Notas del autor: Ok, un poco más tarde de lo esperado. Pero aquí está el siguiente capítulo. No hay mucho que decir. Es solo un capitulo de transmisión para empezar realmente la historia. Esto sería el fin del prologo.
Solo diré que un par de cosas de este capítulo son relevantes para el resto de la historia.
Como siempre, dejen sus comentarios.
Sin más que decir. Que comience el Show
Capítulo 2: Una vida prestada
Shirou Emiya se dejó caer sobre su cama en su nuevo cuarto. Hace ya casi un mes, había conocido a sus padres. Después de varias conversaciones y visitas por parte de ellos, habían llegado a un acuerdo. Shirou viviría con su madre durante un año. Después, dependía de él si quería seguir viviendo con ella o no.
Era ciertamente un gran cambio para el joven. En un principio, sus padres habían querido que regresara a usar su viejo nombre de Takeru Takaishi. Él se había negado. Esa discusión había sido un tanto fuerte, pero Shirou se había vuelto inflexible ante esto. Casi cede un par de veces al ver la angustia en la cara de la señora Takaishi, pero aun así perseveró.
Después de una discusión privada que su familia había tenido con el anciano Fujimura, habían aceptado que siguiera usando el nombre de su familia adoptiva. Más adelante, se había hecho la sugerencia de que se mudara con su madre. Había sido un poco reacio al principio, pero era más por la línea de que se sentía incómodo que por la desconfianza ante los extraños.
Había llegado apenas el día anterior, y se la había pasado organizando sus cosas en su nuevo lugar de vivienda. Su madre, se había mudado a Odaiba hace un par de días, por lo que pensó que sería el momento perfecto, ya que la casa seria nueva para ambos. Ella había pensado mudarse una semana después, pero acelero las cosas para tener más tiempo de reconectarse con su hijo.
El día de mañana, su hermano mayor, Yamato Ishida, quien prefería que lo llamara Matt, vendría a buscarlo para introducirlo a sus viejos amigos.
Los amigos de TK, se corrigió. No importaba cuanto le gustaría que estas personas recuperasen a su hijo y hermano, él era y seguiría siendo Shirou Emiya. En lo que a él concernía, TK Takaishi había muerto realmente en el gran incendio de Fuyuki.
"T-Shirou. La cena esta lista". Le informó su madre.
Sacudiendo la cabeza, decidió que lo mejor que podía hacer, era relajarse y seguir con la corriente. Decidió que la cena sería un buen momento para preguntarle por que tenía el cabello rojo mientras que el resto de su familia era rubia, a excepción de su padre.
Cuando vio la cena, se preguntó si podría convencer a su madre de que lo dejase cocinar, la comida no se veía mal, pero sabía que podía hacerlo mucho mejor, si los comentarios de Taiga eran algo que creer con respecto a su capacidad de cocción de 5 estrellas.
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Acostada en su cama, Nancy Takaishi suspiró. La cena no había estado tan mal como pensó que podría ser. Todavía tenía problemas con llamar a su hijo por su nuevo nombre, pero estaba mejorando.
Realmente, no podía culpar al niño por idolatrar al hombre que lo había salvado. Y después de escuchar a ese hombre, Fujimura, relatarle parte de la vida del hombre como un misionero en el medio oriente, no podía dejar de estar ligeramente impresionada. Sabía que el anciano no les había dicho todo y su instinto de reportera le decía que había una gran historia detrás de esto, pero decidió dejarla pasar. Tenía a su hijo de regreso, y era todo lo que importaba. Más o menos.
Al mismo tiempo, en su propia habitación, Shirou estaba leyendo uno de los libros que había traído desde la finca Emiya en Fuyuki.
Este era uno de los pocos libros de magia que Kiritsugu le había dejado. Hasta ahora, nunca se había tomado la molestia de leerlos mucho, ya que todavía tenía muchos problemas con la creación de su circuito. Apenas si podía hacer algo básico como el análisis estructural y todavía tenía que lograr reforzar algo correctamente.
Normalmente, estaría practicando estas habilidades antes de acostarse, pero desde que ya no estaba en su cobertizo, decidió que lo más prudente seria dedicarle algo de tiempo a la teoría que siempre había ignorado hasta que organizara mejor su nueva vida.
