Fic AU basado en Axis Powers: Hetalia, propiedad de Himuraya Hidekaz / Cuando sean mios los derechos habrán tiras narrando las noticias mas importantes o cómicas del mundo (?) honhonhonhon~

Adevertencia: Por ahora no hay ninguna~ Creo... :3

Notas al final~


Un punzante dolor de cabeza estaba molestando a Roderich; sin muchas ganas sus ojos violáceos se fueron abriendo lentamente al no poder soportar más el golpe del sol de mediodía. De pronto, notó que la cama en la que se encontraba no era la suya, pero cerca había un olor que le recordaba a la mujer que tanto había amado en el pasado y de quien ahora estaba separado… No, este aroma era mucho más suave e incluso era más placentero y relajante para él. No tardó mucho en recordar que estaba en la cama de la alemana a quien recién conocía y con quien se sentía tan tranquilo y a gusto.

Preocupado, no por el hecho de pensar que haber hecho alguna sucia indecencia, sino por la vergüenza de no haberse despertado con el alba y de estar en interiores, dentro de una casa que no la era la suya propia. Se llevó una mano a la frente en señal de esa frustración y luego, tras pensar durante algunos segundos, logró darse cuenta de que ya de por sí, era demasiado tarde como para seguir en la cama.

─No señor. Pero que indecencia la mía de… de… Agh~─ Refunfuñando por sus propias acciones, recostó su cabeza durante un segundo más sobre esa suave almohada y de la manera más suave posible se incorporó, quedando sentado sobre la cama. Vio el sencillo reloj de pared que la dama tenía en su pieza que le indicaba que pasaba ya de las once de la mañana y sobre un pequeño buró junto a la cama, estaban la mayoría de sus objetos personales y una extraña hoja entre ellos.

Parpadeó varias veces en un solo segundo y de manera curiosa, pero recatada, su mano se acercó a tomar dicho papel que ya comenzaba a intrigarle. Al abrirlo, notó que era un manuscrito de Luise, un alemán bellamente escrito y sin la menor falta de ortografía. Roderich no daba cuenta a lo que sus ojos veían, esa letra era un poco sencilla y poco adornada, pero cada letra estaba en su lugar y cada palabra no solo estaba completa, sino que tenía concordancia con el resto de ellas; Absolutamente nada que ver con la manera en que otros escribían en las redes sociales y con los celulares.

Sonrió al recordar algunas de las chicas de alta sociedad con quien Vash, le había conseguido citas para un futuro nuevo matrimonio. Todas ellas habían sido una bola de descerebradas que sea con el celular o a mano, escribieran lo que fuere o donde fuere siempre terminaban siendo un dolor de cabeza para el castaño: nunca logró descifrar esas extrañas codificaciones.

─Pero que cosas estoy haciendo, por Dios. Es tardísimo y no debería estar… Bueno, primero debo ver que dice.─ Se detuvo en el momento, y acercó su mirada para poder leer lo que ponía en dicha nota:

Querido Roderich Edelstein:
Me he tomado la libertad de ir al taller dejándote dormido en mi cama. Lo siento, te veías tan cansado que no tuve el corazón para robarte tu dulce sueño.
Hay wurst y huevos en el refrigerador, café en la jarra de la cafetera y algunos bocadillos en la panera que junto a esta. Puedes tomar lo que gustes. Te estaré esperando en el taller, al reverso de esta hoja hay un mapa de cómo llegar desde la casa.
Luise Weillschmidt.

Frunció un poco el ceño al sentirse como un intruso y más que nada, como una molesta para la dama, en realidad así solía vivir, siendo una carga de trabajo para el resto, pero ella era especial: No quería que ella llegase a pensar cosas malas de él, mucho menos que descubra sus tantos defectos que siempre le obligaban a esforzarse por ocultar.

