Fic Au basado en Hetalia: Axis Powers.

Todos los derechos son de Hima-sensei.


Tensión, presión, nervios, molestia… dolor y nostalgia. Solo una extraña combinación de estos estados y sentimientos eran los que podían describir el sentir de la pareja actualmente separada. Roderich se llevó una mano hacia el dedo anular de la otra, buscando tomar su argolla con la que había hecho un juramento de amar a esa húngara por siempre. Parecía que se sobaba las manos, sin embargo su rostro se congeló al ver que no la tenía puesta.

Erszébeth no era nada estúpida, pese a los cuidados del joven germano por evitar que ella se diera cuenta que se quitaría su sortija fue lo primero que pasó por su mente. Roderich, por su parte se encontraba asustado pensando en que había dejado ese anillo en un pequeño compartimento de su automóvil. Si Luise llegaba a verlo, todas sus esperanzas de poder amarse podrían verse cortadas de tajo.

La castaña por su parte al notar una marca de sortija en la mano de Rod, se dio cuenta de que sus sospechas eran ciertas, al menos una parte de estas: Un hombre remilgado y de costumbres como Roderich, no se había deshecho de su argolla de matrimonio aunque se divorciara o enviudase… salvo que encuentre un nuevo amor, cosa que a los ojos de la húngara parecía ser algo casi imposible. Solo podía pensar que su ex-marido, se la había quitado en el momento para hacerle creer que había superado la separación, que había aceptado que no era más su esposa y ninguno tenía derechos sobre el otro. Pero al final, los recuerdos hicieron lo suyo con ambas partes.

—Oye, mariquita. Ven acá, ven, ven, ven~ — Susurró María a Feliks, quienes se encontraban afuera de aquella sala de juntas donde se habían topado ambas partes, en cuanto el austriaco cerró una no muy distante puerta tras de sí, justo después de que la chica del vestido hubiese entrado con toda calma y airosidad.

— ¿Eh? Osea, déjame explicarte una cosa, ¿ok? Ese tipo de insultos no son nada cool~ — Expresó el polaco, colocando sus manos en las caderas, mostrando su molestia ante el apodo. — Además, tampoco soy de esos, ¿me entendiste, niñita?

—Sí, si, como sea. Anda ven acá afeminado. ¿No te interesa escuchar? — La albina ya se había adelantado un poco hacia aquel lugar y aunque hablaba a bajo volumen, al joven rubio no le era muy difícil escucharla y aunque no lo dijera, estaba muy interesado en lo que sucedía ahí dentro.

Inmediatamente volteó a ambos lados y avanzó, tal como niño apresurado que tiene prisa por cruzar la calle pero está a la vista de su madre y debe cumplir con la regla de mirar si vienen coches desde ambos lados.

No tardó en alcanzar aquella puerta junto con la albina. Al estar tan cerca no podrían hablar sin ser escuchados, por lo que ahora trataban de comunicarse con señas: Imposible, las señales que hacía María eran completamente inentendibles para el rubio, mientras que el trataba de comunicarse con una extraña versión del idioma sordomudo, una jamás antes vista en el mundo. Al final, optaron por pegar sus oídos a la puerta con la esperanza de poder escuchar algo.

Pero tampoco era una tarea fácil, puesto que esas puertas estaban diseñadas para dejar pasar la menor cantidad de sonido posible. Además, la forma tan relajada en que hablaban los de adentro le hacía todavía más complicada la tarea a los de afuera.

Mientras tanto, adentro luego de un vago saludo repetido reinó un silencio incómodo.

— ¿Y bien? ¿De qué querías hablar conmigo? — A sabiendas que ya no era su pareja, la húngara no tenía la menor obligación de rendirle cuentas. Pero también quería charlar un poco con él, después de todo aún le tenía una gran estima.

—Pues… Ely. No entiendo. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué…?

—Una pregunta a la vez, Roddy. — Le calló la húngara, usando el apodo que usaban cuando estaban a solas. —Lo que me cediste de la empresa de tu familia… bien, invertí. ¿Algo más?

Aquella mujer castaña siempre había gustado de tener el control de las cosas y esa conversación, no era la excepción.

