Fic AU basado en Axis Powers: Hetalia, propiedad de Himuraya Hidekaz / Cuando sean mios los derechos, dominaré al mundo y a sus mentes, muahahahahahohohocofcofcof! DX

Adevertencia: Alguna que otra grosería y furia prusiana~

Notas al final~


Los celestes ojos se abrieron lentamente, cuando el cuerpo al que pertenecían sentía que ya era la hora de levantarse. Al instante, se toparon con el sereno semblante de Roderich, quien descansaba plácidamente junto a ella.

El austriaco tenía la costumbre de levantarse temprano siempre, aunque no tuviese nada verdaderamente importante que hacer, salvo alguna que otra excepción. Esta, era una de ellas. Se encontraba tan cansado que su cuerpo hizo caso omiso a las costumbres que se le impusieron desde pequeño; en parte por el viaje, en parte por el alcohol que ingirió la noche anterior.

Luise ahogo su respiración por un momento al pensar que lo había hecho con él durante la noche, pero al ver que ambos continuaban usando su ropa suspiró, sintiéndose aliviada; no era porque no quisiera que el castaño la hiciera suya, sino porque había mantenido esa promesa que hizo a sí misma tiempo atrás. El muchacho seguía dormido en la misma posición en la que se había quedado antes de que ella perdiese el conocimiento; signo de que no había intentado hacerle nada al cuerpo tan sexy de la germana, ese que tantos deseaban y pocos se habían animado a tratar de conseguir, obteniendo malos resultados. Sonrió al ver que efectivamente era un hombre decente y puro; o al menos eso quería creer, ya que quizá el efecto de la cerveza no se lo había permitido. Quería verle el lado bueno al chico; fue asi como pudo notar que por su baja resistencia al alcohol, seguramente era una persona tranquila, algo que a ella le gustaba. Ni siquiera borracho, era ruidoso, porque casi lo estaba. Volvió a suspirar luego de encontrarle más virtudes que alabarle a Roderich.

Su delgada y blanca mano, en un rápido pero suave movimiento, le hizo una caricia en la frente de Roderich, acomodándole el cabello hacia la sien. Era graciosa la forma en que el rulito de ese hombre se mantenía acomodado, aun cuando el resto de su cabello estaba casi completamente desordenado. La caricia continuó por la mejilla y bajó hasta su barbilla hasta toparse con el pequeño lunar que adornaba ese sereno rostro. Le extrañó el hecho de no haberlo visto antes; era una mujer que se fijaba siempre en todos los detalles, por insignificantes que sean. No tardó en acariciarle el lunar con suavidad primero de manera transversal y luego en círculos, parecía lindo ver un detalle tan estereotípico de los austriacos en la cara de un hombre de sociedad que parecía cuidarse tanto.

Roderich por su parte reaccionó casi instantánea y automáticamente, moviendo ligeramente sus brazos y sus piernas como si reaccionara a un estímulo sexual. Luise disfrutaba de hacerle eso, pero al intuir que el castaño respondía de una manera por decir, de momento inapropiada, decidió detenerse y finalizar sus muestras de cariño con un beso en la frente.

Se sentía rara, no era propio de si expresar sus sentimientos de esa manera, no se consideraba una mujer tierna ni se identificaba con la típica mujer enamorada, pero por momentos parecía caer en ello. No le molestaba en realidad, sino que le parecía extraño verse en ese papel. De lo que estaba segura, era que no debía ni quería ocultar su sentir, al menos no a si misma por el momento.

Se levantó sin hacer más ruido ni movimientos bruscos. Tomó rápidamente una ducha, se vistió y dejó una nota con instrucciones más que claras junto a los objetos persones del austriaco.

─Roderich…─Murmuró de forma casi inaudible luego de acercarse a la puerta, justo antes de irse al taller familiar que administraba. El nombre ya antes lo había escuchado, pero nunca le había parecido lindo, al menos no hasta ese momento. Cerró los ojos con fuerza por un segundo para callar esos pensamientos y se dirigió sin más hacia su trabajo. Por el momento logró sacarse el tema de la cabeza, aunque él, se quedó presente en todo momento.