Bueno, no le quedaba más que hacer lo posible por conquistarla y… ¿y luego qué? Una gran duda le hizo abrir sus ojos como si se tratase de dos portones que se abren de golpe y de par en par. ¿Qué pensaba hacer cuando lograse hacer de ella su pareja? ¿Se la llevaría a Austria? No, de ninguna manera Luise dejaría todo su negocio familiar y mucho menos lo dejaría en manos de su descuidada hermana mayor. ¿Entonces se mudaría el a Alemania? Pero si la gran mayoría de los negocios que había heredado de su familia residían en Austria, además de podía ser no solo carísimo, sino quizá hasta desastroso para la empresa un traslado así de capital empresarial.

No sabía qué hacer, tragó saliva y su estómago se revolvía una y otra vez a pesar de estar vacío. Además, le dolía en el corazón que su esperanza de reencontrar el amor se estaba viendo abortado por nada más y nada menos que por intereses materiales. Volvió a tragar saliva y alzó su cabeza hacia arriba en un intento desesperado por detener una traviesa lágrima que trataba de escapar de sus ojos.

No queriendo amargarse más, decidió dejar zanjado el tema para otra ocasión, ahora lo que importaba era tomar el desayuno, aunque no tuviera hambre, era importante tomar sus alimentos a sus horas, aunque fuera un poco tarde incluso.

Calentó una taza de café y tomó uno de los panecillos y más a que nada por obligación, comió muy lentamente su primer alimento del día. Le preocupaba mucho lo que haría y lo que pasaría, al grado que no logró tomarle el sabor al delicioso café que se suponía debería estar saboreando con extremo gusto.

Terminó con su desayuno y siguió ahogado en sus pensamientos, repasando una y otra vez cada una de las posibilidades, pero para su desgracia, ninguna era lo suficientemente convincente, además de que eran demasiado complicadas y con muchas posibilidades de fallo. Decidió rendirse cuando escuchó un chillido proveniente de su reloj de pulsera, el cual le indicaba cada hora con un "bip". Era ya el mediodía.

Y de ya de por sí era tarde cuando se sentó a desayunar, ahora podía decir que era soberanamente tarde y aún tenía que legar a donde las hermanas Weillschmidt le daban el merecido mantenimiento a su automóvil.

Suspiró tratando de relajarse, pensaba que seguro estaba muy cerca de su destino, Dresde y que llegaría pronto a ese lugar, haría sus pendientes y volvería a esta ciudad para declararle sus sentimientos a la rubia y luego… luego verían que hacer después. Aunque estaba dispuesto a dejar su fortuna y su empresa en manos del suizo, no quería ser una carga para esa mujer tan trabajadora. Muy en el interior de su ser, él estaba consciente de que ella merecía un hombre mucho mejor que él, pero su orgullo y su egoísmo, lo hacían seguir su sentimiento y seguir con su deseo de ser ese alguien que se la amara y se quedara con ella por siempre.

No queriendo pensar más cosas de las debidas, se puso de pie, tomó sus cosas y se encaminó a hacia la puerta. No sin antes, hacer una rápida oración.

El mapa que la rubia le había dejado era sencillo y al mismo tiempo detallado, aun así el austriaco no tenía muchas intenciones de caminar, aunque no le gustara la idea de tener que pagar, al final un taxi era lo mejor, si es que podía encontrar uno.

No tardó mucho en pasar uno, cuyo conductor recibió el mapa en el instante en que el austriaco subió. No pasaron ni quince minutos antes de llegar a su destino.

Apenas cruzó Roderich el portón del taller, este fue asaltado por una fúrica criatura de cabellera blanca, quien lo tomó de la camisa y le acercó el rostro con una actitud muy amenazante. El joven no tenía la menor idea de que hacer en ese momento y solo se limitó a mirar a la germana con una mezcla de indignación y espanto, indignación que cada vez se volvía más y más grande.

─Vas a hacer lo que mi hermosa y grandiosa persona te diga. ¿Entendido, señorito?─ Ante la amenazante mirada de la albina, el castaño un pudo hacer nada excepto tragar saliva y fruncir el ceño, no aceptaría tan fácilmente una imposición.