—La empresa que ahora diriges... tu… supongo que ahora serás mi socia. — Inquirió aquel hombre, si bien podría ser algo beneficioso por un lado, conocía las capacidades de esa mujer y su mejor amigo la conocía casi tan bien como él. El único problema sería que viejas rencillas pudieran pudrir tempranamente una relación meramente profesional.

Algunas partes de la infancia de Roderich se hicieron presentes en su mente. Los padres de Roderich se la pasaban ocupados en los negocios de la familia por lo que el austriaco pasaba mucho de su tiempo solo. Al menos hasta que conoció al hijo del de los Gerente de una de las empresas más importantes del Conglomerado cuando los padres de ambos los dejaron jugando juntos mientras los mayores tenían una importante plática. Aquel chico siempre estaba cuidando de su hermana menor y luego de conocer a cierta niña problemática años después en la escuela primaria, el pobre chico ahora también cargaba con la protección de su amigo.

No logró recordar en qué momento ella dejó de serle hostil en todo momento a Roderich.

Pero de repente fue sacado de su burbuja al sentir un rostro conocido muy de cerca.

—¿En qué pensabas, Roddy? —La dama se había acercado un poco a su rostro para ver de cerca aquellas facciones que, pese a que conocía muy bien, no se cansaba de mirar. El hombre solamente ahogó un reproche ligeramente ruborizado, recobró la compostura alejando su rostro un poco con una mueca de indignación.

—Tu… ese joven. ¿Por… — De nuevo fue interrumpido, esta vez, el dedo índice de la mano derecha de la joven terminó sobre aquellos labios que su boca una vez no se cansaron de besar, ahora lo quería callar.

—Roderich. Ya no eres mi marido… espero que no estés celoso. — Sentenció a propósito. Quería saber hasta dónde llegaba aquel hombre.

—Pero claro que no estoy celoso, mujer. — Frunció el ceño, dejando ver su molestia y orgullo herido por segunda vez en un solo día. — Pero que indecencias dices. Solo quería preguntar quién era él.

—Está claro que no es mi novio. Es gay. — El austriaco se llevó una mano al rostro, en parte por vergüenza y en parte por molestia ante el volumen de voz tan alto que había usado su ex para hacer énfasis.

—Me refería a… si es tu socio, o solamente tu secretario.

La mentira del joven hombre sí que podría ser creíble, lástima para él que la chica lo conocía demasiado bien como para darse cuenta de que estaba mintiendo. De alguna manera se sentía complacida de saber lo que él pensaba y por otro lado no estaba completamente contenta con el hecho de que no pudiera decirle la verdad a la cara. La joven suspiró larga y tediosamente.

—Es… — soltó un nuevo suspiro aunque esta vez de adrede, buscaba una mejor reacción —Es un socio minoritario. Pero es rarito, no gusta de tomar responsabilidades grandes, así que trabaja como mi secretario mientras que yo administro sus acciones. — Agregó con un muy sutil tono de pena.

— ¿Por qué vino si no toma decisiones?

—No lo sé. Imagino que quería salir de viaje…— "y de paso buscar un alemán con quien pasar la noche~" pensó la húngara para sí misma, no diría algo así en frente de él a menos que quisiera tener que tratar con un aristócrata remilgado en un tipo de ataque de pánico.

—Bien. Te creeré. —Concluyó Roderich con un tono de molestia y resignación, aunque pensaba agregar algo, al final no lo hizo.

—Pero hablemos de otra cosa, "Señor Roderich", cuéntame quien es esa chica que viene contigo.

—¡Ah! Esa descarada indecente. —Inmediatamente se llevó una mano a la sien, sobando su cabeza como si tuviera un dolor de cabeza inmenso. — Te juro, que no quieres saber. Pero si de verdad deseas saber, entonces …

Estaba a punto de desahogar sus penas cuando alguien tocó a la puerta. Las dos personas que estaban adentro voltearon hacia la puerta, inmediatamente. La puerta de abrió y lograron vislumbrar a ambos acompañantes, los cuales ya se encontraban a la espera.

—Los están esperando, parece que ya los quieren allá. —Comunicó María con esa falta de etiqueta que tanto hacía refunfuñar al germano. La húngara alzó una ceja luego de comprender de lleno las palabras que el austriaco le había dicho segundos atrás.