Acababa de encontrar una interesante maldición llamada Gand y su variación llamada Finn Shot.
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Al día siguiente, Matt había ido a buscar a Shirou para presentarlo a sus viejos amigos. Se reunirían en un parque cercano.
Cuando llegaron, Tai, Sora, Izzy, Jou y Kari lo estaban esperando, sosteniendo una pancarta que decía bienvenido de nuevo TK. Con la palabra Shirou entre paréntesis.
"Estos son viejos amigos nuestros". Dijo Matt mientras presentaba a todos a su hermano amnésico. "de derecha a Izquierda son Taichi Yagami, Sora Takenouchi, Koushiro Izumi, Jiou Kido y la hermana menor de Taichi, Kari Yagami.
"Hola, puedes llamarme solamente Tai". Dijo el chico de cabello castaño y googles en la cabeza.
"Soy Sora". Saludo la chica más alta. "A pesar de que no nos recuerdes, espero que podamos volver a ser grandes amigos".
"Mi nombre es Koushiro, pero todos me dicen Izzy". Saludo un chico pelirrojo de ojos negros.
"Puedes decirme Jou". Le extendió la mano el mayor del grupo.
Por último, se le acercó una chica de su misma edad. Vestía ropa colorida, típica de una chica de su edad. Tenía el cabello castaño sujeto por un clip rojo en el lado izquierdo de su cabeza. Una característica que llamo la atención de Shirou, fue que tenía los ojos con un ligero tinte rojizo. "Soy Kari. Espero que podamos volver a ser grandes amigos". Terminó con una cálida sonrisa.
Siendo tan cortes y formal como él era, Shirou se inclinó de regreso. "Mucho gusto, soy Emiya Shirou. Por favor, cuiden de mi de ahora en adelante".
Después de eso, todos se habían sentado y charlado alrededor. Durante la conversación, Shirou había notado algo en el cinturón de Tai. "Disculpa, Taichi-san. Pero ¿qué es eso que tienes en tu cinturón?". Dijo, señalando a un objeto familiar.
Al instante, todos se tensaron ligeramente. Nadie tenía idea de cómo introducir la historia de los digimons al chico. En el peor de los casos, podrían terminar pensando que estaban locos.
Pensando rápidamente, Tai le mostro su digivice y le dijo que era un reloj especial de colección que todos habían ganado en un campamento de verano.
Aceptando la explicación, Shirou analizó con la vista el digivice de Tai. Podía ver que de hecho, tenía un reloj en la pantalla. Pero por alguna razón, pensó que el chico mayor le estaba mintiendo.
Alcanzando su bolcillo, sacó su propio reloj. Obviamente, el suyo no funcionaba, ya que se encontraba quemado y su pantalla estaba en blanco. Les explicó a los demás, que era la única cosa que conservaba desde el incendio.
Al verlo, todos se sorprendieron. A su conocimiento, los digivices eran indestructibles. Habían pasado por un montón de cosas junto a ellos, y jamás habían recibido ni un rasguño. Pero frente a ellos, el digivice que le pertenecía a TK estaba completamente muerto y un lado estaba derretido con marcas negras de haberse quemado. Izzy, más que nadie se preguntó lo extraño de eso, pero decidió bajarle el tono a su curiosidad por el momento, ya que no creía que el chico que teóricamente acababan de conocer le caería bien que intentase analizar algo que parecía muy valioso.
Durante el resto del día, los niños elegidos le habían contado historias acerca de él, omitiendo cuidadosamente todo lo relacionado a los digimons o el digimundo.
En medio de las conversaciones, Tai le había pedido a Shirou que dejara de llamarlo por su nombre completo y usase su apodo de Tai. Al final, todos habían acordado no usar honoríficos con los demás, a pesar de que Shirou se sentía un poco incómodo al respecto, ya que siempre había sido muy cortés y realmente no conocía a estas personas. Pero si les hacia feliz que no usara honoríficos, el estaba dispuesto a hacer un esfuerzo.
Finalmente, su reunión había terminado y todos habían regresado a sus respectivos hogares. A pesar de que Matt quería acompañar a Shirou a su casa de regreso, Shirou declinó la oferta, recordando que su hermano había mencionado que tenía una práctica con su banda esa tarde durante la conversación. Además, quería organizar un poco sus pensamientos.