Segundos más tarde, el austriaco negó con su cabeza y tras tomar una gran bocanada de aire, se dignó a responderle.

─¿Pero qué clase de infame grosería indecente es esta, Weillschmidt?─ Hasta a la hora de enojarse, era educado y por decir de una manera, remilgado. Ninguna de las manos del austriaco se dignaron a acudir en ayuda de su cuello.

Pero una voz sonó desde el otro lado del taller. Luise se acercaba a ellos, aunque no estaba molesta, si estaba confundida y solo podía pensar que su hermana lo culpaba por hacerle limpiar el auto. Era algo típico de ella.

─Roderich, Schwester. ¿Qué es lo que sucede aquí? ─ Los dos voltearon al unísono al lugar de donde provenía la voz que parecía confundida y un poco severa a la vez.

María no hizo más que convertir el ataque en un tipo de abrazo fraternal mientras esta volteaba su cuerpo hacia a donde su hermana menor. Roderich no hizo más que dejar de fruncir tanto el ceño y mirar incómodamente a su captora.

─Bueno, no importa. ¿O sí?─ Luise no hizo más que mirar de un lado a otro, tratando de comprender la situación.

─Dime, dime… ¿Qué necesitabas de nosotros dos, hermanita?

─. . . ─Roderich solo calló.

─Roderich, tu auto está listo. Pero tengo una pregunta que hacerte…─ Aunque su tono de voz era suave, la rubia miró a su hermana como si en silencio le dijera que se fuera de ahí. La albina se hizo la tonta y con una sutil sonrisa aferró una de sus manos a la ropa del varón y a la vista de su hermana, no tenía la menor intención de irse de ahí.

─Gracias, Luise. ¿De… de qué se trata?─ Este también miró a la albina con un notorio gesto de desaprobación.

─Solo sé que ibas de viaje, pero, ¿a dónde te dirigías?

─A Dresde. Supongo que no estoy muy lejos.

─¿Llegaste aquí…desde Viena… yendo a Dresde?─ Luise estaba aún más confundida y su hermana parecía estar aguantándose la risa.

─Si, ¿Por?

María se alejó un poco de su cautivo para soltarse a reír a carcajadas. Luise se llevó una mano a la boca para callar su risa y a cambio de eso, una linda y apretada sonrisa se dibujó en los labios de la rubia. Roderich por su parte, estaba indignado por la reacción de las dos mujeres, aunque si debía de aceptar que Luise se veía hermosa con esa sonrisa y más mientras se ruborizaba suavemente. María, aunque más salvaje, también era linda a su manera, pero a estas alturas Roderich solo tenía ojos para una de ellas y estaba más que claro quién.

─¿Qué sucede? No entiendo que le es tan gracioso.

─Estás más lejos de Dresde que cuando saliste de tu casita, señorito podrido~ ¡Kesesesese~!─ Apenas terminó la frase, María se volvió a revolcar en sus carcajadas. A Luise ya no le hizo tanta gracia el apodo que su hermana le había dado, aun así estaba demasiado ocupada callando su risa como para hablar o reprochar a su hermana supuestamente mayor.

La duda terminó por invadir a Roderich quien no tenía la menor idea de cómo había sucedido algo así. Luise suspiró justo después de soltar una serie se suaves risitas casi inaudibles.

─Ven, Roderich.─ Se dio la vuelta y caminó hacia su oficina mientras le llamaba con un suave y casi maternal tono de voz. Le había parecido algo ridículo ese aspecto del austriaco aunque también bastante lindo; la cara que había puesto en el momento de confusión le había alegrado el día por completo.

Lo llevó hasta la oficina, una vez adentro la albina entró también y cerró la puerta con cuidado para no ser escuchada y de esa manera permanecer escuchando la conversación. La rubia, se colocó junto a un mapa que abarcaba Alemania, parte de Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, República Checa, Suiza y por supuesto Austria.