—Gracias, señorita. Vamos. — Dijo, una vez que calmó su extravagante risa interna. Roderich, de nuevo enfurecido, solo se levantó en silencio y caminó hacia la puerta.

De nuevo la húngara notó algo, pero esta vez se trataba de su amigo. Feliks parecía completamente diferente a lo que normalmente era. El polaco siempre hacía mover su lacia cabellera rubia de un lado a otro, mostrando una alegría y despreocupación inimaginable. Ahora, parecía completamente deprimido y falto de espíritu.

Sí que era extraño, pero bajo su lógica de que era un chico gay, imaginó que aquella irreverente albina había tratado de propasarse con él. Bien, muchas chicas ahora parecían tener ese tipo de tendencias y como a sus ojos, el joven polaco aparte de bien parecido, podía decirse que era guapo a su modo. Quizá se pasaba al grado de bonito, pero eso no le daba mucha importancia. Al final, dejó que el austriaco se retirase primero junto con aquella chica y le dio una palmada en bajo el antebrazo del joven rubio, como si ambos fueran amigos varones. Además le dedicó una sonrisa, cosa que a Feliks le llegó como plato de comida caliente a un mendigo en plena nevada.

Ella salió y el joven le siguió con ese andar airoso y llamativo que ya lo distinguía, si es que se podía más. Pero había algo que no demostraba ni a su mejor amiga… hacía que sus ojos se volvieran hacia abajo en repetidas y breves, pero sistemáticas ocasiones para mirar las pompis de su amiga que se movían en un suave vaivén al ritmo de sus pasos. Sí que le gustaba su amiga y hasta el momento se hallaba encerrado en la zona de amigos. Podría odiar su forma de ser tan amanerada, pero no conocía otra forma de comportarse. Solo esperaba que ella captase alguna de sus indirectas antes de pensar en tomar una iniciativa más seria.

Tras varias agotadoras horas de pláticas y negociaciones interrumpidas por breves break de descanso, cada parte salió a su ritmo del lugar con un acuerdo firmado y los cimientos de una futura asociación.

Claro, nadie salió del lugar sin antes haberse despedido de la forma más cordial posible y acorde a la norma no escrita de etiqueta, asunto que cierta albina no conocía en lo absoluto. La vergüenza de Roderich no podría ser peor. Ante esta afrenta a su honor, el joven de cabello castaño y actualmente divorciado, optó por apresurarse a desaparecer de ese lugar antes de que su acompañante tirase a tierra lo que pudiera quedar de su orgullo. En su mente nacía un sin fin de preguntas sin una verdadera respuesta, pero es que hasta para alguien de clase social media o baja, simplemente no se podría soportar a una persona tan pesada en todo sentido a excepción del físico. ¿Cómo podrían hasta sus "bromitas" ser de mal gusto?

En su mente, se juró que si no lloraba lágrimas de sangre por culpa de esa señorita, se premiaría a si mismo con una visita a solas con la querida hermana de la susodicha. Al final, abordó a su coche en el asiento de copiloto, aunque fuera aquella la que pilotease el vehículo. Solo deseaba cerrar sus ojos y olvidarse de todo aunque sea por unos instantes.

Por otro lago, una cierta húngara salía del tocador al encuentro de su asistente. El chico le recibió con una calurosa sonrisa, a la que la chica correspondió a su modo. Tras salir del edificio, abordaron su vehículo en la parte trasera, alguien si se había preparado con todo y chofer para la ocasión, por lo que podían charlar sin la menor preocupación con respecto al tráfico en las calles de tan importante ciudad, además, el varón no era muy bueno haciendo más de dos cosas al mismo tiempo, como sería conducir, charlar, buscar una oportunidad para insinuar algo y claro, si se daba la situación, poder distraerse con algo lindo que pasara por sui rango de visión. Aunque aquella mujer no era mala conductora, tenía la mala costumbre de enfurecer y gritar insultos a los transeúntes y demás conductores.

Entre risas, mientras se decían cosas sin sentido que parecían ser graciosas, lo que había hecho reír al rubio, era el hecho de que siendo un hombre con tendencias un tanto… femeninas, estuviera detrás de una mujer con tan altos niveles de testosterona. Sin embargo, algo llamó su atención.

Fel, hoy te portaste muy bien, así que la cena de esta noche irá por mi cuenta. ─ La invitación le tomó por sorpresa por lo que se quedó sin palabras, al menos durante un par de segundos.

