CUANDO YA ES TARDE, PARA DARSE CUENTA

Los personajes no me pertenecen.

La historia es de mi propiedad.

Capitulo dedicado a mi beta

Mary de Cullen

Por soportar mis quejas, y tener tiempo de hablar conmigo

aunque estemos a seis horas de diferencia.

Te quiero nena.

CAPITULO 5

El tiempo pasa despacio, si estas solo

La música se escuchaba suave, aquella banda de rock alternativo estaba lo suficiente lejos para no aturdirlo, con un vaso de ron en la mano, observaba a la multitud balanceando la cabeza y las caderas al ritmo del compás, chicas universitarias, disfrutaban que era viernes, rogando en sus mentes, que al terminar la velada, les acompañara alguien que las haga ansiar un orgasmo. Edward sonrió irónicamente ¿desde cuándo no tenía sexo?

-Dos meses y tres días. -susurro para sí mismo, recordó aquellas noches de gloria, donde llegaba hambriento a su casa, y no era precisamente de comida su hambre, sonreía orgulloso, cuando veía a su mujer preparar la mesa, como a él le gustaba; Porque si, él era muy especial cuando era la hora de comer, la única que lograba sobrellevar sus berrinches era su esposa, aquel ser desgraciado, que después de la muerte de sus padres se había refugiado en sus brazos, buscando amor y lo único que encontró fue una casa vacía la cual debía decorar con su presencia.

-Nena, nunca te lleve a un concierto, con lo mucho que te gustaba el rock. - pensó en voz alta

-Señor. -Edward regreso a ver al barman, el hombre lo observo nervioso, al ver como aun en la oscuridad aquellos ojos verdes brillaban

-te he dicho que cuando este aquí me digas Edward, cuantas veces tengo que repetirlo Quil - El chico asintió, aquel hombre de traje elegante, desde hace dos meses, llegaba todos los días a la misma hora, tomaba unos cuantos tragos y se iba tranquilamente, de vez en cuando conversaba con el muchacho universitario -¿Qué pasa?

-la señora.-se aclaró la garganta -le invita una copa -Edward le observo con una ceja levantada, mientras le ponía al frente la copa -un Martini

Edward Cullen, regreso a mirar a donde el barman había señalado, una joven alta, rubia y vestida con jeans, le sonrió descaradamente mientras caminaba hacia él.

-hola, no sabía lo que tomabas, así que he decidido por ti -Edward sonrió

-Veo que Quil se ha equivocado, me dijo que el trago me invitaba una señora -le observo despectivamente- usted no es más que una niña, valla a buscar a otra parte, esta noche no seré yo el que caliente su cama de fraternidad -la chica le miro boquiabierta, aquel dios de cabello rebelde, llevaba yendo a aquel bar mucho tiempo, y siempre estaba solo, así que esa noche había decidido arriesgarse, pero ese hombre con apariencia de Ángel condenado, tenía un boca que escupía veneno cada vez que hablaba, cuantas chicas no había visto ella irse con lágrimas en los ojos después de acercarse a ese ser ¿Por qué habría creído que con ella sería diferente? ¿Qué la hacía especial? Frunció los labios enfadada, cogió la copa que había comprado para él, y se la tiro en la cara, el hombre ni pestañeo.

-Y es por esa acción dolida, que has quedado como otra mujer despechada, ordinaria.

-eres la persona más repugnante que he conocido -Edward sonrió irónicamente, mientras se secaba el rostro con su pañuelo de tela

-Pero aun así deseas, que me entierre entre tus piernas y te haga suplicar que te folle, deseas apretarme en tu interior -la chica respiro con dificultad -sueñas con aquel hombre que te lleve a otro mundo, lo buscas con desesperación -Edward se levantó y rozo su oreja con sus labios -todo eso es lo que te quita lo especial, lo que te hace ser una más.

Con esas palabras el cobrizo, tiro unos billetes en la barra y salió con paso decidido, dejando a la mujer al borde del colapso y al camarero con una sonrisa bailando en su rostro.

Otra noche sin Sexo Edward, Vete acostumbrando.

El ruido le despertó, levanto la cabeza del sofá, entrecerró cuando la luz le dio en plena cara, otra vez había olvidado cerrar las cortinas, gruñó al escuchar el maldito ruido, se restregó la cara y camino hacia la puerta al ver que de ahí provenía.

-Llevo toda la mañana llamándote ¿Dónde está tu teléfono? -Edward masculló por lo bajo -¿Qué? No te entiendo.

-He dicho que no lo sé Garrett -camino hasta el sofá -¿Qué haces aquí?

-yo también estoy feliz de verte -ironizó el castaño, luego le observo la cara -no sabía que te había golpeado tan duro -Edward involuntariamente toco su labio aun hinchado. Había pasado ya dos días de aquella reunión, Garrett furioso se había tirado sobre él, por suerte solo había avanzado a tirar un golpe, antes de que él se alejara.

