Fic AU basado en Axis Powers: Hetalia, propiedad de Himuraya Hidekaz

Adevertencia: Fluflusidad germana y un tanto de alcohol...

Notas al final~


Llegaron a un restaurant-bar en el centro de la ciudad; era un lugar por decir familiar, sin embargo muy raras veces iba gente joven. Comúnmente se veía comiendo y tomando ahí a gente de mediana edad, trabajadores, divorciados, solterones… Todos de clase trabajadora y si, no eran personas muy animadas en realidad. Luise era una de esas personas y de las pocas mujeres jóvenes que lo frecuentaban. Algunas veces era acompañada de María, aunque a ella nunca le había gustado el establecimiento ya que siempre pensó que se trataba de un puestucho aburrido para ancianos y melancólicos. La albina siempre había preferido lugares mucho más animados y ruidosos, obviamente frecuentados por personas jóvenes como ella y alguna que otra persona mayor que buscaba algo joven con quien divertirse y de paso conseguir algo más que solo beber.

Las veces que ellas dos salían juntas o con algunos amigos, amigas o compañeros del taller, solían ir a los lugares que María prefería, ya que Luise y otra minoría, que los acompañaba esporádicamente, no gustaban de los establecimientos.

A la rubia no le gustaban mucho esos lugares: aunque la música no siempre era tan mala, siempre era asediada por idiotas que no buscaban algo más allá de una noche de buen sexo, o simplemente sexo, sexo y más sexo. A Luise no le gustaba eso, ni un poquito. Al menos no le gustaban esas relaciones superficiales que se basaban únicamente en estar a gusto, tener mucho sexo, comer, emborracharse… No. Desde que entró a la adolescencia cargaba con el problema de no recordar nada de su niñez. Los médicos le diagnosticaron una ligera pero permanente pérdida de memoria, la gran mayoría de sus recuerdos se habían borrado, incluida la razón de su pérdida.

De su infancia solo podía recordar a algunas personas: la blanca cabellera de su hermana, que siempre estuvo a su lado; la sonrisa y la canción de cuna que su madre le cantaba; la fría mirada y el amable tacto de su padre; y, la castaña cabellera de un niño con quien al parecer solía jugar. Sus padres le dijeron que había caído de una azotea y golpeado en la cabeza con el concreto, siempre le dijeron que debía agradecer a Dios por haber sido salvada de esa muerte segura. Siempre le pareció extraño que cuando que trataba de recordar a su amigo, siempre se encontraba con diferentes sentimientos: a veces se sentía triste y le dolía al grado de hacerle sentir ganas de llorar, otras el llanto de nuevo parecía querer salir aunque esta vez era de felicidad.

Las personas que la conocieron en esa edad siempre dijeron que desde ese suceso, Luise había cambiado su manera de ser en más de un sentido. Era un poco más fría, más cerrada, nunca más volvió a tener amigos, al menos no un amigo de verdad. Desde entonces se había vuelto una chica solitaria, solamente acompañada por la ruidosa de su hermana, cuyas monerías siempre le hacían escapar una dulce y casi invisible sonrisa. Solo estando ebria podía llegar a sonreír de manera más natural. Al menos hasta ese día en que su mirada de cruzó con la del austriaco, justo antes de salir de su taller.

─¿Es este el lugar, fräu Weillschmidt?─ El austriaco se volvió a ver la cara de la rubia cuando recién dieron unos pasos dentro del lugar, quien a simple vista parecía estar ligeramente ruborizada. Tal vez por causa de ir con un joven a quien recién había conocido y que en más de una manera le era atractivo… O tal vez sería por causa de la iluminación del lugar.

─A mi pequeña hermanita le gustan este tipo de lugares, solitarios sucios y aburridos─ recargada en uno de los muros del local, María se hacía la interesante con él. Esperaba una respuesta que le permitiera convencer a su hermana de ir a otro lugar, un poco más... asombroso, digno de su presencia.