─Aquí vives.─ Cual una profesora de primaria, Luise señaló con el dedo a Viena, luego señaló a una parte al sur de Berín.─ Aquí está Dresde, y aquí…─ Esta vez movió su dedo hasta una parte cercana a la frontera con Suiza y Francia─ Aquí estamos nosotros.

Desde un rincón de la sala se lograron escuchar las risitas ahogadas de la albina. Ahora si estaba molesto el austriaco. No era el mejor para entender mapas o moverse de un lado a otro pero esa explicación era para niños, claro que la había entendido ahora pero a su manera de ver, esa no era la forma correcta de hacerlo.

─Roderich. ¿Quieres que te lleve a Dresde?─Luise de nuevo trataba de acercarse inconscientemente.

─No gracias, no lo necesito. Gracias.─ Roderich de verdad estaba molesto y el único verdaderamente herido, era su ego.

─No creo que quieras terminar en Suiza o Dinamarca. Acepta la oferta, no te cobraré.─ Esta vez, la rubia ya comenzaba a atacar por los lados débiles del austriaco. Como toda mujer inteligente, comenzaba a tomarle la medida al hombre que le gustaba.

─Está bien, pero… Bueno, está bien. ─ Cruzado de brazos, Roderich no pudo hacer más que desviar su mirada mientras soltaba un bufido. Otro punto a favor de la dama.─ ¿Cuánto tardaremos en llegar hasta ahí? La junta es a las cinco de la tarde y por nada del mundo debo llegar tarde, sería una grave grosería.

─No llegarás a tiempo, señorito. No con la garra de vehículo que te cargas~─ La mayor, entró en escena haciendo un ademán de desprecio hacia Roderich; de nuevo, a su hermana no le hizo tanta gracia pero no podía hacer nada por el momento, ya hablaría con ella más tarde.─Y aquí es donde mi grandiosa, inteligente, bondadosa y bien ubicada e intencionada persona te ofrece la oportunidad de llevarte a tu destino.

Los rostros de Roderich y de Luise mostraban gran sopresa ante las palabras de la mayor. Si bien era típico su egocentrismo, que se ofreciera a ayudar no era muy propio de sí. Por un lado, Roderich comenzaba a temer por su integridad física.

Schwester. ¿Estás segura de ello?

─Claro, mi poco genial hermanita. Deberías creer un poco más en mis sabias palabras.─ Los ademanes de grandeza de la albina lograron hacer que la menor cediera, ignorando por completo al varón que ahora solo las acompañaba en la sala.

─Como quieras, hermana.

─Bien señorito, tu vienes conmigo. ¡Kesesesese~!─ Sin dar tiempo a una despedida o a alguna palabra por parte de aquel hombre para la mujer que le gustaba, la albina lo tomó del brazo como si fuera una quinceañera enamorada que arrastra a su novio.

Luise, comenzó a sentir una tremenda pesadez en sus hombros y todo su cuerpo, por lo que se sentó en la silla de su escritorio, suspirando pesadamente y mirando hacia a la puerta por donde se habían llevado su esperanza de conocer el amor.

Ich hasse dich, mein leben Schwester…─ Murmuró Luise mientras se acurrucaba entre sus propios brazos, pensando que su querida hermana estaba también tras ese hombre.


Traducción:

Ich hasse dich, mein leben Schwester = Te odio, mi querida hermana


Hola, criaturitas de la creación~

De nuevo me he quedado sin beta, así es posible que sigan habiendo algunas cosas OoC u horrores de ortografía. Si failée, por favor alguien avíseme, no me gusta que las cosas queden mal hechas.

De cualquier manera, dejo un saludo a quienes leen y un fuerte abrazo a quienes me han dejado revs, en realidad esas cosas ayudan a querer mejorar, tanto en su estancia como en su ausencia.

Nos leemos la próxima, Aufwiedersehen~