-Bueno, no puedo decir de que me hallas dado despacio -una sonrisa se extendió por el rostro del castaño -pero no ha respondido ¿Qué haces aquí?

-me dijiste que íbamos a ir donde Bella ¿Cuándo nos iremos?

-no, dije que yo iba a ir donde mi mujer, en ningún momento te nombre a ti.

-Necesito ir, ella espera arreglar todo lo legal en este viaje que vas hacer -Edward frunció el ceño -ella lo decía en serio. Edward no puedes obligarla a estar a tu lado.

-¿Crees que no lo es? Garrett, yo sé que ya no hay nada que hacer, estoy colgando de un hilo, y mi peso es demasiado fuerte para él -suspiro -solo tengo estas vacaciones

-tienes la esperanza de reconquistarla ¿verdad? -El cobrizo levanto la mirada sorprendido, Garrett había utilizado un tono de voz que no le pasó desapercibido

-¿Qué hay de malo en eso?

-¡Hay mucho! Bella es una mujer, pero tiene alma de niña, en verdad vas a ser tan egoísta, como para manipularla, ¿no puedes respetar su decisión? ¿crees que a ella no le dolió dejarte?-le observo -No te has preguntado cuánto tiempo lleva planteándose alejarse de ti, el dolor que le causo solamente la idea de comenzar un camino sola, Alice se fue con ella, pero te aseguro que a tu esposa nunca se le cruzo la idea de alejarla de ti

-ella es mi vida Garrett -Edward gruño -yo haría cualquier cosa para que ella este a mi lado, la sola idea de verla en compañía de otro hombre, me repugna.

-lo tuyo no es amor, es obsesión.

-¡Maldita sea! Llámalo como quieras, pero es mi mujer, yo fui el primero en tocarla, yo fui el que la convirtió en la mujer apasionada que es ahora

-¡JODER! Edward ¿te estas escuchando? ¡Bella no es un objeto sexual! Ella es como mi familia -el castaño camino hasta la puerta -me llamaste para que cuidara del bienestar económico de ella, y lo haré, pero también cuidare su bienestar mental -le observo -aunque no viaje contigo, estaré estas malditas fiestas sentado a tu lado, aunque tenga que conducir hasta San Diego, así que no trates de sabotear mi viaje -sonrió, al observar como el rostro de su amigo se volvía pálido -Que nos conocemos viejo.

Edward maldijo la hora en que había llamado al castaño; la desesperación había jugado contra él, cuantas veces le había dicho Bella que se mantuviera alejado de Garrett en los negocios, que él era un sobreviviente.

Edward conocía la historia de Garrett, hijo único y huérfano, de padres de bajos recursos, había quedado solo muy niño, había pasado por un sinfín de hogares, hasta que se había establecido con doce años en una familia adinerada, a lado del hogar de Isabella, ella con nueve años había conquistado a Garrett a base de conversaciones infantiles, esa había sido la razón por la que el castaño había decidido mantenerse con esa familia, Isabella había sido su razón de ser, y cada vez que podía le daba las gracias, porque por ella había tenido una familia feliz, que le había enseñado valores, que aunque casi nunca los ponía en práctica, los admiraba en las demás personas, por eso es que quería a Bella, porque ella representaba todo lo que el admiraba.

-si Bella se entera de esto, me mata -Edward subió al coche, que su amable secretaria había dispuesto para el en San Diego -Si no lo hace primero Garrett -el cobrizo había ignorado por completo la amenaza de su amigo, tres horas después de la visita del castaño, él había cogido su avión privado y había volado directo a la ciudad donde le esperaba su familia -lo más seguro es que me mate Bella, por presentarme a su casa sin avisar, cuantas veces no me regaño por mis malos modales -gruño por lo bajo, se estaba comportando como un adolescente, nervioso por la opinión de los demás, nunca le había importado y no iba a comenzar ahora a partirse la cabeza por tonterías, aunque no era la opinión de cualquiera la que estaba en juego ahora.

Cruzaba calles cada vez que el GPS le indicaba, entendía porque a Alice le gustaba, había playas y acantilados, una ciudad encantadora, aunque el clima estaba un poco frío, no se comparaba con el clima de Nueva York, era quince de Diciembre, diez días para navidad. Era una fecha difícil para todos, principalmente para Alice, hace más de diez años sus padres habían muerto, faltaban 3 días para el aniversario de su muerte, y maldita sea, él iba a estar con ella, como lo había hecho siempre. Subió el volumen de la radio, The Beatles sonaba, frunció el ceño al escuchar la canción que se reproducía, Oh Darling; sonrió al recordar, como años atrás había visto a Alice darle una paliza a su madre en el Karaoke, había sido épico, Alice con doce años, les había sorprendido al escoger aquel grupo, horas después supo que era el grupo favorito de ambas, otra cosa más que apuntar en la lista de "Como ser un mal esposo"

-gire a la derecha...Fin del trayecto -Edward silbo por lo bajo, la casa era bonita, él ya la conocía, había estado en esa casa cuando sus suegros aun vivían. Bajó del coche y cerró su chaqueta, el viento corría más fuerte ahí, al estar cerca de la playa, camino con paso seguro, observo los escalones que le separaban de su familia.