─En realidad prefiero un lugar como este a cualquier tipo de lugar ruidoso o lleno de… esas personas indecentes que no hacen más que regalar su cuerpo al que le pague el alcohol de la noche.

El rostro de Roderich mostró una notoria mueca de asco al recordar a esas personas que a su ver eran tan desagradables y sucias. Sin siquiera notarlo había ganado de nuevo un punto a favor para con Luise, ya que ella reprobaba aquel tipo de conductas. Ella misma lo había hecho una vez y le había parecido algo de lo más bajo y sucio. Por años se odió a sí misma, al grado de comprometerse a no tener sexo solo porque si con cualquier persona. En delante solo estaría con un hombre a quien ella amara y le correspondiera. Solo con él, se dejaría hacer el amor.

─Además de eso, poca gente viene a este lugar. Muy raras veces hay escándalo.─ La rubia deseaba que su invitado estuviera cómodo en el lugar, tal como ella hubiera querido estarlo la primera vez que entró a ese lugar con su hermana. Desde entonces amó beber ahí.

─Y no parece estar… ahm… no está tan sucio…

─Así es, de entre los lugares tranquilos de la ciudad y de esta área, es uno de los más limpios, debo decir.

─Bueno. Sé que no puedo pedir música clásica, pero… ¿Qué tipo de música ponen aquí?

─Hn…─ Luise lo pensó unos segundos al rememorar.

─…?─ Roderich le miró un poco confundido.

─Antaño, folklórica alemana, bohemia.─ Sonrió tras pensar en que nadie nunca había pedido esa clase de música en aquel lugar y la verdad, el sería el primero en hacerlo. ─Sinceramente hasta ahora no he sabido de alguien que pidiera Música Clásica en un lugar así.

El castaño solo alzó una ceja sin dejar de mirarla. El comentario no fue muy de su agrado, aunque realmente no estaba molesto, al menos no tanto como lo haría con cualquier otra persona.

─Bien, supongo que eso al menos, es mucho mejor que las indecencias que la gente suele cantar hoy en día.─ Dejó ver su indignación con un suave y casi inaudible bufido, al tiempo que desviaba su mirada hacia otro lado. En realidad se quedó viendo a una de las mesas por unos pequeños instantes hasta que la rubia volvió a llamar su atención.

─No podría estar más de acuerdo con usted, herr Edelstein.

─Muy bien ustedes dos, ya fue suficiente de tanto parloteo. ¡Quiero ponerme ebria hasta caer!─ La albina se interpuso entre ellos, cortando la conversación de su hermana con el candidato que la albina había elegido por y para sí misma. Sin olvidar claro, abrazar a ambas partes y jalonearlos para irse a sentar de una buena ves. Estaba consciente de que ellos estaban ya de acuerdo y sería muy difícil convencerlos de ir a otro sitio, además, eso podía poner en peligro de muerte a cualquier posibilidad de salir de nuevo con el muchacho.

Con esa grande y alegre sonrisa que la caracterizaba, prácticamente los arrastró por el lugar en busca de una mesa de su agrado. La estructura de las mesas eran de madera dura y las butacas también lo eran, las primeras estaban recubiertas con un plástico que simulaba los tonos y matices de la madera, a juego con los muros que también lo aparentaban. Unos pocos hombres de alrededor de treinta años se encontraban en la barra del bar, tomando tranquilos aunque un tanto alegres. El barman no tardó en llamar con un ademán a una de las meseras, de las que mejor se llevaba con Luise, a quien le señaló la tercia que se dirigía hacia el lugar al que la Rubia había señalado a sus acompañantes. El lugar donde mejor le apetecía comer, después de todo, no tenía la intención de tomar, al menos no hasta la noche.

La mirada de la mesera parecía atónita de ver a Luise en ese lugar con su hermana y no solo eso, el hecho de verlas con un hombre le parecía no solo extraño, sino emocionante también. En las musarañas de la mente de la mujer, se comenzaba a preparar un coctel de hipótesis e ideas acerca de la verdad acerca de ese hombre trajeado. No tardó en tomar del vestido a una de sus compañeras y mostrarle tan peculiar visita. Esta corrió hacia el interior de la cocina a platicar el chisme a con los demás.