─ Ah… ¿Ah?

─Oh, lo siento. ¿Ya tenías algo planeado?

─No, yo… ay, es que como que…

─Lo siento, lo siento. No pensé que quizá ya habías planeado salir a buscar una cita de una noche ahí afuera o algo por el est…

La cabeza de Feliks se movió de un lado hacia otro, negando con un cierto pánico en sus ojos. A Erszébeth no le quedó más que callar, dejando su frase a medias.

─¡Ay mujer! ¡Como que no es nada buena esa costumbrita esa la tuya de sacar conclusiones desesperadas! ─ Sentenció el joven, buscando la forma más adecuada de justificar su sorpresa, la cual, sería demasiado estúpido tratar de esconder. ─Lo que pasa es que pensé que estabas así como a dieta y bueno, ya tu sabe que siempre que haces dieta estoy yo aquí para hacerla contigo ¿apoco no?

─A ver, a ver. ¿Y cuando dije que haría dieta, jovencito? ─La chica no podía recordarlo, por lo que trataba de hacer memoria.

─Pues… ¡ay vamos, niña! Como que fue así más o menos antes de hacer este viaje… ─ se apresuró a improvisar una mentira ─como que dijiste algo así como "ay, como que me vendría así como que muy bien hacer una dietecita, ¿no?" ─ esta vez improvisó también una sobreactuada escena, la cual no podría estar más distorsionada de una realidad más creíble.

Pese a todo lo anterior y una larga serie de bromas más por parte de ambos lados, terminaron en un restaurant en uno de los pisos superiores de un edificio, a recomendación del chofer, quien obviamente era un lugareño acostumbrado a gente tan importante y peculiar, como ese interesante par.

─Ely~ ─ Murmuró el chico, llamando a la mujer que devoraba un platillo a base de salmón, bajo una falsa cubierta de etiqueta, acorde al lugar en el que se encontraban.

Ella miró hacia su amigo, parpadeando un par de veces al ver a aquél hombre jugando con la comida que yacía en el plato. Le llamó un poco la atención, si bien era alguien especial con la comida, normalmente devoraba las ensaladas y… esta vez parecía no apetecerle mucho.

─¿Si?

─¿Te puedo hacer una pregunta?

─Adelante, Fel.

─Ehm… ¿Lo que comes, si esta así como bueno así rico?

─Decente, diría yo. ─Respondió la castaña entre risas a medio ahogar.

─Ah. ¿Te puedo preguntar otra cosita? ─ Parecía temeroso. Como si dudara de hacerle una pregunta de verdad. Una importante o no adecuada.

─El vino no es dulce, es seco. ─ Se adelantó a responder.

─Ay, osea no. No iba a preguntar algo como eso. ─La dama rió en silencio al ver el puchero de su acompañante. ─ El hombre ese con el que te encerraste. Ese tal Edelstein. ¿Ya lo conocías?

Erszébeth se abstuvo de mostrar una reacción fuerte, al contrario, le sonrió al joven.

─¿Celoso? ─ Pronunció un poco más si exuberante sonrisa, solo con la intención de molestarlo un poco. El rostro del varón se volvió completamente rojo, aunque su expresión parecía no haberle movido el tapete.

─Ay tú. ¡Osea que mala onda contigo! ─ Gracias a toda su fuerza de voluntad, logró no demostrarle que si se encontraba un tanto celoso. Pero al final, le molestaba no poder controlar su flujo de sangre, el cual le hacía sentir una fuerte presión en la cabeza. No tardaría en sudar.

─Es mi ex-esposo, Fel. Gracias a los bienes que me cedió tras el divorcio es que estoy aquí contigo. ─ La dama del vestido se resignó a hablar, de todas maneras, es hombre que estaba justo en frente suyo era digno de toda su confianza.

El polaco no demoró en pensar que ese austriaco era en extremo idiota, en primera por dejar ir a esa mujer, en segunda por dejar ir a semejante mujer y en tercera y última, para dejar ir a ese tremendo pedazo de mujer, que para su suerte estaba justo en frente y para su desgracia, no parecía considerarlo como hombre siquiera.