Un poco a regañadientes, Matt aceptó, pero le hizo prometer que lo llamaría mas tarde para asegurarle de que había llegado a salvo. Esto, le ganó varias rizas de sus amigos, ya que estaba actuando como una mamá gallina.
Con esas rizas, todos se despidieron y regresaron a sus casas, prometiendo que se reunirían nuevamente al día siguiente que era domingo. Esto le recordó a Shirou que estaría iniciando las clases el lunes en una nueva escuela. Esto lo ponía ligeramente nervioso, pero se dijo a si mismo que no sería tan incómodo como cuando conoció a sus padres.
Mientras caminaba de regreso, se preguntó si habría algún lugar donde podría practicar tiro con arco. Taiga lo había introducido al mismo una semana después de la muerte de su padre como método de distracción y sorprendentemente, el chico lo había encontrado sumamente relajante, además de que le gustaba bastante la filosofía que el Kyudo seguía.
Repentinamente se detuvo. Respirando profundamente, se dio cuenta de algo. Había magia en el aire.
La capacidad de percibir la magia era algo que todos los magos podían hacer, a pesar de que los métodos por los cuales lo hacían, eran diferentes. Normalmente, el cerebro captaba la información de lo que sentía y lo interpretaba a través de otro de los sentidos. En el caso de Shirou, era su olfato.
Dejándose guiar por su nariz, Shirou llegó a un callejón. El aroma era mucho más fuerte en ese lugar, pero aun así parecía muy débil. Mirando a un lado y otro, se aseguro de que no hubiera nadie viéndolo y extendió su mano.
Esa mañana, antes de que Matt lo fuese a buscar, Shirou se había levantado mucho más temprano que su madre. Siempre había sido un madrugador, ya que se había acostumbrado a hacer varias tareas en su casa, antes de preparar el desayuno para él y taiga. Dado a que no había ninguna tarea que hacer en el pequeño apartamento y que ya había acabado con una rutina de ejercicios que había comenzado cuando empezó a practicar magecraft, intentó crear un circuito mágico.
Había sido difícil, pero al final había tenido éxito. Ahora, estaba usando ese mismo circuito para usar la única magia en la que era realmente bueno.
"Análisis estructural". Murmuró, mientras se imaginaba que un arma se disparaba en su mente.
El análisis estructural era una habilidad poco usada que le decía a uno la información sobre un objeto. No estaba seguro de si realmente funcionaría ante algo mágico, pero lo intento de todas maneras.
Sorpresivamente, había funcionado. Frente a él, se encontraba un campo delimitado con la intención de mantener alejado a la gente mundana. Sin embargo, se encontraba en un estado muy deteriorado, como si hubiese sido abandonado hace mucho tiempo. Sorpresivamente, una parte del mismo parecía haberse derrumbado a causa del hechizo de Shirou.
Asustado por el pensamiento de que había irrumpido accidentalmente en el taller de un mago, Shirou se dio a la fuga, asegurándose de recordar el lugar para regresar más tarde por si acaso.
El taller de un mago, era el lugar donde realizaba sus investigaciones y creaba sus misterios. Era el santo santorium de un mago, y si alguien entraba sin permiso a uno, lo más seguro era que terminase muerto.
Pero el estado de los campos delimitados del lugar, le decían a Shirou que tal vez había sido abandonado hace mucho tiempo. Su padre le había dicho que los magos que huían de la persecución de otros magos a causa de ser herejes y practicar artes prohibidas, usualmente se iban rápidamente y ha beses no limpiaban bien sus huellas.
Los que solían casar a estos magos, usualmente eran miembros de la asociación de magos o la iglesia. A juzgar por las historias que su padre le había contado sobre estas dos facciones, no estaba seguro de querer encontrarse con ninguna de ellos en el corto plazo.
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Al día siguiente, Shirou había pasado nuevamente todo el día con los chicos del día anterior. Se había dado cuenta de que todos habían querido decirle algo en un momento u otro, pero siempre que les preguntaba lo que querían, cambiaban de tema abruptamente.
