Caminamos bastante, hasta que mi querido hermano tuvo la brillante idea de parar a descansar. No es que él lo necesitara, pero Kende, Sophie y yo, estábamos agotadas. Las tres habíamos usado nuestra aura como nunca antes. De acuerdo, no creo que ese fuera el caso de Sophie, mas estoy segura que no había actuado de esa manera en años. Quizás fueran mis ojos cansados, pero me pareció que mi madre también se veía un tanto agotada, seguramente son mis ojos cansados.

Luego de que nos reunimos con mi padre y Sophie después de "desayunar" (personalmente, mi "desayuno" consistió de una hamburguesa con queso con papas fritas ¿Sigue siendo desayuno?), una especie de tensión, que antes no había notado, desapareció. Aunque Sophie se ve preocupada tras no poder comunicarse con su hijo. Yo no lo estaría, es decir, ¡todavía no son las ocho de la mañana!

Lo mejor que pudimos encontrar para descansar con el poco dinero que teníamos, fue un pasaje en el metro. Sí, no es una habitación de un hotel de cinco estrellas, pero pude sentarme en un asiento cómodo y eso ya bastaba para mí. Justo enfrente de mí se sentaron mis padres. Mi madre descansaba la cabeza en el hombro de mi papá y en serio se veía cansada. No hare comentarios respecto a eso, solo que se supone que mi mamá no debe, porque no puede, sentirse cansada, y si empiezo a sacar conclusiones con eso… no, ni lo pensaré.

A mi lado estaba Gryffin, hablando con Clive y ocasionalmente preguntándole algo a Sophie. Iba a decirle a mi hermana que la molestará, pero ella parecía sentirse cómoda, así que no dije nada. Kende comenzó a dormitar de nuevo sobre el regazo de mi padre y yo iba por el mismo camino.

Escuché a Gryffin decir algo sobre nuestro Mundo de Sombras, él que nuestros padres armaron para nosotros. Me preguntó por qué lo habrán hecho. Sophie dijo que ambos tenían muchos enemigos y que nosotros ahora somos su debilidad. Quizás quisieron protegernos o escondernos. Lo que sea, funciono por un tiempo pero ya no.

Me pareció oír el ruido de nuestro arroyo y de aquel pájaro que un día había cruzado la frontera accidentalmente y no había podido salir. Con mi mamá le habíamos puesto Chist. Entonces empezaban a sonar espadas chocando y risas: mamá y Gryffin practicando en algún lugar de la casa. Y música: Clive molestando. Me siento en casa y me quedó dormida, hasta que el metro llega a la última parada.

- Aira, despierta. – dice mi madre con urgencia – tenemos que movernos.

No puedo asegurar qué está pasando, pero si ella, Scathach la Sombra, estaba alarmada entonces había que hacerle caso. Salimos del vagón y nos encontramos en una estación ajetreada, en plena hora pico.

- ¿Qué sucede? – pregunté.

- Tenemos que movernos. Las auras de tu padre y la de Sophie, junto con la Kende…

- Lo entiendo – la corté – es peligroso ¿Adónde vamos?

Mi madre volvió la vista hacia mi papá, que hablaba con Sophie sobre algo de "no sé a qué nos enfrentamos" Eso… ¿Debía preocuparme?

- Aoife – dijo en voz alta para que la escucharan – allí podremos estar seguros y aclarar la situación.

Mi padre asintió hacia ella, con una mirada de ¿Estás segura? A lo que mi madre respondió:

- Es mi hermana, después de todo.


- ¿Ya te vas?

- Tengo cosas que hacer.

- ¿Cosas? ¿Qué cosas?

Se giró hacia él, todavía estaba acostado, con el torso desnudo, queriendo parecer un sex simbol recostado sobre el respaldo de la cama. A quien engañaba, él no tenía que fingir, él definitivamente era un sex simbol. Sonrió con ese pensamiento.

No. No podía dejarse llevarse llevar.

- Cosas, tontuelo. – dijo con picardía.

Encontró sus tejanos debajo de unas mantas y los arrastró hacia ella. Una vez vestida se volvió hacia él con una sonrisa seductora que, sabía, lo volvía loco.

- No te preocupes, volveré antes de que tengas que buscarte otra.

Se inclinó para besarlo pero él la atrapó entre sus brazos, haciéndola caer en la cama. Realmente podría haber empezado a desvestirse de nuevo, pero un par de ojos rojos llamaron su atención desde la ventana y la obligó a volver a la realidad.

Tenía una misión. Un par de chicuelos que capturar y una Guerrera que matar, todavía no sabía qué haría con el resto.

Esa rata de ojos rojos seguramente le traería la información que necesitaba. Un hechizo tan simple que hasta ella podía hacerlo, era una de las pocas cosas que lograba realizar con su aura. En ese sentido se sentía se débil. Siempre estaba frente a personas con gran poder en ello.

- Debo irme. – anunció, poniéndose de pie nuevamente.

- No – se quejó él.

– Y no me llames porque no voy a responder.

- Bien. Pero antes de que salgas, pásame el móvil. A ver quién estuvo llamando a las seis de la mañana.

Rebuscó entre el desorden del suelo por su teléfono y cuando lo encontró, extrañamente dentro de un calcetín, se lo arrojó al pecho.

- Hasta luego, Nat. Fue divertido. – dijo, cerrando la puerta detrás de sí.