para nuestros enemigos. Pero al principio no fue así.

Estaba aterrada, realmente aterrada ¡Ni siquiera sabía que era posible quedar embarazada! Me asustaba la idea de ser madre, me asustaba la idea de tener que cuidar de alguien y me asustaba estar asustada. Antes de decirle a Marethyu, acudí a mi abuela, era la única que podía decirme qué hacer. Cuando estuve segura, se lo dije y su sonrisa sigue siendo inolvidable. En cuanto a mí, me enamore de mis dos bebes en cuanto los tuve en mis brazos: eran perfectos. Zephania asistió el parto.

- Ninguno respira – había dicho, algo temorosa.

- ¿Eso qué quiere decir? – preguntó Marethyu.

- Si son como tú, pues nada bueno…

No tuve tiempo de volver a estar aterrada que los dos, al mismo tiempo, comenzaron a llorar. Aira se durmió al poco tiempo, y Clive nunca lo hizo. Desde pequeños supieron manejar su aura sin ayuda de nadie.

- Son como pequeños Inmemoriales – había dicho mi abuela en tono de broma.

Mi sonrisa de borró. En ese momento había sido una broma, pero… Clive y Aira tenían muchas cualidades vampíricas y humanas, estaban en el medio de las dos razas. Miré a Gryffin a mi lado: ágil, veloz, sin miedo ni preocupaciones, no dormía, no respiraba, era vegetariana y estaba aprendiendo a absorver las emociones, era casi un vampiro. Kende… su aura negra ya lo decía todo por si sola.

- ¿Sucede algo? – me preguntó Marethyu.

- ¿Y si no somos nosotros?

- ¿Disculpa? – dijo confuso - ¿A qué te refieres?

- Si no es a nosotros a quien buscan.

No fue necesario explicarlo, muchas veces pensábamos casi igual. Esa mirada se encendió en sus ojos y supe que lo había comprendido. Un olor horrible, de putrefacción y muerte llegó a nosotros. Nos estábamos acercando a la dirección de Sophie y ambos sabíamos a qué cosa pertenecía ese olor.

La primera vez que sentí el verdadero miedo fue por la idea de tener hijos, ahora es por la idea de perderlos.