-Joder Cullen, hazlo con un par de huevos -se gruño así mismo.

El timbre sonó, una y otra vez, el cobrizo frunció el ceño y observo su Rolex

-¡Mierda! -doce y media, las manecillas parecían burlarse, en cuanto más lo miraba, los minutos parecían correr más lentos, estaba molesto y el tiempo tampoco ayudaba, suspiro profundamente -si me va a matar, que lo haga con más razón -con eso subió al coche y se marchó, apagó la radio cuando escucho el comienzo de música Funky.

Las calles eran tranquilas, vio unas cuantas personas caminando, otras corriendo, paseando los perros, llevaban una vida relajada, sin todo el ajetreo del tráfico, a él le gustaba el ambiente de la gran manzana, todo el bullicio, las diferentes culturas, los rascacielos, todo.

Detuvo el coche, al entrar en el parqueamiento, muchos coches estaban estacionados, dejó el suyo en la entrada y miró la hora, justo en el momento que el timbre sonó, bajo del coche y caminó hacia la entrada.

Se hizo a un lado justo en el momento en que las puertas se abrieron, al instante un montón de adolescentes salieron corriendo, último día de clases, llegaban las vacaciones

-Oye -detuvo a un chico que se tropezó con su zapato

-Lo siento no le vi -el muchacho camino, pero el agarre de Edward lo mantuvo en su lugar -¿sí? -pregunto sorprendido

-la profesora Cullen ¿Cuál es su coche? -el chico frunció el ceño -responde

-Aquí, no hay ninguna profesora que se apellide así -el cobrizo observo al muchacho, el chico no mentira, pero ¿Dónde diablos estaba Bella?

-¿estás seguro? Es una profesora nueva

-lo estoy, la única profesora que ha llegado, es Miss Swan -Edward sonrió

-¿miss Swan? ¿Idiomas? -una sonrisa más grande apareció en su rostro al ver que el chico volvía a asentir -¿Cuál es su coche?

-¿Quién es usted? -pero al ver la mirada asesina que la daba el hombre, le señaló el coche negro que había dos filas más allá -es el Audi -el muchacho corrió, cuando sintió que el agarre disminuía.

Edward caminó tranquilamente y se recostó del coche de su esposa y se dispuso a esperar, no paso mucho tiempo cuando la vio llegar, solo habían pasado dos meses desde la última vez que la había visto, pero ella había cambiado mucho, estaba más delgada, pero no por eso menos hermosa, llevaba un vestido color rosa y una americana negra por encima.

-No Leah, necesitas encontrar un tutor, si te esmeras estas vacaciones, podría volver a reconsiderarlo -su voz sonó suave, pero decidida, usaba el tono con el que me hablaba a mí, aquel tono, en el que decía que era un niño malcriado.

-se lo agradecería Miss Swan, si suspendo su materia este trimestre, serán tres las que me caerán y no podré aprobarlas todas juntas

-lo entiendo, has lo que te he dicho, porque si no. -se detuvo abruptamente, me había visto -Nos vemos después de vacaciones Leah -regreso a verla.

-Felices fiestas -la chica me observo fijamente antes de irse

-¿Edward? ¿Qué haces aquí?

-yo también me alegro de verte -fruncí el ceño -me invitaste ¿recuerdas?

-sí, pero nunca me confirmaste nada -abrió el coche y dejó el bolso -¿Cómo sabes dónde trabajo? -preguntó, mientras se colocaba a mi lado -su perfume me golpeo, suspiré y le cogí la mano -Edward -su tono fue de advertencia

-te he echado de menos nena, no sabes cómo…

-¡Pero si tonto! ¡GILIPOLLAS! -mi cuello giro tan rápido, que sonó por el movimiento, hay dándome la espalda, estaba mi pequeña, fruncí el ceño al ver su uniforme ¿su falda no estaba muy corta? Pero lo que me sorprendió fue escucharla gritar, nunca lo había hecho en nuestra presencia

-¿Alice? -la llame, vi como su cuerpo se tensó-¿Qué son esos gritos? -la vi girar tan deprisa, que tuve miedo que se lastimara. Me observo sorprendida por un momento, pero eso paso rápido, entonces sus ojos flamearon y sacó el carácter Cullen.

-No te quiero aquí.


Hola queridos lectores, pues aqui tienen otro capitulo mas, es el mas largo que he escrito, asi que espero que les guste.

Bueno quiero darle las gracias a todos los que se toman el tiempo de leer esta locura de historia. Principalmente aquellas personas que me siguen desde el primer capitulo, tambien a los nuevos lectores y a los lectores fantasmas. Os lo agradesco. Espero que sigan dejandome su opinion.

Nos vemos el proximo Miercoles.

Deseos y Sueños.

Madame Eliza.