─Podemos decir que este lugar es digno de mi asombrosa y bella persona. Al menos lo suficiente como para que le honre sentándome. Kesesese~

Roderich y Luise suspiraron hondamente y al unísono. A la albina pareció molestarle un poco, pero prefirió ponerlo como un obstáculo más que su genialosa persona tenía la responsabilidad de vencer. Decidió sentarse junto al austriaco, pero para su desgracia, Roderich ya se había sentado a junto con Luise a uno de los lados de la mesa, dejando a María con una sola opción traerlo hacia ella, el no debería negarse a semejante honor.

─Ven siéntate junto a mí, señorito. Te daré la oportunidad de acompañarme~

─No gracias, pero ya estoy de este lado y estoy cómodo en este lugar.─ Se negó rotunda y educadamente a la insinuación de la albina. Si bien lo que dijo era cierto, no tenía la opción de decirle que no quería sentarse a su lado, ya que terminaría siendo picoteado en sus costillas, abrazado sin control o jaloneado de sus mejillas. De alguna manera podía imaginar que a eso se enfrentaría.

─Hermana por favor déjalo descansar un poco, ha viajado desde Viena, debe de estar muy cansado.─ Miró de nuevo al chico al tiempo que iba bajando su mano hacia la butaca para recargarse en ella y no en la mesa─Le agradezco que nos acompañe a comer... hoy...

Su voz sonó entrecortada luego de que su mano en vez de llegar a hacer contacto con la butaca, hizo contacto con algo más suave y cálido. Se había encontrado con la mano de Roderich, quien hacía un esfuerzo sobrehumano para no cometer la indecencia de recargarse en la mesa. En realidad estaba muy cansado, cada momento se cansaba un poco más aunque no quisiese decirlo o demostrarlo. Algo que aprendió de su ex esposa fue a no demostrar debilidad ante nadie, más que con tu propio pilar. Por desgracia para Roderich, Erszébeth era su único pilar y ahora que no la tenía, simplemente estaba solo y una de las víctimas era Vash, quien tenía a veces que hacer trabajo doble debido a Roderich.

No tardó en llegar la mesera a tomar el pedido. Ambas pidieron platillos a su gusto y Roderich se limitó a imitar lo que había pedido Luise. María en su interior comenzaba a temer que pudiera haber algo entre su hermana y el chico que ya comenzaba a gustarle.

No tardó en llegar la comida y claro, la cerveza también. Para desgracia de Roderich, era demasiada cerveza, más de la de la que bebía en dos semanas. Comió y bebió, tratando de mantener la etiqueta, peo estas mujeres bebían la cerveza como si se tratase de agua. Al final fue demasiado alcohol para el austriaco y las dos chicas tuvieron que ayudarle. A ambas le pareció tierno ver a un hombre que bebiera mucho menos de la mitad de lo que cada una solía beber en una sola sentada. Con los ánimos de tener la excusa de ayudarle en su tarea, se acabaron entre las dos la cerveza que el dejó.

No tenían planeado emborracharse realmente, pero tras haberle ayudado, Luise estaba un poco mareada, aunque María aún se encontraba en óptimas condiciones. Ambas ayudaron a Roderich a levantarse y tras pagar, se dirigieron directo a la casa de las hermanas. El plan original de Luise era que Roderich siguiera su camino, pero como estaba tan mal y como la noche ya estaba encima de la ciudad, ambas decidieron hospedarlo en su casa, después de todo, tenían libre habitación la habitación de sus padres.

─Me duele… la cabeza…

─Calma, no hables tanto. Debes descansar.

Roderich apretaba sus ojos, con una mano fingía apoyarse en el hombro de la rubia, cuando en realidad era la rubia quien lo estaba cargando prácticamente. Luise lo recostó sobre la cama y luego, tras despojarlo de sus lentes y su billetera, los colocó sobre la mesita de noche que estaba junto a la cama, para luego hacerle una suave caricia en la frente del castaño.

