Capitulo seis: Sed de sangre.
Está lloviendo en este lugar… Curioso estado en que me encuentro. Mojado, hambriento, sudoroso; tambaleante y debilitado. Bajo unas rocas que crear una protección contra la violenta y salvaje lluvia.
El temor de ser encontrado era una droga para mí ser. Sin embargo, está listo para luchar por mi libertad que me habían privado durante tanto tiempo sin ella.
Pero un pequeño pensamiento me inundo, unas gotas hacían eco en mi cabeza.
Una gota… dos gotas… tres gotas, imposible e inevitable pensamiento de arrancarme la cabeza con cuello y todo.
— ¿De dónde viene ese sonido? —Me pregunte mirando a los lados.
Del techo improvisado que creaban las viejas y musgosas rocas, callo un conejo. Inocente animal rebalsaste de pureza. Me miro oliéndome curioso, se me acerco y se acurruco en mi pierna.
Cuando baje mi cabeza para mirarlo, vi como de mi cuerpo, de esas pequeñas heridas y quemaduras hechas por los cables con púas que protegían la prisión; me habían quemado la carne desde adentro.
Debilitado, pensé que la mejor forma para acabar mi hambre seria matarlo.
—Eres tú o yo, conejito —Le dije. Quizás no me escuchaba, pero el que avisa no traiciona dicen los sabios.
Agarre la garganta del conejo con una mano, y con la otra el cuerpo del indefenso animal. De un jalón. El conejo estaba partido en dos. EL piso y mis piernas se ensuciaron de la sangre salpicada de manera violenta.
Se lo arriesgado de contraer un parasito o una enfermedad eventualmente mortal, me comí el cuerpo del conejo… Repugnante sensación me invadió al probar la sangre fresca y tibia de mi pequeña víctima.
Sin embargo, el sabor adictivo de esa esencia color carmín, era inevitable pensar eso, necesitaba más de ese elixir brillante.
— ¿Dónde habrá más? —Me pregunte.
Me acorde de los humanos. Los humanos con su suave carne y débiles manos, de un jalón podría comérmelos… Además, creo que cerca de donde estaba instalado había una escuela de niños.
Débiles e inocentes niños; Suaves y apetitosos.
Mientras en otra parte de esa ciudad:
— ¿Crees que este aquí? —Pregunto un policía a Vegeta —Si estuviera aquí, los perros ya lo habrían encontrado —
— ¿Seguro? —Le pregunto Vegeta al viejo policía— Quizás, los perros le tiene miedo a ese loco. Deberían buscarlos.
—Seré sincero con usted —Dijo el oficial — La lluvia está borrando las huellas que dejo, y además yo tengo familia… y con la lluvia.
— ¡Demonios! ¡Cierre la boca y busque! —Grito Piccolo lleno de ira— ¡Si no lo encontramos, su familia será asesinada por el! ¡Búsquelo toda la noche si es necesario!
— ¿Señor Piccolo? —Pregunto Gohan jalando despacio la bata del doctor — ¿Puedo irme a mi casa? Tengo sueño.
— ¿irte? —Le pregunto devuelta— Mira, mocoso, si te vas es probable que tu padre te encuentre y te asesine. ¿Pensaste en eso? De seguro que no, tu cerebro pequeño y no desarrollado no habría pensado en esa opción ¿O me equivoco?
—Bueno… este "Pequeño" cerebro pensó que no estaría aquí —Contesto con sarcasmo Gohan— Debería estar escondido bajo algo, evitando la lluvia.
—Mmm… El mocoso tiene razón —Aseguro Vegeta— Seria un idiota para estar bajo la lluvia, debe estar hambriento y cansado.
—Por desgracia, tienes razón, mi idiota compañero de trabajo… Vegeta —Contesto Piccolo.
— ¿¡Cómo me llamaste, Insecto!? —
— ¡Te llame idiota, idiota! —
— ¿¡Cómo te atreves!? —Contesto Vegeta inician una discusión.
Mientras Gohan miraba hacia unas rocas lejanas. Vio un par de ojos brillantes.
— ¿Pero qué…? —Se preguntó mirando con más detenimiento— ¿Papá…?