Por su parte María, no había logrado dormir adecuadamente durante la noche. Razón por la que se levantó temprano y se fue al taller incluso antes que su hermana menor. Estaban acostumbradas a ir cada una por su cuenta la mayoría de las veces, ya que la albina siempre tardaba más tiempo en levantarse y arreglarse, ya que su asombrosa y bella persona siempre debía lucir deslumbrante para deleite de quienes se acercaran a adorarla… o al menos esa era la excusa que siempre usaba para sus demoras y muchas otras ocasiones.

Odiaba el maquillaje ya que ocultaba la belleza de la pálida piel de la que se sentía orgullosa. Sin embargo, esta vez tuvo que recurrir a esa pequeño estuche de maquillaje que usaba aquellas raras ocasiones se sentía esa necesidad de esconder alguna imperfección que hubiese aparecido en su rostro o aquellas que quisiera sorprender a alguien; esta vez, quería ocultar las ojeras y la irritación que sufrían sus ojos debido al llanto que había derramado la noche anterior. Hasta el momento ningún chico le había gustado como él; era amable, soportaba sus bromitas, quizá no la trataba como la semidiosa que ella se sentía pero tarde que temprano lo haría y bueno, no era tan feo. Se decía a si misma que el quizá podía llegar a merecerla, cuando en realidad ella era quien lo deseaba, tal vez era la indiferencia que él le mostraba era lo que le había atraído de él.

De cualquier manera, la idea de conquistarlo ya se había esfumado de su blanca cabeza. Ella nunca se rendía con las cosas, pero esta vez no lo quiso tomar como tal. Prefirió tomarlo como una cesión, a su amada hermana le gustaba y el parecía corresponderle; podía decirse que se sacrificó a si misma por la felicidad de la rubia.

─De todos modos mi increíble persona tiene incontables pretendientes, ya aparecerá alguno que realmente merezca este pedazo de cuerpo semi-divino, no… mucho más que divino~─ Se repetía cosas similares cada momento que tenía en solitario para consolarse, aun el hecho de ceder tampoco le gustaba en lo absoluto. Necesitaba ponerse ebria hasta perder el conocimiento, quizá hasta más.

Entró a la oficina de donde estaban ambos escritorios de las hermanas y tras cerrar la puerta aprovechó el sonido no cruzaba las paredes para gritar y desquitar su molestia. ─Sheiße! Sheiße! Sheiße! Sheiße! …─ Golpeó varias veces la pared para complementar su berrinche, lastimándose en la cuarta ocasión y echando un agudo quejido luego de esto. Tragó saliva y aunque respiraba agudamente poco a poco comenzó a calmarse. No quería llorar más ya que no quería tener que volver a maquillarse. Además de que tenía trabajo que hacer, quizá no mucho y no siempre lo hacía todo, pero esta vez necesitaba meter sus pensamientos en otra cosa.

Justo terminó de calmarse cuando la puerta se abrió la puerta y la figura de su hermana entró a la habitación, la que se sorprendió de ver a la mayor tan temprano. La saludó con calma, logrando ver que María estaba un poco, extraña. Le preocupaba, pero la otra odiaba que se preocuparan por ella así que trató de ignorar el hecho.

─Schwester, ¿Te encuentras bien?

─Más que bien, hermanita…─ Sonrió frívolamente, escondiendo de la mejor manera el sentimiento que tanto le pesaba.

─Gut. Entonces necesito que laves por completo el auto herr Edelstein y revises los avances en el Audi que nos encargó Ludwig para los Rally.─ Esperaba que al menos terminara la primera de las peticiones ya que se lo había prometido a Roderich como su cliente, palabra a la que no quería faltar por nada del mundo, aunque estaba segura de que Roderich se lo perdonaría luego de un ligero reproche; pensaba que era una de esas personas y no estaba muy lejos de la realidad.─ Puedes con ello, ¿verdad?

─Pe-pero…─ Negó con su cabeza por un segundo, para luego volver a mirar a su hermana─ Ja…─ Al final, aceptó de manera un poco desanimada, pero sí que necesitaba distraerse un poco; además de que por nada del mundo diría que no puede con algo, sea lo que sea.

─Entonces ve hermana. Necesitamos que termines esas tareas lo más pronto posible.─ Se mantuvo serena, tratando de no verse severa. No lo parecía.