Por último, todos se habían ido, prometiendo reunirse el próximo fin de semana. Shirou sabía que sus esfuerzos eran para que recuperase la memoria, pero hasta el momento, ninguna de las cosas que le habían dicho o contado de cómo era antes de perder la memoria, le habían resultado familiar en lo mas mínimo.
En el camino de regreso, pasó una vez más por el callejón donde había encontrado el campo delimitado. Y al igual que el día anterior, el lugar estaba abandonado.
En esta ocasión, decidió investigar el interior. Allí se encontró con barios estantes, llenos de libros de magia, además de varios frascos y notas dispersas por el suelo. A juzgar por la cantidad de polvo del lugar, nadie lo había estado ocupando por mucho tiempo.
Fue cuando se le ocurrió una idea. Ya que nadie estaba ocupando este lugar, tal vez él podría usarlo como su taller. Claro que cabía la posibilidad de que alguien lo encontrara, especialmente desde que accidentalmente había destruido parte del campo delimitado, pero podía al menos intentar repararlo. Había muchos libros en el lugar, y seguramente, alguno debía ser sobre los campos delimitados.
Entusiasmado por la idea de tener su propia guarida secreta como un verdadero superhéroe, buscó meticulosamente algún libro que le enseñara como montar o reparar campos delimitados. Afortunadamente, había encontrado uno debajo de una mesa.
Colocando ese libro en su mochila junto a otros que pensó podrían ser interesantes, regresó a casa con la intención de estudiarlos meticulosamente.
Este había resultado ser un muy buen día. La guinda del pastel, fue cuando su madre había aceptado que él preparáse el desayuno, obviamente persuadida por el maravilloso desayuno que él había hecho esa misma mañana, antes de que su madre despertase.
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Saliendo de su apartamento a la mañana siguiente, Shirou se preparó para su primer día de clases.
En lugar de tomar el ascensor, decidió bajar por las escaleras. Cuando estaba en la planta baja, escuchó el pin del ascensor al abrirse. Antes de que pudiera ver quien salía del mismo, un cuerpo humano se estrelló en su contra.
Acostado boca arriba en el suelo, Shirou sintió un peso en el pecho. Levantando la cabeza para ver que estaba enzima suyo, fue recibido con la imagen de unas bragas de color violeta y lunares naranja.
Por cortos momentos, Shirou se quedó tratando de averiguar lo que había pasado. Entonces, su cerebro se puso al día.
"Hay, eso dolió". Escuchó la voz de una chica.
Levantando la mirada, vio a una chica sentada sobre su estomago. Tenía el cabello de un tono violeta pálido, cubierto por un pañuelo azul. Unpar de gafas redondas adornaban sus ojos de color castaño claro. Fue en ese momento, que la chica se dio cuenta de que estaba sentada sobre alguien.
"HA!". Gritó ligeramente, antes de ponerse de pie. "L-Lo siento. Fue mi culpa". Se disculpó con una sonrisa avergonzada.
"Ha. No hay problema". Respondió Shirou, poniéndose de pie.
"Deberías tener más cuidado, Miyako". Dijo otra voz.
Desde detrás de la chica, había aparecido un niño menor que ellos, con el cabello castaño y un corte de tazón. Vestía una camiseta de color morado y tenía los ojos afilados que iba a juego perfectamente con la seria expresión de su rostro.
"Lo sé. Lo siento, el nerviosismo del primer día y todo eso". Se excusó.
"Si, lo entiendo". Estuvo de acuerdo Shirou. "Soy Emiya Shirou, por cierto. Me acabo de mudar con mi madre. Mucho gusto". Se inclinó.
"Hola! Soy Yolei Inoue. Mucho gusto!". Respondió con alegría. "Y este es Cody Hida". Señaló al chico menor.
"Hola, soy Iyori Hida". Corrigió el chico.
"Hu? Hola". Dijo Shirou.
Dime, vas a asistir a clases a la escuela primaria de Odaiba, ¿verdad?". Preguntó la chica, Yolei. Al ver el asentimiento del pelirrojo, sonrió. "Fantástico. Nosotros también nos dirigimos hacia allí. ¿Quieres acompañarnos?".
Aceptando la amable oferta, Shirou Emiya puso en movimiento los engranes del destino, claro que debido a ciertos cambios, estaban un poco chuecos, pero aun asi, seguían girando.
Fin del Capítulo 2
