Capitulo dos: Me llamo Kakarroto y no tengo hijo.

Valla… que día más agotador. Después de que ellos, los doctores y enfermeros, me encierran aquí. Tengo unas sogas de hierro que aprisionan mis manos y mis pies de una forma extensa. Casi los estrujan.

Las paredes aquí son grises, algo nuevo, el piso es negro con unas especies de manchas rosas opacas. Sin embargo, no sé de qué color en el techo, no levante mi cabeza.

—Señor Goku, tiene visitas —Se escuchó una vos atrás vez de la pared, era metálica y hueca.

¿Visitas? ¿A mí? Que extraño, es muy satisfactorio saber que alguien se acuerde de mi… creo.

— ¿Papá?— Pregunto un niño acercándose a mí. Era pequeño, no tendría más que seis años. Era muy lindo y tierno, era casi perfecto…

La puerta se abrió y el niño entro, no muy lejos de él, entro otro más grande. No éramos muy deferentes, creo, en los dos se parecían mucho a mí.

— ¿Papá? —Pregunto de nuevo el niño, esta vez se escondió detrás del sujeto más grande — ¿Estas bien? ¿Te encuentras bien? ¿Qué son esas sogas? —

— ¿Goku? —Pregunto el hombre de mayor altura.

¿Quiénes eran esas personas? ¿Por qué sabían mi nombre?... ¿Por qué me decían "Papá"? La verdad… quiero que se vallen. No me gusta su presencia.

— ¿Quiénes son? —Les pregunte sin rodeos — ¿Qué quieres? —

—¿No me recuerdas? Papá… yo…yo soy tu hijo —Me contesto con unas pequeñas lágrimas en los ojos y aferrándose con más fuerza a la pierna del sujeto.

—No te recuerdo… no recuerdo el tener una familia propia o formar parte de alguna —le dije un poco apenado, pero, de todas formas quiero que se valla…

—Pero yo soy tu hermano… ¿No me recuerdas? —

—Largo —Les dije, algo me hacía hervir la sangre en ellos. Los quiero lejos, ahora — ¿¡Que esperan!? ¡Dije largo! —

— ¿Papá? ¿Estás bien? —Pregunto el niño —Tío Raditz, tengo miedo, quiero irme a casa —

—Mejor, vámonos… —

"La sangre se me eleva al mismo tiempo que mi piel ardía. Sentía en carne viva un dolor inmenso de un cambio nefasto. Pronto se calmaría y no recordaría nada de esto… Mi nombre era Goku, ahora es Kakarroto. Solo se: que no soy su amigo, yo no tengo amigos…"

En un ataque de ira — ¡suéltenme! —Grite intertanto liberarme, cortar esas cuerdas que evitaban mi liberación — ¡Como no me suelten lo mato a todos, idiotas!

— ¡Tío tengo miedo! —Grito el mocoso .Lo odio. Lo asesinare.

— ¡Vámonos! —Grito el peludo. ¡Cómo no se largué lo rapo completo!

Un molesto sonido empezó a perturbar mis oídos, las paredes se reforzaron de un metal mucho más resistente. Las cuerdas empezaron a ser más débiles y fáciles de romper. Cuando esos dos salieron yo apenas había liberado mi brazo derecho.

— ¡Vuelvan! ¡No los matare! —Les grite riéndome — ¡Solo los torturare hasta CASI matarlos! ¡No corran!

Entre mis risas que, sin ninguna razón salían de mis labios, imaginaba como matarlos cuando me soltara de estas estúpidas cuerdas… Pero una luz roja empezó a parpadear una y otra vez en la habitación llenándola de un tono escarlata continuamente.

— ¿Pero qué? —Mire hacía ambos lados. Un anillo de metal intento ahorcarme, no sé de donde salió, pero apretaba y mucho — ¡Sacadme esto… idiotas… cobardes… luchen como hombres… ustedes! …tontos…

El problema no era que el aire saliera, era que, al salir ya no podía entrar. Me ahogaba, me asfixiaba poco a poco.

Las cuerdas se cortaron, solo estaba sostenido a unos pocos centímetros del suelo por ese añillo que tenía en el cuello que me ahogaba. Era muy duro, no podía rasparlo con mis uñas ni arrancarlo con mis dedos.

— ¡Arg…Suéltenme! —Me queje. Mis ojos rojos se empezaron a llenar con lágrimas, no podía respirar y no podía mantenerme más tiempo despierto.

Mis manos que intentaban zafar mi cuello. Cayeron rendidos a mi lado, sin aire y sin fuerza. Mis brazos colgaban al igual que mis piernas.

—No… sáquenme… —Roge con el poco aire que me quedaba. Era algo que mi orgullo no me permitiría nunca, pero preferiría rebajarme que morir sin vengarme.

Vi como la puerta pesada metálica se abría, aparecían dos figuras: Una mujer con una linda figura, debía ser joven; y un hombre… a ese si lo conocía, era Vegeta, el Psicólogo… Creí haberlo matado. Los dos tenían los brazos cruzados sobre sus pechos.

Después de ese momento perdí la Conciencia. Solo escuche una vos femenina que decía… que decía…

—Esperaba más de ti, Kakarroto —

Todo se nublo después de eso…