Odiaba el hecho de tener que ensuciarse las manos, pero quizá, si lo hacía se distraería un poco, quizá…

Grave error. Desde que tocó aquella máquina, comenzó a pensar en él y en todo, lo que pudieron haber vivido juntos; la mayoría del tiempo hubiera sido felicidad y sonrisas para ella y el, aun con verle ese gesto de desaprobación que el chico le mostraría tanto, estarían contentos y a gusto… hubieran sido felices, hubieran. Se sentía sola y por más que dijera que disfrutaba de la soledad, esto le comenzaba a pesar más que nunca. La albina no dejaba de suspirar una y otra vez aunque trataba de hacerlo lo más silencioso y menos notable posible, algunas veces los escondía disfrazándolos de bostezos.

Tras varias horas de estarse perdiendo el tiempo con la parte de afuera, se dignó a entrar a limpiar adentro. Parecía estar limpio a simple vista, un evidente orden saltaba a la vista. Sin embargo, luego de pasar la boca de la aspiradora cerca de la parte baja del asiento descubrió un mar de basura bien escondido: mapas, notas de remisión con años de antigüedad, envolturas de comida y hasta partituras hachas a mano, probablemente de la autoría del mismo dueño del vehículo.
Le pareció un poco gracioso conocer esa parte de él que hasta el momento su hermana no conocía, pensó en lo divertido que sería restregárselo en la cara solo para ver los gestos que pusiera el hombre.

Estaba por terminar de hacer su odioso encargo cuando se le ocurrió hurgar en los compartimentos de la máquina; de cualquier manera, si era descubierta tenía la excusa de que estaba haciendo su trabajo de la manera tan perfecta que solo ella podía lograr. No tenía más que papeles y más papeles, pero tras revisar el compartimento que estaba justo encima del estéreo se llevó una gran sorpresa.

Sus grises ojos, ligeramente teñidos de carmesí se abrieron por completo fijándose en una pequeña joya que al parecer el castaño había guardado ahí. Tenía en sus manos un anillo que parecía más una argolla de matrimonio que cualquier otro tipo de anillo. Era sencillo pero al mismo tiempo era hermoso y quizá un poco elegante: perfecto para un hombre como él. María tragó saliva y giró el objeto suavemente para revisar su tenía alguna inscripción en el interior. No fue nada agradable reconocer el nombre de una mujer en su interior, justo a una inscripción en un idioma que curiosamente le parecía conocido.

"Erszébeth Héderváry"

"Mindig és örökké"

Luego de pensarlo un segundo, estaba más que segura de que se trataba de una mujer de ascendencia húngara. ¿Sería acaso la esposa del señorito? ¿O quizá lo había encontrado por casualidad y lo había recogido?
A su mente solo llegó una respuesta clara: Obviamente ninguna persona en su sano juicio perdería o se quitaría su argolla de matrimonio a no ser que se hubiese divorciado o… o quisiera esconder su compromiso nupcial.

─¿Desde siemprey para siempre? Desgraciado… No se meterá con mi poco genial hermanita, mi grandiosa persona la defenderá de ese sucio señorito…─ Luego de entender el significado no le quedó la menor duda de que el hombre solo trataba de jugar con los sentimientos de su adorada hermana. ─Y pensar que mi hermosa y asombrosa persona se había fijado en él. Pero no. Lo pondré en su lugar, solo un ser tan bellamente genial como yo puede hacerlo.

Otro grave error de la mayor. Sus sospechas eran completamente falsas; si bien el joven aún resentía los remanentes del amor que antes llegó a sentir por la húngara, estos estaban siendo completamente opacados por la sola presencia de la joven alemana, por no decir que eclipsados.

Guardó la argolla en su bolsillo y sin pensar ni perder ya tanto tiempo, terminó su encargo para luego ir a vaguear con su celular en algún lugar calmo, lejos del trabajo para el que ella siempre decía no estaba a su altura. Eso sí, en cuanto viera al austriaco le daría su merecido y se aseguraría de que nunca, jamás se volviese a acercar a su amada hermana. Era casi la una de la tarde.


¡Holo!

Vengo acá nuevo y renovado después de un santo y extremo suplicio de exámenes finales y una materia reprobada~

Pero no importan los males sino los fines y ya que la musa se ha dignado a sonreírme decidí hacer un nuevo capitulo de esta parejita tan linda y falta de cariño~

No estoy seguro de que esté completamente IC, ya que no tuve la gracia de que me revisaran el texto... PERO si alguien cree que algo no anda bien (en especial la reacción de la linda albinita) le escucharé con gusto y de ser necesario haré la correspondiente corrección.

Gracias y hasta luego~