Fic AU basado en Axis Powers: Hetalia, propiedad de Himuraya-sensei

Adevertencia: Una mínima muestra de angst... ¿Quizá?~ :/

Notas al final~


Dolor, era la palabra que describía el sentir de Roderich cuando la albina le hizo pagar pasajes de avión hacia Dresde. No, no le gustaba en absoluto pagar un transporte tan caro y potencialmente peligroso, mucho menos cuando tenía que pagar los pasajes de dos personas y en especial, cuando su acompañante era así de… de… bueno, en realidad la única palabra que podía describir a la dama era "jocosa", si bien tenía muchas maneras diferentes de describir su actitud, aquella sería la más adecuada, al menos la que más calificativos abarcaba.

Y no era para menos, por un lado era una bonita y peculiar compañía, pero por el otro lado todo su encanto se terminaba en cuando esta abría la boca o empezaba a desear algo.

─¡Anda señorito podrido, paga eso ya! No es nada genial que te pases de tacaño~─La mujer no dejaba de jalonear al hombre, quien cedía su tarjeta de crédito a la dependienta que se encargaba de cobrar los boletos de la línea aérea.

─Está bien, está bien. Por Dios, mujer ¿Quieres calmarte un poco y comportarte como una dama por una vez en tu vida?

Was? Mira tontuelo, mi magnifico ser es eso y más, deberías agradecer mi grandiosa bondad y que tome un poco de mi valiosísimo tiempo para ayudarte. ¿Eh?

El castaño se llevó una mano al rostro tratando de cubrirse, presa de la pena ajena. Pero es que solo a ella se le ocurriría hablar tantas maravillas de sí misma: Ni siquiera los reyes o príncipes en sus cabales hacían semejante falta de respeto; la dignidad, el respeto y el aparentar humildad era parte clave de la etiqueta. Al parecer dicha mujer no conocía absolutamente nada de ello, sin embargo, en realidad María sí que lo conocía, el problema es que había una serie de sentimientos que no le permitían dejar de hacerlo. Una sombra en su pasado que la marcó para siempre.

Por la mente de María comenzaron a correr una serie de imágenes, nunca antes había estado tan cerca de un hombre, no al menos sin haber tomado previamente. En realidad lo había hecho pero en su infancia y no había sido una experiencia muy agradable. EL brillo en sus ojos disminuyó por unos momentos.

─Ahora vuelvo, debo hacer algo muy importante. No me sigas, por favor.

Roderich aprovechó un momento en que aquella se quedó pensando muy profundamente para escaparse directo hacia un bloque de teléfonos públicos. Para su suerte, estos estaban muy a la vista y muy cerca, de haber estado un poco más lejos este seguramente se habría perdido y peor aún, hubiera tenido que depender de su acompañante para ser llevado de ida y vuelta. Lo que necesitaba era privacidad, de no ser así hubiera llamado desde su celular, ahí sentado a un lado de la molesta joven, además de que eso sería mucho más caro que llamar desde un teléfono local.

Tomó la nota de pago del taller, la misma que había recibido de manos de Luise. Revisó arriba y abajo, a un lado y al otro… pero nada, no había un solo teléfono al que pudiera comunicarse y justo cuando la esperanza estaba por morir, se encontró con un número justo abajo del membrete. Suspiró aliviado y se dispuso a hacer la llamada, sus temblorosos dedos parecían sentir el miedo a equivocarse de número y en parte a que no sea la rubia quien conteste a su llamada, tragó saliva al escuchar el primer tono.

Guten Abend, ist

─¿Luise?

Ja?

─Soy Roderich… ─Su educada y fina voz masculina sonaba un poco inquieta.

─No esperaba que llamaras. ¿Qué sucede? Me… ¿…? ─Su voz, por otro lado, se volvió ligeramente más amable al reconocerlo, si bien ya había memorizado su timbre de voz, era la primera vez que lo escuchaba al teléfono y definitivamente no negaría que las voces suenan diferente a través de una línea de fibra óptica. Estuvo a punto de llamarlo "Mein Liebe", quería decirlo, claro que quería llamarlo así pero en su mente sentía que aún no era el momento, aunque su corazón no dejase de ordenarle que fuera un poco más suave con él.