─Eres una mujer hermosa.─ Roderich usó mucha de la fuerza que le quedaba al levantar su mano hacia la mejilla de rubia. Una vez hecho, le hizo unas pocas y suaves caricias en su rosada y tersa mejilla para luego hacerlo sobre sus lindos labios. ─Me atrevo a decir que la más hermosa… y buena…

María entró a la habitación, lo suficientemente a tiempo como para escuchar los cumplidos que el castaño le estaba dirigiendo a su hermana y no a ella, como lo desearía. Deseó que fuera solo su imaginación pero luego vio la silueta de Luise agacharse un poco más, al grado de recargarse con su rodilla y uno de sus puños sobre la cama. Las manos que a ambos les quedaban libres se juntaron y entrelazaron sus dedos mientras sus bocas se unían en un delicioso y efímero, pero al mismo tiempo infinito beso.

La albina se dio la media vuelta, tratando de hacerse creer a si misma que lo que no veía era más que una ilusión causada por la cerveza o una mala broma por parte del señorito. Se volteó a mirar de reojo, solo para ver a su querida hermana besándose encima del hombre que hasta hacía unos momentos deseaba para sí. Una lágrima surcó su pálida mejilla y tras volverse hacia su habitación, se acostó repitiéndose a sí misma que lo que había visto no era real.

─Me gustas, Roderich─ Luise no pudo contenerse más de expresar su sentir, luego de que se separasen para tomar aire. Sus mejillas se volvieron más rojas luego de su declaración. Sentía que podían tenerse confianza, por lo que se olvidó de los formalismos.

─Debo decir que… no puedo negarlo… aunque quisiera. Si… siento algo por ti.─ aunque su voz titubeaba, Roderich no dudó en corresponder con sus propios sentimientos.

Roderich quiso besarla de nueva cuenta pero ella esta vez se negó. Ante eso el austriaco, un poco extrañado, se ruborizó todavía más pero depositó su beso en la mejilla de la chica. Ella volvió a mirarle y tras tomar una gran bocanada de aire se dignó a darle su explicación.

─Me gustas, eso es cierto. Pero no me acostaría contigo en este momento. No aun…

─No tenía la intención de hacer semejante indecencia con alguien que apenas conozco, aunque ella me guste, aunque ella me lo pidiese.─ Se encontraba avergonzado, pero no podía detenerse, el alcohol de la cerveza le hacía expresar su sentir y ninguna de sus costumbres remilgadas, por así decirlo podía interferir.

Luise sonrió muy satisfecha, mirándole con cariño y luego de unos segundos, acercándose para volver a besarlo. Aquel hombre hecho y derecho con el que había deseado encontrarse desde tenía conciencia del sexo y mucho más desde aquella noche en que se había regalado a si misma unos años atrás, estaba ya en frente suyo, deseaba ser suya en todo sentido... Pero aun no era el momento, tenía una promesa que cumplir y no se traicionaría a si misma, además, si el cumplía su palabra, estaría segura de quedarse con el.

Entre el bochorno de sus cuerpos aunado con el del alcohol que ambos ingirieron, se deshicieron de la mayoría de su ropa quedando dormidos poco más que interiores, compartiendo la misma cama. Eso sí, aún sin siquiera tocarse, aun sin siquiera mirarse…

Aunque ni uno ni otro era virgen, podían sentirse inocentes estando juntos.

Abrazados, fue como un nuevo, mucho más hermoso y brillante día les trajo el Sol a través de su ventana…


¡Hola!

Me alegro que hayas llegado hasta acá con esta historia que me comienza a gustar cada vez mas...

Espero algún review, de perdido rayenme la madre(?)... Ok no. Pero si, en serio espero sea de su gusto.

Agradecimientos especiales a min kärlek Merlina-Volturi que me aconseja y hace la grandiosa labor de corregir mis horrores ortográficos~

See you later~