─Oh, ya veo… ya veo todito, toditito. Como que eso responde muchas dudas que tenía al respecto. Ah, pero eso sí, ¡qué bien te lo guardaste! ─ Esta vez, agregó con un tono de felicitación, pensó que habrían tenido antes algún amorío, pero nada tan importante como un matrimonio fallido. ─Yo no te dejaría ir tan fácilmente, eh~

La húngara esta vez tuvo que taparse la boca para evitar reírse con fuerza.

─¡No, niña! ¡En serio! Si yo fuera tu hombre, ¡uf! Para empezar ni siquiera habría la menor necesidad de pensar en algo como un divorcio, osea que no, por todos los cielos.

Esta vez, la dama que le acompañaba no pudo evitar dejar que una carcajada saliera de su garganta. Más de un par de miradas se volvió hacia ellos, pero no había razón para no pensar que ese par estaba teniendo una plática bastante agradable.

─Pero bueno, ese hombre es el pasado, Ely. No hay razón para preocuparse por él. ─Terminó Feliks, retomando una compostura un poco más marcada y pareciendo un poco serio en cuanto a la conversación. ─ De regreso, como que sería genial que salgamos juntos a cenar, solo que como que ahora me toca a mí pagar la cuentita, ¿de acuerdito? ─Le guiñó el ojo que tenía a su perfil, ese era el toque final a su invitación, aunque ya daba por hecho que no sería tomada en cuenta como la invitación de parte de un hombre.

A la chica le llamó un poco la atención que sin perder ese toque tan delicado y amanerado que caracteriza al polaco, su invitación sonara tan seria. No quiso darle importancia a tales pequeñeces y simplemente asintió con cierta energía.

Feliks se preguntaba si esta vez sería tomado en serio o si sus sutiles insinuaciones serían arrastradas una vez más por los gélidos vientos que corrían desde el norte y el este de Europa.

Entrada la noche, justo antes de que la señorita Héderváry se dispusiera a acostarse en la cama, en su habitación dentro del hotel, una serie de pensamientos comenzaron a invadir su mente. Estos culminaron en una pregunta muy singular, pregunta que otra mujer a kilómetros de ahí se estaba haciendo justo en ese mismo momento.

¿Qué estarás haciendo ahora mismo, Roderich?

Mientras tanto en Stuttgart, Luise permanecía recostada en su cama. Había sido un día bastante largo y duro, por lo que había recurrido a un muy largo baño, aprovechando esa vieja bañera que permanecía en esa casa desde antes de su propio nacimiento. Había estado esperando la llamada del hombre que le gustaba, pero en todo el día no llegó, ni siquiera un mensaje de texto. Suponiendo que sería un día bastante complicado por el solo hecho de que la hermana mayor de las Weillschmidt estuviera con él, prefirió no molestarlo con su llamada.

Volvió a hacerse aquella misma pregunta y deseó estar en el lugar que en ese momento estaba ocupando su hermana. Cerró sus ojos, tratando de no pensar mal ni desconfiar. Parecía que su mente se comenzaba a ahogar dentro de los poco salinos y a veces un tanto dulces mares de los sueños. Un sonido bastante familiar a sus oídos parecía gritar a lo lejos. De alguna forma sabía que ese sonido podría ser algo tan importante como su propia vida, pero su perdida mente estaba lejos de comprender lo que era. No fue sino hasta que cesó, cuando la rubia de cabello corto pudo reconocer ese tono tan melódico que usaba como timbre en su teléfono celular.


Ha pasado mucho tiempo desde la ultima publicación. Bien, tengo mis excusas, entre ellas la uni, que me han cortado el inter, que he estado haciendo trabajitos por aquí y allá... y además cuando tenía tiempo andaba con un cansancio fatal, tal que mejor jugaba un rpg en linea. Ahora mi lap medio funciona por lo que puedo volver a escribir -casi- a tiempo completo.

Por las mismas razones no cuento con BetaReader ni tiempo para esperar a que haga su trabajo, por lo que he revisado by myself asi que pueden haber errores por ahi.

Ya me conocen y para quienes no, acepto todo tipo de criticas. Gracias por leer y porfis invita a tus amig s a que lo lean.

Por cierto, estaré actualizando cada fin de semana y la musa anda trabjando, por lo que pronto veremos un final interesante.

¡FELICES FIESTAS!