─Sabes, quería decirte que… que espero poder verte pronto. Yo… espero volver en la noche, hay algunas cosas que quiero platicar contigo. Yo…─Un nudo en la garganta le impedía terminar esa frase tan mágica que empezaba con la palabra "Yo". Además, de que quizá sería una falta de respeto hacerle ese tipo de declaración cuando tenían tan poco de conocerse, aunque hubieran compartido cama, en su mente no dejaba de repetirse que había sido una situación circunstancial y que no tenía mucha relevancia, cuando en su corazón sentía que si la tenía, luego recordó que había desayunado en su casa y que además de eso, le había dejado solo en ella. Era demasiada confianza hacia una persona conocida ese mismo y día. Ninguno de los dos se podía explicar la naturaleza de ese hecho a sí mismos y menos, entender lo que sucedía en el interior de sus corazones, que a veces, parecían hasta latir al unísono.

─¿Sabes? Espero eso con ansias… Haz tu trabajo rápido y bien, para que puedas volver pronto. Te estoy esperando, Mei… ─ De nuevo, no había logrado terminar la frase como hubiera querido, pero es que la costumbre no solo parecía, sino que definitivamente era mucho más fuerte de lo que podía imaginarse y aunque no lo mostrase abiertamente, le molestaba y le dolía. Era como pedirle a un perro que maúlle, en vez de que ladre.

─¿Mei…?

─Nada… olvida eso.

─Está bien. ─A Roderich le inquietaba el hecho de que usara esa palabra al final de las oraciones, en todo el tiempo que habían estado juntos jamás había mostrado alguna muletilla o tic verbal, cosa que le preocupaba de momento, era como si no terminase una frase o… o si estuviera a punto de llamar a otro hombre. Sacudió su cabeza con enérgicamente por un par de segundos, no podía ser así, era absurdo el hecho de que fuese así, además no eran comunes los nombres que inician con "Mei", al menos no en Alemania o en otras naciones germánicas. Sus mejillas recibieron un ligero toque de rubor, al sentir un poco de ese estúpido sentimiento, se sentía celoso y lo peor, es que celaba de la nada, no era muy común en sí.

Un silencio incómodo se hizo presente. Ambos no sabían bien que decir y aunque querían expresar más definidamente sus sentimientos, por un lado Luise no sabía bien cómo hacerlo sin sonar como una cualquiera o una fácil, por otro lado Roderich no quería incomodarla. Solo podían escuchar la respiración del otro a través de la línea.

─Luise… Me podrías…

─¡Hermanita~! ─ Roderich no logró pedir su teléfono celular, hubiera sido mucho más cómodo llamarla ahí en vez de al teléfono del taller. La razón, solo podía ser una razón: la hermana mayor se había entrometido, lanzando al hombre hacia un lado y rescatando heroicamente el teléfono para hablar con ella… No, más bien para evitar que el sucio señorito pervertido se siga acercando a su única y amada familia. ─¿Extrañabas escuchar la dulce y melodiosa voz de tu querida hermana?

Schwester. ¿Qué estás haciendo?

─Obviamente te estoy saludando. ¿Es que acaso ya no quieres a tu hermanita querida, que te quiere y te ama cuando podría elegir querer y amar a cualquier otra persona más? ─Definitivamente exageraba con sus palabras, pero de alguna manera la menor se había acostumbrado a ello aunque algunas… muchas de las veces le molestara mucho más de lo que mostraba realmente.

─Si te quiero hermana, lo que pasa es que…

─Es que nada, mi poco genialosa hermanita. Estamos bien, nos vemos~

─Espera, ¿y Roderich?

─Se fue al baño, parece que tiene diarrea. Kesesesesesese~

Mentira, una gran mentira. No solo no tenía diarrea, sino que el mismo estaba a un lado de ella tratando de llamar su atención para que le devolviera el teléfono y es que aunque fuera una indeseable, no recurriría a la fuerza pues a su ver y educación, es era cosa de bárbaros y gente de la clase más baja sin la menor educación y civilización.

─Toma, señorito. ─ La albina le entregó el teléfono al hombre y en seguida colgó con ayuda de su dedo.

Los ojos de Roderich hubieran brillado de no ser porque los tenía un poco entrecerrados, en parte por la indignación y el coraje no haber podido terminar la conversación. Trató de levantar su voz para reprocharla, pero esta lo miró con suma ternura en sus ojos, que el mismo hasta se sintió un poco mal por haber pensado en regañarla. Luise solo dejó escapar un largo casi silencioso suspiro, la incertidumbre le inquietaba un poco y las ganas de llevarlo ella misma le invadían, pero era demasiado tarde para tratar de alcanzarlos.

─¿Comprendes la gravedad de la ofensa que has ostentado en mi contra? ─Murmuró Roderich con un aire indignación y un poco de superioridad. Y es que ilusamente esperaba que aquella se sintiera al menos un poquito avergonzada, claramente estaba equivocado.

─Calla, remilgado. Vámonos ya, el vuelo saldrá pronto. ─ De la misma manera en que lo sacó del taller, fue que lo alejó de aquel lugar, llevándolo hacia la entrada a su vuelo. Roderich no pudo lograr articular palabra alguna, más bien no le dejaron articular ni una sola palabra.

Subieron al avión y para suerte del aristócrata, le su jugada secreta funcionó, dejando a la albina en un asiento un tanto alejado de donde le correspondía a este, aunque fuera asiento de primera clase, esa mujer ahora sería problema de los encargados del servicio. Tomó un par de audífonos y los colocó con cuidado sobre sus orejas, acto seguido trató de configurar el reproductor para que solo tocara música clásica, pero no lo logró. Con ayuda de una joven del servicio el aparato fue calibrado con éxito y el hombre no tardó en quedarse dormido mientras escuchaba Fur Elise de Beethoven, estaba más exhausto de lo que dejaba ver.

Horas más tarde, estaba bajando de un taxi en la ciudad de Dresde con la albina haciendo las veces de asistente, de otra manera no la dejarían entrar a ese lugar, además de que era la oportunidad de Roderich para hacerla sentir en su lugar o al menos como el creía que era el lugar de esa mujer: la asistencia, no más.

Por otro lado, María estaba contenta de estar tan cerca de Berlín, su ciudad natal y pensaba que aunque su compañía fuera un sucio señorito remilgón, pervertido y mujeriego, su vestimenta era bastante linda y un tanto cómoda. Y es que por nada del mundo usaría tacones altos, como la mayoría de las mujeres usaban en la posición que ella tenía que aparentar que estaba. Además, era una mujer un tanto alta y no se notaría la ausencia de éstos, al menos no tanto.

Se suponía que ella debería caminar a un lado del castaño pero un paso atrás de él, pero hasta parecía que iba como si fuera una pareja, muy junta y casi unos milímetros delante de él. Le molestaba al aristócrata, pero no tenía suficiente tiempo como para detenerse a reprocharle, además de que ya había hecho completamente a la idea de que no le escucharía ni una sola palabra. No tenía el menor sentido molestarse con ello.

No tardó en llegar al vestíbulo de la sala del complejo, gracias a la asistencia de un joven dependiente del lugar. El lugar era en demasía elegante y al mismo tiempo sencillo, un claro ejemplo de la modernización que la ciudades europeas sufrían conforme el avance de los tiempos, aunque era lo que menos preocupaba al austriaco. El anfitrión estaba adentro ajustando los últimos detalles junto con el conferencista que les daría una previa plática acerca del negocio a tratar. Pero había otra empresa inmiscuida en el negocio, esta era de origen polaco y al parecer el accionista encargado de tratar con ellos no había llegado aún.

No pasaron más de veinte segundos antes de que los pasos de un par de personas se escuchasen desde la salida del ascensor, en el confín del corredor. Claramente una llevaba tacones, Roderich pensaba que seguramente sería otra persona como él y su asistente, hasta que escuchó la una voz femenina que le sonaba muy conocida. Por un momento, este pensó que quizá sus oídos estaban en mal estado debido al cambio de presiones atmosféricas, de la altura semi-montañesa de Stuttgart a la del cielo y luego a la del Valle del Elba.

No quiso mirar. Volteó su cabeza hacia abajo, mirando inevitablemente hacia el fino piso que engalanaba el lugar, no quería ver, no quería saber, no quería recordar…

Pero la curiosidad le ganó esta vez cuando volteó de reojo hacia el punto de donde venía ese par. Unas lindas sandalias de tacón mediano y un largo vestido pobremente escotado de una sola pieza hacían de esa mujer, una bastante sexy sin la necesidad de mostrar mucha de su piel. Un claro cabello castaño caía suelto desde su cabeza, ligera pero lindamente arreglado. Su sonrisa, que era bastante linda y sincera, se perdió en el momento en que sus expresivos ojos verdes se posaron en aquel hombre parecía estar frente a un fantasma. Literalmente lo era.

Roderich por su parte, no lograba dar crédito a lo que sus ojos estaban mirando, un fantasma de su pasado entraba en escena y justo en un momento poco indicado. Una serie de preguntas asediaban a su cabeza y las hacía él mismo: "¿Cómo había logrado esa mujer encontrarlo ahí?" Más importante aún "¿Qué es lo que quería de él?". En sus ojos fue fácil notar que no sabía qué hacer. Su ex-esposa, la húngara estaba frente a él después de varios meses de separación.

Por otro lado, María se limitaba a mirarlo, una sonrisa ladina se mostró en su rostro ante lo que creía una nueva conquista para el señorito casanova. Aunque quería ponerlo de cabeza y burlarse de él, prefirió callar. Una buena estratega siempre mantenía la cabeza fría y este momento era ocasión de mostrar esa habilidad. Reuniendo su fuerza de voluntad y casi mordiéndose la lengua se quedó callada, quería ver el grado de descaro de aquel hombre. De nuevo, se había equivocado terriblemente.

─¿Qué te pasa? Tipo y parece como si el alma se te saliera por los ojos.─ El hombre que la acompañaba, un rubio de ojos verdes vestido de traje blanco y camisa de color rosita pastel, notablemente amanerado parecía burlarse de él con su comentario. Comentario que fue por demás molesto para el austriaco, aunque no quería darle tanta importancia, no podía dejar de hacerlo. ─Como que parece y te atrae…

─Feliks, basta.

─Ay~ Bueno Eli, ya. ─ El polaco detuvo sus comentarios ante la directa pero amable orden de su patrona y amiga. Aunque no le gustara la idea de que frenaran su ingenio, tenía que callarse. Así lo hizo mientras se cruzaba de brazos con un ligero gesto de berrinche en su rostro.

─¿Qué haces aquí? ─ Roderich se dignó a preguntar, mientras escondía su gesto de impresión.

─Señor Roderich. ─ Una suave y torcida sonrisa de insatisfacción se mostró en ese rostro magyar. ─Solías ser más educado, mucho más…─ De alguna manera había algo de decepción en el tono de su voz.

─Ah, lo siento mucho, yo...─ El austriaco suspiró hondo al notar su falta de modales ─Buenas tardes. ─ Hizo una muy suave y pequeña reverencia con la cabeza hacia su ex mientras saludaba más serenamente, luego cerró sus ojos un segundo mientras calmaba su mente para pensar frio. No lo logró del todo. ─ ¿Podríamos hablar en privado?

La dama del vestido, ligeramente complacida de ver al Roderich al que se había acostumbrado, asintió mientras le dirigía una sonrisa serena, como las que le gustaban a aquel hombre. En realidad estaba preocupada por esa reacción, al mismo tiempo que un mar de sentimientos encontrados le ahogaban por dentro, después de todo, a veces aún sentía que le quería.

Kesesese~─ Aquella "asistente" se reía ladina y casi inaudiblemente, al mismo tiempo que el hombre extraño también lo hacía a su manera pero de una forma completamente silenciosa. Ambos, irreverentes a su modo, se quedaron solos mientras aquel matrimonio fallido entraba a la privacidad y comodidad de una de las salas de juntas vacías que se encontraba contigua a donde estaban.

"Maldito señorito, ya te tomé el corte~ Kesesese~ " Era lo que se decía la albina para sí misma en el interior de su mente.


Traducción:

Was? = ¿Qué?
Guten Abend, ist…= Buenas noches...
Ja = Si
Mei = Parte de Mein Liebe = Mi amor
Schwester = Hernana


Lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento... (...)

Pido mis más sinceras disculpas por ausentarme tanto tiempo sin actualizar. Lo que pasa es que la escuela es mala y no coopera D:

Como me pueda poner al corriente en algunas materias feas regreso con más amour~

Aufwiedersehen~